Palabras populares con marco
teórico
Diccionario de las hablas populares de Antioquia
Carlos García Z. y César Muñoz A.
Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1993, 309 págs.
Más que un diccionario propiamente dicho, se trata de un conjunto de tres
léxicos: Léxico de antioqueñismos, Léxico coloquial y popular, y Léxico jergal del
subsistema linguístico de la subzona antioqueño-caldense, que forma parte de la zona
occidental perteneciente a la super zona interiorana o andina, según la propuesta de
clasificación dialectal del español de Colombia del profesor José Joaquín Montes, y
que comprende los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda.
Con este conjunto de léxicos se enriquece y afirma una reconocida tradición
lexicográfica antioqueña sobre el habla de esta región. Tradición que cuenta ya con un
buen número de obras y que fue iniciada, según parece, por Rafael Uribe Uribe, en 1887,
con su Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones del lenguaje.
Mucho han cambiado las cosas desde esos tiempos hasta nuestros días. De una
orientación decididamente prescriptiva, nos encontramos ahora ante un trabajo descriptivo
y constativo; un trabajo, donde, a la luz de la sociolinguística, se nos presenta una
dimensión de la lengua puesta en boca, ya no del gramático o del purista, sino del
hablante común y corriente, del vulgo, del drogadicto y del marginado social; una
dimensión de la lengua exclusiva, ya no del uso formal y dependiente del rigor racional,
sino de los contextos informales y dinamizada por la emotividad y la afectividad.
Los objetivos de los autores son dos: a) presentar el léxico del español
hablado en Antioquia en su diversidad dialectal y social, y b) llevar a cabo un trabajo
actualizado de recopilación, clasificación y definición de un nuevo cúmulo de voces
que sirva a los usuarios y también como una motivación para este tipo de estudios.
La primera impresión que podría tener el lector es que se trata de un trabajo
lexicográfico exclusivo sobre el habla regional antioqueña. Ese es uno de los objetivos
y el propósito fundamental de los autores. Pero al calar en cada uno de los léxicos,
particularmente en los dos últimos, a un hablante no antioqueño, como al autor de la
presente reseña, le causa gran extrañeza encontrar que un buen número de términos y
locuciones que le son y le han sido completamente familiares en su medio desde su infancia
sean catalogados como antioqueñismos en la acepción con que los autores los presentan;
sea, por ejemplo, el siguiente conjunto de términos extraído teniendo en cuenta
únicamente las entradas de las tres primeras letras del alfabeto: acelerado, acelere,
acostarse, aguasal, apuntarse, aventar, bazuco, bazuquero, boleteo, bomba,
botado, buséfalo, cacho, camellar, camellador, cana, calentador,
carreta, catano, cascar, cascarero, caspete, chance, chepazo, chicuca, chicharrón,
chimbada, chismografiar, chispo, chutar, chuzo, chuzografiar, colón, combo,
corrido, cuadrarse. La extrañeza se disipa un poco al detenerse en las precisiones de
los respectivos marcos teóricos de cada léxico: "No hay entonces, una seguridad
absoluta de lo que parecería ser un simple y reducido antioqueñismo" (pág. 24).
"Para la extracción del inventario de las formas coloquiales y populares oídas en
Antioquia, aunque no necesariamente circunscritas a esta área geográfica se ha acudido a
tres tipos de fuentes [...]" (págs. 114-115). "Aunque este lexicón se
concentra únicamente en el habla jergal oída en Antioquia, debe entenderse que muchos de
estos términos se oyen en otras partes de Colombia e incluso de Hispanoamérica"
(págs. 207-208).
La referencia a estas precisiones, más que desconocer la creatividad
linguística y los valores dialectales del habla antioqueña, habla de la honradez
investigativa de los autores y de algunas dificultades con que se encuentra el
lexicógrafo en la búsqueda de una identidad linguística regional en el contexto de una
nacionalidad más amplia. Son escasos los diccionarios sobre lenguas regionales y los
estudios lexicográficos realizados en Colombia sobre las distintas zonas dialectales, y
cuando existen tales diccionarios, no son suficientemente exhaustivos. Por tanto, el
criterio de uso contrastivo de selección de las entradas basado en los diccionarios
existentes, por ahora, en la lexicografía colombiana es necesario, pero no es suficiente.
Sin embargo, en la línea seguida por los autores es inexplicable la omisión, al menos en
la bibliografía, del Breve diccionario de colombianismos (1975) de la Academia
Colombiana, Comisión de Lexicografía, donde se registran algunos términos que también
son de uso frecuente en otras regiones de Colombia, como, por ejemplo, atao, candelero.
De una u otra manera, un diccionario es un sistematizador de la cultura
linguística, la cual, a su vez, es una sistematización de otras manifestaciones
culturales. Si se tratara de ver cómo la lengua va con la vida de las comunidades que la
hablan, o cómo la lengua es como la huella digital de la sociedad en que se integra, nada
mejor que recurrir a un diccionario, máxime si es de hablas populares, en el cual, a
manera de espejo, es posible mirar o admirar la conciencia linguística de la comunidad
hablante que allí se refleja. En este sentido, el conjunto de léxicos elaborado por los
profesores García Z. y Muñoz A. admite una doble visión y valoración: la del
linguista, y la de los usuarios de la lengua reflejada.
Desde el punto de vista del linguista, tales léxicos son un valioso aporte para
el reconocimiento de los mecanismos de que dispone la lengua en su continua renovación y
recreación léxica. Desde el punto de vista del usuario de la lengua, el diccionario se
convierte en un medio para admirar el producto de su creatividad linguística, en un
recurso para afirmar su identidad regional y dar a conocer a los demás grupos sociales su
actitud ling¸ística ante el dialecto que los caracteriza. Por otra parte, el Diccionario
de hablas populares de Antioquia es una muestra que permite valorar el ingenio y la
creatividad de los hablantes antioqueños para acomodar la lengua a las más variadas
situaciones de uso, y a la expresión de los más finos matices afectivos y
emotivos que suscita la vivencia o supervivencia en uno u otro contexto social. En el uso
creativo de la lengua se refleja socialmente una determinada visión del mundo; no importa
cuál sea tal visión: poética, racional, teológica, etc. De todos modos, la
recursividad que ofrece la lengua y la creatividad de los hablantes se conjugan
armónicamente para reflejar tal visión; unas veces para el enriquecimiento espiritual;
otras, para la solución de los problemas mediante la comunicación; otras, para
dificultar la comprensión de algunos oyentes y de este modo identificarse socialmente, y
otras veces, si es el caso de contrastar la entereza del espíritu con la dureza de las
condiciones de existencia, para burlarse de la vida con el ingenio, el humor o la ironía.
Esta deducción se evidencia particularmente al hojear el Léxico coloquial y popular y el
Léxico jergal.
En el reconocimiento de los mecanismos de que dispone la lengua y que son
actualizados por los hablantes en su creatividad linguística, vale tener en cuenta: l. La
motivación morfológica o creación de nuevas palabras por: a) derivación: bazuquero,
boletiar, camellar, campaniar, engramparse, escamoso, gaminería,
huevonada, inmamable, muchachón, sicosiar, etc.; b) composición: aguasal,
casquifloja, tumbalocas, etc.; c) parasíntesis: aguamasera, chismografiar,
chuzografiar, etc. 2. La motivación semántica o creación de nuevos significados por
metáfora o metonimia: culebra, chispa, vitriniar, volarse. 3. La
motivación morfosemántica: amistad, gasolinera, papayazo, atracacunas,
coparrota, etc. 4. La construcción de frases: perder (uno) los folios, caminarle
(uno a algo), pararlo (a uno), ser (alguien) una madre, etc. Además de otras
formas más complejas donde concurren procesos fonéticos, morfológicos, u otros muy sui
géneris. Esta creatividad es más evidente en el Léxico jergal, del cual, para
configurar la imagen de tal creatividad, extraemos otros procedimientos: l. Alteración
fonética: atirbar x atisbar, mempo x lempo, recatiar x regatiar,
etc. 2. Metaplasmos: misaca x camisa, mirdo x dormir, jermu x
mujer; chacho x muchacho, ñero x compañero; metra x
metralleta, situa x situación, a la f x a la fija, etc. 3. Sufijación
deformante: carátula, hermanófilo, rarófilo, suavesongo, etc. 4. Cruce o
acción de dos palabras: movio x mozo y novio, colaborambón x
colaborador y lambón, etc. Préstamos semánticos: man, flay, etc. 5. La
abundancia de sinónimos, fenómeno derivado (desde el punto de vista linguístico) de la
creatividad con que utiliza la lengua. Estos fenómenos nos muestran que los hablantes de
las jergas ponen en práctica todos los procedimientos fonéticos, morfológicos,
sintácticos y léxicosemánticos comunes a todo proceso de renovación y recreación
léxica.
De los léxicos presentados, el de antioqueñismos es el de más puro sabor
regional. No puede decirse lo mismo de los demás, presentados como subconjuntos de la
variedad dialectal antioqueña. Como todo buen trabajo académico, cada uno de los
léxicos está precedido de su correspondiente marco teórico que ubica al lector en el
contexto linguístico y destaca los principales aspectos identificados. En muchos aspectos
se cumplen los propósitos de los autores: elaborar nuevos trabajos que aporten material
para los estudios dialectológicos y lexicográficos del español hablado en Colombia, y
con ello se amplíe el conocimiento del habla regional. Su esfuerzo se traduce también en
un valioso aporte para el estudio de la dinámica social del lenguaje y el estudio de la
estilística del lenguaje cotidiano.
- BERNARDO MORALES A.
- Departamento de Lingüística
- Universidad Nacional de Colombia
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