Boletín Cultural y Bibliográfico . Número 36.  Volumen XXXI - 1994 - editado en 1995

 

Por allá no escampa


Aire de Mar en Gádor
Pedro Sorela
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 272 págs.


Pedro Sorela nació en Bogotá en 1951 y muy joven partió hacia Europa para radicarse finalmente en España. En ésta, el país de su padre y ahora su lugar, ha trabajado como catedrático, oficio que alterna con el de periodista y escritor. Aire de Mar en Gádor fue publicada en España en 1989 y obtuvo las mejores alabanzas. Con ésta, se dijo, se abrió un nuevo camino dentro de la narrativa. Sorela, según los críticos españoles, trajo consigo un nuevo aire a la narrativa europea.

Es, pues, Aire de Mar en Gádor una novela de pasar lento, escrita con sumo cuidado: no sobran párrafos, no se pierden personajes, jamás se abusa del lenguaje. La historia aparece simple en principio: la ruina de dos hermanos aristócratas. Alrededor de ellos y de su castillo carcomido por la falta de dinero, se entretejen sin prisa una serie de historias y personajes paralelos que poco a poco empiezan a coincidir, para encontrarse y conducir al lector a Gádor, la mansión de la ruina, el lugar de la nostalgia y personaje central.

Cada capÌtulo parece ser una pequeña historia, cada aparte perfila uno de los personajes, esboza sus temores y dolores. Cada capítulo es, entonces, circular y la novela completa la elipse. El círculo se desenvuelve cuando llega el otoño de viento helado a la mansión Gádor y con él la evidencia de la ruina. Mar y Rodrigo, él pelirrojo, ella de blancura alabastrina y manos finas, se ven obligados a vender el lago y a hacinar los esplendorosos cisnes en la alberca del patio trasero.

Mar tuvo tiempo de achicar el agua de la embarcación y secar algunas lágrimas de rabia antes de atrapar el último. Pudo aún arrepentirse de no haber querido ir a la firma del contrato al llevar los cisnes a su nuevo domicilio; no parecían comprender los pájaros esa promiscuidad -de la que habían de morir pronto- al cabo de años de espacio y elegancia.

Al tiempo de la ruina aparece Dimas, un personaje extraño, delgado, quien escribe historias complejas en un diario capitalino. Con Dimas llega la pasión de Mar por el piano y las locuras de Rodrigo por la historia, la trigonometría y el teatro, locura ficticia con la que trata de evadirse de la inminente desgracia de la ruina. El extraño periodista trae tras de sí a una mujer que pone de pie la melancolÌa de Gádor, Paloma, jefa de redacción en el mismo diario, mujer embebida en el trabajo, profesional con una hija -Inés-, fruto de una corta pasión en un hospital de guerra.

Paloma. Paloma se cuidaba mucho de que nadie viera la dulzura en su frialdad de periodista cuando Dimas aparecía por la redacción con la sonrisa, silencio y ojeras de su soledad cristalina, y procuraba mantener el tono de cortesía profesional que la habÌa hecho inaccesible a quienes deseaban violar su firmeza, su seguridad insolente de profesional que no acepta regalos.

África es el aire de sensualidad de Gádor, muchacha de senos firmes, rebelde, comelona, aficionada a la cometa delta y al ajedrez, quien descubre aterrada el poder corrosivo del estrecho círculo del poder, cÌrculo en el que caen sus padres para convertirse en gusanos arribistas y corrompidos.

[...] pensó que no es que África jugara mal sino que quería morir. No son buenos jugadores de ajedrez los que planean suicidarse [...].

Sancho es el eterno enamorado de África, el muchacho humilde, hermano de Dimas e igualmente misterioso. Recurre siempre a los disfraces y escaramuzas para fastidiar a los miembros de la alta sociedad; es un personaje que da la impresión de ser central y al final de la novela se desdibuja, se convierte en un pretexto.

Gádor, la mansión, reúne poco a poco esta serie de personajes, los hace convergir, los enloquece, los enamora. Gádor se convierte en museo, sala de exposiciones, sala de conciertos, restaurante, sala de juegos, teatro. Es el teatro de cada ruina, de la soledad de sus habitantes; en cada cuarto se desprenden silenciosas las historias de lluvia permanente. Porque en Aire de Mar en Gádor parece que no dejará jamás de llover. A pesar de la música que compone y toca Mar y de Mozart, Schubert y Chopin, es una novela melancólica, pausada, gris, triste, donde las pasiones y el erotismo se perfilan entre niebla, a través de un lenguaje pulcro, exacto, casi relamido, sin expresiones fuertes, llevando por debajo pasiones desbocadas, que se anuncian con susurros. Armado sobre una excelente estructura narrativa, el misterio de Aire de Mar en Gádor conduce al lector por los pasadizos helados de seis corazones abandonados.

JIMENA MONTAÑA CUÉLLAR