Cómo se va derrumbando la armonía
Titulo del libro reseñado: Los caballitos del diablo
Autor del libro reseñado:
|Tomás González
Editorial Norma, colección La Otra Orilla, Bogotá, 2003, 178
págs.
Desde el primer párrafo, Tomás González nos presenta a quienes
van a ser los personajes centrales de su novela
|Los caballitos
del diablo. Ella, Pilar, liviana como un pájaro y quien se ha
aficionado mucho a las joyas, y él, su marido, de quien nunca
sabremos el nombre y a quien siempre se referirá el narrador con
epítetos, como "el que hoy se pierde entre las
plantas", o "el que desaparece hoy entre la
exuberancia de sus cuatro cuadras"; "el que hoy
se pierde como fantasma entre árboles y jardines"... en
fin, epítetos que lo hacen parecer aún más huraño y misterioso.
Alrededor de esta particular pareja se va narrando, como en un
telón de fondo, una historia familiar, en la que no es propiamente
el amor el que une a los hermanos, sino la desconfianza, el
resentimiento, el odio y las murmuraciones. Cuando el padre muere,
"el que se esconde entre los matorrales" les
compra los derechos del negocio a casi todos los hermanos,
"barato, pues en ese momento nadie quería
manejarlo", lo que resintió después a Emiliano, el mayor.
Éste tenía treinta y cinco años y era rico, dueño de una hacienda
algodonera en el Valle del Cauca, pero quien lo desprecia y lo con
sidera ladrón y deshonesto; David, el menor, quien vive en Francia
y es el inútil de la familia, que regresa dos años después igual
que como se fue; ni siquiera aprende a hablar el francés; las
hermanas, casadas, quienes viven en Bogotá; finalmente J., el
menor, quien no vendió, sino que alquiló su parte por una suma
baja.
Una vez hereda, nuestro personaje decide comprar una tierra en
las afueras de Medellín a una viuda que tiene un hijo pervertido,
Aníbal, que se lleva a los muchachitos a los cafetales para
violarlos y quien se opone a la venta de la tierra. Cuando Aníbal
es cogido, encarcelado y condenado, se hace el negocio con la
madre. Con la tierra en su poder, viaja a al Valle del Cauca a
vender lo que allí tiene y a casarse con Pilar.
Empieza entonces un proceso de construcción de la casa y de
siembra de la tierra que se va tejiendo con los problemas y
desgracias familiares y con la violencia que va aumentando en el
país, reflejada en lo que pasa en el pueblo y en los alrededores de
la casa. Pero también empieza un proceso de encierro de la pareja y
de ensimismamiento "del que hoy desaparece entre las
plantas", hasta terminar convertido casi en un animal que
se mueve entre los ramazones.
Entre episodio y episodio aparece la madre, como una voz que
recuerda aquellos felices días cuando los niños estaban pequeños y
se querían o, al menos, todo aparentaba estar en armonía. Al
referirse a J. y a su hermano (es decir, a nuestro personaje sin
nombre), dice:
|No se separaban nunca, como si fueran mellizos [...] ¡pero
eran tan distintos! Los dos eran buenos estudiantes, pero J. vivía
en la estratosfera y andaba siempre como mirando para otras partes.
Hizo segundo y tercero al mismo tiempo, porque el otro estaba en
tercero y en la casa hacían las tareas juntos... [pág. 44]
Así como se va enmarañando la casa cercada por enredaderas y
cercos, así mismo se complican las relaciones entre los hermanos.
J. termina por no hablarse más con su hermano y compra una finca en
Turbo. La madre escucha rumores cada vez más alarmantes sobre las
borracheras tanto de Emiliano como de J. Ambos, cada uno en su
momento y en diferente circunstancia, mueren asesinados. Emiliano
aparece muerto en su carro con varios tiros y a J. lo matan en su
finca de Turbo.
Con una construcción tan elaborada y minuciosa como la de la
finquita de la pareja, Tomás González arma un retrato de la
sociedad de Medellín y del país, de los años setenta, y el
deterioro que se va dando. Empieza poco a poco a manifestarse la
violencia encarnada en los asesinatos no sólo de los hermanos, sino
de varios de los miembros de la familia campesina que son vecinos y
ayudantes de la pareja, y en los cadáveres anónimos que van
apareciendo en las zanjas.
González utiliza recursos muy acertados para darle contexto a
ese mundo privado y volcado sobre sí mismo como el que ha
construido la pareja. Lo hace como pinceladas que se repiten cada
tanto, como un
|Leitmotiv:
|En los cafés y en las plazas la gente hablaba de cheques
devueltos, utilidades, porcentajes. Los vendedores de mangos verdes
tasajeaban frenéticos los mangos. Los vendedores de piñas las
pelaban y tajaban con cuchillos grandes, extraordinariamente
afilados, y colocaban las rodajas en pilas nítidas y brillantes que
eran atravesadas por el sol. [pág. 39]
Esta misma imagen se repite varias veces durante el transcurso
de la novela, pero con ligeras variaciones, que van aumentando en
alusiones a la violencia y al deterioro, como por ejemplo:
|Abajo, en los cafés, la gente hablaba de asesinatos, cheques
devueltos, porcentajes. El río fétido bajaba por su lecho de
cemento... [pág. 51]
También las alusiones a una realidad que va perdiendo sentido y
certeza las hace el autor, entretejidas con la trama de los
problemas familiares y de la extraña relación de la pareja. Así es
como durante el transcurso de la novela el lector asiste a varios
velorios y entierros. Cada tanto hay un muerto que
"salpica" la aparente paz de un hombre que
intenta resistir a ese derrumbe, encerrándose.
En
|Los caballitos del diablo, González nos muestra cómo
se va derrumbando la armonía, tanto de la familia como del país; y
esto va paralelo con el encierro y el aislamiento de la pareja en
medio de la naturaleza, hasta prescindir prácticamente de toda
relación humana. "El que se esconde entre las
plantas" se convierte en un icono de rebeldía frente a esa
sociedad degradada, violenta, en la que es imposible construir nada
ni entablar sanas relaciones humanas. La opción es la naturaleza. Y
en su descripción hay un despliegue que resulta muy gratificante al
lector: cómo poco a poco va sembrando todo tipo de plantas, de
árboles frutales, de enredaderas, de flores que son nombradas,
algunas hasta con sus denominaciones científicas.
|Se sembraron yucas y piñas entreveradas en el cafetal,
malanga y ñame bajo los pomarrosos. Y una enredadera de hojas
verdes aterciopeladas (Philodendrum andreañum) conforma de corazón,
venas blancas y anverso velludo y purpúreo se trepó en el aguacate
de la Florida con un vigor que parecía venir ininterrumpido desde
los comienzos del mundo. [pág. 73]
Ese aparente paraíso creado por la pareja es verdaderamente un
infierno. Sobre todo para el hombre, "el que se esconde
entre las ramas", quien cada vez está más enfermo del
estómago, vomita lo que come y tiene un semblante verdoso que lo
hace parecer un cadáver viviente. Todos, la mujer y los dos niños,
aparecen flacos y mal alimentados, a pesar de estar rodeados de
comida sembrada en la propia tierra.
Está muy bien representado el mundo del chisme familiar,
encarnado en la tía con su hija solterona, quienes los visitan de
vez en cuando y salen de allí escandalizadas, pues cada vez
comentan lo que les parece una extravagancia de la pareja.
Nuestro personaje tiene conciencia crítica frente a esa vida
familiar y frente al mundo en general; es incapaz de transformar
ese mundo que no le gusta pero, a la vez, incapaz de adaptarse. Por
lo que decide encerrarse y crear un mundo ficticio.
El lenguaje utilizado por González es cuidadoso y preciso. Hace
uso de las metáforas y los símiles de una manera muy personal, lo
que caracteriza su estilo: "Ambal no se quitaba nunca una
ruana que tenía el
|color
|polvoriento de las
mariposas
|nocturnas" (pág. 11), o símiles como
éste: "Más tarde los policías despanzurraron de un balazo
el candado,
|gordo como una tortuga" (pág. 11).
"...con el mismo juego de llaves, que en el momento de su
muerte eran delgadas ya,
|como hostias de cobre"
(pág. 14).
También son muy utilizados los epítetos, no sólo para referirse
"al que se esconde entre las plantas". Al hablar
de Pilar dice: "Pilar, la que se parece a un
ave"... (pág. 10).
|Los caballitos del diablo es una novela con una
estructura bien armada, en la que se pueden identificar los
recursos utilizados para producir los efectos deseados: epítetos,
símiles, párrafos que se repiten como un estribillo pero con
ligeras variaciones, la voz de la madre que aparece cada tanto,
etc. Es una novela escrita con una aparente sencillez, también en
el lenguaje, pero detrás, en un estrato más profundo, se esconde un
mundo extraño, misterioso, encarnado sobre todo en las
personalidades de los dos miembros de la pareja y en su encierro.
La caracterización de los personajes logra darle a la novela un
matiz psicológico que deja pensando al lector en las diversas
interpretaciones que se le puede dar a esa hermética pareja
alcanzando un nivel simbólico que enriquece la obra.
Tomás González ha publicado otras novelas, como
|Primero
estaba el mar, Historia de Horacio, y
|Para antes del
olvido, ésta última ganadora del V Premio Nacional de Novela
Plaza y Janés, 1987. También tiene una colección de cuentos
titulada
|El rey
|del Honka Monka y el libro de poemas
|Manglares.
BEATRIZ HELENA ROBLEDO
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