Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 35 . Volumen XXXI - 1994- editado en 1995
 
2.jpg (8047 bytes)
Salto de Tequendama .Ilustracịn tomada del mapa Nouvelle Grenade, Caracas et Guyanes de Pierre Lapie, (1812) trabajo fotogràfico de Elizabeth Heigy.
Las fotografías de este Boletín formaban parte de los archivos de los dos viajeros alemanes, Stübel y Reiss.

Stübel y Reiss:dos viajeros alemanes en la Colombia del siglo

JUAN GUILLERMO GOMEZ GARCÍA
T rabajo fotográfico: Andreas Lehnert. Centro Latinoamericano (CeLA). Alemania. *
"El volcán tiene su boca bien abierta y respira sin dificultad".
Palabras de un indígena de cerca de Pasto a Boussingault.

I

En en su obra monumental Cosmos (1844), en la cual el barón Alejandro de Humboldt, en una visión retrospectiva, sienta las bases teóricas de su obra científica, anota: "He tratado de caracterizar hasta aquí el sentido -escribe en el capítulo primero del segundo tomo, titulado 'La apreciación de la naturaleza según las diversas épocas y pueblos'-, en el que el talento del observador, la vida de los elementos naturales descritos y la diversidad de miras sobre el inconmensurable teatro de fuerzas creadoras y destructivas pueden aparecer como medios de estímulo y emulación de los estudios científicos de la naturaleza". Y añade en seguida: "El escritor que dentro de nuestra literatura, según mi entender, ha abierto con mayor vigor y más acertadamente el camino hacia esa dirección, fue mi famoso maestro y amigo Georg Forster. Con él empieza una nueva era de los viajes científicos, cuyo objeto es el estudio comparado de los pueblos y los países" 1

Ya Forster, que en compañía de su padre había participado en la segunda expedición del capitán Jacob Cook por el mundo, había dejado sentados los fundamentos que deben acompañar al explorador científico, en su juvenil obra Viaje alrededor del mundo (1777), con estas palabras: "Un viajero que, según mi opinión, quiera cumplir todos los requisitos, deberá tener suficiente integridad para observar las materias particulares correctamente y a la luz de la verdad, pero también suficiente penetración, para relacionarlas, sacar de ellas consecuencias generales, con el fin de abrir desde ellas para sí m ismo y sus lectores caminos a nuevos descubrimientos y futuras investigaciones "2.

El poder de observación y la capacidad de vincular los más diversos fenómenos naturales y humanos, producto tanto del dominio de las materias científicas como del talento personal, atrajo de inmediato a esta obra el reconocimiento del mundo científico europeo. El programa del joven explorador y posteriormente decidido revolucionario Forster -un adepto ferviente de la Revolución Francesa, de lo cual da testimonio en su casi olvidada obrita Fisonomía de un año revolucionario. Recuerdos del año 1790- implicaba la separación de la historia natural de la teología, para formular, con base en las teorías de Buffon, "una perspectiva de la naturaleza en su totalidad como una unidad orgánica e inorgánica en cuyo centro está el hombre"3. Su brillante y sobrio estilo no sólo se ponía al servicio de la observación novedosa -vinculada a una comprensión totalizadora-, sino que despertaba vivamente la atención del lector culto, dentro de una clara intención de vulgarización de los conocimientos científicos. La época, sin embargo, no se limitó a la observación y descripción de los mundos exóticos (como se observa en la legendaria obra Descripción del viaje a Arabia y otros países adyacentes [1774], una de las más singulares aventuras científicas de esa época, financiada por la corona danesa y en nombre de la filología arábiga, escrita por Carsten Niebuhr, padre del fundador de la historia moderna, Barthold Georg Niebuhr), sino que elaboró las primeras observaciones sistemáticas de las metrópolis europeas, como las realizadas por el conocido autor de aforismos Georg Ch. Lichtenberg y, sobre todo, en Cuadros de la Renania, Brabante, Flandes, Holanda, Inglaterra y Francia en abril, mayo y Junio de 1790, del mismo Forster4.

3.jpg (18345 bytes) 4.jpg (8664 bytes)
Alexander von Humboldt a la edad de 33 años con el uniforme de capitàn de minas prusiano, segùn H. S. Hermann.El ̣leo original se encuentra en Quito.
Silueta del joven Forster

P ero es la descripción de Tahití y las islas Sociedad, la belleza del paisaje, junto con la armonía natural de sus aborígenes que surgen de las páginas de su Viaje alrededor del mundo, uno de los cuadros que más viva influencia habrían de ejercer entre sus contemporáneos. Cercano al Buen salvaje de Rousseau -que parecía surgido de alguna página de los diarios de Colón-, Forster vuelve a entrever el poder de insinuación utópica de ese mundo primitivo. La simpatía cosmopolita, la aguda observación, el dominio de grandes panoramas, la revelación de detalles y el valor peculiar de la anécdota y, sobre todo, la sinceridad y el poder expresivo en el que se envolvían esas lejanas islas, parecían ya crear una contraimagen de la Europa despótica y feuda l. El poder revolucionario de su visión -para el cual la temprana separación de su Alemania natal parece ser decisiva- dignificaba de nuevo al hombre, tanto a su contemporáneo europeo como al remoto primitivo que se presentaba a sus ojos, y lo elevaba a la categoría genérica de la humanidad. Es por todo esto que Friedrich Schlegel, en su Fragmento de una caracterización de los clásicos alemanes (1797) considera a este viajero revolucionario el prosista mejor dotado, el que con mayor libertad y más alta moral encarna el espíritu moderno en la Alemania de fines de siglos5.

5.jpg (12975 bytes) 6.jpg (14056 bytes)
casas campesinas de Soacha

7.jpg (4170 bytes)

Corral de una hacienda en Soacha

La literatura de viajes había determinado, pues, en la época inmediatamente anterior a Humboldt, loselementos constitutivos de un nuevo espíritu explorador -con indudables acentos utópico-socialistas- que él reelabora en forma de "fisonomía del cosmos". El cosmos vuelve a concebirse como un todo ordenado armónicamente. Dentro de él, la naturaleza es contemplada como un todo autónomo y dinámico. Es ella el reino de la libertad y despliega en sí, a través de las fuerzas interiores y vivas de ese todo, las múltiples manifestaciones. La fantasía despliega todo su poder creativo allí donde el entendimiento no llega a comprender plenamente las vinculaciones: el logro de la ciencia descansa en el reconocimiento de la diversidad en esa multiplicidad en permanente desarrollo.

97.jpg (4121 bytes)
Arriero de Choach́

Apenas es necesario decir que en la literatura de viajes derivada de esa concepción no se trata de una trivial descripción de objetos y sucesos más o menos llamativos, es decir, de una entretenida guía de turismo, cuyo valor recae en la mayor o menor capacidad estilística del autor. El "sentimiento de la naturaleza", la intuición de la unidad de los componentes vivientes e inertes del cosmos, la "simpática y dulce melancolía" que se experimenta frente al espectáculo de la naturaleza -en una composición, contrario a lo que se piensa vulgarmente, ajena al adorno retórico- determinan el nuevo tipo de contemplación de la naturaleza y el hombre.

9.jpg (30266 bytes) 10.jpg (23884 bytes)
Ind́genas de Soacha
Arrieros e ́ndios de Soacha

Humboldt alude a todo ese complejo de problemas en el siguiente párrafo del capítulo ya -citado: "Repito aquí que pueden darse a las descripciones de la naturaleza contornos fijos y todo el rigor de la ciencia, sin despojarlas del aliento vivificador de la imaginación. Lo poético debe proceder de la relación presentida del mundo sensible con el intelectual, del sentimiento de la totalidad, del límite mutuo y de la unidad de la vida natural. Cuanto más elevado es el asunto, tanto más cuidado debe ponerse en evitar el adorno exterior del lenguaje. El efecto propio que producen los cuadros de la naturaleza está fundado en su composición; toda inspiración premeditada de su parte introducida por el autor, sólo puede ser incómoda. Quien esté familiarizado con las grandes obras de la antigüedad clásica y, en posesión de la riqueza de su lengua, sepa darle un carácter sencillo e individual a lo que recibió a través de su propia visión, no podrá errar en la expresión; tanto mayor será el acierto, cuanto el autor, describiendo la naturaleza que está a su entorno y no su propia disposición anímica, deja sin reservas la libertad de sentimientos a los otros" 6.

II

A todo lo largo del siglo XVIII se escalona una literatura de viajes por Latinoamérica que ve llegar a sus inmensos territorios a científicos franceses como Amadeo Frezier, L. A. de Bougainville y Ch. M. de La Condamine, o a españoles como Félix de Azara, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. En las obras de ellos no sólo se revive la aventura de conquista y la primera colonización -que había conocido una rica literatura desde el diario de Cristóbal Colón y las cartas de relación de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Pedro Cieza de León hasta los relatos históricos del Inca Garcilaso de la Vega y José de Acosta, pasando por la obra de incomparable valor moral y político de fray Bartolomé de Las Casas-, sino que se abren las vías tanto para una exploración científica como para una reflexión política de alcances insospechados. El continente parecía despertar al compás de estos nuevos esfuerzos que anticipaban los deseos de la Independencia: "Los datos para una nueva visión de la vida americana -advierte el venezolano Mariano Picón Salas en su admirable libro De la Conquista a la Independencia (1944)-, la crítica contra el sistema colonial hispano en que estaban empeñados no sólo por gratitud investigadora, sino para servir mejor a sus intereses nacionales; algunos de los argumentos que esgrimirá posteriormente el criollo contra España (fanatismo religioso, abusos administrativos, atraso cultural, reivindicación del indio) aparecen en esa literatura descriptiva"7.

Montañez de tierra fŕa
94.jpg (32019 bytes)

 

95.jpg (34501 bytes)

En su Relación de viaje del Mar del Sur (1732), inaugura el ingeniero Amadeo Frezier la serie de obras de grandes viajeros que recorrerán América en el siglo XVIII. Hijo de una ilustración temprana, revela Frezier, en su narración de las visitas que hizo a las costas de Chile y en particular a las del Perú en 1713, los componentes fundamentales del investigador dotado de agudeza perceptiva y de libertad de criterio. La prosa clara y sugerente, aliviada de retórica y adornos superfluos, la concisión de sus juicios y la certeza de las observaciones, hacen de este relato, además de confiable e instructivo, una de las piezas básicas de la literatura de viajeros americana. Repudia el honrado francés la corrupción generalizada y sin medida, pero sobre todo las prácticas de la vida religiosa y el estado social y las costumbres de sus habitantes. Aparte de las rutas de viaje, los comentarios de mapas y planos, de la fauna y flora, concentra su atención en la desmesurada presencia (y negativa influencia) del clero en estas ricas colonias. Las prácticas extravagantes, las costumbres rituales (sobre todo, la del rosario), las fiestas y procesiones religiosas acompañadas de corridas y comedias insulsas, en las cuales se combina lo sagrado con lo profano, resultan a sus ojos absurdas y de mal gusto. La dilapidación, la sensualidad y aún la impudicia (en especial de las limeñas), el lujo hiriente y los adornos de todo tipo en las reuniones sociales son la contrapartida de esa religiosidad que para él no es más que llana hipocresía y superstición rentable de la Lima barroca de don Pedro de Peralta. No se le escapa, por supuesto, la situación del indio peruano, en su trabajo extenuante y liquidador, servidor de hacendados y clérigos, y las consecuencias de esta ignominiosa explotación: "Está fuera de duda -asegura Frezier, anticipando las múltiples pruebas que de ello rendirán pocos decenios después Jorge Juan y Antonio de Ulloa -que estos pueblos, desesperados por la dureza de la dominación española, no aspiran sino al momento de poder sacudirla" 8.

13.jpg (26145 bytes)
Ind́genas de Choach́
14.jpg (21333 bytes)

La crítica al sistema colonial, con todo, se agudiza, aun en autores de cuño más conservador: Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en sus conocidas Noticias secretas de América (redactadas en 1745 y cuya publicación en Londres en 1826 por David Barry formaba parte de la campaña política de agitación anticolonialista que animaban el venezolano Andrés Bello y el colombiano Juan García del Río desde la Biblioteca Americana, y el sevillano José María Blanco White desde su periódico Variedades o Mensagero de Londres), rinden un informe detallado del estado militar, político, administrativo, económico y .social de los reinos del Perú y Quito, que recorrieron durante nueve años9. Llama la atención el tono de desconsuelo en que describen a esos países, acosados por la mala administración pública, el contrabando, la corrupción generalizada, la insensatez de las actividades económicas y la injusticia social. La situación del indio y el estado del clero, secular y regular, ocupan las páginas centrales de un relato dramático que ejercerá una poderosa influencia en la literatura política e históricá durante todo el siglo XIX. El indio padece bajo múltiples yugos y múltiples amos que lo degradan, extorsionan, estafan, explotan, humillan, complaciéndose en su escarnio y paulatino aniquilamiento lo mismo el hacendado avaro, el corregidor codicioso y el cura lujurioso y sin escrúpulos. El cuadro que presentan en los capítulos I a IV de la segunda parte parece arrancado de la Brevísima destrucción de las Indias de De Las Casas, y la descripción de la conducta depravada y sin regla del clero (salvo la de los miembros de la Compañía de Jesús según los autores), en el capítulo VIII, se eleva a tal grado de indignación que parece un panfleto de denuncia, antes que un informe sereno de dos célebres científicos. Pero la realidad, como ellos podrían decir, supera en estos países cualquier exageración.

16.jpg (26131 bytes) 98.jpg (25851 bytes)
Ind́gena de Bosa
Indio de Choach́

Por su parte, M. de La Condamine que, con Bourguer y Godin, formó parte de la comisión científica francesa que en 1736 se disponía a determinar las medidas de la franja ecuatorial (expedición en la que participaron, así mismo, los jóvenes españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa), también tardó diez años recorriendo parte del continente. Sin duda, es su relación La América meridional (1745) una de sus páginas de mayor interés. En ellas el legendario Amazonas, que parecía definitivamente confinado en su propia inmensidad, vuelve a ocupar un lugar central en la narración. Desde la aventura de Orellana en 1542, relatada en la Relación del fraile Gaspar de Carvajal -que justamente había dado lugar a la leyenda de la existencia, en las orillas del río, de esa "república de mujeres", sin duda influido por la novela de caballería de las Sergas de Esplandián, hijo de Amadís, que terminó enrollado con la reina de las guerreras, Calafia l0-, el gran río parecía destinado a surtir una vez más la imaginación de los europeos. El afán exótico no estuvo ausente en el viaje del científico ilustrado. La Condamine mismo se complace en relatar que averiguó insistentemente por las "belicosas mujeres", sin descartar por un momento su inexistencia como fabulosa. Incluso alega en su favor algunos testimonios de crédito que se pueden tomar, piensa este francés del siglo XVIII, como indicios poderosos de la existencia de la tribu de estas guerreras marimachos, "que no tienen marido" 11 , Estas páginas, sin duda, no dejarían de despertar una curiosidad en el lector culto europeo; incluso es de suponer que Humboldt no dejaría de complacerse leyéndolas, sobre todo porque provenían de quien en sus múltiples obras ya había dado datos tan acertados sobre la enorme naturaleza americana.
Contribuye al conocimiento de la naturaleza americana también el marino francés L. A. de Bougainville en su Viaje alrededor del mundo, realizado en la fragata La Boudeuse entre 1767 y 1769, es decir, entre las dos circunnavegaciones del capitán Cook. Admirador de Magallanes, su relato no está afectado por la relación con la literatura: son las páginas de un hombre de mar, escritas sin más intención que la de proporcionar conocimientos útiles a los navegantes. Bougainville había sido encargado de entregar oficialmente las islas Malvinas a la corona española, después que él la había conocido sólo unos años antes, en el octavo día de la creación: "Fue un espectáculo singular -escribe el primer explorador de estas exposesiones españolas- ver a nuestra llegada a todos los animales, hasta entonces únicos habitantes de la isla, aproximarse a nosotros sin temor y no mostrar otros movimientos que los que inspira la curiosidad a la vista de un objeto desconocido. Las aves se dejaban coger con la mano: algunas venían ellas mismas a posarse en las personas paradas... Esta confianza no les duró mucho tiempo; bien pronto aprendieron a desconfiar de su más cruel enemigo
"12.

17.jpg (12190 bytes) 18.jpg (24349 bytes)
Indio de Chocontà
Indio de Choach́

Cierra este ciclo dieciochesco la obra de singular significación y con intención sistemática Viajes por la América meridional, que, si bien fue editada en 1805, contiene las experiencias que el naturalista Félix de Azara recogió por América durante más de veinte años y que le dieron renombre. Explorador autodidacto, Azara ofrece en su primer tomo un cuadro detallado de la historia natural del continente, particularmente de la zona del río de La Plata y el Paraguay: clima, terreno, ríos, vegetales, fauna, desde los insectos, sapos, víboras y lagartos hasta los cuadrúpedos y aves singulares, polemizando en estas materias permanentemente con Buffon, al parecer sin la debida cortesía académica. Niega expresamente que en el continente americano se degraden las especies ylos hombres: tanto las unas como los otros compiten en belleza y tamaño con las de cualquier otra parte del globo. Antes bien: "las razas o especies de hombre de la más alta talla, de formas y proporciones más elegantes que haya en el mundo, se encuentran en el país que describo" 13. El segundo tomo se detiene en los indios salvajes, bohanes, chanás, pampas, guayanas, payaguás, tobas, etc. y en los guaraníes sometidos a las misiones jesuíticas, para él tan nefastas como innecesarias. Rechaza la idea generalizada de que la reducción de los indios se debió a la persuasión y a la predicación apostólica: fue más bien obra de la supervivencia y la necesidad de estas tribus perseguidas por los cazadores portugueses de esclavos. Azara, al igual que ya lo habían hecho Frezier y Bougainville (a éste último le correspondió presenciar la expulsión de la Compañía de Jesús, en 1767, de los territorios americanos), ve en el imperio jesuítico una estructura política prodigiosa, destinada a llenar sólo las ambiciones de los celosos e infatigables soldados de Loyola. Cierran el conjunto un capítulo en que se da noticia de las ciudades y villas del Paraguay y otro en el que se expone una historia abreviada del descubrimiento y conquista de La Plata y Paraguay. Sus estudios lo llevan, pues, a valorar el continente americano como un depósito excepcional de la naturaleza (y lo inducen a cuestionar, con espíritu de osada libertad, el orden dogmático de la creación bíblica, así plantea hipótesis que más tarde aprovechará el evolucionismo), pero sobre todo como un laboratorio humano que contradice la supuesta superioridad del hombre europeo, la hegemonía arrogante de la raza blanca para la ciencia y la vida del espíritu.
En suma, el siglo XVIII acumuló una gran cantidad de información valiosa procedente de los viajeros científicos. El material acumulado no era de ninguna manera despreciable y trataba sobre las más diversas materias: rectificaciones de navegaciones; levantamiento de mapas y planos; observaciones astronómicas; descripciones de la flora y la fauna y de las condiciones climáticas; apreciaciones sobre la existencia y las explotaciones de las minas; anotaciones sobre la problemática vida política y los sordos conflictos que encendían los ánimos de los diversos sectores; cuadros de la vida social y las costumbres (algunos de ellos fundamentales para realizar una historia social de las costumbres y la sexualidad, como los de Frezier). Por eso, cuando llega Humboldt, que ha
sido llamado, no con mucha razón, el "descubridor científico" de América, no sólo este repositorio está a su disposición (además del que los mismos hispanoamericanos cederán sin reserva al viajero berlinés), sino que él constituirá una base sólida para muchas de sus futuras investigaciones científicas.

III

Alejandro de Humboldt tocó por primera vez puerto colombiano, fondeando en Cartagena, el 30 de marzo de 1801. Antes de su arribo al puerto dos veces, a consecuencia de un peligro de naufragio y, el mismo día, al ser atacado por negros cimarrones durante un eclipse lunar, estuvo a punto de perecer en playas colombianas. En la ciudad amurallada, fue hospedado por el amigo de José Celestino Mutis, José Ignacio de Pombo; de allí se desplazó a Turbaco, lo que dio motivo a la descripción de sus volcancitos de lodo, y acopió por toda la provincia nuevas especies botánicas en compañía de su inseparable amigo Aimé Bonpland. De su viaje por el río Magdalena, informa a su hermano Guillermo, en carta del 6 de junio de 1801: "Hemos descubierto, y no tengo la menor duda al respecto: que el cocodrilo del que están aqú llenos los grandes ríos, tiene 25 pies de largo y un 'Corbiaritum, biloculare' (un corazón con dos aurículas y con dos cámaras), como un animal de sangre caliente"14. En su viaje hacia Bogotá, también a instancias de Mutis, fue recibido amistosamente en Honda por Pedro Diago y en Guaduas por José de Acosta. Su llegada a Bogotá, el 15 de julio de 1801, constituyó un espontáneo recibimiento triunfal.

Casi dos meses permaneció, esperando que su acompañante se recuperara de las fiebres palúdicas en la confinada ciudad capital del Reino de la Nueva Granada -la capital más alejada de un puerto marítimo de todo el continente, como lo observó el mismo Humboldt-, en donde tuvo oportunidad de visitar los circunvecinos montes de Monserrate y Guadalupe, el salto de Tequendama (del que dejó unas breves páginas, publicadas en Cuadros pintorescos de las cordilleras), las minas de Zipaquirá (de cuyo yacimientos, tan peculiares y como deplorablemente explotados, hizo una detallada y brillante memoria) y de tomar abundante información científica, principalmente del botánico gaditano Mutis, cuya colección calificó de extraordinaria, sólo comparable con la del jardín botánico de Londres. La sabana de Bogotá y sus primitivos habitantes llamaron poderosamente la atención del viajero: de la primera ofreció una semblanza de la comarca, su formación geológica y las peculiaridades de la meseta; y sobre los chibchas se detuvo a hablar en varios de sus escritos, en especial en Monumentos de los indios muiscas, donde aparece un pormenorizado artículo sobre el calendario, el lenguaje, el sistema numérico, los mitos, los ritos. y los objetos de orfebrería y alfarería de estos desaparecidos y notablemente civilizados habitantes de la Sabana, basado en los manuscritos de Duquesne facilitados por el mismo Mutis.

19.jpg (26932 bytes)
  Ind́genas de Choach́
20.jpg (4593 bytes)

P rosiguió su viaje hacia Popayán, pasando por Ibagué (en cuyo camino visitó el puente natural de Icononzo, en las inmediaciones de Pandi) y atravesando la cordillera Central a la altura del paso tortuoso y fantástico del Quindío. De ese paso, que le demandó 14 días de viaje, también dejó Humboldt unas notables páginas, publicadas en Cuadros pintorescos... Cruzando a lo ancho el hospitalario valle del Cauca -según sus palabras-, llegó a la antigua capital de esa región, a la ciudad de Popayán.

En Popayán tuvo oportunidad de caracterizar el alto espíritu científico de sus patricios: "Los habitantes de esta ciudad tienen una cultura mucho mayor de lo que pudiera esperarse, pero mucho menor de lo que ellos se imaginan". A ello agrega, para el destinatario de sus palabras, Mutis: "Aquí todos recetan, porque han leído al Tissot; todos saben química y física, porque han visto el Espectáculo de la Naturaleza. Por lo demás, es muy débil el amor a las ciencias de que tanto se lisonjean estos habitantes. Ninguno ha querido acompañamos en nuestras excursiones difíciles, ni nos han preguntado el nombre de una planta ni de una piedra. Ninguno ha examinado las maravillas que tienen alrededor de sí, tales como las bocas del volcán, su altura, su situación, bien que esta reprensión puede hacerse a toda América". Y remata enfáticamente: "Estos jóvenes no pueden dar sino una raza afeminada e incapaz de los sacrificios que piden las ciencias y la sociedad
"15.
En su exploración del Puracé, el volcán cerca de esta ciudad -cuna de Francisco José de Caldas y, tal vez por sólo ese hecho, de presunciones científicas-, le llamó la atención el río Vinagre, por el alto contenido de sulfuro y materia volcánica de sus aguas.

El último día del año 1801 cruza la frontera, prosiguiendo a Quito, después de remontar la cordillera por la vía de tierras altas, para evitar la hoya profunda y malsana del Patía, hacia Pasto y Túquerres. En la población ecuatoriana de Ibarra es recibido por Caldas, en ese momento residente en Quito, quien ya le había manifestado el entusiasmo por su cercano encuentro: "¡Qué felicidad para mí, señor barón! Mil veces he dado gracias a la Providencia por haberos inspirado el proyecto de dar la vuelta al globo en mis días y en un tiempo en que puedo aprovecharme de vuestros profundos conocimientos". Las expresiones de vivo entusiasmo, de felicidad y esperanza, de impaciencia sincera por ver al famoso viajero y acompañarlo, no encontraron la correspondencia deseada, por más que la posteridad haya querido silenciar el penoso episodio y por más que Humboldt haya querido honrar al joven americano citándolo de vez en cuando, pero después de su miserable fusilamiento. Expresiones de Caldas (sin duda, algo altisonantes, por no mostrar reservas) como "¡Dichoso si puedo serviros en alguna cosa mientras permanezcáis entre nosotros! Mil veces más dichoso, si, libre de las cadenas que me atan a este suelo enemigo de las ciencias, pudiera seguiros hasta las regiones más distantes adonde os arrastra esa sed insaciable de saber", parece que tuvieron por parte del barón prusiano una respuesta reservada, cercana al desdén.

IV

El territorio de lo que hoy comprende la república de Colombia no ocupa, dentro de la obra de Humboldt, un lugar privilegiado. No existe un libro completo sobre el país, como sí sucede con Venezuela, México y Cuba. Tal vez en su obra más famosa, Del Orinoco al amazonas. Viaje por la zona ecuatorial del Nuevo Continente (1814), siguiendo el modelo expositivo de su maestro Forster, pero imprimiéndole cierto pathos que distaba de las serenas páginas del Viaje alrededor del mundo, Humboldt encuentra la expresión más característica en el género de los escritos de viaje. El ánimo de objetividad científica se acompaña aquí de elementos dramáticos, de observaciones que despiertan un vivo interés, de cuadros exóticos que no pueden dejar de causar su efecto. La ordenación del material geodésico, botánico, mineralógico, etnográfico, no estorba la narración en el marco de una naturaleza tropical, de voluptuoso y espeso follaje y de animales bulliciosos y terribles -propicia a la "poesía de hamaca y abanico", como anota con ironía Alfonso Reyes-. En ese escenario majestuoso, remoto e inexplorado, se combinan hábilmente los datos con las aventuras; la mirada perspicaz detrás de las materias más novedosas con la anécdota que cifra todo un nuevo mundo. De ese viaje por el territorio venezolano queda la imagen armónica y majestuosa de una aventura espiritual en la que la ciencia y la fantasía encuentran un equilibrio logrado gracias a la combinación de elementos de origen heterogéneo.

21.jpg (15119 bytes) 22.jpg (12517 bytes)
Ind́genas de Choach́
Indio de Bogotà

Desde los preparativos del viaje y el apoyo efectivo de uno de los ministros de la corte de Carlos IV, Mariano Luís de Urquijo, el relato de Humboldt se concentra en la descripción tanto de sucesos como de fenómenos naturales y humanos. El arribo a Tenerife y la visita a su volcán, los primeros contactos con la zona tropical (o zona tórrida, como se decía en ese momento) y su llegada a Cumaná dejan ya en él la convicción de que "la naturaleza es una fuente inagotable de investigación, y en la medida que la ciencia avance, ofrece a quien sepa interrogarla, siempre un nuevo aspecto que hasta ahora no ha sido contemplado"16. Animales, plantas, estrellas, composición geográfica y mineralógica, hombres, lenguaje, vestimenta, estado de las ciencias y la cultura, todo llama la atención al viajero: todo busca ser ordenado en un cosmos enciclopédico, en el que no hay dato incidental o elemento arbitrario. Integrar los datos: esa es la tarea que lo va conduciendo desde Cumaná, Nueva Barcelona, Caracas, hasta casi la desembocadura del Orinoco, atravesando los ríos Apure, Arauca, Negro y Amazonas por zonas aún no pisadas por ningún europeo. El objetivo del viaje, determinar que los ríos Amazonas y Orinoco no comparten la misma fuente, se ve rodeado de múltiples objetos: no se trata de una memoria académica al estilo de la de La Condamine, sino de un documento literario cuyo alcance rebasa el mero interés científico. No sólo sus conclusiones científicas, sino también el tránsito mismo de la aventura, están en el centro de la ciencia. Los diversos cuadros que compuso a su paso, como el de los indios otomanes que comen tierra durante los duros meses de hambruna, parecían destinados a ejercer una impresión que no podía caer en fácil olvido, esto es, que pretendían ser parte de la literatura universal.

23.jpg (25324 bytes)
    Ind́genas de Bogotà
24.jpg (4297 bytes)

El Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España (1808) carece, por su parte, de muchos de esos atractivos. Es una exposición sobria, acompañada de abundantes datos estadísticos, con pasajes que recuerdan a impersonales informes burocráticos. El carácter aventurero que se observa en su libro sobre el Orinoco cede el paso a un tono en el que la sociedad y la organización estatal de México son objeto de una atención propia de un consejero de Estado. Más .que en la naturaleza, se centra el informe, destinado a su "Majestad Católica Carlos IV, Rey de España y de las Indias" para reformas futuras del extenso virreinato, en el estado actual de la población, su distribución geográfica, su industria, agricultura y minería. Apela en él más a la razón de gobierno que busca datos claros y confiables que a la sensibilidad que se deja seducir por la fantasía. En el centro de la reflexión está la crítica del reformador, observando una moderación tanto más pertinente cuanto más parece osada: "México -escribe Humboldt- es el país de la desigualdad"17. La desigual distribución de los oficios, de las fortunas y de la población en el vasto territorio asombra tanto como el estado avanzado de muchas de sus actividades científicas y económicas. El Ensayo sobre la Nueva España es, pues, un intento razonado de esclarecer la situación de esa colonia, sin otro objeto que ofrecer un cuadro preciso de una sociedad que da ya muestras de una transformación con algunos estándares de los países europeos. Y si bien anota las sordas discordias entre las diferentes castas (españoles, criollos, indios, negros y mestizos), no parece anticipar los resultados de la contienda revolucionaria que se librará sólo un par de años después.

Pertenece a este mismo género de indagaciones el Ensayo político sobre la isla de Cuba (1826). El estudio pormenorizado de la población, el suelo, el clima, la agricultura y el comercio se ve respaldado aquí con una copiosa documentación estadística. Se acentún la importancia de Cuba, no sólo por la significativa extensión territorial en el conjunto de Islas de las Antillas, sino por su posición estratégica, al ser eje de confluencia de la, Florida, México, las otras islas antillanas y la parte sur del continente. Parece, por ello mismo, estar La Habana "diez veces más cercana a España que México, Caracas y la Nueva Granada", aunque esta impresión va desapareciendo paulatinamente después de La independencia de las colonias continentales. Ocupan largas
páginas el análisis sobre La producción del azúcar (sus métodos no científicos de explotación, como había observado ya en la explotación de la plata en México o de la sal en Colombia) y, sobre todo, las reflexiones sobre la mano de obra esclava en los ingenios. Abiertamente, protesta Humboldt contra este sistema de trabajo y contradice a todos aquellos que justifican este irracional modo de producción. El capítulo VI, "De la esclavitud", constituye la argumentación característica de un ilustrado que no encuentra, ni siquiera en el sistema morigerado de esclavitud cubano comparado con el de las colonias inglesas, ninguna razón ni moral ni económica de su existencia: "La filantropía -enfatiza Humboldt, sin ambigüedades- no consiste en dar un poco de bacalao más y algunos azotes menos; porque una verdadera mejora de la clase servil debe abrazar la posición total, moral y física del hombre"18.

25.jpg (28337 bytes)
Ind́genas de Bogotà
26.jpg (30075 bytes)

Estas estaciones del viaje de Humboldt tendrían, sin embargo, otra significación para la vieja Europa: detrás del exotismo se podían percibir muy bien las posibilidades de expansión del capitalismo mundial. No otra cosa hace Goethe cuando, en su conversación con Eckermann del 21 de febrero de 1827, manifiesta el deseo de ver realizada, por medio de un canal, la comunicación del Caribe con el océano Pacífico. Pero le parece que, inevitablemente, será el joven y vigoroso Estado norteamericano el que irá a llevar a efecto esa empresa, de gran interés para el comercio mundial, como son a la vez el canal del Suez y el del Rin con el Danubio. No sólo esperaba que la llevaría a cabo felizmente, sino que se lamentaba el literato, desde Weimar, de no poder vivir suficientemente para ver concluida su esperanza.

v

A Humboldt sucedió una larga (casi interminable) lista de viajeros que emprendieron la aventura de explorar el territorio colombiano durante el siglo XIX. Aventureros, exploradores científicos, comerciantes, diplomáticos, militares, ingenieros y simples belicosos o estafadores extranjeros dejaron por escrito sus impresiones sobre el clima, los hombres, el paisaje colombiano, las ciudades y las costumbres. Entre los múltiples relatos son de mencionar, por la relevancia de sus autores, el del francés Jean-Baptiste Boussingault; el del joven italiano Agustín Codazzi y después el de su acompañante de sus años posteriores, el colombo-cubano Manuel Ancízar; el del francés Eliseo Reclus; el del alemán Alfred Hettner; el del norteamericano Isaac Holton; el del francés Pierre d'Espagnac, el del suizo Ernst Rothlisberger y el del argentino Miguel Cané. Boussingault y Codazzi ofrecen sus versiones por medio de memorias; Ancízar, Reclus y Hettner prefieren el libro de viajes, propiamente dicho, para dar al público la versión de su experiencia con el país.

27.jpg (19856 bytes) 28.jpg (30324 bytes)
Indios de Choach́
Indios de Soacha

Boussingault, que contaba apenas 20 años, había llegado a Colombia contratado por FranciscoAntonio Zea en 1822 y recomendado a Bolívar por Humboldt para "hacerse cargo de la cátedra de química y mineralogía en Santafé de Bogotá y cuya suerte (para expresároslo enérgicamente y en pocas palabras) me interesa como si él hiciera parte de mi familia "19. Inicia así el joven, mitad científico, mitad aventurero, una larga peregrinación de doce años por tierras americanas. Colombia será el lugar de sus actividades principales y, a través de sus Memorias (1892-1903), el territorio que, al parecer, le dejó la más perdurable impresión. Recorre el país entero, complementando en parte las investigaciones iniciadas por su protector Humboldt (por ejemplo, muchas mediciones astronómicas o experimentos para determinar inquietudes humboldtianas, como el mayor ruido de las cascadas en las noches o la composición química del río Vinagre) y en parte participando en la sed de la explotación minera que se avivó en forma inmoderada después de la Independencia (fue responsable, entre otras cosas, de la activación de la rica veta de Marmato). Sus Memorias, escritas evidentemente por un aficionado a las letras y desafortunadamente sin atender a la naturaleza propia del género, es una mezcla poco hábil de informes científicos, atiborrados de los resultados numéricos de sus experimentos, con anécdotas que fácilmente descienden a cierto tono de chismorreo e infidencia o de aventura erótica en la que, casi invariablemente, él es el donjuán del cuento picante y no pocas veces el Adán afortunado en la arcadia tropical: éste (se refiere a la hacienda de El Rodeo cerca de Supía) "fue para mí un sitio de delicias; esa soledad era mi paraíso y con una serpiente y, hay que confesarlo, con una Eva encantadora que me asistía en mis observaciones" 20. También, por supuesto, la ironía acertada no escapa a estas páginas: "Al observatorio [construido por Mutis y abandonado en el estado más lamentable (observación reiterada por múltiples viajeros en el transcurso del siglo)] -comenta el parisino amante de los detalles- no le hace falta sino un astrónomo".

29.jpg (31571 bytes)
Tipo de Ind́gena de Honda y Bogotà

Por su parte, el teniente Codazzi, que después de recorrer en busca de oficio los países de la Europa oriental, Alemania, Holanda, los Estados Unidos y Buenos Aires, terminó embarcándose hacia el mar Caribe, que se debatía en las largas guerras de Independencia, para arriesgar más ventajosamente la vida "en climas cálidos, que en las frías regiones del norte" 21. Encargado de una delicada misión militar, Codazzi penetra por el Chocó en territorio colombiano, superando sin dificultad todos los tropiezos que encontraba a su paso, pues conocía la lengua del país a la perfección,es decir, obsequiaba al funcionario un presente proporcionado a la solicitud de la que deseaba, que resultaba de esta manera invariablemente acogida. Ese infalible abracadabra -que en el período colonial un Frezier o un Jorge Juan y un Antonio de Ulloa, y más tarde, en el republicano, un Hettner o los mismos Stübel y Reiss señalan como "corrupción generalizada y sin excepción"-lo llevó de las malsanas playas del Atrato al valle del Cauca, a Ibagué, a Bogotá (donde ocupaba la vicepresidencia Santander), a Cartagena y de regreso al Chocó. Su relato logra una de las más acabadas expresiones de la literatura de viajeros en nuestro siglo XIX, cuyas des¬cripciones de la densa manigua tropical y los infinitos obstáculosque presentan al que ose marchar por ellas sirven para avivar la imaginación, aunque tal vez no satisfagan plenamente las exigencias del naturalista. Cualquier página de esta especie, del militar audaz y más tarde célebre geógrafo, comunica la impresión justa del ambiente, precisamente por no estar sobrecargada de los elementos enervantes que más tarde propondrá el cubano Alejo Carpentier como modelo descriptivo de nuestra naturaleza.

30.jpg (30712 bytes) 31.jpg (29920 bytes)
Llanero de Casanare
Tipo de mujer de tierra caliente

Nada más lejos de ello que unas líneas soberbias de este buen observador italiano,creyente en la libertad republicana: "Además de la lluvia, -escribe del Chocó en Las memorias (1825 es grande el tormento de los insectos. Las playas del mar, y de los ríos y de los lagos están ennegrecidas por pequeños animalitos, que cambian de aspecto y de piel en menos de una hora, para adquirir alas, largas patas, un aguijón y una trompa aspirante para chupar la sangre: estas picaduras producen la ruptura de la piel provocando una quemazón insoportable que provoca rascarse, y si se hace con exceso, por la malignidad del clima y la suciedad de las uñas, las desolladuras degeneran en enfermedad". Y después, como complaciéndose en transmitir la misma picazón, agrega una lista bastante minuciosa de tan encantadora fauna minúscula: "Hay también numerosísimas bandadas de mosquitos, matutinos y vespertinos, pequeñísimos, los cuales por la mañana y por la noche atormentan de un modo insufrible. Los zancudos fastidian continuamente, con sus zumbidos, y pican todo el cuerpo con su larguísimo aguijón; los hay negros, grises y verdes. Se encuentra también el rodador, especie de gran mosca que se alimenta de sangre y no deja de picar continuamente por todas partes hasta que no esté harta; de día vuelan tan numerosas como nuestras moscas. Las chinches voladoras son hedíhondísimas, como también las cucarachas. Las avispas, que cuelgan en los árboles como saquitos de arena, se lanzan furibundas sobre los que no sepan esquivarlas. No faltan los tábanos y un moscardón peludo y negro, el cual, al picar, produce un tumor que genera inmediatamente un gusano; éste se cubre de pelo, crece, y si no se elimina pronto, gangrena la parte dañada. Además de estos insectos están las niguas, que se introducen en los pies, y una especie de murciélago que de noche chupa la sangre de la punta de los pies y de las manos y si la persona duerme muy profundamente puede incluso llegar a desangrarla...". Con todo, todavía le queda al viajero suficiente espíritu para admirar otras prodigiosas obras de la naturaleza tropical, que producen "ora terror, ora deleite, y siempre asombro"22.

1
Alexander von Humboldt, Kosmos. Entwurft einer physischen Weltbeschreibung, Stuttgart, Editorial Cotta'schen, t. II , pág. 51. Existe una traducción (o, mejor, una versión muy personal bastante mutilada) de ese capítulo en una editorial argentina, reproducida, sin el mínimo criterio editorial, en el libro Alejandro de Humboldt en Colombia de Enrique Pérez Arbeláez, Bogotá (1 ra. edic., 1959; 2da., 1981).
2
Georg Forster, Reise um die Welt, Francfort, Editorial Insel, 1967, pág. 17.
3
Ibíd., en el epílogo por Gerhard Steiner, pág. 1036.
4
Sobre la caracterización temprana de las grandes ciudades europeas es de mencionar, en lengua inglesa, la obra de Robert Vaughan y, en la francesa, la de Louis Sébastien Mercier.
5
Friedrich Schlegel, Kritische Schriften und Fragmente (1794-1797), Paderborn, Editorial Ferdinand Schöningh, 1988, t. I, págs. 192-206.
6
Alexander von Humboldt,op.cit;pàg.53.
7
Mariano Picón-Salas, De la Conquista a la Independencia, México, Fondo de Cultura Económica, 8a. edic., 1982, pág. 208.
8
Amadeo Frezier, Relación del viaje por el Mar del Sur, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1982, pág. 229.
9
Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América (repr. facsimilar), Bogotá, Biblioteca del Banco Popular, 1985.
10
IrvingA. Leonard, Los libros del conquistador, México, Fondo de Cultura Económica, 1979, caps. IV y V. IrvingA. Leonard, Los libros del conquistador, México, Fondo de Cultura Económica, 1979, caps. IV y V.
11
Ch. M. de La Condamine, La América meridional, Bogotá, CoIcultura, 1992, págs. 81-86.
12
L. A. de Bougainville, Viaje alrededor del mundo, Buenos Aires-México, Espasa, 1946, pág. 60.
13
L. A. de Bougainville, Viaje alrededor del mundo, Buenos Aires-México, Espasa, 1946, pág. 60
14
Alexander von Humboldt, Briefe aus Amerika, 1799¬1804, Berlín, Editorial Akademie, pág. 141.
15
Ib́d.,pàgs.155-156
16
Alexander von Humboldt, Vom Orinoko zum Amazonas. Reise in die Aquinoktial-Gegenden des neuen Kontinents, Wiesbaden, Editorial Brockhaus, 1985, pág. 59.
1 7
Alexander von Humboldt, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, México, Cía. General de Ediciones S.A., 1953, pág. 74.
18
Alexander von Humboldt, Ensayo político sobre la isla de Cuba, La Habana, Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba . 1960, pàg. 284.
19
Enrique Pérez Arbeláez, Alejandro de Humboldt en Colombia, Bogotá, Colcultura, 1981, pág. 266.

 

 

20
J. B. Boussingault, Memorias, Bogotá, Banco de la República, 1985, t. III, pág. 55
 

 

21
Agustín Codazzi, Las memorias, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1970, pág. 41.
 

 

22
bíd.. págs. 113-114.