| Un privilegio
del amor
Mensajes bajo un mismo cielo
Luis Eduardo Nieto Arteta
Ediciones Gobernación del Atlántico, Barranquilla, 1994, 107 págs.
Mensajes bajo un mismo cielo recoge las cartas de amor de Luis Eduardo
Nieto Arteta a María del Carmen Tafur Morales, o a Nena, como él la llama. Penetrar en
la intimidad de este amor es una sorpresa, como si escribir cartas de amor fuera sólo
privilegio de unos cuantos. Escribir cartas de amor es privilegio de todos; también lo es
de Nieto Arteta, de quien conocemos su pensamiento escrito sobre Colombia y otros textos
filosóficos publicados hacia 1940: Economía y cultura en la historia de Colombia
y Lógica, fenomenología y formalismo jurídico. En sus cartas nos encontramos con
un ser de carne y hueso o, cómo él mismo lo expresa, con un intelectual humanizado.
Humanizado por ella, por Nena, o por el amor. Un hombre enamorado soñando con su querida,
construyendo fantasías de un amor espiritual. Viven en la Bogotá de los años cuarenta,
fría, neblinosa; se ven casi a diario o hablan por teléfono; apenas cuelgan, él
siente el arrebato y le escribe. Al poco tiempo ella se muda a una casa sin teléfono,
hecho que acrecienta la longitud y frecuencia de la correspondencia.
Entre el 30 de noviembre y el 24 de diciembre de 1941 escribe 17 cartas largas
"con una caligrafía apretada pero clara, de nerviosos trazos y levemente inclinada
hacia la derecha", comenta Diego Marín Contreras en el prólogo. Después vienen 32
cartas breves y de corte diferente, tal vez más poéticas, escritas entre el 3 de marzo y
el 11 de julio de 1942. En las primeras le habla a una amiga de quien está enamorado, le
habla de asuntos familiares a veces incomprensibles, le comenta las cartas que ella le
escribe, le habla de sus proyectos y la invita a trabajar con él:
"Colaborarás conmigo le dice en la forma que yo te
indicaría". Su lectura nos adentra en el mundo confidencial de alguien: "Este
mensaje es para ti sola. No se lo muestres a ninguna otra persona. Él ha sido
escrito con todo el amor". También nos permite tocar lo fascinante que tiene leer
cartas o diarios ajenos... Qué más intimidad que la que guarda la carta a un ser amado.
Es entrar sin tapujos, para encontrarse con ese ser, con Lucho, o Luisito
así firma algunas enamorado, y no alguien académico, frío y distante,
a quien alguna vez consultamos en una biblioteca. Un intelectual nervioso y apasionado,
dominante y tierno, cariñoso y respetuoso. A la "Nena insigne y sincera",
con su lenguaje pausado y reverencial, con la ternura de sus 28 años y la
confusión de un ser adulto que guarda sus mensajes en el bolsillo de su vestido de
dormir, le pide que lo incluya en "las pulcras creaciones de sus fantasías".
El poeta es un ser solitario que la hace partícipe de asuntos tan íntimos y
cotidianos como que se ha afeitado, para después disculparse si por ello la ha
ofendido. Estas primeras 17, escritas casi en un mes y medio, hablan de ese momento
de florecimiento y fascinación cuando se dan cuenta de que están enamorados, y
que esa relación es mucho más que una amistad espiritual, y no ya la amistad de
la que han venido hablando, porque ya se han ruborizado en algún almuerzo familiar o
enfrente de alguna persona. Por primera vez escriben la palabra amor. Amor puro y
romántico. Aumenta esta intensidad no sólo este descubrimiento sino también, como ya lo
decía, la mudanza de Nena y el no tener teléfono, y además una leve enfermedad
de ambos. Ella ha venido sufriendo una afección en un oído como si no quisiera oír una
declaración de amor, y él una molestia en la garganta como para no poder hacer
una declaración de amor. Los dos guardan cama, delicados, ella en su casa, él en la
pensión que habita. Mientras en Bogotá llovizna. Entonces ella siente sus primeros
miedos; "Adiós, Luis Eduardo, tengo miedo de penetrar más en el rinconcito donde he
guardado mi afecto para ti" (pág. 20). ¡Ah! el juego del amor, el miedo del
amor. Ella siente sus primeras dudas y él se las disipa.
Este hombre se deja ver como un pensador que quiere penetrar profundo con su
pensamiento, y que tal vez no logra expresarlo del todo, y lo digo por el uso del
lenguaje, al menos en estas cartas que sólo son eso: cartas, momento íntimo. No son
textos públicos, son cartas sin pulir, así como salen, con el nerviosismo del momento o
de su creatividad exaltada, o de la espera de Jorge, el mensajero. Estas cartas son el
resultado de la apertura emocional de un ser noble y leal, celoso y posesivo, de un
seductor con la palabra elegante, discreta, de un ser humilde y romántico,
sediento de amor, un poco esquizoide. Dividido entre una parte intelectual que lo apasiona
y preocupa en la relación con su amada Nena, porque así lo expresa en algunas
cartas al decir que no sabe si ella será capaz de convivir con ese intelectual, y
del otro lado el hombre intelectual que esta renaciendo con su conversión y el
redescubrimiento de Dios, su acercamiento a la Iglesia católica y a las prácticas
de ir a la misa y rezar el rosario, o hacer su "primera comunión".
"Tú me has humanizado, me has hecho alegre, me has acercado a Dios".
Nos enteramos de que ella despierta en él su mística, o su espiritualidad
dormida por el hecho intelectual y por su vida inmersa en el mundo de lo
cultural, y ese despertar emocional lo convierte en un ser creativo que expresa ese
nuevo descubrimiento en Mensajes bajo un mismo cielo.
"Tú me acercarás a Dios; yo te acercaré a mis filósofos, los cuales no son
ni ateos ni anticatólicos. Tú me mostraras la senda que conduce a Dios; yo te indicaré
la vía que lleva a la cultura. Yo seré tu máxima y más pura creación humana; y tú
serás mi más noble y desinteresada colaboradora" (pág. 26).
En sus cartas quiere afirmar no sólo su amor sino el que ella siente por él.
Quien escribe sobre todo al principio es un niño inseguro, que tiene miedo de asustarla
al confesar que la ama: "Cuando me acercaba mucho a ti, abrigaba el temor de que te
retiraras súbitamente eliminando así la intimidad espiritual que nos unía" (pág.
19). Con todo el amor y la intensidad que se adivinan, nos quedamos con deseos de saber
más de ella. Nena es un ser que se nos desdibuja, aparece un poco en asuntos familiares y
cotidianos. Al principio, durante la amistad, intercambian intereses por temas
intelectuales; luego, con el amor todo, esto parece perderse, como si él se estuviera
inventado una fantasía y amara a un ángel. Por eso no cree que su felicidad sea posible,
no cree que alguien lo pueda amar así.
En la segunda parte se hace más poeta, se deleita en filosofar acerca del amor.
Los escritos son breves pero conservan en esencia la pureza de un amor adolescente que
este intelectual siente por su novia Nena, quien más tarde será su esposa.
DORA CECILIA RAMÍREZ |