Boletín Cultural y Bibliográfico . Número 36.  Volumen XXXI - 1994 - editado en 1995

 

Tambores para el mamut sagrado


Hemingway, el cazador de la muerte
Manuel Zapata Olivella
Arango Editores, Santafé de Bogotá, 1993, 347 págs.


Este libro no es para quienes deseen conocer la biografía de Hemingway. Se trata, más bien, de una fábula para aquéllos que, junto con el autor, estén dispuestos a emprender una correría por Kenia, en la que es posible divisar de cerca la maravilla de su flora, de su fauna, de su cultura, de sus lenguas y de su idiosincrasia.

Con el pretexto de contar lo que podría ser una "tajada" de la vida de Ernest Hemingway, ese aventurero gringo a veces disfrazado de escritor, Manuel Zapata Olivella nos lleva de la mano por las sabanas africanas hasta el Kere-Nyaga o Montaña de la Blancura (como denominan los kikuyos al monte Kenia) pasando por el Ira (el valle de la Eterna Claridad) y por la nyrandua (la zona selvática del monte Kenia), para mencionar sólo unos pocos de los múltiples lugares visitados por Hemingway en esta fábula.

Junto con su amante, la Gacela Erótica; su ahijado, el biólogo Antoñete, hijo de un torero retirado de la arena; Sitembo, un hermoso nativo conocedor de las más ocultas tradiciones africanas; Alex Smith, comandante de una guarnición de la policía africana; Jomo Kenyatta, máximo dirigente incógnito de los Maumaus y una partida de kikuyos, masais y wapagozis (cargadores), Hemingway emprende la expedición para encontrar el Mamut Sagrado en la cima del Kere Nyaga. Dice la leyenda que quien dispare contra el Mamut Sagrado, será herido en la misma parte del cuerpo en que la bala se aloje en el mitológico animal: "Disparar contra el Mamut Sagrado es acortar el camino".

En ese punto comienza una aventura que se extiende a lo largo de todo el libro. Hábilmente, Zapata Olivella narra la historia cuadro a cuadro. Se deleita mostrándonos pasajes y paisajes de esa África que, se colige, tanto conoce y ama. El personaje central, Hemingway, queda opacado por los exóticos euphorbias, las xanthophoebas, las terminalias y el sinfín de especies animales, algunas lamentablemente en vía de extinción, que circulan por el libro: tembos (elefantes), nyumbus (especie de vacunos), búfalos, gacelas, jirafas, ánades, leopardos, leones, hormigas, moscas y demás convidados al banquete de la biodiversidad africana. Más que una historia sobre Hemingway, lo que se nos está ofreciendo es un canto al Africa, la madre tierra, la cuna de lo que conocemos hoy como el hombre (y la mujer) contemporáneo.

En el libro se retoman características del Hemingway que conocemos: su fascinación por el alcohol, por el toreo, por las mujeres, por la cacería, por la escritura, por la aventura, por la muerte. Sin embargo, el Hemingway que se nos muestra es más una fabulación que un hombre de carne y hueso, en torno al cual se dan datos precisos sobre su vida y obra. Excepto algunas referencias a su estadía en París en la casa de Gertrude Stein, su participación como corresponsal en la guerra civil española, la forma en que murió y sus viajes a la península ibérica, no se podría decir que Zapata Olivella intente hacer una recreación biográfica del reconocido autor. Sin embargo, esto no produce duelo alguno. En este libro no se trata de que nuestro corazón palpite al ritmo de Hemingway, si no de que vibre a la par que los tambores anuncian cómo el mito se hace realidad y la muerte abraza la vida para fundirse, bien en las arenas africanas, bien en cualquier plaza de toros de cualquier lugar del mundo.

MIRIAM COTES BENÍTEZ