Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 37 . Volumen XXXI - 1994 - editado en 1996
 

Un viaje larguito


En canoa del Amazonas al Caribe
Eduardo González, Ana Cecilia Montoya, Roberto Franco, Polidoro Pinto
Presidencia de la República, s. l. f., 597 págs.


Navegando desde lo más profundo de la selva ecuatoriana hasta las islas del Caribe, en una travesía de más de 9.000 kilómetros, 40 científicos de Colombia, Brasil, Cuba, Ecuador, Perú, República Dominicana y Venezuela, integrantes de la expedición En canoa del Amazonas al Caribe, realizada en 1987, tenían la misión de comprobar la posibilidad de recorrer esa vía fluvial, para afirmar la teoría que los primeros pobladores de estas islas provenían de la cuenca amazónica. Aprovechando tamaña empresa, cuatro expedicionarios de la misión colombiana elaboraron un registro gráfico y escrito de experiencias, anécdotas, conocimientos y situaciones vividas que les permitieron dejar, en la obra objeto de esta reseña, un testimonio plasmado de contrastes que interpreta la tragedia sin esperanza de la selva. Es así como a través de puntadas descriptivas se va tejiendo la verdad que arrastra la penetración del progreso de Occidente, consistente en la lucha incansable de los indígenas por hacer valer sus derechos étnicos y territoriales vulnerados y atacados, en muchas ocasiones, por los propios gobiernos renuentes a defenderlos, pero dispuestos, en cambio, a favorecer intereses económicos y expansionistas de agentes de otras latitudes. El engañoso progreso que intentan promover los extranjeros es, simplemente, una causa más del proceso destructivo de la naturaleza selvática. Así, por ejemplo, en la parte referente al viaje por la cuenca amazónica, se encuentran permanentemente breves rememoranzas de la fiebre del caucho, que tantos horrores y víctimas arrastró consigo. Y como éste, son muchos los casos aberrantes de explotación del hombre por el hombre y de depredación de la naturaleza por el mismo agente.

Es interesante la manera como en el libro se refleja esta realidad dual en la que, por un lado, se atenta contra una de las reservas mundiales más importantes de ecosistemas y, por otro, se presenta a cada paso con belleza y colorido el espectacular e inigualable tesoro de vida que encierran las cuencas del Orinoco y del Amazonas en el subcontinente suramericano. El libro, editado con lujosos acabados y abundante material fotográfico, se presenta como un instrumento para difundir el conocimiento de esta extensa y rica región del planeta. Es importante aclarar que no se trata de un estudio metódico de los lugares observados. Por el contrario, los textos son descripciones anecdóticas y sencillas del viaje; se constituyen en registros personales de la travesía, correspondiendo a cada uno de los cuatro autores el relato de lo acontecido en un determinado trayecto del recorrido hecho por la expedición, imprimiéndole cada cronista su estilo personal al trabajo, de acuerdo con sus intereses profesionales en el viaje. Así, las narraciones comienzan con el relato animado y familiar de Roberto Franco García, politólogo interesado por los asuntos indígenas, quien combina la angustiosa denuncia de la deforestación con el registro de anécdotas personales en las que se destaca la sensibilidad del encuentro con aborígenes y colonos, en general. En el fotógrafo Eduardo González se refleja el espíritu del artista pendiente del elemento gráfico, del paisaje indescriptible o de la persona representativa de la región, elementos que le permiten construir imágenes entusiastas que hacen sentir los problemas que se cuelan como denuncias espontáneas y compartir la experiencia de los deseos de conocer, integrándose respetuosamente a las sociedades indígenas y, en general, a los diversos pobladores con quienes tuvo oportunidad de toparse. En lo que respecta al artículo de la antropóloga Ana Cecilia Montoya Escobar, es más rico en elementos descriptivos de viviendas y costumbres, mientras que la crónica de Polidoro Pinto Escobar, botánico, viene llena de referencias técnicas a la composición y origen del suelo, a las montañas y a los ríos. No obstante, es justo hacer resaltar que los cuatro cronistas muestran un sensible afecto por lo que concierne al hombre y a la naturaleza, característica común que le da a la obra un tinte de documento vindicativo de la vida indígena y de la riqueza ecológica que es urgente defender para evitar dolorosas consecuencias para el planeta.

Merece renglón aparte destacar el trabajo ilustrativo, compuesto por más de 600 fotografías, varios dibujos sencillos y mapas de las rutas a las que hace referencia cada texto; aquí es bueno aclarar que el libro se organizó por crónicas, seguida cada una de ellas de un conjunto de imágenes con muy buena calidad; muestran estas tomas la gran biodiversidad animal, vegetal y, sobre todo, captan la variedad etnológica de los hombres, mujeres y niños que viven buscando día tras día los beneficios de una selva sometida a más de 400 años de saqueo y destrucción; además, siempre está presente el paisaje, de belleza en ocasiones fantástica, confirmando el sobrecogimiento que produce en quienes tienen la fortuna de apreciarlo personalmente. Los mapas son sencillos pero ilustrativos; encabezan cada crónica y muestran el recorrido al que se refiere. En mi concepto, las fotografías también se debieron colocar entre los textos para complementar inmediatamente con la imagen lo que se describe con palabras.

Pero la forma como se organizó la obra permite acercarse a ella de dos maneras: leyéndola, o conociéndola a través de la visión de su variado material fotográfico. Lamento la ausencia de un glosario de términos (por decirlo así) amazónicos; en el diccionario no encontramos aún palabras como igarapé, cabillas, jangada, fazenda, toudo.

Con respecto a Colombia, aparte de los aspectos mencionados y que en general comprometen a los países recorridos, es preocupante el abandono de nuestras fronteras y la animadversión que en forma continua mostraron las autoridades venezolanas hacia los integrantes de nuestra delegación.

Éste es un vistoso libro que nos acerca a la riqueza inmensa, mas no inagotable, de una región que permanece olvidada para la gran mayoría de nosotros. Quiera Dios, y quiera el hombre, que no sea en el futuro un testimonio de lo que malogró el capitalismo contemporáneo.

HERNÁN ADOLFO GALÁN CASANOVA