Las ciudades crean a sus pobladores
y los pobladores crean a las ciudades
Pobladores urbanos: ciudades y espacios
Julián Arturo, M. Teresa Auli y otros. Compilado por Julián Arturo
Tercer Mundo Editores, Instituto Colombiano de Antropología, Colcultura,
Santafé de Bogotá, 1994, 2 vols.
Esta obra, compuesta de dos tomos, está constituida por una serie de escritos
multidisciplinarios (antropología en su mayoría, arquitectura y desarrollo
urbano, periodismo), que tienen como centro común lo urbano, sus actores, sus espacios y
la cultura popular.
Se inicia el libro con el proceso de poblamiento en Colombia a partir de la muy
conocida investigación de Fabio Zambrano, que da paso a un viaje por el mundo popular de
nuestras ciudades, sirviéndose de la etnografía.
Es así como Óscar Saldarriaga, en su escrito, redime lo urbano mostrándolo
como una parte de la apropiación del territorio y de la socialización del ser humano, y
no como ese ente que desgarra la cultura y la deshumaniza:
[...] disentir de aquellas visiones negativas de la forma urbana, que la
perciben como deshumanizante por sí misma. Y en particular, de aquellas que no reconocen
a las clases subalternas ni su posibilidad ni su capacidad para recrear sus referentes
territoriales, vitales y simbólicos, en los mundos urbanos a donde han sido desplazados
desde sus tierras de origen. [pág. 110]
La obra parte de un nivel general, del cual se va derivando el proceso de
regionalización y colonización, mostrando el caso de la colonización antioqueña en la
cordillera del Valle del Cauca o la fundación de ciudades en la zona de frontera de la
Amazonia colombiana, hasta llegar al análisis de una ciudad específica, Armenia, en la
que se muestra el espacio como una apropiación, como un resultado de la cultura urbana.
Se presentan adicionalmente una serie de investigaciones acerca de la
recuperación de la tradición oral, donde se recrean diferentes aspectos propios de lo
urbano. Uno de esos trabajos, el de María Clara Llano, quizá el más representativo y
agradable, estudia el caso de la Plaza de Bolívar en Santafé de Bogotá. Tomando este
espacio como ejemplo, nos muestra cómo la ciudad, sus pobladores y sus gobernantes van
creando y transformando sus símbolos urbanos, dándoles diferentes usos y significados a
través del tiempo.
Los actores en épocas diferentes se apropian de la plaza hasta
llegar a hacer de ella lo que es ahora: una plaza fría en la cual no hay dónde sentarse
y un Bolívar que en su soledad es acompañado por los dueños de la plaza: las palomas,
el vendedor de golosinas y el apóstol Manuel, y con ellos el símbolo de esta ciudad
llena de contradicciones, resistencias y convivencias en un ambiente realmente hostil.
Igualmente, dentro de esta misma línea, se incluyen trabajos sobre el Parque de
los Periodistas (también de Santafé de Bogotá), el burdel y uno muy interesante sobre
lo que representa la tienda en un barrio popular. Todos ellos se enmarcan en esos espacios
característicos de lo urbano que los pobladores crean y recrean como parte de su vida en
la ciudad.
Como bien se dice en el libro, existe una relación dialéctica entre las
ciudades y sus pobladores. Por tanto, las ciudades crean sus pobladores y a su vez los
pobladores crean las ciudades. A la luz de este concepto, se analizan los casos de los
barrios populares Policarpa Salavarrieta, Villa Gloria, Clas y Guacamayas II, en Santafé
de Bogotá, desde su invasión, hasta la consecución de los servicios básicos, pasando
por el calvario de la legalización.
La ciudad se recrea en la lucha por conseguir un espacio. Así la
autoconstrucción es una tradición de trabajo colectivo que se trasmite de generación en
generación, marcada siempre por una lucha contra el conformismo, una lucha por sobrevivir
y tener un lugar con un mayor nivel económico dentro de la sociedad.
Estos barrios producto de urbanizaciones piratas, en su mayoría o
los barrios de vivienda social, que se construyen para paliar carencias habitacionales, no
siempre consultan las necesidades del hombre que los va a habitar. Dichos barrios poco a
poco se van transformando por la acción de sus pobladores.
A este respecto, Soledad Niño trae a colación un texto de Jairo Aníbal Niño
que se refiere a lo que representa un barrio en la ciudad:
Los barrios conforman la parte más entrañable de una ciudad. Se construyen a
golpes de tiempo, de luchas, de esperanzas. Se moldean con la arcilla de la vida de las
gentes, desde el momento en que por diversas circunstancias se encuentran frente a frente
con un espacio que deben ocupar, transformar, no en pocas ocasiones en condiciones de
dureza y de desigualdad, como si estuvieran inventando el primer día de la creación. [pág.
321]
El segundo tomo trabaja con los actores de la ciudad y sus testimonios. Es así
como Pilar Riaño aborda los movimientos juveniles en Colombia en el siglo XX de una
manera muy creativa, a través de la música y los avances tecnológicos.
Al dar su testimonio, un muchacho de las comunas nororientales de Medellín, se
refiere a su hermano, que ha sido sicario y ahora está muerto, y describe su mundo, un
mundo donde se evidencia la incapacidad de concebir el futuro, donde sólo se puede vivir
el momento, porque el fin está muy cerca, probablemente a causa de una bala.
Y así siguen apareciendo diferentes actores de la vida urbana colombiana, como
son los indígenas, los cartoneros, los viejos, con su existencia de abandono y de
pobreza, y las mujeres que, en un barrio de invasión, bregan por conseguir el cocinol.
Igualmente se reflexiona sobre el imaginario urbano, en un interesante estudio
sobre el Cementerio Central de Bogotá y la creación de símbolos mágicos religiosos. El
pueblo crea santos desconocidos a quienes confiar sus sufrimientos y rogar por la
redención de sus vidas.
Termina así el recorrido por el mundo de lo urbano, donde los espacios y sus
actores interactúan, creando la cultura popular y afianzándose en un espacio que en
nuestras ciudades es hostil para una gran parte de la población.
GLORIA BEATRIZ SALAZAR |