Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 37 . Volumen XXXI - 1994 - editado en 1996
 

Lástima, pero hay que aterrizar


Colombia a new vision
Juan Carlos Botero
Fotografías: Santiago Harker
Villegas Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 160 págs.

Colombia desde el aire
Gustavo Wilches Chaux
Fotografías: Aldo Brando
Villegas Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 192 págs.


Está muy bien que haya quien se preocupe por promover la imagen de Colombia en el exterior. En el caso de este libro, dirigido a un público anglohablante, las fotos de Santiago Harker, expuestas como lo propone el editor, son un espléndido álbum de nuestro país.

Si el distraído visitante que se topa con el volumen de Colombia a new vision, en una librería de Nueva York o de Los Ángeles, planea un viaje, es factible que, atraído por los bellos paisajes, escoja a Colombia como destino.

El libro de Harker es, pues, un libro de promoción turística.

La técnica de este fotógrafo y la impecable calidad de la impresión realizada en el Japón para Villegas Editores logran un espléndido libro; no cabe la menor duda.

Son sólo vistas de almanaque la mayor parte de estas fotos. Con una luz y un encuadre estudiados, muestran el paisaje o son narrativas en el caso de algunas tomas anecdóticas.

Santiago Harker es extraño a lo fotografiado. Sus fotos sólo reflejan el impacto ante lo insólito de la belleza, y esto no basta. La fotografía que sólo plasma, queda en el grado de "arte menor" y peca de "arte mecánico". Aquí no hay un rostro, una luz o una sombra, un paisaje, que sean sugestivos. Se reproducen imágenes, hay vistas bonitas, a veces, como lo dije, anécdotas entretenidas, que aparecen ante el fotógrafo y éste aprovecha, nada más.

Lo de Colombia a new vision (Colombia, una nueva visión), no se sabe por qué viene a colación. ¿Cuál es la nueva visión? Si libros como éste, de bellos paisajes incitando al turismo, ya hay varios.

No porque haya que mostrar la miseria, la guerra, la violencia cotidiana de nuestro país; porque es cierto: al lado hay hermosos lugares, como los mostrados en el libro, que se pueden visitar sin correr otro riesgo distinto del que se corre en otros países del mundo. Pero hay que ser realistas: este libro peca de ingenuo. Queda claro al lector que el Santiago Harker de este libro es un turista de imágenes impresas, no una persona con su sensibilidad en contacto directo con ellas. En sus fotos no hay un ojo intérprete que tome una buena fotografía. Sus fotos de este libro son superficiales.

En la última parte del libro, donde el paisaje se convierte en juego geométrico, Harker hace al espectador partícipe de bellos fenómenos naturales, pero todo queda en un punto donde, demostrada cierta destreza, no hay más nivel visual que el impreso.

En el texto, escrito por Juan Carlos Botero y traducido al inglés, hay un complemento útil indicando cosas que el libro visualmente no tiene. Su recuento informativo deja claro el tono de vida colombiano. Botero tiene oficio escribiendo. El orden de sus palabras y la manera de expresar ideas son muy claros, en textos como éste, hechos por encargo.

Publica también la casa Villegas un estupendo libro, Colombia desde el aire, con fotografías de Aldo Brando, complementadas por Guillermo Cajiao, Carlos Castaño, Jaime Borda, Hernán Díaz y Rudolf.

La fotografía no permite componer un espacio. Todo lo contenido frente al lente como objetivo, queda en la foto y no hay selección posible una vez establecido el encuadre. Las opciones de ángulos y de luz, aunque no modifican el espacio, son determinantes para el resultado final. Un paisaje siempre está ahí, para referirnos al caso concreto de este libro de paisajes aéreos, frente a lo inmediato del clic con que se plasma para siempre. Un helicóptero puede volver a pasar por el mismo sitio tantas veces como sea necesario, hasta lograr la toma ideal. Lo sugestivo de una buena fotografía aérea, como las de las páginas de este volumen, va en la dimensión que adquiere al verse impresa.

En Colombia desde el aire, hay un contenido en cada foto. No sólo dan ganas de obtener el privilegio de visitar el sitio expuesto, sino que, además, se siente la intención de cada paisaje, el silencio y la soledad de las montañas, la geometría aérea y el desorden urbano de nuestras ciudades, la luz de este país, lo insólito, lo misterioso, y lo terrible en paisajes cruelmente afectados por el hombre. Se siente una realidad. Hay una narración en el contenido de las fotos donde uno halla identificación, referencias precisas.

Por la forma en que está armado el volumen, distribuido en seis regiones geográficas: Costa Atlántica, Costa Pacífica, Zona Cafetera, Andes del Sur, Altiplano y Santanderes y Orinoquia y Amazonia, presenta un ensamblaje coherente, aun para alguien que en otro extremo del planeta sólo tenga referencia sobre nosotros en un planisferio.

En el caso del libro de Aldo Brando, fuera de la intensidad visual y el placer del artista, impresos en cada página, hay que destacar también la secuencia fotográfica de Guillermo Cajiao: cráteres y picos nevados y una buena foto como todas las suyas; de Hernán Díaz (pág. 132) de la sabana de Bogotá: líneas verticales de eucaliptos y diagonales de quicuyo color sabana.

Este libro es una perspectiva visual a la que el ser humano sólo tuvo acceso cuando pudo despegarse por un momento de la tierra. Es esa visión aérea, el vuelo de un pájaro, en donde el límite es un horizonte infinito y la imagen vertical, allá abajo, adquiere una dimensión completamente distinta de su realidad cuando se ponen "los pies en la tierra".

Los textos de Gustavo Wilches Chaux introducen cada una de las secciones geográficas en que está dividido el libro. Son textos aclaratorios con muy buenos datos informativos sobre la estructura social y política, la economía y la historia, las fundaciones urbanas y las mezclas raciales en cada región.

En Colombia desde el aire sólo falta que llueva. El país de Aldo Brando siempre está en verano. Hay una sola foto con una nube a punto de descuajarse encima del artefacto volador en que viaja el fotógrafo. Lástima, hay que aterrizar.

JUAN SIERRA