Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

Hay cacho en la manga

 

Titulo del libro reseñado: La historia del coleo

Autor del libro reseñado: |Omar Niño Rueda
Editorial del libro reseñado: Centro de Historia de Casanare, Yopal, 2004, 139 págs., il.

 

Los llanos colombianos se extienden desde el piedemonte este de la cordillera Oriental hasta el río Orinoco y desde el río Arauca hasta el río Guaviare. La belleza del paisaje ha sido metaforizada como el mar verde colombiano, y el colorido de sus atardeceres ha servido de inspiración a muchos poetas. El llanero es alegre, generoso, hospitalario y trabajador; amigo de fiestas, bailes y bebidas. Tanto hombres como mujeres son excelentes jinetes, y su mayor orgullo consiste en tener un buen caballo. De ahí que sea el coleo el principal pasatiempo de cualquier llanero y su mayor fuente de orgullo el practicarlo.

|La historia del coleo es una primera tentativa de aproximación que describe esta práctica, desde sus orígenes hasta sus representantes más importantes; que pretenden, además, "demostrar" que es un deporte.

Al abrir el libro, lo primero que encuentra el lector, además de una buena fotografía de la faena en la cubierta, es la presentación del libro que hace Arcadio Benítez Ortiz, historiador y presidente de un club de coleo, en la que de forma bastante cordial lo define como la muestra de una investigación que apenas comienza: "Si el lector es un apasionado del mundo del coleo el texto adquiere vida a medida que pasan sus páginas y en cada renglón encontrará la polvareda de una vuelta de campana o el remate de faena al son de un arpa, cuatro y maracas, zapateando con una linda catira o con la mujer dueña de sus amores un joropo recio" (pág. 4).

El libro avanza con la introducción por parte del autor, Omar Niño Rueda. De él sabemos (por él mismo) que, además de ser miembro del Centro de Historia de Casanare, vicepresidente de la Liga de Coleo de Casanare y presidente de la Asociación de Narradores de Coleo, entre otras actividades, dirige la revista Coleador, en la que se recoge mucha de la información que contiene este libro; que ha combinado estas labores con la locución, siendo por más de treinta años narrador de coleo. De toda esta experiencia y del hecho de haber nacido en el llano y ser un apasionado del coleo desde su juventud, es de la que se vale el autor para la redacción de este libro. Del autor tenemos varias fotografías que nos lo muestran en sus facetas de coleador y locutor, además de incluir su biografía dentro del apartado "Los más destacados narradores de la época" (pág. 74).

El libro combina su contenido entre una muestra fotográfica bastante amplia, que, fuera de dar cuenta de la práctica, ubica al lector en el contexto llanero y le enseña también los rostros de los coleadores y demás personas vinculadas a esta actividad, con la definición del coleo en la técnica y en la práctica, sus orígenes, datos estadísticos de clubes y torneos, el reglamento, los coleadores representativos y los municipios donde se practica el coleo entre otros, en apartados titulados: "¿Qué es el coleo?", "Cómo se inició el coleo", "El coleo en Casanare", "Los primeros clubes de coleo", "Los primeros torneos fuera del llano", "Otros coleos", "Los primeros torneos mundiales", "Los primeros coleadores en las mangas de Colombia", "Las primeras coleadoras", "Los primeros reglamentos de coleo", "Modificaciones al reglamento de coleo", "Los jueces de coleo", "El narrador de toros coleados", "La filmación como ayuda de los jueces", "Los primeros caballos de coleo", "Creación y organización de la Federación Colombiana de Coleo", "La liga de coleo del Meta", "Liga de coleo de Casanare", "Liga de coleo de Cundinamarca", "Liga de coleo de Guaviare", "Liga de coleo de Vichada", "Pro liga de Arauca", "Destacados coleadores de la actualidad", "Los más destacados narradores de la época", "Otros narradores", "Biografía de coleadores que han hecho historia en las mangas", "Breve reseña histórica de los municipios de Casanare y sus clubes de coleo", "Apreciaciones finales" y "Glosario de llanerismos". Como puede notarse por sus temas, el libro más que en la "historia" del coleo abunda es en datos marginales y estadísticos y en anécdotas. Hay que decir, por otra parte, que lo que en la extensa anterior descripción pareciera un detallado levantamiento de información, se restringe más que todo a datos del departamento de Casanare, patrocinador de la publicación a través de su Centro de Historia.

Sin embargo, gracias al libro, el lector no informado se entera de que el coleo consiste en halar una res por la cola y tumbarla. Antiguamente, los llaneros recurrían a este método cuando se les escapaba una res; a estas reses rebeldes se las conocía con el nombre de cimarrones; para no dejarlas escapar e impedir que se volvieran salvajes, los llaneros perseguían a sus reses hasta detenerlas de esta forma. Pasado el tiempo, los llaneros empezaron a practicar el coleo como diversión; así fue como pasó de ser trabajo llanero a faena criolla. Por esto los orígenes del coleo como atracción son imprecisos; de hecho, aún en el trabajo diario los llaneros siguen coleando a sus reses. Como atracción, el coleo se practicó primero en las vías urbanas, cuando se cerraban las bocacalles y desde los balcones la gente presenciaba el espectáculo. Después se construirían las primeras mangas con palcos para el público. Por el contrario, el momento en el que el coleo se vuelve deporte -según Niño Rueda- es mucho más exacto: en 1990, gracias a la aparición de los primeros reglamentos. En Bogotá, se improvisó por primera vez una manga y el primer torneo en 1984, en el hipódromo de Techo, que contó con la asistencia de figuras tanto de la política como de la farándula nacional.

El libro describe de forma bastante sencilla el coleo y sus características. Pese a estar dividido en muchos ítems, el libro carece de índice. La brevedad de la que se vale el autor para estas descripciones, hace que el libro no tenga el rigor propio de la historia, y más bien parezca una breve historia de coleadores o un álbum de fotos que compila anécdotas sobre una práctica tradicional. Además, algunas fechas son imprecisas, abundan las enumeraciones de nombres, el lector puede suponer que todas estas personas están vinculadas de alguna manera al coleo, pero no se especifica de quién se trata y el libro muchas veces se vuelve una perpetua enumeración de nombres que no le dicen nada al lector.

Lamentablemente,  |La historia del coleo es un libro de y para un gueto; lo que pudo haber sido la presentación del coleo para los profanos de todo el país, se convierte entonces en la oportunidad para que un grupo de aficionados a una actividad de una región específica del país vea sus nombres en letras de molde. Por otro lado, el lenguaje del libro es bastante ligero y, aunque esto pueda hacer que su lectura sea bastante rápida, se pierde el carácter histórico que anuncia su título, convirtiéndose en información periodística.

Si bien, la "investigación" gira en torno de un "deporte" criollo, lo que hace necesario el uso de la jerga específica, lo que le da al libro cierto toque atávico y raizal -términos como  c |acho en la manga, vuelta de campana, remate de faena, guafa y bejuco, entre otros-, el autor se excede en el uso de coloquialismos, restándole seriedad a la propuesta. Debe tenerse en cuenta un aporte del libro y es que incluya un glosario al final, que, si bien no contiene todos los regionalismos, por lo menos aclara algunos.

Respecto a la insistencia del autor en afirmar que el coleo es un deporte, y que en cuanto deporte merece respeto, hay ciertas dudas. Por un lado, la brutalidad que implica la práctica del coleo hace que sea difícil entenderlo como tal. Quizá funcione como distracción y entretenimiento con animales, como pasa con las corridas de toros. Pero en el coleo no existe una competencia equitativa. Los que entran en juego son el jinete, el caballo y la res, y evidentemente el caballo supera en fuerza a la res, y el jinete, ayudado por el caballo, supera todavía más al novillo. Así como pasa con las corridas, la injusta relación que se da entre hombre y animal hacen que este tipo de prácticas tengan tanto detractores como aficionados. Si bien el coleo no implica la muerte de la res sí implica maltrato. Por otro lado, en el coleo, aunque reglamentado, los coleadores acostumbran ingerir alcohol y chimó o tabaco llanero, sin que aún los jueces hayan podido hacer nada para evitarlo. Tanto esto como lo anterior, le resta al coleo credibilidad como deporte.

Pero no todo son desaciertos. Del libro se destaca el apartado de los coleadores (págs. 81-106) por el estilo entre florido y solemne de Niño Rueda y por la motivación que se le brinda a un deportista incluyéndole su biografía en un libro. En estos apartados, además de la biografía del coleador y su respectivo mote, se incluye su fotografía. Se destaca el tono cordial y en ocasiones melancólico con que el autor se refiere a los coleadores; quizá esto también se deba a que la mayoría de éstos sean conocidos suyos. Es curioso que muchos de los coleadores hayan desaparecido en circunstancias misteriosas. De igual modo el libro tiene un apartado sobre las coleadoras (pág. 42), que, aunque injustamente no pueden competir, lo cual también le resta credibilidad como "deporte", ocupan un lugar importante dentro del coleo. De estas biografías se destaca la de Nora Pan, una de las más famosas y rebeldes coleadoras. A favor está también que el autor en ocasiones utiliza un tono poético, entre nostálgico y orgulloso, que contrasta con la brevedad de sus descripciones, sobre todo en los pasajes en los que hace referencia a la belleza del llano: "Quien desde la Cordillera Oriental que bordea la inconmensurable llanura pueda otear el horizonte sentirá cómo ese embrujador tapete verde, que a lo lejos se une con el cielo, ejerce un raro magnetismo que invita a descender a sus planicies y recorrer sus pampas infinitas en busca de la aventura y las indescriptibles sorpresas que se encuentran al recodo del camino o en las matas de monte. Ensimismarse en el encanto de sus paisajes, de su gran variedad de fauna y en la diversidad de flora que circunda a cada centímetro de sus generosas tierras" (pág. 13).

El libro busca promover el llano y sus tradiciones. El mismo autor manifiesta que desea promover a los municipios de su departamento y aclara que, por cuestión de tiempo y espacio (?), no le fue posible incluir a otros municipios de otros departamentos de los llanos. Al final el libro no resulta solamente un intento de promover el turismo en el llano, sino que también halaga y rinde homenaje a la larga lista de coleadores amigos del autor.

No cabe duda de que  |La historia del coleo es rica en imágenes. Hay fotografías con mucha acción, que muestran el contraste entre la vida y la pinta del auténtico llanero criollo y la del coleador "deportista" disfrazado de llanero. Sin embargo, pese a que algunas fotografías sirven sólo como relleno, se nota que la inversión económica para la realización del libro fue copiosa y que las regalías petroleras no sólo sirven para pavimentar carreteras o como carnada de los corruptos. Sin embargo, la prosperidad visual e iconográfica del libro contrasta con la información aportada.

En lo formal el libro quiere ser lujoso y atractivo desde el punto de vista estético, misión que no consigue y que delata más bien poco conocimiento del campo editorial: la tapa dura, que no es conveniente en el formato elegido, sumada a una diagramación defectuosa, a la ausencia de índice, a la deficiente corrección de estilo, al papel brillante, a la proliferación de fotografías de calidad heterogénea, a los intertítulos en mayúscula sostenida, al interlineado exagerado e irregular y a la caja tipográfica muy ancha, hacen de éste un libro mal hecho. Respecto al Centro de Historia del Casanare, entidad editora del libro, no hay ninguna información, así como tampoco una lista de sus anteriores publicaciones.

¿Bibliografía sobre coleo? Más bien poca. De modo que, pese a sus vastas deficiencias, este intento por plasmar una más de las tradiciones colombianas, siempre tan diversas, resulta apreciable, además de ser útil a la memoria colectiva nacional. Cualquier aproximación en torno a la riqueza de una región y de sus tradiciones, merece una calurosa bienvenida. Sin embargo, un texto serio sobre la belleza y tradiciones del llano colombiano, y más específicamente sobre "la historia del coleo", está por escribirse.

 

CARLOS SOLER