Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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De la BLAA

 

La agencia cultural generada por el común: el caso de la Luis Ángel Arango y su Red de Bibliotecas | 1

Como al fin y al cabo lo que tengo para contarles no es más que una historia de bibliotecas, voy a empezar con la anécdota que generó la forma final de esta reflexión. El sábado pasado me encontraba en mi oficina y de repente me avisan que hay dos niños que solicitan hablar conmigo. Al abrirles la puerta pasaron confiadamente y cuando se acomodaron en los sillones me di cuenta que no alcanzaban con sus pies al piso y deduje su edad. Fueron al grano, venían a pedirme una sala infantil para la Biblioteca Luis Ángel Arango Me recordaron que la Virgilio Barco y la de El Tintal tenían salas especiales para niños y no aceptaban que la nuestra, cercana a sus casas y escuelas, no la tuviera. Después de intentar un par de disculpas que no aceptaron y de hablar de su libro favorito, terminé prometiéndoles, como cualquier político de pueblo, que tendrían una sala donde sus libros estuvieran al alcance de sus manos. Se fueron de mi oficina, pero entraron de lleno a esta reflexión. ¿Cómo -me pregunté- se generan este tipo de agentes culturales? ¿Qué proceso social antecede al hecho de que estos dos niños de clase obrera sientan la autoridad de demandar lo que es suyo, sepan dónde dirigirse y cómo argumentarlo? Las preguntas no son retóricas. Colombia, escenario de estos hechos, es un país catalogado como una nación "fallida" | 2 en la que sus ciudadanos no son ni representados, ni protegidos, ni gobernados según las promesas del sistema democrático; donde no necesariamente se sienten interlocutores de sus instituciones ni seguros en los espacios públicos. Y esto, aunque quisiéramos, no hay como negarlo. Pero aquí había evidencia de un proceso de acción ciudadana, de una interpelación al espacio institucional de una relación previamente establecida.

Lo primero que precede esta agencia cultural concreta es la existencia de un espacio público. Y público aquí no quiere decir solamente que entren siete mil usuarios al día, ni que sea el único lugar en el país donde cualquier persona puede ver gratuitamente un Picasso, un Bacon, un Brueghel o cientos de otros artistas colombianos e internacionales. Público aquí quiere decir la posibilidad de un intercambio entre una institución y los ciudadanos a quienes se debe, una institución que además se ha fortalecido al permitir la interpelación de sus usuarios. El espacio aquí es un  |locus desde donde el público puede maniobrar, y esto recuerda lo que Luis Valdez explica de su decisión de quedarse con su grupo de teatro comunitario Teatro Campesino en San Benito, el pueblito de California donde surgieron: "la pertenencia a un lugar, a un espacio, es la palanca con la que la comunidad puede mover el mundo" | 3 . Existe la comunidad agente porque existe un espacio con el que se identifica y al que pertenece, desde ahí se genera acción.

Pero lo interesante es ver cómo se llegó aquí, a la creación de un espacio público exitoso. La historia del desarrollo de las bibliotecas públicas en Colombia es el relato de cientos de pérdidas y algunos hallazgos. Ubicar el desarrollo de las bibliotecas públicas dentro de las frágiles democracias del mundo en desarrollo, nos da parámetros para acciones concretas y posibles desde la institución y más que nada -y es esto lo que quiero resaltar aquí- nos evidencia las enormes posibilidades, aun en estados fallidos, de una transformación social generada por la población en su relación con el arte, la literatura, la música. El breve resumen de esa historia que hago aquí, se lo debo todo a Jorge Orlando Melo, historiador, ex director de la Luis Ángel Arango y motor del vertiginoso desarrollo de la Red de Bibliotecas en los últimos diez años. Y voy a repetir la historia porque creo que nos sirve para pensar en cómo se desarrollan las bibliotecas en nuestro medio, muy diferente a como ocurre en los países que nos son dados como modelos democráticos | 4 .

En 1851 y en parte como reacción al testimonio aterrado de un viajero inglés | 5 que escribió que no existían libros fuera de las ciudades colombianas, se pasó una ley que obligaba la creación de bibliotecas públicas en las principales municipalidades | 6 . Este fue el primer acto por generar hábitos de lectura en un país en el que la democracia se consideraba la base del gobierno, pero la ciudadanía efectiva le estaba reservada a un 5% de la población. Para 1886, esta iniciativa se había suspendido y el mismo Miguel Antonio Caro decía en público que para enseñar las buenas costumbres, base de la ciudadanía, no se necesitaban los libros, bastaba con la instrucción y el consejo oral. En 1932, en un vuelco hacia lo liberal y con inspiración de la Revolución Mexicana, se empezó una campaña de alfabetización y bibliotecas en la que se mandaron a los pueblos libros, películas y un proyector; en la mayoría de los casos estos materiales llegaron en burros. En 1949 la violencia que se desató en todo el territorio dinamitó ese proceso. Para 1958, con el regreso a la democracia vino un gran interés por la alfabetización, pero las bibliotecas no se volvieron a incluir en planes de gobierno. No obstante, gracias a una estrategia radial y a un programa de escuela primaria, los niveles de alfabetismo en Colombia pasaron de un 38% en 1930 al 93% en el 2000. Esto genera varias cosas peculiares que son relevantes para nuestro relato. Primero, más de un 50% de la población aprendió a leer después de que ya eran usuarios del radio y la televisión. Mantener la relevancia de la lectura entre un público acostumbrado al entretenimiento de los medios y sin instituciones que promuevan la lectura es de suyo un reto. Pero lo otro que se generó es lo realmente curioso, se generó una gran demanda de material de lectura frente a una bajísima oferta de libros. Es así como el decenio de los noventa se caracterizó por una población ávida de lectura y sin libros a su alcance, y es justamente ahí dónde el público empezó a demandar una respuesta a la institución con la que era posible la relación.

La Biblioteca Luis Ángel Arango había sido fundada en 1958 por el Banco de la Republica, que es el banco emisor, que poseía una biblioteca para investigadores, en particular de economía. No se prestaban los libros y la estantería era cerrada. Pero la Biblioteca fue creciendo sus colecciones por la demanda del público y fue un éxito total. Las colas de tres y cuatro cuadras no podían ser ignoradas. Según las estadísticas, en un día llegaron a entrar 24.000 lectores creando un caos, y las directivas temieron que se cayera el edificio. En 1997, cuando ya se había desarrollado un catálogo abarcador, se tomó la decisión de prestar los libros y de empezar una colección digital. A esta decisión se oponían muchos que creían que los colombianos eran incapaces de no robarse los libros y que esto representaría el fin de la colección. Pero no fue así, el publicó devolvía los libros porque quería leer otros, prestar los videos y escuchar las colecciones de música. Querían hacer uso de su carné de socio para ser parte, para opinar, para seguir empujando la puerta, para finalmente entrar a la oficina de la dirección y pedir una sala infantil.

Siguiendo además el ejemplo de otras bibliotecas públicas creadas por los fondos de prestaciones sociales, el Banco de la República armó una Red de Bibliotecas en el ámbito nacional y allí donde la tecnología convirtió en obsoletas las sedes regionales de intercambio de moneda, cerró la parte bancaria y armó una biblioteca, y en muchos casos un área cultural. Entre tanto, se había capacitado un grupo de bibliotecarios y la Luis Ángel Arango estaba en capacidad de ofrecerle a Bogotá el apoyo para la creación de una red de megabibliotecas de barrio, impulsada por el entonces alcalde Enrique Peñalosa. En 1998 se creó un sistema de bibliotecas que hoy atienden 20.000 lectores al día. En su totalidad se estima que la asistencia a las bibliotecas pasó de tres millones de personas en 1998 a ocho millones en el 2004. El éxito fue contagioso, y en 2002 el gobierno nacional adoptó una propuesta para darle a todos los municipios del país una biblioteca. La BLAA y la Biblioteca Nacional se encargan de generar las listas de adquisiciones y de asesorar su parte técnica. A cada una se le entregan 2.500 libros, videos, un proyector y un computador. La Red Nacional de Bibliotecas liderada desde el Ministerio de Cultura continúa este proceso. En los próximos meses la Luis Ángel Arango pondrá a rodar un plan de "bibliotiendas", con el que se busca llegar a los lugares más remotos de la geografía con una caja de libros viajera. Los bibliotecarios serán los tenderos de caminos rurales. La premisa sigue siendo la misma que ha guiado todo el proceso: la lectura genera ciudadanos que pueden participar, interactuar, demandar lo que es suyo, y esto se genera desde un espacio público concreto que los legitimiza, responde a sus demandas y confía en ellos. Lo que afirma la idea de Doris Sommer de que "la cultura posibilita la agencia social, allí donde las circunstancias parecen inmanejables, las prácticas creativas abren ángulos para la intervención | 7 ". Pero es importante resaltar que aquí hubo la demanda del público que llenó las salas, hizo cola y forzó al Banco a expandir su labor cultural, es decir, que hubo una agencia por parte de la comunidad.

Y obviamente, la otra parte de la historia de este desarrollo relacional está en la institución misma, en un país de instituciones traidoras a su público. Es de alguna manera una anomalía que el Banco de la República haya desarrollado semejante labor cultural: los Museos del Oro, una gran Colección de arte colombiano, una respetable Colección de arte internacional, una Sala de conciertos con programación internacional, Museo numismático y filatélico, y una Colección bibliográfica sin par en Latinoamérica. Eso en Bogotá. En las regiones hay veintiocho sedes con diversas posibilidades de ofrecimiento cultural. ¿Y por qué un banco estatal hace esto? es la pregunta obligada. Para responder cito al Subgerente Cultural del Banco, Darío Jaramillo Agudelo: "Tengo una respuesta que intenta abarcar la totalidad de las preguntas: poseer colecciones importantes, apoyar museos y restauraciones, desarrollar una actividad cultural, es un óptimo instrumento para ganar la confianza del público por parte de quienes necesitan de ella para vender sus servicios o para recibir depósitos de ese público, es decir, para respaldar la moneda" | 8 . Esta institución es consciente de que necesita al público y usa la cultura para establecer esa relación ética de mutua interpelación que la ha hecho exitosa y que ha creado agencia cultural multiplicadora. Esto se da frente a tantas otras instituciones fallidas que han ignorado cuánto necesitan de la gente y les han dado la espalda. Como resultado, esa misma gente las irrespeta y hay que decirlo, en ocasiones las dinamita.

El otro aspecto está en lo que representa la labor misma que el Banco se propone: "almacenar, catalogar y difundir materiales del patrimonio nacional". Y aunque a primera vista esto suene muy alejado de la realidad, la verdad es que este proceso de generar archivo contribuye a la memoria colectiva, a la pertenencia territorial, a la creación de símbolos que nos hagan sentir parte de una comunidad con intereses comunes, con un pasado verificable y un futuro posible. No deja de sorprender que en Colombia la gente involucrada con cultura y procesos sociales afirme sin ruborizarse: "estamos haciendo país", y es cierto, el país incluyente está por hacerse. El ejemplo de una institución dedicada a apoyar la memoria y la creatividad, que ha respetado a su público y se ha dejado interpelar por él, es digna de hacer pausa para aprender. Esto es lo que llamo la agencia cultural del común, un proceso de relación ética entre el público y una institución que se han transformado mutuamente en el proceso de recolectar y recrear su propia memoria.

Y con esto de la importancia de la memoria y la creatividad en países fallidos, permítanme terminar con otra historia que sucedió en la Biblioteca El Tintal, una megabiblioteca en uno de los barrios más deprimidos de Bogotá. Un día llegó una abuela con su nieta de cuatro años que había traído del Caquetá. La niña había sobrevivido a una masacre y ante sus ojos habían asesinado a su padre, su madre y sus dos hermanos mayores. Desde entonces la niña perdió el habla. La abuelita la llevó a la bibliotecaria porque no tenía ninguna otra instancia a la cual apelar. La bibliotecaria, en uno de esos milagros que nos ayudan a sobrevivir, decidió sentarse a leerle a la niña todos los días el mismo cuento, una y otra vez. A las tres semanas, la niña recuperó el habla y empezó a repetir de memoria el cuento. Esa niña, la entendemos todos sus compatriotas, quiso olvidar lo insoportable, y la literatura proporcionada por una institución le devolvió la memoria de un relato posible, uno que ella puede articular.

 

ÁNGELA PÉREZ MEJÍA
Directora, Biblioteca Luis Ángel Arango

 

| 1 . Ponencia presentada en el Encuentro Internacional de Latinoamericanistas, LASA, como parte del panel Agencias Culturales, Puerto Rico, marzo de 2006.

| 2 . La revista estadounidense Foreign Policy, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional publicó en marzo de 2005 un índice de estados fracasados o fallidos, encabezado por Costa de Marfil, el Congo, Sudán e Iraq, en el que Colombia ocupa el puesto catorce. Antes y después de esto, sociólogos e historiadores han usado el calificativo para describir la situación política del país.
| 3 . Traducido de una entrevista en PBS, abril de 2002. Luis Valdez, llamado legítimamente "el padre del Teatro Chicano" empezó en 1965 el Teatro Campesino con trabajadores mexicanos temporeros en California. Producían obras de un acto sobre las plataformas de los camiones mientras recogían cosechas. Este fue uno de los detonadores del movimiento chicano que dio presencia política a comunidades de emigrantes. Luis Valdez llegó a ser conocido director de teatro en el ámbito nacional y abrió Hollywood al cine latino producido en Estados Unidos, entre otras con la famosa |La Bamba (1987).
| 4 . Jorge Orlando Melo ha hablado ampliamente sobre la Historia de las Bibliotecas en Colombia. En los siguientes párrafos parafraseo su ponencia "Educating Peasants and Forming Citizens: Social Change and Public Libraries in Colombia", presentada en Harvard University en septiembre de 2005.
| 5 . Holton, Isaac E,  |La Nueva Granada, veinte meses en los Andes [1857], Bogotá, Banco de la República, 1981.
| 6 . Decreto orgánico de Instrucción Pública, 1870.
| 7 . Sommer, Doris (ed.),  |Cultural Agency in the Americas, Durham, Duke University Press, 2005, pág. 3.
| 8 . Revista del Banco de la República, febrero de 2006.