Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

Yo me voy pa' La Habana

 

Titulo del libro reseñado: Leo Marini, Bobby Capó y Nelson Pinedo. Estrellas de la Sonora Matancera

Autor del libro reseñado: |Héctor Ramírez Bedoya
Editorial del libro reseñado: Impresos Begón, Medellín, 2004, 275 págs.

 

Bautizada por los locutores costeños como "el decano de los conjuntos cubanos", la Sonora Matancera cuenta con una bibliografía escasa pero creciente. Los primeros libros dedicados a toda la agrupación fueron  |Historia de la Sonora Matancera y de sus estrellas (Medellín, Impresos Begón, 1986) de Héctor Ramírez Bedoya, y | La biografía de un grupo internacional: la Sonora Matancera (México, Editorial Plaza y Janés, 1986) de Silvia Castillejos. Posteriormente aparecieron  |La Sonora Matancera: mas de 60 años de historia musical (Medellín, Editorial Discos Fuentes, 1990) de Carlos E. Serna,  |Memoria de la Sonora Matancera (Cali, Editorial Caimán Récords, 1997) de Umberto Valverde, y  |El mito de la Sonora Matancera (San José de Costa Rica, 1999) de Mario Zaldívar. Con anterioridad habían aparecido libros sobre cantantes de esta agrupación, comenzando con  |Reina Rumba (Cali, Editorial La Oveja Negra, 1981) de Umberto Valverde, dedicada a Celia Cruz, y  |Confesiones de Daniel Santos (Caracas, Editorial Cejuta, 1982) de Héctor Mújica, seguidos de  |La importancia de llamarse Daniel Santos (1988) de Luis Rafael Sánchez, y Vengo a decirle adiós a los muchachos (Bogotá, Intermedio Editores, 1990), de Josean Ramos. Curioso esto: primero escribieron sobre cantantes individuales y luego sobre la agrupación en su conjunto. La razón es bien sencilla: se trata de trabajos gestados dentro de la literatura y el periodismo, o aun con la perspectiva del aficionado o el coleccionista, obsesionados con las dimensiones míticas de Celia Cruz y Daniel Santos. Esto para no hablar del caudal incontenible de textos sobre Celia Cruz aparecidos después de su muerte y que reseñaré en su momento.

En esta ocasión vuelve a la palestra el anestesiólogo antioqueño Héctor Ramírez Bedoya, quien ha convertido en proyecto de vida su admiración incondicional por el conjunto cubano. Animador principal de un club de fans con sede en Medellín pero con socios en todo Colombia y el exterior; y autor de un libro sobre tres grandes figuras de la música del Caribe que se distinguieron como cantantes de la Sonora Matancera.

En primer lugar Leo Marini (Alberto Batet era su nombre verdadero), nacido en Mendoza (Argentina), de una familia de pequeños comerciantes con raíces vascas e italianas; con inclinaciones innatas, aprendió a cantar en clases particulares con un tenor lírico español, y sus primeros presentaciones como profesional fueron en Chile, donde entró en contacto con la música del Caribe a través de una orquesta cubana, con la cual hizo sus primeras grabaciones. En Buenos Aires fue fundador, junto con el violinista Américo Belloto, de la orquesta Don Américo y sus Caribes, con motivo de unos boleros que se grabaron para el mercado colombiano, que fueron su plataforma internacional. Vivió en Puerto Rico, donde se vinculó al sello Seeco de la industria musical norteamericana, lo cual propició su contacto con la Sonora Matancera, que vivía su época de oro en La Habana de aquellos tiempos: "El cabaret Sans Souci y su coreógrafo Rodney, que presentaban la producción  |Sun Sun, con figuras como Celia Cruz, Xiomara Alfaro y Merceditas Valdés. En el Canal 6 de TV debutaba el cancionero francés Maurice Chevalier en el programa  |De fiesta con Bacardí. También se inauguraba [...] en el Canal Unión Radio TV de Gaspar Pumarejo, el compositor de moda, el matancero Dámaso Pérez Prado, con una orquesta de 18 musicantes [...] Los bailes sociales se engalanaban con la figura de Orlando Vallejo acompañado del Conjunto Casino [...] De una fructífera gira por Suramérica, arribaba el bolerista de actualidad Fernando Albuerne para presentarse en la CMQ TV [...] Radio Progreso tenía en sus programas a la Sonora Matancera y a la |Pareja Feliz, como se les conocía a Olga Chorens y Tony Álvarez [...] Se elegía al final del año a Olga Guillot como la reina de la radio y la televisión [...] La Habana era una ciudad efervescente, un emporio radial, discográfico y televisivo" (págs. 37-39). Posteriormente, y en compañía de Américo Belloto, fundó el sello discográfico Coro, con sede en Bogotá, que tuvo corta vida.

Nacido en Coamo (Puerto Rico), Bobby Capó mostró tendencias musicales desde niño, después componiendo y tocando clarinete en una banda militar. Su plataforma de lanzamiento fue el programa radial Tribuna del Arte, y de allí viajó a Nueva York para reemplazar a Davilita en el grupo Victoria, de Rafael Hernández; después consolidó su estilo de vocalización con el cuarteto Marcano y el cuarteto Caney, y quería seguir estudios de conservatorio pero su arreglista, un pianista judío, le dio este sabio consejo: "Si aprendes música no vas a cantar y escribir bonito". Consejo bueno visto desde la distancia, desde números clásicos del repertorio popular latinoamericano como  |El soldado, El patriota y El silbido; y desde perspectivas empresariales afortunadas como la de Amado Trinidad, de La Cadena Azul, quien lo contrató para cantar en Cuba, y como la de Seeco Records, que lo vinculó a la Sonora Matancera para iniciar la época gloriosa de  |Piel canela y Luna de miel en Puerto Rico. Bobby Capó incursionó con fortuna en el cine, la televisión, la promoción de espectáculos y la solidaridad gremial; era un auténtico  |showman, y el texto de Ramírez lo insinúa como un líder comunitario, un hombre público destacado entre los puertorriqueños de Nueva York. Todo lo cual explica su inmensa popularidad y el amplio reconocimiento que disfrutó en vida y en muerte: su velorio tuvo lugar en el recinto del Instituto de Cultura Puertorriqueña de San Juan.

Con orígenes mezclados entre los judíos sefardíes del padre y los cachaco-napolitanos de la madre, Nelson Pinedo nació en el barrio Rebolo de Barranquilla, uno de los asentamientos urbanos más pintorescos y de mayor riqueza cultural del país. Su nombre original fue Napoleón, no terminó los estudios secundarios y se hizo locutor en la radio local; y su admiración por el almirante Nelson y por el cantante norteamericano Nelson Eddy explican el nombre artístico que escogió. También explican el apelativo que le diseñaron en México muchos años después: el "Almirante del Ritmo". Se dio a conocer en programas de radioaficionados y comenzó a cantar con las mejores orquestas locales (Los Olímpicos Jazz Band, Emisora Atlántico Jazz Band, Lucho Rodríguez Moreno, Antonio María Peñalosa). Luego, en el célebre club nocturno bogotano La Casbah, situado en los altos del Mogador, unas grabaciones con Don Américo y sus Caribes y un contrato para cantar en La Habana con la orquesta Serenata Española. Una travesura de Daniel Santos, una más de entre tantas, le dio la oportunidad de cantar con la Sonora Matancera en sus programas para Radio Progreso, y de ahí en adelante todo fue fama y fortuna. Además de cantante con proyección internacional, Nelson Pinedo participó en cine y televisión y se convirtió en empresario de espectáculos. Una excepción a la antigua sentencia castellana: "A la ramera y al juglar, la vejez les viene mal".

El libro contiene unas discografías muy importantes: las grabaciones de Leo Marini, Bobby Capó y Nelson
Pinedo con la Sonora Matancera, las grabaciones de Bobby Capó con otras agrupaciones y tomadas de actuaciones en vivo, las grabaciones de Nelson Pinedo con otras agrupaciones y tomadas en vivo en Radio Progreso. Considerado en conjunto, el libro de Ramírez Bedoya está escrito con información y entusiasmo, con la perspectiva del admirador intenso. Una herramienta valiosa para la investigación.

 

ADOLFO GONZÁLEZ HENRÍQUEZ
Universidad del Atlántico