|
Una sociedad fragmentada y polarizada
La fiesta liberal en
Cali
Margarita Pacheco
Ediciones Universidad del Valle, Cali, 1992, 203 págs.
Con este título de
evidente tono bajtiniano, Margarita Pacheco nos ofrece un trabajo refrescante, un esfuerzo
digno de ser emulado por investigadores de otras regiones colombianas.
El libro consta de tres
grandes ensayos, unas conclusiones sumarias y una bibliografía. Su objetivo es entretejer
los elementos de la cultura o contracultura popular a los episodios de la revolución del
medio siglo en Cali, ciudad que se "debatía entre la tradición y la
modernidad" (pág. 57). Los ensayos versan sobre la economía, el proyecto liberal de
transformación social y, finalmente, sobre el pueblo movilizado.
Pacheco insiste,
correctamente a mi juicio, en definir una base "puramente económica" de la
fiesta. Pero me parece significativo que no la halle en el consabido "producto
agrícola que, como el tabaco, permitiese la tan anhelada vinculación" de la región
a los mercados externos (pág. 189), sino en la lucha por los ejidos, y en el papel del
contrabando del tabaco, que, más que el nexo con el mundo internacional, son la
"manzana de la discordia" entre los caleños.
De discordia también se
trata cuando se aspira a "construir la ciudadanía", tema desarrollado en el
segundo ensayo. Aquí se nos muestra una sociedad en flujo cultural y atravesada de
conflictividad étnica, estamental, clasista (en un sentido mas bien decimonónico) e
ideológico-religiosa.
La autora comienza
planteando la polisemia del vocablo "pueblo" que, en una variedad de
gradaciones, va de la plebe, los vagos, la vil canalla, al pueblo compuesto por individuos
conscientes de sus deberes cívicos y de sus derechos civiles y políticos.
Al igual que los
protagonistas de su narrativa, la autora enfrenta problemas de clasificación. Esto se
manifiesta cuando busca definir quién compone la plebe caleña hacia 1850: "todos
aquellos que, careciendo de propiedad y rentas, no tenían un oficio estable [bastardillas
mías] que desempeñar [...] como labradores, jornaleros, carpinteros, sastres, herreros,
zapateros, cabos, fundidores, canoeros y coheteros. Y cuyas descripciones físicas
corresponden a las castas, específicamente, a mulatos o pardos" (pág. 62). La
definición falla porque, de no comprobarse que había una altísima rotación de oficios
entre los mulatos, o un patrón dominante de estacionalidad en tales oficios, no podemos
creer que algunos de éstos, que requieren años de aprendizaje, no dieran el estatus
social de "oficio estable". Allí estriba, quizá, el embrollo de las secciones
2.4 y 2.6. En las condiciones descritas, es difícil, por un lado, imaginarse la
formación de un mercado capitalista y, por el otro, no se sabe quién es el sujeto del
nuevo espacio ciudadano, el locus de la revolución.
En el último ensayo,
estamos ante una copiosa cosecha de citas, espléndida recuperación de las voces
populares que no podían ser "palabra escrita". Escuchamos los parlamentos del
drama de transportar a la realidad "el evangelio" de la libertad, la igualdad,
la fraternidad. He aquí una de las tantas perlas de esta sección: refiriéndose, en un
debate de la Democrática, al impuesto sobre el patrimonio, o contribución directa,
Andrés Ledezma afirma que si "la duda es entre la contribución direita y la
indireita i yo estoi por la direita, porque la contribución dereita no afeita al pueblo,
i la endereita si lo afeita mucho, i por ésto, aunque la sociedad no aceite la dereita,
yo si la aceito, y que se ponga mi voto en el aita que aceito la dereita" (pág.132).
En una
sociedad como la de Cali, todavía fragmentada y polarizada dentro de los moldes
coloniales, quienes hablaban como Ledezma, si no eran activos, al menos debieron de ser
simpatizantes y amigos de quienes emplearon el perrero o el zurriago contra los grandes
propietarios. Las páginas que narran la historia del perrero (págs.144-179) parecen
iluminadas, insisto, por antorchas de un carnaval a lo Bajtin. Deben despertar en el
lector curiosidad por lo que la autora llama contrateatro, es decir, el drama del pueblo
popular cuando lucha por sus derechos.
MARCO
PALACIOS
|