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INDICE
Articulo: Los Nuevos: entre la tradición y la vanguardia
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Reseña - Biografía: Acartonamiento
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Reseña - Historia: Desabridas crónicas sobre curas y militares
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Varia: Territorio Mutis
Varia: Ramón Cote Baraibar
Varia - De la BLAA: La agencia cultural generada por el común: el caso de la Luis Ángel Arango y su Red de Bibliotecas
Vario: Álvaro Miranda
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Reconfortante historia de las luchas laborales en los puertos
del Caribe colombiano
Titulo del libro reseñado: Puertos, sociedad y conflicto en el
Caribe colombiano, 1850-1930
Autor del libro reseñado:
|Sergio Paolo Solano de las
Aguas
Editorial del libro reseñado: Observatorio del Caribe
Colombiano, Ministerio de Cultura, Universidad de Cartagena,
Bogotá, 2003, 116 págs.
En la producción historiográfica colombiana de los últimos años
es notable el abandono de la historia social, siendo impulsado, en
su lugar, cierto tipo de historia cultural, pretendidamente
despolitizada y contrapuesta a las explicaciones globales. Esa
versión de la historia cultural nos propone estudiar la
realidad de manera fragmentaria, en la corta duración y abjurando
de la posibilidad de comprender los nexos existentes entre las
cuestiones económicas, sociales, políticas, ideológicas y
culturales. Ante el abandono de la historia social se ha impuesto
una historia cultural de tipo
|light, generada desde la
academia universitaria para consumo de damas rosas y que muy poco
aporta a la comprensión de los grandes problemas de la sociedad
colombiana.
En este contexto resulta muy reconfortante la aparición de un
texto como el de Solano de las Aguas, en el que, reivindicando la
historia social, se reconstruye un problema central para la
comprensión de nuestro pasado inmediato, como es el relacionado con
los puertos de la costa atlántica desde la segunda mitad del siglo
XIX hasta las tres primeras décadas del siglo XX. Para estudiar
este problema, su autor recoge críticamente los aportes de la
historia social inglesa (en autores como Edward Thompson, Eric
Hobsbawm y Raphael Samuel), así como en ciertos autores de la
Escuela de los Anales, principalmente Ferdinand Braudel.
Apoyándose, entre otros, en los historiadores mencionados, el autor
señala que su libro "representa un esfuerzo por
aproximarnos a una `mirada desde abajo' que nos permita conocer el
mundo de las experiencias y expectativas tradicionales y de las
innovaciones sociales y culturales desde el cual los trabajadores
portuarios se representaron su rol dentro de la sociedad y
justificaron sus protestas sociales" (pág. xii). Con esto
se busca estudiar la configuración de la clase obrera de la costa
atlántica atendiendo a sus propias tradiciones sociales y
culturales. Este enfoque, que a nuestra manera hemos intentado
desarrollar en
|Gente muy rebelde
|
1
, apunta a considerar el carácter complejo,
contradictorio y no lineal de la formación de importantes capas del
proletariado colombiano al despuntar el siglo XX. Para eso, se
destaca la relación entre la formación de las clases modernas de la
sociedad colombiana, y la clase obrera es una de ellas, con los
conflictos sociales que emergen durante su constitución. En ese
análisis, el conflicto se constituye en un aspecto destacado de la
vida social y no en algo ajeno a su desarrollo histórico, por dos
razones: "primero, porque la creación de una cultura de
tolerancia y respeto exige incorporar entre sus supuestos más
elementales la aceptación del conflicto social como parte
integrante de la vida de las sociedades modernas... Segundo, porque
en razón de una mejor comprensión de la moderna sociedad costeña,
la reflexión sobre la construcción de las clases sociales exige
darle un tratamiento de primer orden a los conflictos que
suscitaron los procesos de proletarización de la mano de
obra" (pág. xiii). En otros términos, la configuración de
los trabajadores portuarios en la costa caribe colombiana se
encuentra atravesada por el choque entre el control y la
subordinación, ejercido por los empresarios capitalistas, y sus
propias tradiciones culturales, regidas por una lógica
completamente distinta de la del naciente mercado laboral
capitalista. En ese sentido, esas tradiciones originan diversos
mecanismos de resistencia a la proletarización, los cuales son
estudiados en el libro, particularmente en su último capítulo.
Para desarrollar sus planteamientos, el autor estructura seis
capítulos. En el primer capítulo, "El puerto, espacio
polifuncional", se recrea la palpitante vida cotidiana en
los puertos costeños, destacando que en esos lugares se desplegaba
una intensa actividad productiva, social, cultural y simbólica.
Para estudiar esa apasionante realidad, el autor acuña la categoría
de "cultura portuaria", una cultura mestiza en la
cual convergen diversos elementos socio-raciales, geográficos,
culturales y productivos que adquieren una fisonomía propia en el
medio portuario y ribereño de la costa atlántica. Se destacan las
|subculturas laborales de marineros y gentes de las más
diversas procedencias, que de forma autónoma y espontánea recrean
lenguajes, símbolos, conocimientos, costumbres, rituales, leyendas,
chistes y supersticiones. Además, teniendo en cuenta las
condiciones en que se configura, se puede decir que esta cultura
portuaria era "iconoclasta, mundana e innovadora, si se le
compara con el ideal católico de la sociedad" (pág. 8).
Ahora bien: es interesante resaltar que al autor relaciona muy
convincentemente las características de la cultura portuaria con la
geografía de la protesta, destacando el papel seminal que
desempeñaron las luchas de los trabajadores portuarios en la
conformación del proletariado colombiano, lo que estaba alimentado
por las influencias ideológicas, políticas y culturales que
llegaban a los puertos, lo que, entre otras cosas, no ha sido
exclusivo de Colombia sino que reproducía experiencias similares de
otros lugares del mundo en donde los puertos se convirtieron en el
epicentro de las primeras luchas contra el naciente
capitalismo.
Pero además, como el autor también lo destaca, los trabajadores
del transporte se convirtieron en una significativa fuerza laboral
en la medida en que desarrollaban una actividad esencial para el
funcionamiento del capitalismo, lo cual les confería una
importancia estratégica, pues una huelga o una protesta
inmediatamente repercutía sobre toda la actividad económica y sobre
buena parte del territorio colombiano. De esta forma, se establece
una relación directa entre la importancia económica del naciente
sistema de transportes, en el que descollaban los puertos costeros
y los ribereños del río Magdalena, con la emergente cultura
portuaria, vinculando las condiciones materiales de vida y de
trabajo a la subjetividad de los individuos y sectores que en ella
intervenían.
En los capítulos dos y tres, respectivamente se estudia a los
braceros y los tripulantes, constituyéndose, que se sepa, en el
primer intento sistemático de la historiografía colombiana de
analizar seriamente y con profundidad este aspecto. Porque en
general hasta ahora, en los diversos estudios sobre la clase obrera
colombiana y sus luchas, se señalaba el papel desempeñado por los
trabajadores de los puertos y de los transportes, pero no existía
una descripción, análisis y recopilación de fuentes tan sistemático
y organizado como el que se presenta en la obra que estamos
reseñando.
En cuanto a los braceros, que desempeñaban la labor
aparentemente más simple desde el punto de vista de su
cualificación, se destaca que procedían de diversos sectores
geográficos, por lo general próximos a los puertos, que fueron
llegando en sucesivas oleadas migratorias. Su labor, ruda y
prolongada, no contaba con ningún tipo de protección laboral, por
lo que al cabo de unos cuantos años se apreciaba en el cuerpo de
esos vigorosos hombres el rigor del esfuerzo físico realizado. Es
notable el análisis de las cuadrillas de braceros como un mecanismo
no sólo de organización autónoma de los trabajadores para realizar
de forma colectiva labores engorrosas sino también para negociar de
una manera más adecuada con los empresarios y mantener el empleo y
cierto nivel de salarios. En ese proceso, los braceros van forjando
una identidad social que los distingue de otros trabajadores, y eso
se "debió tanto al crecimiento de la economía portuaria y
transportadora, como a los conflictos por razones económicas y por
las formas de contratación y de control del mercado
laboral" (pág. 29). Este análisis recupera la visión de
Edward Thompson, para quien la existencia objetiva de la clase no
es lo fundamental, pues es más importante la forma como en el
proceso de lucha se adquiere conciencia de su existencia; asimismo,
se retorna la noción del autor inglés sobre la "economía
moral de la multitud" para resaltar que la identidad de
los braceros se forjó reivindicando unas tradiciones ancladas en el
trabajo colectivo y en el bien común.
En cuanto a los tripulantes, se destaca que, siendo más
reducidos en número que los braceros, tienen también un origen muy
diverso, pero provienen en lo fundamental de las gentes que viven a
la orilla de los grandes ríos. Muchos de los tripulantes de las
embarcaciones de vapor que surcaban el Magdalena habían sido bogas
anteriormente. Por esta razón, el autor se detiene a analizar a los
bogas, sus formas laborales, sus comportamientos, sus tradiciones y
costumbres, su lenguaje, sus cánticos y su diversa manera de
percibir su trabajo. Pero, con el tiempo, los tripulantes empezaron
a asumir su propia identidad y a diferenciarse de los bogas, lo que
estuvo determinado por los parámetros laborales que fue asumiendo
su oficio, entre los cuales se destacaban: disciplina y control de
su tiempo en los barcos; control del tiempo en los puertos; el
salario que recibían era pagado por la oficialidad de los vapores y
no directamente por los pasajeros. "En la diferenciación
del tripulante del boga influyeron factores como la modernización
de las compañías navieras, la influencia de ideologías radicales
entre los trabajadores [...], las presiones ejercidas por el Estado
y el empeño de algunos sectores de artesanos y obreros esforzados
en mejorar la imagen de los sectores populares para contrarrestar
la visión despectiva que sobre éstos tenía la elite del
país" (pág. 46). Hay que destacar que en este capítulo se
efectúa un interesante análisis sobre el significado histórico del
término
|boga, apelativo despectivo para referirse a
aquellos que se encontraban en los champanes y que empezó a ser
abandonado por los tripulantes de los vapores como parte de ese
proceso de identificación social, de dignificación de su profesión
y de reconocimiento de su trabajo por parte del resto de la
sociedad de los puertos.
En los capítulos cuarto y quinto se analizan otros dos sectores
en la jerarquía social y laboral: la oficialidad y los mecánicos.
Acudiendo a la categoría de subcultura laboral, el autor se detiene
a estudiar con detalle las características que asumen los dos
sectores mencionados. En el caso de la oficialidad destaca la forma
como adquieren prestigio y reconocimiento por parte de las elites
dominantes los capitanes, destacando los aspectos legales que
regulan esta actividad, los requisitos que se debían cumplir para
llegar a ser capitán, las jerarquías internas de la oficialidad,
así como los comportamientos, actitudes y patrones dominantes que
asume. Pero también se destaca que esa elitización de los oficiales
no fue eterna, pues en la década de 1920 es notorio un proceso de
proletarización de estos sectores, en la medida en que el
capitalismo penetra en el sistema fluvial de transportes,
implementando una división del trabajo entre la propiedad y el
mando e impulsando nuevas formas de control y subordinación de
todos los oficios.
El mundo laboral de los puertos quedaría incompleto si no se
considerara a los mecánicos. Éstos surgieron como una profesión
manual imprescindible para el funcionamiento de la economía
portuaria. Dado el desprecio por las artes manuales en todo el
país, los primeros mecánicos aparecen de manera espontánea,
aprendiendo de su propia experiencia, basada en el método empírico
del ensayo-error. Sin embargo, como el oficio de mecánico, a
diferencia de la mayor parte del trabajo artesanal, requería de
algunos conocimientos teóricos, como las matemáticas, en su
configuración confluyeron conocimientos, experiencias y culturas de
trabajadores de diversas profesiones y procedencias geográficas,
tanto de Colombia como de otros países.
Para concluir el análisis, el libro se cierra con un breve
capítulo sobre la proletarización de los oficios, resaltando que en
la década de 1920 todos los grupos sociales de la economía
portuaria, incluyendo a los oficiales, conocieron un proceso de
proletarización, lo cual fue resultado del mayor control que
empezaron a ejercer sobre todas las actividades laborales tanto los
empresarios como el gobierno central. A medida, entonces, que los
diversos grupos de trabajadores perdían autonomía y control sobre
su propio tiempo, la proletarización se impuso como forma de
subordinarlos a la lógica capitalista. Por supuesto que este
proceso no se presentó de un día para otro, y tampoco sin
resistencia, puesto que los trabajadores de los diversos oficios
lucharon por preservar su independencia y mantener sus propias
tradiciones y valores, y, cuando la proletarización era un hecho,
asumieron mediante la lucha nuevas formas de identidad buscando
mejores condiciones laborales, reconocimiento y respeto por parte
de los empresarios capitalistas del transporte.
Infortunadamente, el tema relacionado con los conflictos
sociales propiamente dichos no es estudiado a fondo por Solano de
las Aguas, pues solamente se limita a bosquejarlo. Al respecto, se
nota la ausencia del estudio sistemático de las luchas de los
diversos sectores sociales (braceros, tripulantes, mecánicos), de
sus influencias ideológicas y políticas, de sus mecanismos
organizativos y de resistencia, de las grandes huelgas que se
presentaron en los puertos de la costa, y de los elementos
simbólicos presentes en las reivindicaciones que se agitaron
durante las décadas de 1910 y 1920 en las luchas que allí se
libraron.
Salvo esta carencia, por lo demás el libro está muy bien
escrito, apreciándose un tratamiento muy fino de las diversas
cuestiones consideradas. También se nota una lectura cuidadosa de
las fuentes secundarias y teóricas existentes sobre esos temas.
Adicionalmente, en la investigación se efectuó una consulta
sistemática y rigurosa de un amplio cúmulo de fuentes primarias,
entre las que sobresalen memorias de viajeros, libros de la época,
periódicos y crónicas. En síntesis, el libro comentado se
constituye en un aporte significativo para el conocimiento de un
olvidado aspecto de la historia colombiana y que cae muy bien en
estos tiempos de indigencia investigativa, cuando los historiadores
-para usar un símil de la temática del librose han extraviado en el
insondable mar de las modas de la historia cultural y del giro
lingüístico. Lamentablemente, una investigación de tanta calidad
habría merecido un libro mejor editado, sin ese formato tipo
revista, inaprensible e inmanejable, tan poco atractivo para el
lector.
RENÁN VEGA CANTOR
Profesor titular, Universidad Pedagógica Nacional
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1
. Cf. Renán Vega Cantor,
|Gente muy rebelde. Protesta popular y modernización capitalista
en Colombia 1909-1929, Bogotá, Ediciones Pensamiento Crítico,
cuatro tomos, 2002.
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