Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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La oralidad cuenta con otro clásico

 

Titulo del libro reseñado: Imaginación y oficio. Conversaciones con seis poetas colombianos

Autor del libro reseñado: |Piedad Bonnett Vélez
Editorial del libro reseñado: Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, 217 págs.

 

Piedad Bonnett tardó tres años en armar este libro de entrevistas con seis poetas, y para ello contó con la beca de Estímulos a la Creación y a la Investigación del Ministerio de Cultura 1998, la que le debe haber dado algún dinerito y sobre todo tiempo (bendiciones ambos). También le dio un asistente: el señor Norman Valencia "con paciencia y buen juicio transcribió el material y me ayudó en la consecución bibliográfica" (pág. X). El prefacio tiene dos paginitas y las notas biobibliográficas (hacer una lista de los títulos de los autores no parecería una tarea para Hércules, ¿verdad?) otras tres. Las presentaciones ocupan dos páginas por personaje. Tenemos, pues, un total de diecisiete páginas, al margen de las conversaciones mismas. Hemos de agradecerle al Altísimo el que la autora no se propusiera entrevistar a veinte poetas, pues todavía estaríamos esperando la transcripción de las cintas. Sin embargo, ese hipotético libro de veinte conversaciones sería un clásico absoluto.

Digo esto por una razón sencilla: el libro de Piedad Bonnett es magnífico, y es una pena que nuestra poeta no haya incluido a más autores ni hubiese intentado, por ejemplo, una entrevista con María Mercedes Carranza -hoy trágicamente desaparecida-, porque la perspicacia de la entrevistadora habría conseguido respuestas interesantísimas de la autora de  |Vainas | 1 . Bonnett hace que los interlocutores se sientan a gusto y consigue, con una suavidad muy atinada, que suelten la lengua sin que se note aspereza alguna (salvo en las "huidas" constantes de don Rogelio Echavarría, como veremos más adelante). Éste es un libro poético y para disfrute similar. A la vez, las entrevistas largas -como deben ser, a la manera de las legendarias de Paris Review permiten otro tipo de conocimiento de los entrevistados: la palabra que se suelta y desliza también sus propios fantasmas, ciertos perfiles insospechados. Dicho de otro modo: la entrevista con una persona de carne y hueso que habla de su propia vida, formación cultural y los poemas que tienen la vida de los sueños, revela además a |otra persona que ignorábamos por completo. Las habas se cuecen, sí, hasta en los silencios.

Fernando Charry Lara está condenado a ser un maestro en muchas cosas. En primer lugar, la inteligencia domina sus respuestas y por extensión es apreciada en los demás | 2 . Luego tenemos esa modestia que no significa andar pisando huevos para evitar los roces. No, señor. Charry Lara dice lo suyo y punto: "Neruda es un poeta sensacional [...] y en el |Canto general, al lado del fárrago -porque es un libro farragoso- de pronto hay poemas extraordinarios" (pág. 15). Y de súbito esta sorprendente afirmación: "...en ningún poema mío hay una sola línea que pueda tomarse como programática de mi poesía" (pág. 21). Se respeta, pero no se acata. Si un verso trasmitiera sólo una onza de belleza, la que sueña el poeta, entonces todo sería muy fácil; lo bello de la poesía, en verdad, radica en que los objetos verbales que llamamos poemas trasmiten mucho más de lo que sus creadores se han propuesto. Por lo mismo, toda la poesía de don Fernando no hace más que decirnos que escribir es un acto solitario y riguroso, que la imagen debe pasar por el cedazo de la razón, que el ritmo existe de acuerdo con el oído interno del propio objeto y no con el capricho de quien manipula el lenguaje. Esto lo dicen sus poemas sin pronunciar una sola sentencia, ¿verdad?

Giovanni Quessep es un tremendo caso, como habría dicho Celia Cruz. Y Bonnett contribuye con cierta ingenuidad a esta especie de mito del personaje evanescente (un ángel flaquito del islam criollo) que no posa los pies sobre la tierra y que se la pasa mirando las estrellas en actitud meditativa (sin el anzuelo ni el balde de Simón el Bobito, alabado sea el Señor). Pero si Quessep piensa mucho y medita mucho, es muy poco lo que nos llega a nosotros de tales ensimismamientos. En realidad, son varios los mitos que proyecta la |otra persona que habla a través del poeta de |El ser no es una fábula. Como no conozco a la persona Quessep, sólo tengo a sus representantes verbales. Y éstos me cuentan varios chismes de sesgo: tener la osadía de presentar a Borges en verso es como hacer la presentación de Pelé -el único, el Rey: Dieguito es un paje a su lado, aunque hiervan mis amigos argentinos- mientras intentamos dominar una pelota en el escenario. Se necesita ser o muy candelejón o muy narcisista, escoja cada quien | 3 . Me da la sensación de que este señor tiene una imagen tremendamente enaltecedora de sí mismo, y sería bueno poner evidencias.

A lo largo de la entrevista, Quessep vuelve una y otra vez a |Canto del extranjero, un bellísimo poema (véanse, por favor, las páginas 45, 47, 56, 57, 61, 64, 70), aunque sentimos que el texto tiene menos un ser en el verbo que una criatura de la que no logra o no quiere desprenderse el poeta. La tiene como al genio en su botellita de whisky. Y Piedad Bonnett enciende los palitos de tales inciensos. Sobre el autor: "...una risa amable y contagiosa que lo ilumina y lo hace bello" y su temperamento es "dulce, de esos que en las mujeres provocan ternura" (pág. 29). Cuidado, Bonnett, cuidado, chica, acá el lenguaje empieza a volverse síntoma... Y a vuelta de hoja, justo en uno de los tomos de |Las mil y una noches, entre la tapa y la guarda "conserva celosamente la fotografía de Claudia, una mujer hermosísima a la que amó alguna vez, y que inspiró su célebre poema..." (pág. 30). Después nos enteramos los lectores de que el autor tiene esposa y una hija de nombre Alicia.

El mito más arraigado es el de sentirse único. Es muy sorprendente que en este libro de 217 páginas hallemos este enigma sintácticosemántico. Atención, lingüistas de la gran Colombia:

|Yo soy una persona que casi no tiene -no compañeros, ni mucho menos, amigos- sino otros poetas que tengan en su poesía la misma inclinación por las cosas que yo tengo. [pág. 49]

El verbo tener y el pronombre que nace en el ombligo se sazonan y se relamen. Entre el yo (yo soy, yo tengo) y la negativa del casi no-tener (no compañeros ni amigos) surgen los ecos que han de ser reflejos sonoros de una -"la misma"- inclinación verbal. El contexto de la pregunta que sigue ("¿una poética similar?") y su respuesta aclara el sentido de la intriga: "Con eso no me estoy autoelogiando ni mucho menos, sino expresando que esa carencia me hace sentir más solo" (pág. 49). Entonces somos testigos de la soledad de G. Q. por ausencia, digamos, de un diálogo con el gremio. "Siento una especie de orfandad", insiste el poeta. Pero lo que se esconde aquí, insisto, es el viejo tema de sentirse único. Una manera bastante sencilla de sacudirse de tanta |univocidad, para G. Q., sería la lectura de los dos libros de José María Eguren: |Simbólicas (1911) y |La canción de las figuras (19 16). La poética de Quessep se presiente de sobra en esos libros del modernista. A esto se le diría en lenguaje popular: "bajate de la nube, poeta". A mí me han sacado de quicio los poetas realistas y militantes de su propia facción: de tan ociosos son incapaces de cumplir las ocho horas de trabajo con una sílaba y proclaman con ingenuidad (digna de un buen sopapo) que la poesía debe "cambiar la realidad", cuando ellos no cambian ni los pañales de sus críos. Pero también me sacan de quicio aquellos que se fingen seres de inocencia extraterrestre y hablan de la poesía como del Santo Grial y a la hora de los loros son capaces de vender su alma por un churrasco con papas fritas.

Otro de los mitos que lanza G. Q. es el del sufrimiento artístico: "...cuando me siento a escribir algo y no puedo" (pág. 45). A lo largo de estas páginas insiste en la contraparte del mito -la genialidad extrema: el parto sin dolor- y nos enteramos de que |Canto del extranjero lo escribió en "cinco, diez minutos" (pág. 47) y el que dice "Alguien se salva por escuchar al ruiseñor" lo escribió "contra la pared del edificio de Avianca en Bogotá" (pág. 48). Quien quiera disfrutar con estos vaivenes de la palabra hecha mitomanía, que oiga estas sirenas (bocinas de camioncito de los Andes): escribir poesía "más bien es doloroso" (pág. 66) frente a "jamás me he propuesto escribir un poema [...] de pronto se me ocurren cosas y el poema se va haciendo..." (pág. 47).

Una persona tan pero tan segura de sí misma sólo puede dedicarse a la enseñanza de los grandes textos. Tenemos así que nuestro autor dicta |La odisea y |La divina comedia con una suficiencia que habría hecho enrojecer a don Alfonso Reyes | 4 . Y en |Carta imaginaria supera en ocurrencias -no podía ser de otra manera- al propio Homero:

|Hace veinte años o más, cuando estuve enseñando La odisea, me decía: ¿Pero a Homero por qué no se le ocurrió decir qué sucedió en Nausicaa y Ulises? ¿ Qué pasó entre ellos? Entonces, ese tema me fue dando vueltas inconscientemente como veinte años, y un día llegué a la casa y, así como está lo escribí. Así, así como está. Ese poema me gusta sobre todo porque ahí me invento una cosa rarísima: Ulises regresa, sí, pero Penélope se ha ido con el rey Antínoo... [pág. 56]

Luego de constatar que Quessep derrocha una vitalidad incansable cuando se trata de sí mismo, entremos en las reflexiones de Juan Manuel Roca sobre el acto creativo. Es un alivio completo. Pero antes digamos que el poeta que "carga cierta fama de belicoso" (pág. 71) es comparado por Piedad Bonnett con "el Rembrandt de la madurez" (pág. 71). Sería justo, pues, preguntarle a Rembrandt si le gusta que lo comparen con Juan Manuel Roca, ¿no? Su conversación es apasionante y no decae en ningún momento. Se nota que la lucha, desde un comienzo, fue contra lo que él llama "la manera naturalista" (págs. 81, 94, 95, 97, 98) en la representación; su obra, entonces, carga el peso de esas batallas. Otro enemigo declarado viene a ser "el dictado de los sentimientos" (pág. 88). Gana la noche, gana la lucidez:

 

| 1 . "El número, escaso, obedecía al tiempo límite del compromiso contraído, que era de un año. Una vez completadas las entrevistas bajo los auspicios del Ministerio, quise hacer otras tres: a Álvaro Mutis, a Rogelio Echavarría y a Mario Rivero..." (pág. IX).
| 2 . "...don José María Ots Cadequí [...] un hombre muy sabio [...] hombre muy puro" (pág. 6); "Luis de Zulueta, hombre muy distinguido, muy fino, muy culto, muy inteligente" (pág. 8); "un gran periodista: Alberto Galindo" (pág. 8); "Antonio García, un hombre muy inteligente" (pág. 10); "...el mejor de todos era Gerardo Molina [...] hombre culto, ponderado, sagaz, inteligente [...] hombre de una inteligencia portentosa y al mismo tiempo fino y hondo" (pág. 10). Estos pocos ejemplos (hay más, claro) nos dan una idea de las exigencias por parte del autor de |Pensamientos del amante.
| 3 . Hasta E B. se da cuenta: "Una bonita idea, Giovanni, pero también una osadía..." (pág. 44).
| 4 . "... sin embargo me quedé dando un curso sobre Dante..." (pág. 48), "yo estaba dando un curso sobre |La divina comedia..." (pág. 69).