La sombra del leopardo
Leopardo al sol
Laura Restrepo
Editorial Planeta, Santafé de Bogotá, 1993, 391 págs.
Esta es una novela de ficción. "Los personajes sólo existen en la
imaginación de la escritora", dice antes de comenzar el libro. Pero una vez leído,
dudamos, porque los personajes son como extraídos de la realidad colombiana, aunque
parezca que estas letras son un soplo de la imaginación.
Ésta es una novela de violencia, porque el matarse entre hermanos como único
punto de llegada y con tanta violencia física está presente a lo largo del texto, así
como está presente en nuestra realidad nacional. Es también una novela de violencia
psicológica tal cual está viva en nuestra vida cotidiana. Laura Restrepo cuenta estas
violencias y las escribe con minucia, con cada palabra con la que describe los gestos de
los personajes que enriquecen esta larga historia. Así, también, enseña la humanidad
que hay en Nando Barragán (el protagonista), cuando acepta su destino de asesino de su
primo hermano y amigo y compinche, Adriano Monsalve. Como si la otra cara de toda esa
demencia fuera la ternura "lenta y torpe, sin prisa, con esmero femenino", con
la que él viste el cadáver de su primo, porque a los muertos los viste quien más los
ama.
Esa guerra fratricida, entre seres con la misma sangre, o hijos de la misma madre
Tierra, es una guerra muy nuestra; por eso esta novela es tan brutal. Una vez que un primo
ha matado al otro, con el cadáver a cuestas impecablemente vestido, y en medio del
delirio donde ya lo real alcanza lo irreal, llega hasta donde el tío, después de cruzar
días de desierto, para escuchar de él sentenciar la desgracia: Barragán contra
Monsalve, los unos matarán a los otros, los primos matarán a los primos, lo harán de
generación en generación, por siempre. Porque, como dice una voz: "Habían llegado
los tiempos de la violencia total y la vida se nos iba enredada en la moridera y en la
matadera" (pág. 379).
Hay una violencia sutil enraizada en lo cotidiano, en las vidas de los primos en
guerra. Hay otra violencia, que es la narrada por una voz en negrilla, exagerada, real
pero imaginaria, la violencia colombiana. Una voz pregunta: "Esos sucesos,
¿son leyenda o fueron reales?" Otra voz responde: "Fueron reales, pero de
tanto contarlos se hicieron leyenda. O al revés: fueron leyenda, y de tanto contarlos se
volvieron verdad. Es lo de menos" (pág. 33).
Ésta es una novela contemporánea, porque habla de la miseria del espíritu de
los seres, de la decadencia de la raza, de la ilegalidad como norma, de la aceptación
generalizada de los valores trastocados, de los malentendidos acerca del poder, de la
belleza y del dinero, del esplendor del plástico, de una sociedad donde las leyes se
desconocen, donde lo antinatural es lo positivo, donde el amor está confundido o es
inexistente. Nuestra decadencia está presente en la novela a través de un elemento muy
interesante que acentúa toda esta brutalidad, y es la manera como presenta la sociedad de
consumo y los desechos humanos, mostrando los nombres de marca de los productos
comerciales en los momentos precisos. Hay una burla permanente que toca el fondo y que nos
hace reír a costa del dolor. Es como una telenovela.
El pasado está narrado en presente, el presente en presente, y los comentarios
de otros, voces que aparecen para narrar, en pasado. La novela comienza en la mitad de la
historia, después se devuelve un poco para continuar avanzando con un tejido que
establece expectación y tensión. Es una novela larga, escrita con todas las de la ley
para ser novela. La autora usa un vocabulario muy amplio, deleitoso, sonoro y preciso.
Toda ella tiene un sabor muy colombiano, así como lo tiene Sin remedio, pero
completamente diferente. La estructura es interesante y está formada por imágenes muy
intensas. Imágenes llenas de acción, suspenso, y muy buen humor, que avanzan con
equilibrio en una narración que siento con ritmo de tres en tres. De repente una imagen
rompe el ritmo que trae la historia para presentar un personaje: es Fernely, quien sale de
la cárcel. Como con tirabuzón, la autora entra hasta la carne de los personajes. Así
entra en Fernely y lo deja, pero Fernely no se nos olvida hasta que vuelve a aparecer para
recoger ese hilo y avanzar con el tejido de telaraña. Los personajes femeninos son
numerosos, están intensamente creados, son muy bellos. Sólo circulan en los interiores,
hogares, burdeles, autos, allí ejercen sus poderes, allí también son maltratados por
los varones, como madres, como esposas, como amantes, como putas, como hermanas, como
sirvientas. Sus vidas son tristes; todas las vidas de todos los seres de esta novela son
unas vidas tristes, ninguna felicidad asoma; sin embargo, el final es un final feliz.
Alina Jericó da a luz a su bebé por encima de las dificultades por las que atraviesa. El
bebé no lleva el apellido Monsalve, a pesar de ser hijo del Mani. Es el triunfo de la
vida.
En la novela encontramos un elemento nuevo, distinto, otra voz. Es una voz en
negrilla que narra en tiempo pasado y que son voces varias, pero no es polifonía, como lo
hace María Elena Vélez en Reptil en el tiempo. No, aquí la voz toma
posibilidades diversas, es pregunta, respuesta, es subtítulo sin necesidad, a veces
avanza con la narración, otras aparece como dictamen o anticipación, o son voces de
otras personas que comentan, o hacen chisme, y también deliran. A veces es una página
entera o varias, a veces la negrilla aparece como un recurso inteligente para atar cabos
sueltos, o para decir lo que la voz que narra no debe decir porque no le corresponde, pero
no siempre ocurre así y, en fin de cuentas, el recurso termina utilizado de manera
fácil, o confusa, o hace que decaiga la intensidad, porque rompe el ritmo con el que
venimos leyendo.
Humor y magia es lo que maneja Laura Restrepo. Han pasado los años desde La
isla de la pasión. Ahora su trabajo ha tomado asiento sobre la base de lo que allá
se insinuaba: la ternura y la sorpresa. No obstante, juega en la cuerda floja y está a
punto de caer varias veces, especialmente cuando pone a los personajes a soltar una sola
frase a manera de sentencia, cosa que no es su estilo, o cuando se engolosina con las
listas descriptivas de un momento, de una imagen, de una acción, porque llega a los
lugares comunes y ya no hay asombro. ¡Qué peligro! Como en la narración de la fiesta
del matrimonio de Nando Barragán o en la presentación de Roca Monsalve, "El
Tinieblo", donde llega hasta el delirio, pero como la narración va rápida, Laura
Restrepo recupera el equilibrio con elegancia. Maneja una realidad que cae en la
irrealidad y llega al delirio, pero cualquier delirio es posible en Colombia, y en la
literatura siempre es posible mientras el lector se lo crea, y nos creemos la historia del
leopardo.
DORA CECILIA RAMÍREZ |