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El
"otro" país nunca es el mismo
Así mismo
Alfredo Molano Bravo
Editorial Los Cuatro Elementos, Santafé de Bogotá, 1993, 146 págs.
Esta recopilación de
relatos de Alfredo Molano nuevamente impacta y cuestiona. Para aquellos que trabajamos
desde el Estado en la implementación de medidas para mejorar la calidad de vida de las
comunidades populares en el ámbito regional y local, Así mismo debería
convertirse en texto de consulta obligada. Lo que estos actores sociales nos cuentan, a
través de este sociólogo, investigador, periodista y escritor, no puede ser ignorado.
Ahí está el país, ahí están sus regiones, sus localidades, ahí están esos seres
humanos que nos muestran la inutilidad de las piruetas intelectuales cuando se trata de
transformar una historia actual por lo demás de agresión en lo individual y
colectivo, de dolor, de miseria, de búsquedas sin destinatario, de coca, de ejército, en
fin, de todas las formas de violencia conocidas y por conocer...
Los textos que se nos
presentan en Así
mismo son demasiado conmovedores. Todos ellos son un
universo en sí mismos, un universo vibrante y vital (porque en medio de las tristezas
también hay alegrías, también hay sabiduría, también hay amor) e interconectado por
vasos comunicantes de esencia humana. Sin embargo, hay algunos relatos que se destacan por
lo logrado de su lenguaje y de sus imágenes: Julia Ruano, 18 de diciembre, La
huella y El día de los hechos son magistrales en cuanto a narrativa se
refiere. En ellos los personajes van creciendo, se van desenvolviendo hasta alcanzar
estatura de robles.
A Alfredo Molano se le ha
criticado por las técnicas que utiliza. Se le ha acusado de facilismo y de piratería
intelectual. Se le ha calificado con una serie de adjetivos que no reproduzco, puesto que,
definitivamente, no comparto. Por mi parte, considero que escritor no es sólo quien
imagina mundos. Es más: no es posible imaginar mundos que no estén apoyados de cierta
forma en la realidad, en las vivencias de otros y en la observación de lo interno y de lo
externo.
Hay muchas maneras de
observar. Observar puede ser, igualmente, tomar una grabadora y dirigirse a entrevistar a
un ser humano que tiene una historia que contar. Escoger entre todos aquellos que divagan
por este valle de lágrimas a aquél o aquélla que en su memoria guarda tesoros que, al
hacerse públicos, develan lo que miles de sesudos estudios no podrían plasmar ni en
todos los folios de la Biblioteca del Congreso de Washington. El editor, y Alfredo Molano
es uno de los mejores editores del país, es también un observador: el que selecciona, el
que pule, el que trabaja un texto, el que se sumerge en mundos ajenos y propios para
extraer, como minero, lo mejor de ellos y lo mejor de sí.
Por lo demás, como
homenaje al testimonio, a las historias de vida, también Así mismo debería ser
libro de consulta obligado en las facultades de sociología y antropología. Como lo
señala María Mercedes Carranza en el prólogo al libro: "[El otro país] aparece en
los trabajos de Molano, pero no en forma de teorías y de tesis, sino revelado por los
mismos protagonistas, pues son ellos los que hablan siempre: voces anónimas de mujeres y
hombres que cuentan sus conflictos y tragedias, hablan de sus esperanzas y de su
cotidianidad" (págs. 10-11).
"Ningún hombre es
una isla, absolutamente solo. Si un pedazo de tierra fuese arrasado por el mar, daría lo
mismo que fuese Europa o un promontorio o la tierra de tu mejor amigo o la tuya propia. La
muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad y, por lo
tanto, no he de preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti". Es así
como termina John Danne, el magistral poeta barroco inglés, su poema Meditación
17.
Es esto lo que sucede cuando uno lee a Alfredo Molano: ya no importa si se trata de una
prostituta en Arauca, de un capitán en la Guajira, de un mambero en los llanos o de un
sicario en Medellín. Las campanas doblan, en todas partes de Colombia, por los muertos
inútiles y el dolor lacerante que ha causado una violencia, sobre la cual, si quiere
saber de ella, pregúntele a Alfredo Molano.
MIRIAM
COTES BENÍTEZ
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