Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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Es del tipo de libros que uno disfruta con gran placer

 

Titulo del libro reseñado: Malena

Autor del libro reseñado: |Miguel Méndez Camacho
Editorial del libro reseñado: Alfaguara, Bogotá, 2003, 285 págs.

 

Miguel Méndez Camacho (Cúcuta, 1942) ha sido conocido en nuestro medio sobre todo como poeta. En el género poético ha publicado varios títulos:  |Los golpes ciegos, Poemas de entrecasa e Instrucciones para la nostalgia. Es abogado, ha sido alcalde encargado de Cúcuta, profesor universitario, periodista y diplomático. Tiene también dos libros de artículos, crónicas y reportajes,  |Papeles y Perfil y palote, que ha reunido y ampliado bajo el título de  |La alegría de escribir. Malena es, según se nos informa en la solapa, su primera novela.

Malena Figueroa es una muchacha colombiana, de una población ficticia -San José de los Vientos, o de los Infiernos-, en la que reconocemos a Cúcuta, que llega al balneario uruguayo de Punta del Este, con un grupo de turistas, en una excursión, y entra a probar suerte, con unas fichas de cortesía, en un gran casino: el San Rafael. Luego sabremos que Malena se ha camuflado en este grupo, pues ha estado buscando a su padre por Buenos Aires y Montevideo y alguien le ha dado la pista de que Anselmo, tal es el nombre del aventurero y seductor que la engendró, trabaja en ese garito. Al entrar en las salas descubre rápidamente que uno de los elegantes hombres del casino que atiende las mesas de juego es, con los cambios que hacen los años, su padre. Malena sufre una fuerte emoción que la hace trastabillar y, por azar, pone las fichas en unos números en el tapete de la ruleta, resultando ganadora de manera absurda. Viene luego el reconocimiento y el enfrentamiento lógico con Anselmo, las recriminaciones y una relativa reconciliación posterior. Malena le sale con la historia de que ha ido a buscarlo porque Rosalba, su madre, está muy enferma y requiere una operación urgente, para la que hace falta una suma de dinero de la que la familia no dispone y que él, por el antiguo vínculo y por la falta de solidaridad durante la crianza de la muchachita, debe ahora asumir. El hombre se ofusca, patalea, rezonga y acaba diciéndole a su hija que puede facilitarle algo más de mil dólares, como para salir del paso. Es después de un asado en una cabaña en la playa con varios compañeros de trabajo de Anselmo cuando a nuestra protagonista se le ocurre la gran idea: timar entre todos al casino. Al comienzo Anselmo se ofende, niega de plano toda posibilidad de hacerlo, pero va ablandando hasta que comienzan a planearlo todo con rigor. Uno de ellos lleva hasta la cabaña de la playa una ruleta y comienza a darle clases a Malena de cómo es el asunto. Los cuadrantes, las puertas, en qué lugar poner las fichas para protegerse o al menos no perder mucho, de qué manera se harán los guiños para que ponga las fichas en los números establecidos con anterioridad y en el que ha de caer la bolita para alzarse con una buena suma. El otro, El Mago, quien no desmerece para nada su remoquete, es un genio para darle el efecto a la pequeña esfera y hacer que caiga en la casilla que él quiera. Lleva muchos años en el oficio, y justamente el casino lo ha contratado para que maneje la ruleta y evite mayores pérdidas para la casa. Pero las clases no son sólo de cómo jugar a la ruleta. También le enseñan cómo comportarse con clase y naturalidad, qué ademanes debe asumir, y le dan además un dinero para el corte de pelo y el maquillaje en la peluquería más famosa del balneario y para comprar el traje y los accesorios para la noche señalada. En medio de todos estos preparativos, Malena ha iniciado una coquetería sutil con Julián, uno de los miembros de la tropa del casino. Llega la noche. Todo está preparado paso a paso, pero, obviamente, no faltan los detalles que hacen que el libreto sufra modificaciones de última hora. Nuestra amiga, de los puros nervios, se pasa de copas y por poco la embarra. Sin embargo, al final de la jugarreta, Malena le gana al casino una suma interesante. El gerente desconfía, trata de enredarle el pago, pero nada puede hacer. Malena, una vez repartidas las ganancias entre la banda, regresa a su San José de los Vientos o de los Infiernos y vuelve a llevar su deplorable vida provinciana, con un empleíto en un banco, un noviecito insípido y mofletudo, con su madre resentida e hipocondríaca. Ya nada de su vida pasada le hace gracia. Ya ella conoce mundo, sabe que es atractiva, conoce muy bien la elasticidad de sus límites morales y éticos. Su padre la llama varias veces para preguntar por los resultados de la supuesta operación de Rosalba. Pero no sólo llama Anselmo; también Julián comienza a llamar, y lo que allá eran escarceos ahora, vía telefónica, se vuelve una pasión desbordada. Malena renuncia a su trabajo, bota a su novio y, junto con Mimí, su mejor amiga, deciden que van a montar un bar. Una idea comienza a rondarla: ¿por qué no volver a hacer lo del casino, pero mejor hecho, para esta vez sí sacar una cifra que garantice del todo un porvenir? Llama a la gente de Punta del Este y todo el mundo le dice que está loca, que una vez se puede hacer, pero que ya dos veces significa "pasar la vejez en una celda vestidos de cebras". No importa qué opinen sus compinches, ella se las ingenia para persuadirlos y cualquier día viaja a Buenos Aires, donde es recibida a escondidas por Julián para consumar su amor aplazado y seguir camino a Punta del Este para organizar en todos sus detalles la gran estafa. Decide hacerse entonces unos cuantos retoques en la cara y en el cuerpo, pasando por las manos de un famoso cirujano plástico que hará de ella una mujer distinta de la que ya ganó una buena cantidad al casino anteriormente. Luego recibe lecciones de  |black  jack y de punto y banca para tener distintas alternativas de juego una vez llegue la hora. Dejemos hasta ahí el recuento de la trama de esta novela, pues no me parece justo con el autor ni con el lector hacer la patanada de adelantarles el final. Digamos, en todo caso, que el novelista sabe salir airoso en el desenlace de los hechos. Cabe agregar que Malena tiene ciertas veleidades literarias y que lleva un diario -que aparece en bastardilla intercalado en el texto-, en el que anota todas sus impresiones acerca de los hechos que van sucediendo. El recurso no es del todo nuevo, pero logra darnos una parte que faltaría a la narración: esa voz interior que es el resorte que impulsa todas las determinaciones tomadas por Malena.

En mi modesto criterio,  |Malena -llamada así como homenaje al tango de Homero Manzi- es una novela lograda. Lograda sobre todo porque sabe mantenernos interesados en los acontecimientos, en los hechos que relata, y porque cumple con una regla de oro de toda literatura: sabe ser entretenida. Méndez Camacho imprime la suficiente tensión para que el lector se interese y no abandone su lectura. La prosa fluye con gran naturalidad, su forma de intercalar los capítulos, los diálogos y los tiempos es de una habilidad que uno realmente desconfía de que sea su primera novela. Es probable que el autor tenga otras obras guardadas en una gaveta, como tantas veces ocurre. Se nota, en todo caso, que no es la obra de un principiante ni en la vida, ni en la escritura, ni mucho menos en el juego. Su conocimiento en ese aspecto es asombroso: no sólo conoce el ámbito de los casinos a la perfección, la psicología de los jugadores -la de los ganadores y la de los perdedores-, sino que conoce el otro lado, el de los crupieres y el de los talladores y el de los dueños de los casinos... Pero debemos anotar que a la tensión y al azar del juego, Méndez Camacho agrega el azar del delincuente, del timador, llevando la psicología del jugador a extremos paroxísticos. Las cavilaciones que a través de sus personajes hace el autor sobre el juego, inevitablemente hacen que venga a nuestra memoria Alexéi Ivánovich, el inolvidable personaje de Dostoievski. En cada página el lector suma a la fiebre del juego el ardor de otra apuesta, convirtiéndose a la postre en una metáfora del delirio de vivir. Porque Méndez es un autor vital, un poco al estilo de cierto Henry Miller, descarnado y rudo, que no está para dorarle la píldora a nadie y que tiene muy claro cuáles son las reglas de ese juego, entre divertido y macabro, que es la vida.

No sé si Méndez Camacho conozca una novela del argentino José Pablo Feinmann,  |Ni el tiro del final, pero encuentro alguna cercanía en las narraciones y en la forma de asumirlas. Es la historia de unos timadores desastrados deambulando por las poblaciones en los alrededores de Buenos Aires, echando mano de lo que resulte, en medio de traiciones y deslealtades, para poder vivir.

En cuanto a la edición hay que decir que es una edición bonita, que las líneas para separar párrafos entre los capítulos con tréboles, o picas o corazones de baraja es una idea bastante acertada, pues son discretas, apenas perceptibles. Tal vez habría que anotar que los correctores de las editoriales suelen ser demasiado acuciosos. Por ejemplo, en la página 189, estando Malena en cita con el cirujano plástico, éste le explica en qué consisten las operaciones y las incisiones que va a hacer en su cuerpo, y al llegar a los senos habla de un corte en la "aureola", en vez de areola, como con toda seguridad escribió Méndez Camacho, pues él conoce el cuerpo femenino, y la palabra exacta para designar cada uno de sus rincones. Aunque, claro,  |¡el seno es vaso santo!

No es improbable que  |Malena llame la atención de algún director y que sea llevada al cine. Tiene todos los elementos para que se haga una buena película. Por lo pronto podemos decir que es de ese tipo de libros que uno disfruta con gran placer, echado en una hamaca, oyendo el tintineo del hielo dando vueltas en el vaso de jugo de toronja con ginebra, mientras las libélulas revolotean rozando la superficie de la piscina. Nada mal como plan.

 

FERNANDO HERRERA GÓMEZ