Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
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Una prosa tensa e intensa

 

Titulo del libro reseñado: Tamerlán

 - NarrativaAutor del libro reseñado: |Enrique Serrano López
Seix Barral, Bogotá, 2003, 280 págs.

 

La literatura contemporánea es en buena parte una literatura de modas. Basta con que un autor tenga éxito de ventas con una obra sobre un tema determinado, para que durante ese mismo año aparezcan veinte obras distintas con los mismos ingredientes del  |best seller aludido, cuyos autores "casualmente" estaban trabajando en el mismo asunto. Así, las librerías y las editoriales funcionan a base de migratorios  |microbooms, que tienen una esperanza de vida igual al tiempo que se necesita para saturar de un tema a los lectores. Aunque cada  |microboom tiene una o dos obras mayores que seguramente serán leídas dentro de varios decenios, la gran mayoría de las obras son tan efímeras como el  |microboom en que nacieron, pues las más entre ellas surgieron del mismo ánimo mercenario que ostentan las editoriales particulares que financian esos "fenómenos del mercado" de nuestros días.

En resumen, al parecer la industria editorial descubrió que, antes incluso que autor o estilo, lo que vende es el tema. Así, tenemos el fenómeno del narcoterrorismo, por lo que ya podemos hablar -sin importar lo terrible que suene- de una "literatura sicariesca colombiana". En Francia, por su parte, está la literatura sobre temas sexuales, generalmente "autobiográfica", donde las editoriales compiten con orgías e incestos por el "escándalo del año", dado lo cual inundan el mercado con publicidad y artículos periodísticos desde antes de que el libro mismo esté listo. Dentro del mismo orden estaría la literatura de autosuperación, pionera de los  |microbooms y la mayor en ventas (así como la menor en calidad). Finalmente, para dar un último ejemplo, está la "novela histórica", un género que llena numerosos estantes de las librerías contemporáneas, y que constituye un caso bastante particular, pues tiene antecedentes tan ilustres como Stefan Zweig -inclusive, de alguna manera, el mismo Shakespeare-, pero en nuestros días se ha convertido en un género producido en forma industrial, con unas reglas fijas que buscan satisfacer a la media de los lectores y, por lo tanto, con una calidad literaria generalmente baja... Es decir, aunque la "novela histórica" tiene una tradición de larga data a sus espaldas, sólo en nuestros días se ha convertido en un  |microboom.

La maldición de las modas literarias ha hecho que muchos lectores, cuando estamos en una librería curioseando entre los estantes, compremos libros sólo si sabemos que no son parte de un  |microboom. Por eso, quizá lo primero que podríamos decir de la novela  |Tamerlán de Enrique Serrano es asegurarle al lector exigente que NO pertenece a ningún  |microboom... Si la mayoría de las obras de las modas literarias son chicles que se mastican un rato y luego se botan sin que dejen nada en el estómago y sólo un sabor artificial en la boca,  |Tamerlán es una cena pesada, que sólo se puede disfrutar a plenitud si se ponen los cinco sentidos en ella. Es más: es una novela que reflexiona sobre temas inaprensibles, provocando más dudas que respuestas en el lector (lo cual es, en definitiva, lo que caracteriza a la gran literatura).

Dado que  |Tamerlán es una novela que tiene como base una figura histórica (Timur Leng: "el cojo de hierro", fundador del imperio timúrida, más conocido en Occidente como Tamerlán), resulta interesante compararla con las obras del  |microboom de la "novela histórica", las cuales suelen tener varios elementos en común, que no son, sin embargo, característicos de la obra de Serrano. Primero, las "novelas históricas" suelen tener una estructura lineal o cuando más circular (uno de los recursos más comunes es que el personaje está a punto de morir o de ser coronado -que para el caso es lo mismo- y recuerda su vida); la estructura de  |Tamerlán, en cambio, está construida con base en una serie de cartas donde el tiempo salta de acuerdo con los caprichos del remitente. Segundo, la  |acción en las "novelas históricas" ocupa un lugar central, pues son el choque de las espadas, los suspiros de las cortesanas o las conspiraciones palaciegas los que mantienen despierto al lector; en  |Tamerlán las batallas, los romances y la intriga política misma son tratados con una mirada contemplativa, como si su función fuera tan sólo servir como ejemplos del tema sobre el cual se reflexiona. Tercero, la psicología de los personajes en las "novelas históricas" es, cuando más, superficial, por lo cual los personajes resultan caricaturescos; en Tamerlán, como sucede en toda novela psicológicamente compleja, los personajes nunca acaban de ser transparentes ni sus acciones completamente explicables. Cuarto, el exotismo, que es uno de los "ganchos" de la "novela histórica", aunque presente en  |Tamerlán, cede paso en la obra de Serrano a aspectos que trascienden lo local. En cuanto al quinto elemento, las fanfarrias de la gloria, ese aliento épico tan presente en la "novela histórica" común, es de hecho puesto en entredicho en  |Tamerlán, pues al fin y al cabo ésta es la novela de un hombre inmenso que fue capaz de construir un reino de la nada, pero también la historia de la fugacidad de los imperios, de lo efímero de nuestras construcciones, pues aun cuando Tamerlán fue capaz de vencer durante su vida, fue incapaz de garantizar un futuro para su obra después de su muerte.

|Sólo el tiempo nos podrá confirmar lo que ya sabemos en el fondo de nuestras almas, esto es, que el imperio es inútil y que las fuerzas que lo conformaron son las mismas que lo harán fenecer. La sucesión del trono del Khanato Chagatai y de sus casi infinitos reinos tributarios supera nuestras fuerzas y las de nuestros hijos sin remedio. Sé que perderemos lo que hemos ganado y que pronto seremos avasallados por los que hoy gobernamos. Quien ha llegado a la cima ya no puede continuar allí; esa gloria tiene que ser para otros y renunciar a ella con nobleza y alegría es un gesto majestuoso y conveniente. Timur lo sabía perfectamente y por eso su semblante severo reflejaba también una tranquila resignación, que no se subleva frente a lo inevitable. Lo que no puede ser no debe ser. Desearlo es pura insensatez. [pág. 189]

De hecho, entre las reflexiones que  |Tamerlán intenta provocar en el lector, hay una que sobresale: ¿porta la grandeza su propia ruina? Un recorrido por la historia nos muestra que es un hecho frecuente: el enorme imperio de Alejandro Magno, como el de Tamerlán, se descompuso casi con tanta rapidez como el cuerpo del conquistador macedonio, muerto a sus 33 años. Para mantener sano a un imperio se necesita una provisión constante de hombres de espíritu gigante, que por su misma grandeza no son comunes (por ello podemos decir que Bruto y Casio tuvieron razón al asesinar a Julio César cuando trataba de coronarse emperador: la república es el mejor gobierno ante la realidad de la medianía de los hombres). Pero en  |Tamerlán, Serrano no se contenta con dar ejemplos sucintos del fracaso de los imperios -como acaba de hacer el autor de esta reseña-, sino que nos hace experimentar el peso de ese fracaso, sentir en carne propia la condena de los esfuerzos humanos, así como palpar la grandeza innata: el hecho de que para algunos, contados seres humanos, la ascensión es algo tan seguro como la muerte...  |Tamerlán es, pues, una novela sobre el destino.

La estructura misma de la novela enfatiza eso. Tamerlán está construida como una novela epistolar, donde todas las cartas provienen del mismo remitente. Una recopilación de cincuenta y dos cartas que Koagin, siervo de Tamerlán, le escribe por orden de su señor a Muhammad, nieto del conquistador, durante un periodo de un año. Cada carta tiene siempre tres partes relacionadas entre sí: primero, un epígrafe con un motivo astrológico; segundo, un exordio donde el sabio Koagin resume su visión sobre determinado tema (la ciencia, la fuerza de los débiles, lo impredecible, etc.) a modo de enseñanza para Muhammad; y tercero, la narración de la vida de Tamerlán propiamente dicha, que, más que seguir una línea temporal, aglutina las distintas acciones del conquistador en torno de un mismo asunto a lo largo del tiempo. Esto es, luego del "Exordio sobre la probidad", se habla de cómo Tamerlán organizó la administración del imperio; luego del "Exordio sobre la amistad", se habla de la soledad del conquistador; luego del "Exordio sobre la ciencia", se habla de cómo Tamerlán buscó atraer a los hombres más sabios de su tiempo a Samarcanda, capital de su imperio, etc.

Uno de los puntos más fuertes de la novela es la posibilidad de leerla con múltiples miradas. Una primera lectura como obra sobre la figura del gran conquistador turco-mongol es ciertamente posible, lo cual nos permite acercarnos a esta figura de grandes dimensiones históricas pero relativamente poco conocida en nuestro medio (quizá, precisamente, por lo efímero de su vasto imperio). Un admirador de los pueblos islámicos seguramente podrá hacer una segunda lectura, dado que la obra está estrechamente vinculada con el sometimiento a la voluntad divina que caracteriza a tales sociedades (así como su respeto por la sabiduría del estudioso y su relación con el poder de la figura carismática). Pero también es posible hacer una tercera lectura, que vincula a Tamerlán con antiguos libros de sabiduría oriental, como  |El arte de la guerra de Sun-Tzu y  |El camino del samurái de Daidóji Yúzan, así como algunos textos sufíes, donde la intención es hacer un compendio de "estrategia ante la vida", que sirva al lector no sólo para enfrentar retos militares, sino inclusive planear concientemente desde su vida cotidiana hasta sus afectos con base en ciertas líneas de conducta generales. Después de todo, la intención de Tamerlán, en la novela, al ordenar a Koagin que le escriba a su nieto, no sólo es que éste tenga una imagen más exacta de su abuelo de la que podrían darle sus admiradores y detractores, sino también para que el heredero aprenda en las cartas de Koagin algunas lecciones sobre el arte de gobernar.

La prosa misma de Serrano, sin duda uno de los escritores latinoamericanos más prometedores del momento, completa el cuadro de Tamerlán. Una prosa constantemente tensa (intensa), donde el anticlímax es un elemento poco usado, lo que, al mismo tiempo que implica un nivel de atención mayor al que requieren otros escritores, nos recompensa con el hallazgo en cada página de frases excepcionales, desde aquella que comienza la primera carta ("Ésta es la historia del hombre que Allah creó para exhalar su ira" [pág. 15]), pasando por frases sueltas que parecen máximas ("La lengua ahorca a quien se anuda el cuello con ella" [pág. 19]), y descripciones de personajes que alcanzan a rozar lo universal ("Sus madres y sus hermanos lo admiraban y temían porque siempre produce inmensa inquietud quien sabe lo que quiere" [pág. 28]).

Precisamente porque  |Tamerlán es una obra tan completa, sería bueno que de hacerse una segunda edición se corrigieran algunos gazapos (hay dos afirmaciones que se contradicen en torno de la fecha de nacimiento de Tamerlán; tampoco resulta claro si Muhammad es hijo o sobrino de aquel que sustituye al conquistador en el trono). Igualmente hay algunos errores de diagramación. Pero éstos son sin duda fallos menores, que no afectan gran cosa el todo de la obra ni disminuyen el placer de leerla, por lo cual no son impedimento para afirmar que  |Tamerlán es una excelente novela.

Hay, además, un "valor agregado" en  |Tamerlán que no es posible dejar de mencionar... Son pocos los escritores colombianos que, como Álvaro Mutis y Pedro Gómez Valderrama, se hayan interesado por explorar temas de culturas foráneas, pues la literatura colombiana está en general apegada estrechamente a lo local. En  |Tamerlán, Serrano se interesa por narrar hechos que sucedieron hace seis siglos en Asia y África, además de jugar con preguntas existenciales (una tendencia que, por cierto, ya se manifestaba en sus obras anteriores). Eso lo convierte en un escritor con temas poco comunes en nuestro panorama literario y le otorga la virtud de la independencia personal, lo cual sin duda lo llevará a obsequiarnos en el futuro con nuevas y valiosas sorpresas.

 

ANDRÉS GARCÍA LONDOÑO