Por allá no escampa
Aire de Mar en Gádor
Pedro Sorela
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 272 págs.
Pedro Sorela nació en Bogotá en 1951 y muy joven partió hacia Europa para
radicarse finalmente en España. En ésta, el país de su padre y ahora su lugar, ha
trabajado como catedrático, oficio que alterna con el de periodista y escritor. Aire
de Mar en Gádor fue publicada en España en 1989 y obtuvo las mejores alabanzas. Con
ésta, se dijo, se abrió un nuevo camino dentro de la narrativa. Sorela, según los
críticos españoles, trajo consigo un nuevo aire a la narrativa europea.
Es, pues, Aire de Mar en Gádor una novela de pasar lento, escrita con
sumo cuidado: no sobran párrafos, no se pierden personajes, jamás se abusa del lenguaje.
La historia aparece simple en principio: la ruina de dos hermanos aristócratas. Alrededor
de ellos y de su castillo carcomido por la falta de dinero, se entretejen sin prisa una
serie de historias y personajes paralelos que poco a poco empiezan a coincidir, para
encontrarse y conducir al lector a Gádor, la mansión de la ruina, el lugar de la
nostalgia y personaje central.
Cada capÌtulo parece ser una pequeña historia, cada aparte perfila uno de los
personajes, esboza sus temores y dolores. Cada capítulo es, entonces, circular y la
novela completa la elipse. El círculo se desenvuelve cuando llega el otoño de viento
helado a la mansión Gádor y con él la evidencia de la ruina. Mar y Rodrigo, él
pelirrojo, ella de blancura alabastrina y manos finas, se ven obligados a vender el lago y
a hacinar los esplendorosos cisnes en la alberca del patio trasero.
Mar tuvo tiempo de achicar el agua de la embarcación y secar algunas
lágrimas de rabia antes de atrapar el último. Pudo aún arrepentirse de no haber querido
ir a la firma del contrato al llevar los cisnes a su nuevo domicilio; no parecían
comprender los pájaros esa promiscuidad -de la que habían de morir pronto- al cabo de
años de espacio y elegancia.
Al tiempo de la ruina aparece Dimas, un personaje extraño, delgado, quien
escribe historias complejas en un diario capitalino. Con Dimas llega la pasión de Mar por
el piano y las locuras de Rodrigo por la historia, la trigonometría y el teatro, locura
ficticia con la que trata de evadirse de la inminente desgracia de la ruina. El extraño
periodista trae tras de sí a una mujer que pone de pie la melancolÌa de Gádor, Paloma,
jefa de redacción en el mismo diario, mujer embebida en el trabajo, profesional con una
hija -Inés-, fruto de una corta pasión en un hospital de guerra.
Paloma. Paloma se cuidaba mucho de que nadie viera la dulzura en su frialdad
de periodista cuando Dimas aparecía por la redacción con la sonrisa, silencio y ojeras
de su soledad cristalina, y procuraba mantener el tono de cortesía profesional que la
habÌa hecho inaccesible a quienes deseaban violar su firmeza, su seguridad insolente de
profesional que no acepta regalos.
África es el aire de sensualidad de Gádor, muchacha de senos firmes, rebelde,
comelona, aficionada a la cometa delta y al ajedrez, quien descubre aterrada el poder
corrosivo del estrecho círculo del poder, cÌrculo en el que caen sus padres para
convertirse en gusanos arribistas y corrompidos.
[...] pensó que no es que África jugara mal sino que quería morir. No son
buenos jugadores de ajedrez los que planean suicidarse [...].
Sancho es el eterno enamorado de África, el muchacho humilde, hermano de Dimas e
igualmente misterioso. Recurre siempre a los disfraces y escaramuzas para fastidiar a los
miembros de la alta sociedad; es un personaje que da la impresión de ser central y al
final de la novela se desdibuja, se convierte en un pretexto.
Gádor, la mansión, reúne poco a poco esta serie de personajes, los hace
convergir, los enloquece, los enamora. Gádor se convierte en museo, sala de exposiciones,
sala de conciertos, restaurante, sala de juegos, teatro. Es el teatro de cada ruina, de la
soledad de sus habitantes; en cada cuarto se desprenden silenciosas las historias de
lluvia permanente. Porque en Aire de Mar en Gádor parece que no dejará jamás de
llover. A pesar de la música que compone y toca Mar y de Mozart, Schubert y Chopin, es
una novela melancólica, pausada, gris, triste, donde las pasiones y el erotismo se
perfilan entre niebla, a través de un lenguaje pulcro, exacto, casi relamido, sin
expresiones fuertes, llevando por debajo pasiones desbocadas, que se anuncian con
susurros. Armado sobre una excelente estructura narrativa, el misterio de Aire de Mar
en Gádor conduce al lector por los pasadizos helados de seis corazones abandonados.
JIMENA MONTAÑA CUÉLLAR |