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La literatura de viajes había determinado, pues, en la época
inmediatamente anterior a Humboldt, loselementos constitutivos de un nuevo espíritu
explorador -con indudables acentos utópico-socialistas- que él reelabora en forma de
"fisonomía del cosmos". El cosmos vuelve a concebirse como un todo ordenado
armónicamente. Dentro de él, la naturaleza es contemplada como un todo autónomo y
dinámico. Es ella el reino de la libertad y despliega en sí, a través de las fuerzas
interiores y vivas de ese todo, las múltiples manifestaciones. La fantasía despliega
todo su poder creativo allí donde el entendimiento no llega a comprender plenamente las
vinculaciones: el logro de la ciencia descansa en el reconocimiento de la diversidad en
esa multiplicidad en permanente desarrollo.
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Arriero de Choach́
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Apenas es necesario decir que en la literatura de viajes derivada
de esa concepción no se trata de una trivial descripción de objetos y sucesos más o
menos llamativos, es decir, de una entretenida guía de turismo, cuyo valor recae en la
mayor o menor capacidad estilística del autor. El "sentimiento de la
naturaleza", la intuición de la unidad de los componentes vivientes e inertes del
cosmos, la "simpática y dulce melancolía" que se experimenta frente al
espectáculo de la naturaleza -en una composición, contrario a lo que se piensa
vulgarmente, ajena al adorno retórico- determinan el nuevo tipo de contemplación de la
naturaleza y el hombre.
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Ind́genas de Soacha
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Arrieros e ́ndios de Soacha
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Humboldt alude a todo ese
complejo de problemas en el siguiente párrafo del capítulo ya -citado: "Repito
aquí que pueden darse a las descripciones de la naturaleza contornos fijos y todo el
rigor de la ciencia, sin despojarlas del aliento vivificador de la imaginación. Lo
poético debe proceder de la relación presentida del mundo sensible con el intelectual,
del sentimiento de la totalidad, del límite mutuo y de la unidad de la vida natural.
Cuanto más elevado es el asunto, tanto más cuidado debe ponerse en evitar el adorno
exterior del lenguaje. El efecto propio que producen los cuadros de la naturaleza está
fundado en su composición; toda inspiración premeditada de su parte introducida por el
autor, sólo puede ser incómoda. Quien esté familiarizado con las grandes obras de la
antigüedad clásica y, en posesión de la riqueza de su lengua, sepa darle un carácter
sencillo e individual a lo que recibió a través de su propia visión, no podrá errar en
la expresión; tanto mayor será el acierto, cuanto el autor, describiendo la naturaleza
que está a su entorno y no su propia disposición anímica, deja sin reservas la libertad
de sentimientos a los otros"
6.
II
A todo lo largo del siglo XVIII se escalona una literatura
de viajes por Latinoamérica que ve llegar a sus inmensos territorios a científicos
franceses como Amadeo Frezier, L. A. de Bougainville y Ch. M. de La Condamine, o a
españoles como Félix de Azara, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. En las obras de ellos no
sólo se revive la aventura de conquista y la primera colonización -que había conocido
una rica literatura desde el diario de Cristóbal Colón y las cartas de relación de
Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Pedro Cieza de
León hasta los relatos históricos del Inca Garcilaso de la Vega y José de Acosta,
pasando por la obra de incomparable valor moral y político de fray Bartolomé de Las
Casas-, sino que se abren las vías tanto para una exploración científica como para una
reflexión política de alcances insospechados. El continente parecía despertar al
compás de estos nuevos esfuerzos que anticipaban los deseos de la Independencia:
"Los datos para una nueva visión de la vida americana -advierte el venezolano
Mariano Picón Salas en su admirable libro De la Conquista a la Independencia (1944)-,
la crítica contra el sistema colonial hispano en que estaban empeñados no sólo por
gratitud investigadora, sino para servir mejor a sus intereses nacionales; algunos de los
argumentos que esgrimirá posteriormente el criollo contra España (fanatismo religioso,
abusos administrativos, atraso cultural, reivindicación del indio) aparecen en esa
literatura descriptiva"7.
Montañez de tierra fŕa
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En su Relación de
viaje del Mar del Sur (1732), inaugura el ingeniero Amadeo Frezier la serie de obras
de grandes viajeros que recorrerán América en el siglo XVIII. Hijo de una ilustración
temprana, revela Frezier, en su narración de las visitas que hizo a las costas de Chile y
en particular a las del Perú en 1713, los componentes fundamentales del investigador
dotado de agudeza perceptiva y de libertad de criterio. La prosa clara y sugerente,
aliviada de retórica y adornos superfluos, la concisión de sus juicios y la certeza de
las observaciones, hacen de este relato, además de confiable e instructivo, una de las
piezas básicas de la literatura de viajeros americana. Repudia el honrado francés la
corrupción generalizada y sin medida, pero sobre todo las prácticas de la vida religiosa
y el estado social y las costumbres de sus habitantes. Aparte de las rutas de viaje, los
comentarios de mapas y planos, de la fauna y flora, concentra su atención en la
desmesurada presencia (y negativa influencia) del clero en estas ricas colonias. Las
prácticas extravagantes, las costumbres rituales (sobre todo, la del rosario), las
fiestas y procesiones religiosas acompañadas de corridas y comedias insulsas, en las
cuales se combina lo sagrado con lo profano, resultan a sus ojos absurdas y de mal gusto.
La dilapidación, la sensualidad y aún la impudicia (en especial de las limeñas), el
lujo hiriente y los adornos de todo tipo en las reuniones sociales son la contrapartida de
esa religiosidad que para él no es más que llana hipocresía y superstición rentable de
la Lima barroca de don Pedro de Peralta. No se le escapa, por supuesto, la situación del
indio peruano, en su trabajo extenuante y liquidador, servidor de hacendados y clérigos,
y las consecuencias de esta ignominiosa explotación: "Está fuera de duda -asegura
Frezier, anticipando las múltiples pruebas que de ello rendirán pocos decenios después
Jorge Juan y Antonio de Ulloa -que estos pueblos, desesperados por la dureza de la
dominación española, no aspiran sino al momento de poder sacudirla"
8.
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Ind́genas de Choach́
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La crítica al sistema colonial,
con todo, se agudiza, aun en autores de cuño más conservador: Jorge Juan y Antonio de
Ulloa, en sus conocidas Noticias secretas de América (redactadas en 1745 y cuya
publicación en Londres en 1826 por David Barry formaba parte de la campaña política de
agitación anticolonialista que animaban el venezolano Andrés Bello y el colombiano Juan
García del Río desde la Biblioteca Americana, y el sevillano José María Blanco White
desde su periódico Variedades o Mensagero de Londres), rinden un informe detallado del
estado militar, político, administrativo, económico y .social de los reinos del Perú y
Quito, que recorrieron durante nueve años9. Llama la atención el tono
de desconsuelo en que describen a esos países, acosados por la mala administración
pública, el contrabando, la corrupción generalizada, la insensatez de las actividades
económicas y la injusticia social. La situación del indio y el estado del clero, secular
y regular, ocupan las páginas centrales de un relato dramático que ejercerá una
poderosa influencia en la literatura política e históricá durante todo el siglo XIX. El
indio padece bajo múltiples yugos y múltiples amos que lo degradan, extorsionan,
estafan, explotan, humillan, complaciéndose en su escarnio y paulatino aniquilamiento lo
mismo el hacendado avaro, el corregidor codicioso y el cura lujurioso y sin escrúpulos.
El cuadro que presentan en los capítulos I a IV de la segunda parte parece arrancado de
la Brevísima destrucción de las Indias de De Las Casas, y la descripción de la
conducta depravada y sin regla del clero (salvo la de los miembros de la Compañía de
Jesús según los autores), en el capítulo VIII, se eleva a tal grado de indignación que
parece un panfleto de denuncia, antes que un informe sereno de dos célebres científicos.
Pero la realidad, como ellos podrían decir, supera en estos países cualquier
exageración.
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Ind́gena de Bosa
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Indio de Choach́
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Por su parte, M. de La Condamine que, con Bourguer y Godin,
formó parte de la comisión científica francesa que en 1736 se disponía a determinar
las medidas de la franja ecuatorial (expedición en la que participaron, así mismo, los
jóvenes españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa), también tardó diez años recorriendo
parte del continente. Sin duda, es su relación La América meridional (1745) una
de sus páginas de mayor interés. En ellas el legendario Amazonas, que parecía
definitivamente confinado en su propia inmensidad, vuelve a ocupar un lugar central en la
narración. Desde la aventura de Orellana en 1542, relatada en la Relación del
fraile Gaspar de Carvajal -que justamente había dado lugar a la leyenda de la existencia,
en las orillas del río, de esa "república de mujeres", sin duda influido por
la novela de caballería de las Sergas de Esplandián, hijo de Amadís, que
terminó enrollado con la reina de las guerreras, Calafia
l0-, el gran río parecía destinado a surtir una vez más la imaginación de
los europeos. El afán exótico no estuvo ausente en el viaje del científico ilustrado.
La Condamine mismo se complace en relatar que averiguó insistentemente por las
"belicosas mujeres", sin descartar por un momento su inexistencia como fabulosa.
Incluso alega en su favor algunos testimonios de crédito que se pueden tomar, piensa este
francés del siglo XVIII, como indicios poderosos de la existencia de la tribu de estas
guerreras marimachos, "que no tienen marido"
11 , Estas páginas, sin duda, no dejarían de despertar una curiosidad en el
lector culto europeo; incluso es de suponer que Humboldt no dejaría de complacerse
leyéndolas, sobre todo porque provenían de quien en sus múltiples obras ya había dado
datos tan acertados sobre la enorme naturaleza americana.
Contribuye al conocimiento de la naturaleza americana también el marino francés L. A. de
Bougainville en su Viaje alrededor del mundo, realizado en la fragata La Boudeuse
entre 1767 y 1769, es decir, entre las dos circunnavegaciones del capitán Cook. Admirador
de Magallanes, su relato no está afectado por la relación con la literatura: son las
páginas de un hombre de mar, escritas sin más intención que la de proporcionar
conocimientos útiles a los navegantes. Bougainville había sido encargado de entregar
oficialmente las islas Malvinas a la corona española, después que él la había conocido
sólo unos años antes, en el octavo día de la creación: "Fue un espectáculo
singular -escribe el primer explorador de estas exposesiones españolas- ver a nuestra
llegada a todos los animales, hasta entonces únicos habitantes de la isla, aproximarse a
nosotros sin temor y no mostrar otros movimientos que los que inspira la curiosidad a la
vista de un objeto desconocido. Las aves se dejaban coger con la mano: algunas venían
ellas mismas a posarse en las personas paradas... Esta confianza no les duró mucho
tiempo; bien pronto aprendieron a desconfiar de su más cruel enemigo"12.
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Indio de Chocontà
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Indio de Choach́
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Cierra este ciclo dieciochesco la obra de singular
significación y con intención sistemática Viajes por la América
meridional,
que, si bien fue editada en 1805, contiene las experiencias que el naturalista Félix de
Azara recogió por América durante más de veinte años y que le dieron renombre.
Explorador autodidacto, Azara ofrece en su primer tomo un cuadro detallado de la historia
natural del continente, particularmente de la zona del río de La Plata y el Paraguay:
clima, terreno, ríos, vegetales, fauna, desde los insectos, sapos, víboras y lagartos
hasta los cuadrúpedos y aves singulares, polemizando en estas materias permanentemente
con Buffon, al parecer sin la debida cortesía académica. Niega expresamente que en el
continente americano se degraden las especies ylos hombres: tanto las unas como los otros
compiten en belleza y tamaño con las de cualquier otra parte del globo. Antes bien:
"las razas o especies de hombre de la más alta talla, de formas y proporciones más
elegantes que haya en el mundo, se encuentran en el país que describo"
13.
El segundo tomo se detiene en los indios
salvajes, bohanes, chanás, pampas, guayanas, payaguás, tobas, etc. y en los guaraníes
sometidos a las misiones jesuíticas, para él tan nefastas como innecesarias. Rechaza la
idea generalizada de que la reducción de los indios se debió a la persuasión y a la
predicación apostólica: fue más bien obra de la supervivencia y la necesidad de estas
tribus perseguidas por los cazadores portugueses de esclavos. Azara, al igual que ya lo
habían hecho Frezier y Bougainville (a éste último le correspondió presenciar la
expulsión de la Compañía de Jesús, en 1767, de los territorios americanos), ve en el
imperio jesuítico una estructura política prodigiosa, destinada a llenar sólo las
ambiciones de los celosos e infatigables soldados de Loyola. Cierran el conjunto un
capítulo en que se da noticia de las ciudades y villas del Paraguay y otro en el que se
expone una historia abreviada del descubrimiento y conquista de La Plata y Paraguay. Sus
estudios lo llevan, pues, a valorar el continente americano como un depósito excepcional
de la naturaleza (y lo inducen a cuestionar, con espíritu de osada libertad, el orden
dogmático de la creación bíblica, así plantea hipótesis que más tarde aprovechará
el evolucionismo), pero sobre todo como un laboratorio humano que contradice la supuesta
superioridad del hombre europeo, la hegemonía arrogante de la raza blanca para la ciencia
y la vida del espíritu.
En suma, el siglo XVIII acumuló una gran cantidad de información valiosa procedente de
los viajeros científicos. El material acumulado no era de ninguna manera despreciable y
trataba sobre las más diversas materias: rectificaciones de navegaciones; levantamiento
de mapas y planos; observaciones astronómicas; descripciones de la flora y la fauna y de
las condiciones climáticas; apreciaciones sobre la existencia y las explotaciones de las
minas; anotaciones sobre la problemática vida política y los sordos conflictos que
encendían los ánimos de los diversos sectores; cuadros de la vida social y las
costumbres (algunos de ellos fundamentales para realizar una historia social de las
costumbres y la sexualidad, como los de Frezier). Por eso, cuando llega Humboldt, que ha
sido llamado, no con mucha razón, el "descubridor
científico" de América, no sólo este repositorio está a su disposición (además
del que los mismos hispanoamericanos cederán sin reserva al viajero berlinés), sino que
él constituirá una base sólida para muchas de sus futuras investigaciones científicas.
III
Alejandro de Humboldt tocó por primera vez
puerto colombiano, fondeando en Cartagena, el 30 de marzo de 1801. Antes de su arribo al
puerto dos veces, a consecuencia de un peligro de naufragio y, el mismo día, al ser
atacado por negros cimarrones durante un eclipse lunar, estuvo a punto de perecer en
playas colombianas. En la ciudad amurallada, fue hospedado por el amigo de José Celestino
Mutis, José Ignacio de Pombo; de allí se desplazó a Turbaco, lo que dio motivo a la
descripción de sus volcancitos de lodo, y acopió por toda la provincia nuevas especies
botánicas en compañía de su inseparable amigo Aimé Bonpland. De su viaje por el río
Magdalena, informa a su hermano Guillermo, en carta del 6 de junio de 1801: "Hemos
descubierto, y no tengo la menor duda al respecto: que el cocodrilo del que están aqú
llenos los grandes ríos, tiene 25 pies de largo y un 'Corbiaritum, biloculare' (un
corazón con dos aurículas y con dos cámaras), como un animal de sangre
caliente"14. En su viaje hacia Bogotá, también a instancias de Mutis, fue recibido
amistosamente en Honda por Pedro Diago y en Guaduas por José de Acosta. Su llegada a
Bogotá, el 15 de julio de 1801, constituyó un espontáneo recibimiento triunfal.
Casi dos meses permaneció, esperando que su acompañante
se recuperara de las fiebres palúdicas en la confinada ciudad capital del Reino de la
Nueva Granada -la capital más alejada de un puerto marítimo de todo el continente, como
lo observó el mismo Humboldt-, en donde tuvo oportunidad de visitar los circunvecinos
montes de Monserrate y Guadalupe, el salto de Tequendama (del que dejó unas breves
páginas, publicadas en Cuadros
pintorescos de las cordilleras), las
minas de Zipaquirá (de cuyo yacimientos, tan peculiares y como deplorablemente
explotados, hizo una detallada y brillante memoria) y de tomar abundante información
científica, principalmente del botánico gaditano Mutis, cuya colección calificó de
extraordinaria, sólo comparable con la del jardín botánico de Londres. La sabana de
Bogotá y sus primitivos habitantes llamaron poderosamente la atención del viajero: de la
primera ofreció una semblanza de la comarca, su formación geológica y las
peculiaridades de la meseta; y sobre los chibchas se detuvo a hablar en varios de sus
escritos, en especial en Monumentos de los indios muiscas, donde aparece
un pormenorizado artículo sobre el calendario, el lenguaje, el sistema numérico, los
mitos, los ritos. y los objetos de orfebrería y alfarería de estos desaparecidos y
notablemente civilizados habitantes de la Sabana, basado en los manuscritos de Duquesne
facilitados por el mismo Mutis.
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Ind́genas de Choach́
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P
rosiguió su viaje hacia
Popayán, pasando por Ibagué (en cuyo camino visitó el puente natural de Icononzo, en
las inmediaciones de Pandi) y atravesando la cordillera Central a la altura del paso
tortuoso y fantástico del Quindío. De ese paso, que le demandó
14
días
de viaje, también dejó Humboldt unas notables páginas, publicadas en Cuadros
pintorescos... Cruzando a lo ancho el hospitalario valle del Cauca -según sus
palabras-, llegó a la antigua capital de esa región, a la ciudad de Popayán.
En Popayán tuvo oportunidad de caracterizar el alto espíritu científico de sus
patricios: "Los habitantes de esta ciudad tienen una cultura mucho mayor de lo que
pudiera esperarse, pero mucho menor de lo que ellos se imaginan". A ello agrega, para
el destinatario de sus palabras, Mutis: "Aquí todos recetan, porque han leído al
Tissot; todos saben química y física, porque han visto el Espectáculo de la Naturaleza.
Por lo demás, es muy débil el amor a las ciencias de que tanto se lisonjean estos
habitantes. Ninguno ha querido acompañamos en nuestras excursiones difíciles, ni nos han
preguntado el nombre de una planta ni de una piedra. Ninguno ha examinado las maravillas
que tienen alrededor de sí, tales como las bocas del volcán, su altura, su situación,
bien que esta reprensión puede hacerse a toda América". Y remata enfáticamente:
"Estos jóvenes no pueden dar sino una raza afeminada e incapaz de los sacrificios
que piden las ciencias y la sociedad"15.
En su exploración del Puracé,
el volcán cerca de esta ciudad -cuna de Francisco José de Caldas y, tal vez por sólo
ese hecho, de presunciones científicas-, le llamó la atención el río Vinagre, por el
alto contenido de sulfuro y materia volcánica de sus aguas.
El último día del año 1801 cruza la frontera,
prosiguiendo a Quito, después de remontar la cordillera por la vía de tierras altas,
para evitar la hoya profunda y malsana del Patía, hacia Pasto y Túquerres. En la
población ecuatoriana de Ibarra es recibido por Caldas, en ese momento residente en
Quito, quien ya le había manifestado el entusiasmo por su cercano encuentro: "¡Qué
felicidad para mí, señor barón! Mil veces he dado gracias a la Providencia por haberos
inspirado el proyecto de dar la vuelta al globo en mis días y en un tiempo en que puedo
aprovecharme de vuestros profundos conocimientos". Las expresiones de vivo
entusiasmo, de felicidad y esperanza, de impaciencia sincera por ver al famoso viajero y
acompañarlo, no encontraron la correspondencia deseada, por más que la posteridad haya
querido silenciar el penoso episodio y por más que Humboldt haya querido honrar al joven
americano citándolo de vez en cuando, pero después de su miserable fusilamiento.
Expresiones de Caldas (sin duda, algo altisonantes, por no mostrar reservas) como
"¡Dichoso si puedo serviros en alguna cosa mientras permanezcáis entre nosotros!
Mil veces más dichoso, si, libre de las cadenas que me atan a este suelo enemigo de las
ciencias, pudiera seguiros hasta las regiones más distantes adonde os arrastra esa sed
insaciable de saber", parece que tuvieron por parte del barón prusiano una respuesta
reservada, cercana al desdén.
IV
El territorio de lo que hoy comprende la
república de Colombia no ocupa, dentro de la obra de Humboldt, un lugar privilegiado. No
existe un libro completo sobre el país, como sí sucede con Venezuela, México y Cuba.
Tal vez en su obra más famosa, Del Orinoco al amazonas. Viaje por la zona
ecuatorial del Nuevo Continente (1814), siguiendo el modelo expositivo de su maestro
Forster, pero imprimiéndole cierto pathos que distaba de las serenas páginas
del Viaje alrededor del mundo, Humboldt encuentra la expresión más
característica en el género de los escritos de viaje. El ánimo de objetividad
científica se acompaña aquí de elementos dramáticos, de observaciones que despiertan
un vivo interés, de cuadros exóticos que no pueden dejar de causar su efecto. La
ordenación del material geodésico, botánico, mineralógico, etnográfico, no estorba la
narración en el marco de una naturaleza tropical, de voluptuoso y espeso follaje y de
animales bulliciosos y terribles -propicia a la "poesía de hamaca y abanico",
como anota con ironía Alfonso Reyes-. En ese escenario majestuoso, remoto e inexplorado,
se combinan hábilmente los datos con las aventuras; la mirada perspicaz detrás de las
materias más novedosas con la anécdota que cifra todo un nuevo mundo. De ese viaje por
el territorio venezolano queda la imagen armónica y majestuosa de una aventura espiritual
en la que la ciencia y la fantasía encuentran un equilibrio logrado gracias a la
combinación de elementos de origen heterogéneo.
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Ind́genas
de Choach́
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Indio de
Bogotà
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Desde los preparativos del
viaje y el apoyo efectivo de uno de los ministros de la corte de Carlos IV, Mariano Luís
de Urquijo, el relato de Humboldt se concentra en la descripción tanto de sucesos como de
fenómenos naturales y humanos. El arribo a Tenerife y la visita a su volcán, los
primeros contactos con la zona tropical (o zona tórrida, como se decía en ese momento) y
su llegada a Cumaná dejan ya en él la convicción de que "la naturaleza es una
fuente inagotable de investigación, y en la medida que la ciencia avance, ofrece a quien
sepa interrogarla, siempre un nuevo aspecto que hasta ahora no ha sido contemplado"16.
Animales, plantas, estrellas, composición
geográfica y mineralógica, hombres, lenguaje, vestimenta, estado de las ciencias y la
cultura, todo llama la atención al viajero: todo busca ser ordenado en un cosmos
enciclopédico, en el que no hay dato incidental o elemento arbitrario. Integrar los
datos: esa es la tarea que lo va conduciendo desde Cumaná, Nueva Barcelona, Caracas,
hasta casi la desembocadura del Orinoco, atravesando los ríos Apure, Arauca, Negro y
Amazonas por zonas aún no pisadas por ningún europeo. El objetivo del viaje, determinar
que los ríos Amazonas y Orinoco no comparten la misma fuente, se ve rodeado de múltiples
objetos: no se trata de una memoria académica al estilo de la de La Condamine, sino de un
documento literario cuyo alcance rebasa el mero interés científico. No sólo sus
conclusiones científicas, sino también el tránsito mismo de la aventura, están en el
centro de la ciencia. Los diversos cuadros que compuso a su paso, como el de los indios
otomanes que comen tierra durante los duros meses de hambruna, parecían destinados a
ejercer una impresión que no podía caer en fácil olvido, esto es, que pretendían ser
parte de la literatura universal.
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Ind́genas de
Bogotà
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El Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España (1808)
carece, por su parte, de muchos de esos atractivos. Es una exposición sobria, acompañada
de abundantes datos estadísticos, con pasajes que recuerdan a impersonales informes
burocráticos. El carácter aventurero que se observa en su libro sobre el Orinoco cede el
paso a un tono en el que la sociedad y la organización estatal de México son objeto de
una atención propia de un consejero de Estado. Más .que en la naturaleza, se centra el
informe, destinado a su "Majestad Católica Carlos IV, Rey de España y de las
Indias" para reformas futuras del extenso virreinato, en el estado actual de la
población, su distribución geográfica, su industria, agricultura y minería. Apela en
él más a la razón de gobierno que busca datos claros y confiables que a la sensibilidad
que se deja seducir por la fantasía. En el centro de la reflexión está la crítica del
reformador, observando una moderación tanto más pertinente cuanto más parece osada:
"México -escribe Humboldt- es el país de la desigualdad"17.
La desigual distribución de los oficios, de las fortunas y de la
población en el vasto territorio asombra tanto como el estado avanzado de muchas de sus
actividades científicas y económicas. El Ensayo sobre la Nueva España es,
pues, un intento razonado de esclarecer la situación de esa colonia, sin otro objeto que
ofrecer un cuadro preciso de una sociedad que da ya muestras de una transformación con
algunos estándares de los países europeos. Y si bien anota las sordas discordias entre
las diferentes castas (españoles, criollos, indios, negros y mestizos), no parece
anticipar los resultados de la contienda revolucionaria que se librará sólo un par de
años después.
Pertenece a este mismo género de indagaciones el Ensayo político sobre la isla de
Cuba (1826). El estudio pormenorizado de la población, el suelo, el clima, la
agricultura y el comercio se ve respaldado aquí con una copiosa documentación
estadística. Se acentún la importancia de Cuba, no sólo por la significativa extensión
territorial en el conjunto de Islas de las Antillas, sino por su posición estratégica,
al ser eje de confluencia de la, Florida, México, las otras islas antillanas y la parte
sur del continente. Parece, por ello mismo, estar La Habana "diez veces más cercana
a España que México, Caracas y la Nueva Granada", aunque esta impresión va
desapareciendo paulatinamente después de La independencia de las colonias continentales.
Ocupan largas
páginas el análisis sobre La producción del
azúcar (sus métodos no científicos de explotación, como había observado ya en la
explotación de la plata en México o de la sal en Colombia) y, sobre todo, las
reflexiones sobre la mano de obra esclava en los ingenios. Abiertamente, protesta Humboldt
contra este sistema de trabajo y contradice a todos aquellos que justifican este
irracional modo de producción. El capítulo VI, "De la esclavitud", constituye
la argumentación característica de un ilustrado que no encuentra, ni siquiera en el
sistema morigerado de esclavitud cubano comparado con el de las colonias inglesas, ninguna
razón ni moral ni económica de su existencia: "La filantropía -enfatiza Humboldt,
sin ambigüedades- no consiste en dar un poco de bacalao más y algunos azotes menos;
porque una verdadera mejora de la clase servil debe abrazar la posición total, moral y
física del hombre"18.
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Ind́genas de Bogotà
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Estas estaciones del viaje de Humboldt
tendrían, sin embargo, otra significación para la vieja Europa: detrás del exotismo se
podían percibir muy bien las posibilidades de expansión del capitalismo mundial. No otra
cosa hace Goethe cuando, en su conversación con Eckermann del 21 de febrero de 1827,
manifiesta el deseo de ver realizada, por medio de un canal, la comunicación del Caribe
con el océano Pacífico. Pero le parece que, inevitablemente, será el joven y vigoroso
Estado norteamericano el que irá a llevar a efecto esa empresa, de gran interés para el
comercio mundial, como son a la vez el canal del Suez y el del Rin con el Danubio. No
sólo esperaba que la llevaría a cabo felizmente, sino que se lamentaba el literato,
desde Weimar, de no poder vivir suficientemente para ver concluida su esperanza.
v
A Humboldt sucedió una larga (casi interminable) lista de viajeros que
emprendieron la aventura de explorar el territorio colombiano durante el siglo XIX.
Aventureros, exploradores científicos, comerciantes, diplomáticos, militares, ingenieros
y simples belicosos o estafadores extranjeros dejaron por escrito sus impresiones sobre el
clima, los hombres, el paisaje colombiano, las ciudades y las costumbres. Entre los
múltiples relatos son de mencionar, por la relevancia de sus autores, el del francés
Jean-Baptiste Boussingault; el del joven italiano Agustín Codazzi y después el de su
acompañante de sus años posteriores, el colombo-cubano Manuel Ancízar; el del francés
Eliseo Reclus; el del alemán Alfred Hettner; el del norteamericano Isaac Holton; el del
francés Pierre d'Espagnac, el del suizo Ernst Rothlisberger y el del argentino Miguel
Cané. Boussingault y Codazzi ofrecen sus versiones por medio de memorias; Ancízar,
Reclus y Hettner prefieren el libro de viajes, propiamente dicho, para dar al público la
versión de su experiencia con el país.
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Indios de Choach́
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Indios de Soacha
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Boussingault, que contaba apenas 20 años, había llegado a
Colombia contratado por FranciscoAntonio Zea en 1822 y recomendado a Bolívar por Humboldt
para "hacerse cargo de la cátedra de química y mineralogía en Santafé de Bogotá
y cuya suerte (para expresároslo enérgicamente y en pocas palabras) me interesa como si
él hiciera parte de mi familia
"19. Inicia
así el joven, mitad científico, mitad aventurero, una larga peregrinación de doce años
por tierras americanas. Colombia será el lugar de sus actividades principales y, a
través de sus Memorias (1892-1903), el territorio que, al parecer, le dejó la
más perdurable impresión. Recorre el país entero, complementando en parte las
investigaciones iniciadas por su protector Humboldt (por ejemplo, muchas mediciones
astronómicas o experimentos para determinar inquietudes humboldtianas, como el mayor
ruido de las cascadas en las noches o la composición química del río Vinagre) y en
parte participando en la sed de la explotación minera que se avivó en forma inmoderada
después de la Independencia (fue responsable, entre otras cosas, de la activación de la
rica veta de Marmato). Sus Memorias, escritas evidentemente por un aficionado a
las letras y desafortunadamente sin atender a la naturaleza propia del género, es una
mezcla poco hábil de informes científicos, atiborrados de los resultados numéricos de
sus experimentos, con anécdotas que fácilmente descienden a cierto tono de chismorreo e
infidencia o de aventura erótica en la que, casi invariablemente, él es el donjuán del
cuento picante y no pocas veces el Adán afortunado en la arcadia tropical: éste (se
refiere a la hacienda de El Rodeo cerca de Supía) "fue para mí un sitio de
delicias; esa soledad era mi paraíso y con una serpiente y,
hay que confesarlo, con una Eva encantadora que me asistía en mis observaciones" 20.
También, por supuesto, la ironía acertada no
escapa a estas páginas: "Al observatorio [construido por Mutis y abandonado en el
estado más lamentable (observación reiterada por múltiples viajeros en el transcurso
del siglo)] -comenta el parisino amante de los detalles- no le hace falta sino un
astrónomo".
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Tipo de Ind́gena de Honda y Bogotà
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Por su parte, el teniente Codazzi, que después de recorrer
en busca de oficio los países de la Europa oriental, Alemania, Holanda, los Estados
Unidos y Buenos Aires, terminó embarcándose hacia el mar Caribe, que se debatía en las
largas guerras de Independencia, para arriesgar más ventajosamente la vida "en
climas cálidos, que en las frías regiones del norte" 21. Encargado de una delicada misión militar, Codazzi penetra por el Chocó
en territorio colombiano, superando sin dificultad todos los tropiezos que encontraba a su
paso, pues conocía la lengua del país a la perfección,es decir, obsequiaba al
funcionario un presente proporcionado a la solicitud de la que deseaba, que resultaba de
esta manera invariablemente acogida. Ese infalible abracadabra -que en el período
colonial un Frezier o un Jorge Juan y un Antonio de Ulloa, y más tarde, en el
republicano, un Hettner o los mismos Stübel y Reiss señalan como "corrupción
generalizada y sin excepción"-lo llevó de las malsanas playas del Atrato al valle
del Cauca, a Ibagué, a Bogotá (donde ocupaba la vicepresidencia Santander), a Cartagena
y de regreso al Chocó. Su relato logra una de las más acabadas expresiones de la
literatura de viajeros en nuestro siglo XIX, cuyas des¬cripciones de la densa manigua
tropical y los infinitos obstáculosque presentan al que ose marchar por ellas sirven para
avivar la imaginación, aunque tal vez no satisfagan plenamente las exigencias del
naturalista. Cualquier página de esta especie, del militar audaz y más tarde célebre
geógrafo, comunica la impresión justa del ambiente, precisamente por no estar
sobrecargada de los elementos enervantes que más tarde propondrá el cubano Alejo
Carpentier como modelo descriptivo de nuestra naturaleza.
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Llanero de
Casanare
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Tipo de
mujer de tierra caliente
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Nada más lejos de ello
que unas líneas soberbias de este buen observador italiano,creyente en la libertad
republicana: "Además de la lluvia, -escribe del Chocó en Las memorias
(1825 es grande el tormento de los insectos. Las playas del mar, y de los ríos y de los
lagos están ennegrecidas por pequeños animalitos, que cambian de aspecto y de piel en
menos de una hora, para adquirir alas, largas patas, un aguijón y una trompa aspirante
para chupar la sangre: estas picaduras producen la ruptura de la piel provocando una
quemazón insoportable que provoca rascarse, y si se hace con exceso, por la malignidad
del clima y la suciedad de las uñas, las desolladuras degeneran en enfermedad". Y
después, como complaciéndose en transmitir la misma picazón, agrega una lista bastante
minuciosa de tan encantadora fauna minúscula: "Hay también numerosísimas bandadas
de mosquitos, matutinos y vespertinos, pequeñísimos, los cuales por la mañana y por la
noche atormentan de un modo insufrible. Los zancudos fastidian continuamente, con sus
zumbidos, y pican todo el cuerpo con su larguísimo aguijón; los hay negros, grises y
verdes. Se encuentra también el rodador, especie de gran mosca que se alimenta de sangre
y no deja de picar continuamente por todas partes hasta que no esté harta; de día vuelan tan numerosas como nuestras moscas. Las chinches voladoras
son hedíhondísimas, como también las cucarachas. Las avispas, que cuelgan en los
árboles como saquitos de arena, se lanzan furibundas sobre los que no sepan esquivarlas.
No faltan los tábanos y un moscardón peludo y negro, el cual, al picar, produce un tumor
que genera inmediatamente un gusano; éste se cubre de pelo, crece, y si no se elimina
pronto, gangrena la parte dañada. Además de estos insectos están las niguas, que se
introducen en los pies, y una especie de murciélago que de noche chupa la sangre de la
punta de los pies y de las manos y si la persona duerme muy profundamente puede incluso
llegar a desangrarla...". Con todo, todavía le queda al viajero suficiente espíritu
para admirar otras prodigiosas obras de la naturaleza tropical, que producen "ora
terror, ora deleite, y siempre asombro"22.
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