Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

Alta traición

 

Titulo del libro reseñado: Los informantes

Autor del libro reseñado: |Juan Gabriel Vásquez
Editorial del libro reseñado: Alfaguara, Bogotá, 2004, 402 págs.

 

Tras el debut precoz que significó  |Persona (1997), la fallida -quizá necesariamente fallida-Alina suplicante (1999) y el virtuosismo del volumen de cuentos  |Los amantes de Todos los Santos (2001), Juan Gabriel Vásquez publica su tercera novela, titulada  |Los informantes, novela que supera con madurez el alto nivel alcanzado como narrador en su ópera prima y obliga a pasar por alto los logros relativos y los errores de su segunda obra. Vásquez ha publicado además cuentos en diversas revistas y antologías, algunas traducciones, así como el volumen  |Joseph Conrad, el hombre de ninguna parte (2004).

Sugestiva y admirable,  Los informantes parece ser una de esas historias sobre el desarraigo judío tan bien narradas en  |Sefarad por Muñoz Molina; con similar aliento, la novela de Vásquez explora en forma tangencial e indirecta el Holocausto y sus ecos en Colombia. El escenario de la segunda guerra y de Europa central se traslada al altiplano cundiboyacense, un sogamoseño traiciona a su amigo colombiano de origen alemán; una judía amiga de ambos es testigo. Al fondo resuena la segunda guerra mundial, en primer plano la Colombia de principios de los años cuarenta. Alrededor de Duitama nace una amistad entre tres jóvenes. Asistimos así a una variante colombiana del conflicto universal, que se prolonga, como las secuelas de la guerra misma, hasta los descendientes de los protagonistas.

  |Los informantes plantea un choque entre un padre y un hijo, que comparten el mismo nombre: Gabriel Santoro. Sin embargo, el choque va más allá del prosaísmo de lo generacional, adentrándose en los conflictos secretos e íntimos del padre y en el descubrimiento de ellos por parte de su hijo, un periodista que hacia finales de 1988 publica  |Una vida en el exilio, libro por el cual el padre, abogado y profesor de oratoria, se siente traicionado, lo que lo lleva a redactar y publicar una reseña negativa; el libro, hecho con la transcripción de unas conversaciones, contiene la historia de vida de Sara Guterman, judía alemana que llegó a finales de la década de los treinta con su familia a Duitama y amiga de Santoro padre desde la juventud.

El drama familiar de algunos de los cuentos del autor y de  |Alina suplicante es revivido en  |Los informantes. Acá, un padre "modélico" y su hijo viven la crónica de la impostura familiar. Los Santoro no acostumbran verse. La ausencia de la madre es el nexo que no se evoca y otra razón para la lejanía entre padre e hijo. Un vínculo tenso, difícil al comienzo, después respetuoso aunque distante, una familia que en última instancia vuelve a serlo gracias a la enfermedad del padre y a Sara Guterman, amiga de ambos y presencia que enemista en principio para después convocar.

  |Los informantes es la novela de unas vidas, hecha con entrevistas a testigos o "informantes", en la cual las vidas de estos se ponen en juego, un juego en última instancia social, donde lo que se dice es tan importante como lo que no se dice. Donde el imperio del sobreentendido evita remover los escombros de la memoria, donde los seres superponen sobre el rostro las máscaras de la conveniencia, y donde al final sólo queda el legado de una cómoda vida profesional y de una errática e intensa vida vívida recordada en la vergüenza del silencio.

La novela está compuesta por dos partes; por un lado está "Los informantes", autobiografía dentro de la novela, escrita por Gabriel Santoro hijo y fechada para la ficción en 1994, y sumado a ésta, la "Posdata de 1995". "Los informantes" está dividida, a su vez, en cuatro partes: "La vida insuficiente", "La segunda vida", "La vida según Sara Guterman" y "La vida heredada". En esta autobiografía, el periodista Gabriel Santoro, informante de su propia vida, cuenta la historia de él y de su padre, desde que a éste le ordenan una operación del corazón hasta que, tras su muerte, se hacen públicos sus secretos.

La primera parte trata de un pasado de carencias, de las vidas personales, de las tensiones y de la aproximación -ante la probable cercanía de la muerte-, del padre pródigo a su hijo para enmendar los errores del pasado: "Viéndolo tan reducido, nadie, ni siquiera su propio hijo, hubiera adivinado la revolución privada que se estaba comenzando a formar en su cabeza" (pág. 53). La segunda parte comprende los seis meses desde la operación hasta la muerte de Santoro padre. En esta segunda vida asiste el lector, con Santoro hijo, al encuentro de las razones por las cuales el padre recibió tan mal  |Una vida en el exilio, y por qué Sara Guterman jamás lo nombró en las grabaciones. El periodista recuerda la ocasión, poco tiempo después de publicado su libro, en que, colado a una de las clases de oratoria de su padre, le escuchó decir unas palabras que cree dirigidas a él y que su padre en el fondo se está diciendo a sí mismo: tras el ropaje de víctima se esconde la piel de un delator. Para enmendar las fallas entonces, a una vida insuficiente se le da la opción de una segunda vida en la que los Santoro invertirán sus roles y el hijo comenzará a cuidar del padre, y en la que éste reconocerá esa segunda oportunidad que le está dando la vida amenazando con quitársela; esa situación le lleva a pedir disculpas por la reseña; el hijo, que asiste al llanto del padre, a la intuición de su secreto y a su muerte, le permite además a Vásquez parafrasear al Martin Amis de  |Experiencia: "Estaba solo; no había nadie más entre mi propia muerte y yo" (pág. 123). En "La vida según Sara Guterman", y gracias a ella, Santoro hijo esclarece el misterio del pasado, la vida familiar y de juventud de su padre, su amistad con Sara y con Enrique Deresser, y sobre todo la verdad que rodea la mutilación de su mano derecha. En "La vida heredada", Angelina, fisioterapeuta y última amante del abogado, traicionada y traidora, se encarga de revelar en público los detalles del pasado del difunto, que el periodista ya conoce por Sara. A Santoro hijo estas revelaciones públicas del pasado oscuro de su padre le marcan su vida privada y lo motivan a redactar su informe. En la "Posdata de 1995", muerta Sara Guterman, el periodista recibe una invitación a Medellín de parte del pasado de su padre; gracias a esa visita, el periodista Gabriel Santoro completa su crónica con la voz del último de los informantes.

Los hechos a los que se remite la memoria de los personajes ocurren entre finales de los años treinta y principios de los cuarenta, por la época y en las circunstancias descritas por Alberto Donadío y Silvia Galvis en  |Colombia nazi. En la tradición literaria colombiana, ya otros textos han recreado la época, con temáticas y protagonistas similares, en torno a la inmigración alemana y judía a Colombia antes y durante la segunda guerra mundial, si bien en sus variantes de violencia rural:  |El jardín de las Hartmann (1979) de Jorge Eliécer Pardo; de espionaje tropical:  |Deborah Kruel (1991) de Ramón Illán Bacca, y de asimilación y acumulación urbana:  |El rumor del astracán (1993) de Azriel Bibliowicz, aunque con resultados desiguales; la novela de Pardo, que acumuló tres títulos diferentes y que intenta ser una versión erótica de novela de la Violencia, es muy ambigua frente a su material, ya que de las hermanas que cuidan un jardín en el campo, alemanas con apellido judío y que van a misa los domingos, el lector termina sin saber si son nazis o judías, católicas o protestantes. Mejor lograda y más divertida que la anterior, la novela del samario menciona de pasada el hotel de concentración de nacionales de los países del eje en Fusagasugá, además de especular sobre una red de espionaje en la costa norte colombiana durante la segunda guerra mundial. Por último, la novela de Bibliowicz es una epopeya urbana acerca de algunas de las primeras familias de judíos en Bogotá. Sin embargo, si hay un texto en nuestra literatura bien cercano en lo temático  a |Los informantes, es |Los elegidos (1953) de Alfonso López Michelsen, novela narrada en primera persona, en la que asistimos al esplendor y caída del señor B. K., ciudadano alemán, judío por vía materna, quien durante la segunda guerra mundial es denunciado por Fritz, su primo colombiano, ante el consulado norteamericano, incluido en la "lista negra" y confinado en el hotel Sabaneta, y quien desde allí, tras la irremediable traición de su sangre, redacta en tono proustiano  |Por el camino de La Cabrera, en donde narra sus memorias de los tiempos, "cuando el espionaje remunerado se abrió camino precisamente en donde menos se podía esperar que se traicionara la amistad, [...] nadie podía estar seguro de que su conversación privada llegara a ser conocida en los altos círculos políticos, porque en las casas, en los clubes, en los restaurantes, no faltaban los soplones para divulgar lo que conseguían saber al amparo de la amistad".

Volviendo al objeto de esta reseña, hay que decir que a lo largo de su obra, sin complejos ni ambages, Vásquez pasa de lo local a lo foráneo sin caer en las trampas de lo provinciano ni de lo exótico. Como su libro de cuentos "europeos",  |Los informantes es un libro ambicioso, local como  |Alma suplicante y universal como | Persona. Sin embargo, en | Los informantes la descripción urbana de Bogotá no suena falsa ni afectada por la distancia. Ya no existe el afán de precisión en los recorridos urbanos, carentes de verosimilitud por lo exagerados, de su segunda novela. Bogotá y Medellín son las ciudades en donde viven los personajes de  |Los informantes, pero en ella no se evidencia el tan notorio prurito de hacer una novela "urbana". Acá no está el autor tan interesado en hacer viñetas de ciudad que por intención de exactitud pierden en precisión y sabor y, por el contrario, resultan en exceso naturalistas.

Por tratarse de una crónica periodística autobiográfica, la novela es rica en fuentes documentales y en ella se encuentran diversos registros: el texto en sí de la novela, los ecos de las grabaciones con la voz y las vidas de Sara Guterman, la reseña de Santoro padre sobre el libro de Santoro hijo, el libro dentro del libro, la posdata de 1995, la carta de Margarita Lloreda a los senadores y las de Konrad Deresser -ordenadas a la inversa de la flecha del tiempo- desde Fusagasugá, un fragmento del panegírico en los 450 años de Bogotá, la primera parte de  |Una vida en el exilio, titulada "El hotel Nueva Europa", la conversación telefónica entre Angelina y Santoro hijo, y las charlas de éste con Sara y con el hijo y el nieto de Konrad Deresser.

Dos tipos de tensión maneja esta novela que contribuyen a su atractivo; por un lado estaría la tensión profesional entre el Derecho con mayúscula y el periodismo con minúscula, en una relación en la que el periodista termina enderezando al abogado, aunque más que aptitudes profesionales se tratan aquí actitudes vitales: la amistad, la lealtad, la confianza, la complicidad, la traición, la delación, la ruina. Y por otro, una tensión más propia de la escritura, y que tiene que ver con la administración de la información; es grato para el lector ir descubriendo los misterios y malentendidos sobre el secreto, sobre quién es la víctima y quién el verdugo, sobre la historia verdadera de la mutilación y sobre las razones para la traición.

  |Los informantes es la consolidación temática del microcosmos de ficción de Vásquez. Acá de nuevo los personajes son relatores de sus propias vidas y de la de sus familiares y amigos, víctimas del pasado y de los afectos de ese pasado, de las vivencias en apariencia olvidadas, pero que albergan recuerdos dormidos y secretos hundidos que despiertan y emergen desde la evocación del presente; unas historias cargadas de pasado de personajes cargados de recuerdos, dramas burgueses de crímenes, juicios, pecados, errores, traiciones, secretos; separaciones, partidas, dramas cotidianos narrados sin autocompasión, crueles, crudos, edificantes; personajes que viven en la reflexión constante del oficio de vivir, y sobre los cuales el peso del pasado y de lo no recuperable cae sobre la conciencia y la remueve y aquellos fotogramas refundidos deliberadamente en el pasado, los fragmentos perdidos de memoria, vuelven para ajustar cuentas. Sin embargo, esta novela también es la ratificación de un estilo personal. Vásquez tiene una manera sutil y pudorosa de narrar lo íntimo, indirecta, precisa, minimal y luminosa, y exhibe una prosa lograda con la tenacidad de un artesano y con la sencillez de un artista verdadero, capas de frases sobrepuestas unas a otras, que se funden y confunden, y que adquieren la solidez artística de una pieza de papel maché.

Sin embargo, y pese a los aciertos visibles de esta novela, a la tensión y a la hondura de narrador ratificado en esta pieza hay un defecto evidente de carpintería que le resta soltura argumental. El recurso de reconstruir una entrevista televisada es chapucero y facilista. Si bien, era difícil articular en el cuerpo del texto el conocimiento de la delación hecha por Angelina sin hablar con ella, hubiera podido solucionarse en forma diferente: con una transcripción textual de la entrevista o que esta hubiese aparecido en un medio escrito o ampliando el encuentro telefónico entre Angelina y el periodista. Pero el error no empaña las virtudes del novelista. La literatura colombiana tiene hoy en Vásquez uno de sus más disciplinados y talentosos representantes.

 

CARLOS SOLER