Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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Tal vez la vida sea sólo eso

 

Titulo del libro reseñado: Sanguinas

Autor del libro reseñado: |Fernando Herrera Gómez
Editorial del libro reseñado: Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2004, 74 págs.

 

Comencemos por el título.  |Sanguinas no tiene dificultad para ser entendido por dibujantes y pintores que saben a qué se refiere la palabra. Se trata de un "lápiz rojo oscuro fabricado con hematíes en forma de barritas". A este significado se remitió Fernando Herrera Gómez cuando tituló su libro de poemas, y con toda seguridad se apartó de otras de las acepciones que tiene la palabra, y que se hallan ahora en desuso: "Que se goza en derramar sangre". Lo escarlata es algo lejano a Herrera, a pesar de que su título hace alusión a las células rojas de la sangre de los vertebrados.

Lo primero que encuentra el lector es una serie de retratos que están hechos con figuras que recuerdan las que don Francisco Goya trae de la vida, la locura o lo onírico. Herrera, a diferencia del pintor de Fuendetodos, las ha construido desde esa apariencia que se acerca a la captación de lo objetivo. Cada uno de los seres de Herrera van y vienen por las calles de Colombia, y a cada uno de ellos puede aplicar el nombre que da al título de uno de sus poemas:  |Él también como todos. Las figuras que regurgita la sociedad pueden estar en el libro, caminar, hacer presencia, volverse un poco realidad de papel. Se trata de un trabajo sobre los seres de la calle. Los transeúntes de la vida desfilan por esquinas, establecimientos, para desempeñar, a través de su descripción, una actividad. En los cartones para tapices que hiciera Goya en la década de los setenta del siglo XVIII, las figuras iban sonrientes, integradas a sus respectivos oficios. El "cacharrero", por ejemplo, mostraba la cotidiana y movida vida de Madrid. Para comienzos del siglo XX, en el Caribe colombiano, el poeta Luis C. López trajo a su poesía una serie de personajes cuya referencia cotidiana tenía la misma fuerza de un aguafuerte goyesco. El sarcasmo, como insignia de creatividad en el cartagenero, se colocaba en el centro de la vida de esos seres de provincia, siempre revestidos de aburrimiento y de rutina.

Fernando Herrera Gómez ha tenido, para buena parte de su obra poética, esos referentes. Desde la tradición española o colombiana, Herrera actualiza a los sujetos habitantes. Pueden ser los mismos de antes, pero la visión que les otorga hace que se revivan en el poema. La lista de sus composiciones comprende hombres del común, hombres vestidos de satín, hombres que visten de mujer, hombres golpeados, muchachas de pescadería, secretarias, hinchas, saltimbanquis, mendigos, jóvenes muertas, niñas mulatas, pobres locas, bandidos ciegos, asesinos, vendedores de madera, inoportunos vendedores, ancianas y rabinos. Cada uno de ellos en su casa; es decir, en su poema. No hacen presencia fugaz, sino un estado pleno de permanencia que va de principio a fin. Lo que cuenta cada uno de ellos no está en el perfil del humor sino en el drama: "...el frágil saltimbanqui / con su gorro de lana roja // Haciendo afectados ademanes / nos dice también versos de Gil Vicente / asombrado me digo / no puede ser /¿De manera que estos saltos / han traído desde el olvido / a esta calle en esta noche / en una boca desdentada de mendigo / y por unas pocas monedas / aquella garza guerrera / que se disputan España y Portugal?" (pág. 23).

El verso narrado lleva a una pregunta. En ese asombro la poesía es la encargada de colocar las dudas, esa pérdida de la certeza, que pone al lector en el lugar de lo volátil.

|Bella adolescente aterida,
¿qué rostro acariciará en la noche
con sus manos olorosas a mares y a limón?
Y desnuda, en la penumbra,
¿para quién sonreirán sus dientes,
como un cardumen luminoso,
en lo hondo de un cantil?

[pág. 34]

Herrera Gómez ha sido, en vida y por cuenta de sí mismo, personaje múltiple. Se enorgullece de su inestabilidad, de no tener centro para vagar y hacer lo que mejor le venga en gana. Ese infante terrible que años ha no buscó nunca pista como para poder llevar tras de sí la estela del poeta. Él mismo cuenta que inició estudios de letras en la Universidad de Antioquia, carrera que dejó con la intención de hacerse piloto de aviones, sin recelar que con el tiempo desarrollaría una fobia por las alturas. De ahí pasaría, como todero, a esa ilustre vagancia donde se aprende en laxitud a entender la vida desde la silla de un café, mientras ésta corre apresurada. Como cualquier buscador de la nada viajó a París y allí frustró la posibilidad de estudiar cine en École Lumiére por una conversación en un café. De aventura en aventura, de estudios a medias, de trabajos sin continuidad, pasó a la observación y de ella a la necesidad de escribir y de percibir a través del poema: "Siento el olor de las aguas descompuestas / la lluvia alborotando sobre los tejados rojos / las finas canoas de palo / que peina la corriente del río / y ese sonido seco de marfil / que tiene el dominó vespertino" (pág. 39).

  |Sanguinas es, en su medida literaria, la historia de los otros; por ello los seres fluyen para que el poeta los haga visibles. Son seres burdos que, tomados desde su prosa, se desvanecen en lo que la crítica sobre su poesía, a partir de Fernando Charry Lara, ha denominado un "casi apenas, no enteramente objetiva, porque quiere entregarnos no la presencia sino el alma de las cosas". El lector, en la poesía de Fernando Herrera, encuentra una poesía que va en dirección horizontal, plana, como si sólo buscara hacer evidente la situación de los sujetos que en ella actúan: "A las nueve y media / al salir de las clases nocturnas /-que pagan con el trabajo del día- / van bajando por la calle hacia la avenida / las diligentes secretarias" (pág. 20). La descripción de esos seres queda latente en los sentidos, con un ligero roce de la realidad, sucesos de unas vidas que no son espléndidas, y que el lector compara con las que ha conocido, para hacerlas propias en las rutas del poema:

|Tal vez la vida sea sólo eso:
una larga y ruinosa calle
de andenes maltrechos,
de importunos vendedores y olores de frituras;
la larga carrera séptima
de la que hiciste tu vida
y en la que comentaste con perspicacia
-con esa singular agudeza tuya-...

[pág. 40]

Hay un cuento, una narración que de un momento a otro deja de serlo para convertirse en una evocación ¿De dónde proviene esa transformación? Del corte brusco que encuentra al final de la estructura del verso, o de la suma dilatada de todo lo que descubre el hálito de un decir, de un algo que ha sido contado para que permanezca, ahí, en pocos renglones, y sea receptado por quien se acerca a |Sanguinas.

Son trozos de la ciudad los que el poema recoge, pedazos de una colcha urbana que queda señalada por cada descripción realizada por Herrera Gómez, pero perdida en cientos de poemas que no hizo y que todos los lectores, los que están alrededor del diario deambular de su presente, saben que han de perderse muchos de esos ejemplos que Herrera no alcanza a abordar.

El hombre y sus oficios, las mujeres y su presencia hacen ritmo y testimonio de su momento, ondulación del tiempo al que pertenecen. Tomados por el instante de las palabras, se detienen, quedan congelados en una página para reaparecer y resucitar cuando vuelva a ser leída aquella situación: "Y ahí van las dos ancianas / caminando por la calle, / temerosas. Los anteojos de vidrios gruesos, / el pañuelo anudado al mentón, / la bolsa de hilos plásticos entretejidos / soportando los víveres" (pág. 42).

La poesía de Herrera tiene un invertir en lo racional, un aporte que se cuelga a lo evidente. El poeta aspira y expira la figura de los otros, los que pasan creyendo ser, pero cuya importancia, en resumen, está en la carga manida y triste de su propia existencia. Es la vida la que habla, son los gestos los que establecen esos cuerpos sin importancia que nunca sabrán que el poeta Herrera los ha sacado del limbo.

El poema en Fernando Herrera Gómez opera, se hace con el quiebre imperceptible de lo literal. Pueden, por lo mismo, como método de escritura, aparecer dos situaciones que contrastan y ofrecen diferencia, el juego de los límites, la línea que separa esa porción de espacios donde la prosa está a punto de desaparecer y la poesía a punto de asomar.  |Las dos mesas, como lo enseñara José Asunción Silva, establecen la polaridad. En Herrera el contraste sirve para dejar en evidencia la diferencia de un momento con respecto a otro, de una situación con relación a la otra: Amor y cocina abarcan, como ejemplo, lo infinito del mundo de los opuestos:

|A dónde hubiera ido este amor
que hoy ríe y riñe en la cocina
¡Ah fragilidad de la vida
apoyada en la levedad de lo fortuito

[pág. 52]

La prosa pierde el pulso y se doblega ante la poesía. La cantidad lineal de lo prosaico se somete a la imagen y es, entonces, cuando el fluir del poema en Herrera se hace dueño de la situación: "Miramos sin entender / las islas momentáneas, / el dilatado círculo violeta / en el cielo, / y las criaturas negras / danzando entre las ramas" (pág. 63).

La propuesta literaria hace un giro a partir de las secciones "La casa del amor" y "De la inocencia". Los personajes ya no son de la percepción de Goya o de Luis C. López. Se convierten en lo personal, en lo que ha conmovido al poeta y lo introduce a él, en el poema, como personaje de su propia historia: "Encontramos en el tanque de agua / del edificio donde vivo / una paloma muerta. / De inmediato sentí / náuseas, arcadas. / Llamé a mi sobrino médico / y le consulté por los peligros / de haber bebido de esa agua insana. 'Te habrías enfermado antes, / ya no pasó nada', me dijo /. // Pensé en la angustia de la paloma / cayendo en la alberca oscura/, mientras buscaba hacer su nido / debajo de las tejas que la cubren. / En el aleteo empapado e inútil / de sus alas agonizantes. // Era cierto; no me había pasado nada.. / Pues, ¿cómo iban a hacerme daño / el agua, la muerte, la paloma?" (pág. 62). La poesía se torna un diario, un diario vivir, una anotación que no deja pasar esos momentos que sorprendieron y que han de llegar, así, como sucesos perdidos, a cualquier hombre en cualquier lugar de la tierra.

 

ÁLVARO MIRANDA