Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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Mucho de tilín tilín

 

Titulo del libro reseñado: Puro cuento

Autor del libro reseñado: |Juan Gossaín
Editorial del libro reseñado: Editorial Planeta, Bogotá, 2004, 245 págs.

 

Hallar una voz propia en la literatura es cuestión de una sumatoria de factores que cada cual, según su experiencia, puede establecer, pero a tabla rasa es difícil precisar que es lo que hace que aparezca esa voz que identifica a alguien en su distancia con otros. Una situación conocible o irreconocible se puede mezclar con otra, y cuando ya se tiene claro qué pudo haber influido más para que se diga que fue esto y aquello y no lo otro, el piso que aparenta sustentar la hipótesis se desliza. Entonces viene el vacío que no permite que nada se solidifique, porque en la trashumancia de las posibilidades puede estar la certeza de lo que se supone sólido.

La voz literaria de Juan Gossaín es uno de esos ejemplos en los que se intuye que el ejercicio del periodismo pudo haberle ayudado a construir un ritmo de voz. Sin embargo, hay otros factores que dispersan esa ubicación, debido a que es de igual modo fácil percibir que los momentos altos de una escritura narrativa pueden estar, a renglón seguido, desequilibrados. La lucidez en un autor puede aparecer por momentos en la escritura y después, en el inmediato intento, esa perspicacia puede patinar a bandazos sin mantener armonía y ritmo. Por lo general esto ocurre cuando se llega a la literatura por cualquier atajo sin buscar en ella el camino que más la represente al adoptarla con un sentido de mayor exclusividad. Los talentos en literatura se desperdician en la medida en que se disminuyen el interés y la disciplina por el ejercicio de una labor que requiere dedicación. Sólo cuando en la mente se tiene un punto de referencia por la necesidad permanente de escribir, y el escribir se hace sustentado sobre el continuo goce de la lectura que descubre nuevas entradas a continentes de la palabra, entonces, en ese momento, la obra tiene posibilidad de ser. |Puro cuento es uno de esos libros donde el refrán aquel que compara la campanilla del vendedor de helados en su carrito callejero con un hubo "mucho de tilín tilín y poco de paletas", estuvo a punto de invertirse para quedar en un haber "mucho de paleta y poco de tilín tilín".

¿Cómo se pierde esa posibilidad de éxito? El talento fue cubierto, enviado a otras actividades, en este caso el ejercicio del periodismo, y el filo que necesitaba la literatura para entender más allá de la palabra y armar concepciones se volvió romo, achaflanado, y por ello surgió el desnivel en la totalidad del libro que el autor denominó  |Puro cuento.

El desnivel muestra una producción que conserva una redacción que se ha construido con el cuidado de la imagen, pero, para infortunio, su trama entra en un impulso que la hace desgastar en el facilismo periodístico.

Los cuentos  |La rueda de la fortuna y |Pobre gordo corresponden en su conjunto a los que dentro del total sacan la cara por el libro. Esto debido a que la anécdota de las dos narraciones se establece en una credibilidad que sabe frotar con la ficción; es decir, propiciar encuentros con aquellos puntos donde el escritor ajusta lo inverosímil con vueltas de tuercas en la escritura. De este modo los espacios toman sentido, los ambientes se hacen vivibles, muy conocidos o muy fáciles de ser aceptados a través de las palabras por aquellos que han estado ahí o de los lectores que por primera vez los comienzan a ver y sentir gracias a la escritura.

  |La rueda de la fortuna es un cuento que está escrito en el detalle de una solterona, empleada del Ministerio de Trabajo, que ha tenido el infortunio de ganarse la lotería. Infortunio por cuanto desde ahí, desde un boleto de lotería, la muerte y la superstición entran a enredarse con los temores de Victoria Urbina, la protagonista. Gossaín retoma el sentido del designio. El determinismo lleva a un desenlace fatal donde el personaje en el todo, como en la tragedia griega o sagrada, no tiene otra salida que aquella que le ha sido asignada. De este modo, Gossaín prepara e intercala los detalles que han de marcar la única ruta de la acción. La señorita Victoria asume su destino dictado por el horóscopo que desde el mismo comienzo se plantea como un epígrafe o un epitafio. Desde allí se hace la advertencia a los regidos por Piscis, a los que llegaron a este mundo entre el 19 de febrero y el 19 de marzo. Por ello, sin la intervención de los humanos, el destino propone: "A los nacidos bajo este signo, la muerte les tiene reservada para hoy una sorpresa". El autor lleva de la mano al lector para que entienda que lo fatídico está latente. Lo que ha de suceder un 29 de febrero está ya escrito en lo que narra una amiga del personaje que actúa de conductora invisible. La protagonista llamada "Victoria debió haber sido más precavida de lo que fue, al tratarse como se trataba, de un día bisiesto, de esos que atraen calamidades y provocan desdichas sin parangón". Este cuento tiene la virtud de ser manejado con los elementos variables, modificables para la vida de los seres sobre los cambios psicológicos que se mueven en el transcurrir como los propone por primera vez  |El decamerón de Boccaccio.

  |Pobre gordo es uno de esos cuentos que en un análisis comparativo se pueden asimilar a la estirpe de dos clásicos que sobre el tema de la violencia escribieron con maestría: Hernando Téllez  ( |Espuma y nada más) y Gabriel García Márquez  ( |Un día de éstos). Téllez y García Márquez tensionan la cuerda del asombro y del suspenso para que dos contradictores y enemigos se encuentren en circunstancias en que la posibilidad de matar por parte de uno de ellos es inminente, pero al instante la acción se constriñe y se devuelve a su punto de inicio, lo que significa el eterno reencuentro de los dos enemigos. En  |Espuma y nada más el que tiene que caminar por la cuerda floja es el capitán represivo que debe ser afeitado por el barbero revolucionario. La afilada cuchilla pasa por el cuello del oficial que ha cometido toda clase de crímenes. Los personajes se hallan en la discordancia para que en su fuerza de ir y venir se ahonde la vigilancia del lector. En  |Un día de éstos la desazón de las dos voluntades se halla entre el alcalde y el dentista. Es el mismo mecanismo para atrapar al lector. De este modo se propicia un cambio en la rutina que hasta entonces se venía dando en la literatura colombiana.

En  |Pobre gordo de Gossaín los dos enemigos que se encuentran son Pablo Caballero, periodista de la sección de sucesos políticos del periódico y el Gordo, llamado Venus Amaury Muñoz. Lo que hay en este nuevo caso es el encuentro no forzado, sino amenazante del que se considera ofendido, el gordo, que aparece un sábado de soledad en el cuchitril de las oficinas de redacción del diario con una pistola que intimida. El cuento es bien llevado. Frente a sus dos antecesores, tiene una diferencia, el vacío sobre el móvil político. En el caso de Gossaín no hay pruebas ni dilemas éticos; sólo una equivocación periodística que se aclara del siguiente modo:

"-Si no me equivoco -  añadió el periodista-, usted está preso porque mató a un policía.
"-Según dice su pasquín -le gritó-. La prueba de esa infamia es que estoy libre para venir a matarlo".

Acá, de igual modo que los cuentos que se toman como referencia, no hay muerte. En  |Pobre gordo hay intención de asesinar, pero ésta se desvía por un accidente cuando se pone en marcha una máquina que hacía tiempo había dejado de funcionar: "Fue entonces cuando el primitivo teletipo de la agencia francesa de noticias, que estaba en desuso y no había vuelto a trabajar desde hacía tres años, repicó con un campanazo sorpresivo, al fondo de la sala estrecha, y su estruendo fue tan grande en aquel silencio de paredones coloniales, y en medio de la apacible soledad del sábado, que el gordo dio un respingo, pensando que le disparaban a él, y se le desmandó un balazo que pegó en el suelo, si acaso un metro a la izquierda de Caballero...". La desemejanza como factor de renovación trae al tacto de la escritura un modelo nuevo para el argumento: los enemigos terminan de amigos. Se rompe el posible final truculento de muertos, por un encuentro de los dos hombres en disputa en un bar con el consumo de cervezas frías:
"-Te salvó ese cachivache escandaloso -dijo el gordo, señalando el teletipo, al tiempo que regresaba el arma a la cintura" (pág. 176).

La que parecía ser una concepción preconcebida del cuento en Gossaín, el lector encuentra que ésta se desarma en  |Los satanases. Con esta narración retorna a la violencia que había tomado el decir truculento, a ese periodo en el que la literatura colombiana durante la década de los cincuenta hizo ferias de atrocidades, ríos escarlatas al estilo Hollywood, como si se tratara de efectos especiales con palabras que parecían salsa de tomate o tintes de laboratorio que reemplazaban la sangre real en los pechos de los que hacían el papel de muertos. El veto a la muerte en la obra literaria no existe. Lo que se debe calcular es el porqué y el cómo de su sentido. La llamada novela de la violencia en Colombia terminó revolviéndose en su propio desafuero. Su concepción se convirtió en un bumerán, que una vez lanzado y devuelto por los aires, gracias a su mecánica, terminó por golpear a los escritores que lo arrojaron.

El cuento debe descubrir perdiciones y tormentos pero, con virtud profesional, colocar sobre relámpagos de luz los estremecimientos del lector. Esto significa que, más allá de los lances de cuchillo o agujeros de bala, lo que interesa es la desaparición de lo insulso, de lo que la escritura coloca porque sí para realizar una anécdota donde lo carnalmente sangriento sustituye las múltiples variantes del conflicto humano.

En | El martillo digital (o |las huellas de la vida), una feminista, la doctora Érika van Estralen Martínez, plantea sus argumentos contra el machismo. Aunque en un momento dado de la narración el personaje dice: "No quiero descarriarme en los laberintos de la bisutería filosófica", el desarrollo del cuento no es más que eso. A una fatal e inicua conclusión se llega a través de una palabrería que nada dice, que nada muestra de nuevo. El argumento está construido como un compromiso de autor por reivindicar el papel de la mujer. El tema sale ficticio. La charada concluye con una desaguada teoría que busca explicar por qué no se conoce "el primer caso de una mujer que se haya dado un cipotazo en el dedo tratando de meter un clavo en la pared de enfrente". Después de una investigación de laboratorio por parte de la doctora Érika, se establece "que el universo no es más que una sucesión de eventos insignificantes y dispersos. El más insignificante de todos sigue siendo, desde luego, el hombre". Una larga escritura, una conexión de teoría sin sentidos para dar como resultado un chiste, una afirmación, un gracejo o una tesis en que nadie se ríe, nadie toma sorpresa, comentario o reflexión por ser propio de esos textos simplones e impersona les que los amigos desocupados envían por el correo "FW" de la internet.

En un libro de cuentos, a pesar de estar fraccionado por espacios narrativos con relativa independencia, su estructura supone un orden, porque, de lo contrario, el todo se desarmoniza. Al cuidado del cuentista está que el caos no absorba la obra. Por ello tiene el papel de ensartar con hilos invisibles las diferencias que ha construido en cada aparte. En  |Puro cuento, este cuidado artesanal del joyero que engancha sus perlas, una a una hasta lograr la armonía, no se da. Como resultado final, lo que se observa es una colcha de retazos donde por pellizcos se sacan de los filones posibilidades narrativas que mueren en desolación. Cuentos que no se avecindan, cuentos que requieren una reagrupación que permita dar aires de continuidad tanto al autor como al lector. Como piezas sueltas tienen su solvencia, pero una vez rejuntadas, fallan, porque el tejido no las incorpora como libro.

 

 

ANTONIO BUENAHORA