Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
Edición en la biblioteca virtual:
Notas:
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El tigre se convirtió en gatito

 

Titulo del libro reseñado: Estudios regionales en Antioquia

|Varios autores (antología)
Editorial del libro reseñado: Consorcio Estudios Regionales en Antioquia, Medellín, 2004, 223 págs.

 

Como volumen que compendia, el libro en reseña es una antología de ponencias expuestas en un seminario que fuera convocado y efectuado en el 2002 por el Consorcio Estudios Regionales en Antioquia, y de una u otra forma su temática sintetiza y evalúa las tesis que se han elaborado sobre la historia departamental de los dos últimos decenios.

Para la publicación de  |Estudios regionales en Antioquia, el Comité Académico del Consorcio tomó algunas de las conferencias presentadas que no gozaban aún de una edición y que estaban acompañadas, como su anexo, de un comentario. Con ello, además de su valor teórico, se cubría un espacio académico y social, tan indispensable para este tipo de obras, que por lo general sólo son escuchadas o conocidas por un grupo de profesores y de estudiantes interesados en el tema, para después caer en el olvido, visitadas por el comején y por toda clase de insectos que se posesionan del papel en oscuras estanterías, batiendo, como guerreros de la nada, sus antenas.

Gracias a que se tuvo una política cultural insecticida, el lector puede hacer suyos los textos de  |Estudios regionales en Colombia. El resultado en cuanto a contenido presenta, en buena parte, un balance de los textos que han trabajado la historia regional, así como una "aproximación a los itinerarios que han seguido los estudios sobre el tema en la región, a partir de los cuales se puedan identificar algunas líneas temáticas y algunos tópicos susceptibles de ser abordados en trabajos más sistemáticos que sería necesario realizar en el futuro" (pág. 75)

Además de la presentación que realiza Juan Felipe Gaviria Gutiérrez y del prólogo del historiador Álvaro Tirado Mejía, aparecen cuatro ponencias expuestas en el simposio por cinco investigadores colombianos (Beatriz Patiño Millán, María Teresa de Uribe, Clara Inés García y el último de los trabajos, debido a dos autores: Marta Elena Bravo de Hermelíon y Édgar Bolívar Rojas). A cada una de las tesis, con su visión regional, se le agregó un comentario crítico que de igual modo hace síntesis. El texto concluye con dos estudios regionales en Europa y América Latina que realizan, cada uno por su parte, Laureano Lázaro Araújo, español, y Sergio Boisier, chileno. Los autores se interesan por dar una dinámica, una interacción entre lo global y lo regional, donde las equivalencias de estas dos fuerzas se expresan en lo que significa mantener su estado presencial como producto de región o entrar, por presiones externas, a romperse. Al respecto, Álvaro Tirado Mejía trae un ejemplo que sintetiza: "Yo diría -un poco abruptamente- que en 1950 Antioquia limitaba por el norte con Planeta Rica y por el sur con Aguadas, hoy Antioquia limita con Miami porque hay nuevas situaciones" (pág. 17).

Cada capítulo del libro presenta una relación sobre lo que se ha escrito en las regiones y en las subregiones como un viaje bibliográfico por Antioquia; una relación entre lo imaginado de una región a través de las formas narrativas, las memorias o sus vocabularios; una indagación sobre lo que ha significado el desarrollo desigual de las regiones para explicar el apuntalamiento de lo particular, o una indagación sobre lo que significa ser antioqueño.

Este libro colectivo tiene un hilo conductor que viene de atrás, del pasado, y que articula en el análisis la importancia de lo que ha significado el estudio de lo regional. Los estudios sobre lo regional no ocurren por primera vez en Antioquia; se remontan a agosto de 1979, cuando en Medellín, auspiciado por la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales (Faes), se reúnen en simposio veinticuatro personas, casi todas dedicadas al conocimiento de la economía y la historia. Según Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, eran otros tiempos. Seguía vigente en el pensamiento de los jóvenes la revolución de mayo del París de 1968 y había para entonces un hervidero ideológico donde casi todas las discusiones se veían con la óptica del marxismo. La academia era de debate y el mundo universitario, como parte de esa vehemencia, participaba en todo. La juventud estaba viva, inclusive en sus equivocaciones, y se arriesgaba, además de la política, en las novedades que traían la literatura, la filosofía o la música, entre muchas otras dimensiones de la vida. Con el transcurrir del tiempo, la situación política cambió y se hizo más difícil la existencia de los grupos deliberantes: "La efervescencia política vivida a fines de los 60 y comienzos de los 70, empieza a atenuarse a golpes de represión visible y escondida" (pág. 9). Este comentario establece cómo con el paso de los años la universidad se adormece y el debate entra en una especie de limbo que impide actualizar la dinámica que llevan los pueblos.

Sólo al segundo año de iniciarse el siglo XXI el debate tiene auspicio y, por lo tanto, se levanta de su modorra. El Consorcio de Estudios Regionales, que reúne varias instituciones académicas y de interés para Antioquia, decidió conocer en qué estado se hallaban el estudio y las investigaciones locales. Entre muchas de las hipótesis que lograron aclarar estuvo la de haber entendido que hubo temas de 1979 que desaparecieron. De igual modo se estableció la presencia de otros intereses regionales, muy diferentes de los que motivaban en decenios de más atrás. Ya no era urgente "una visión sistemática sobre las minas y los mineros, el comercio y los comerciantes de Antioquia, el café en la vida de la región, los comentarios comparativos sobre el desarrollo de Medellín -del profesor francés Frédéric Mauro-, el desarrollo histórico de la industria y la expansión de la estructura industrial, la política y los políticos de Antioquia" (pág. 15).

Veinte años fueron suficientes para que lo que antes era considerado conveniente de analizar para dar respuesta a los dilemas de la región, pasara a ser reemplazado por otras consideraciones. Política, gestión cultural y otros temas concernientes son ahora tenidos en cuenta dentro de la posibilidad de múltiples lecturas. La tinta sale del tintero para hacer con su caligrafía exposición de ideas sobre temas que treinta o cuarenta años atrás eran amorfos o incomprensibles y, en el peor de los casos, visto desde la óptica de un esquema por patrones que sólo encajaban ideológicamente en lo llamado "universal". Ahora, para el simposio del 2002, "referirse al desarrollo cultural implica considerar las políticas públicas que lo orientan, pero ya no como una cuestión determinada por patrones materiales. sino vinculada al sentido de la vida que las colectividades construyen, abandonando así la concepción erudita y esteticista de la cultura para situarla en su más profundo significado antropológico, como 'la manera en que los individuos y las colectividades viven, piensan, se organizan, celebran y comparten la vida', es decir, como un poliedro en el que se refractan en los diversos ámbitos de la existencia los sistemas de valores, las visiones del mundo, las pautas de comportamiento y los estilos de vida, a través de múltiples operaciones simbólicas y formas comunicativas" (pág. 136).