Mi reino por un retrato
Retratos
Fotografías de Hernán Díaz; texto de Eduardo Serrano.
Villegas Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 128 págs.
En un texto al final de este libro, el fotógrafo Hernán Díaz dice: "El
orden visual, retrospectivo y cronológico de una obra, se convierte inevitablemente en
biografía del autor. Por primera vez y gracias a la magia del libro, encuentro unas
imágenes jamás vistas, una junto a otra, de personas que en un momento de sus vidas
coincidieron frente a mi cámara para celebrar la ceremonia del retrato. Es, pues, un
libro abierto a la memoria".
El fotógrafo se presenta en forma absolutamente modesta y cuenta, paso a paso,
en pocas páginas, cómo llegó hasta este libro, su última obra publicada.
Hernán Díaz es, sin duda, el fotógrafo vivo más importante de Colombia, con
un merecido reconocimiento internacional. Sus retratos son la revelación de los
personajes captados por el lente de su cámara.
Con los hombres, más que con las mujeres, tiene una sensibilidad que le permite
disparar el obturador y fijar para siempre un gesto, una mirada, que definen el tono
exacto de la persona fotografiada. Digo esto, pensando en que sus retratos masculinos son
más espontáneos, menos estudiados que la mayor parte de los de las mujeres. Al menos, es
la impresión que siento viendo este libro de retratos.
Al mismo señala la importancia que para un buen retrato tiene el hecho de que
haya familiaridad entre el retratado y su entorno. Dice que es necesaria la intimidad
entre fotógrafo y retratado para llegar al momento preciso y fijar esa imagen efímera.
"[...] los fotógrafos lidiamos con las formas que están a punto de esfumarse, y
cuando se han ido, no hay artificio sobre la tierra que las haga regresar". Con esta
frase gabolesca, define su sentido de la perpetuidad, para la que se requiere estar a
fondo con el elegido para la foto. (En un documental sobre el pintor Lorenzo Jaramillo
[q.e.p.d.], explica al realizador Poncho Ospina cómo toma sus retratos. Palabras más,
palabras menos, es durante una larga conversación con el pintor, la cámara en una mano
cubierta por el brazo cruzado y de cuando en cuando: clic). Esto produce un efecto que
inmediatamente se nota. Son retratos, en todo el sentido de la palabra. Están tomados en
ese instante preciso en que la persona se revela y en su cara queda marcada su
personalidad. Ahí está la magia de Hernán Díaz. Es un artífice de esa mezcla
necesaria entre tiempo y espacio conjugados, requisito indispensable de toda buena obra de
arte.
Ya dijo alguien que todos tenemos una edad. Somos para siempre la cara de alguna
época. La imagen de Sofía Loren que se nos viene a la cabeza al pensar en ella, es
bastante más joven de lo que luce hoy en día; o Mick Jagger, por ejemplo. Hernán Díaz
es nuestro marcapasos en el tiempo. El Fernando Martínez, el Luis Caballero, la Isadora
de Norden, el Alejandro Obregón que nos pertenecen a todos, en las edades que, por el
fotógrafo, serán las de ellos para siempre, están en este libro.
La fragilidad de una foto hace que no sea tan perdurable como otras obras de
arte. Su inmediatez, la posibilidad de reproducción infinita y la necesidad imperativa de
un artefacto mecánico para su elaboración, hacen que la fotografía sea considerada un
"arte menor". Esto suena lógico. Pero hay fotógrafos, y artistas de la
fotografía como Cartier Bresson, Maplethorpe, Richard Avedon, Herbb Ritz, Brassai, Annie
Leibovitz, y otros que con seguridad se me escapan de esta lista. Hernán Díaz, está
entre ellos.
La luz, las imágenes escogidas, no sólo sus retratos, Cartagena, por ejemplo,
como bien lo menciona Eduardo Serrano en su ensayo al principio del libro, el ángulo
escogido para tomar cada escena y el resultado final producto de una técnica impecable lo
convierten en un maestro de la imagen.
Por su lente han pasado los personajes centrales de nuestros últimos treinta
años de historia. Presidentes, artistas, políticos, hombres de empresa, mujeres famosas
de cada época, reinas de belleza, arquitectos, poetas, periodistas, toreros, músicos,
etc. Este libro es un resumen de ese trabajo. Como toda síntesis, algunas cosas quedaron
por fuera, pero bien explica Hernán Díaz la dificultad que implicó reunir todo el
material. Su editor quería seiscientas fotos para hacer la selección, pero fue imposible
por problemas de archivo. Afortunadamente, Rafael Moure, quien hace treinta años es la
persona que selecciona la obra del fotógrafo, encontró esta colección hoy publicada.
En este libro, además, no importa quiénes son los personajes. Inclusive hay
muchos "no famosos", pero son todos excelentes retratos. Buenas fotos tomadas
entre 1960 y hoy.
Hay que destacar la labor del editor, que no sólo hizo posible ver todo este
material reunido, un catálogo retrospectivo con tres decenios de trabajo, sino que
además logró un hermoso libro. La edición de Villegas Editores, bien puede estar en una
librería de Bogotá o en una de Nueva York, París o Hong Kong. La calidad del artista y
del libro hacen de éste un volumen sin fronteras.
JUAN SIERRA |