Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Sobre la arena mojada

 

Titulo del libro: Tertulias musicales del Caribe colombiano

Autor: |Mariano Candela (compilador)
Editorial:Fondo de Publicaciones de la Universidad del Atlántico, Barranquilla, 1998, 2 vols.

 

Estos libros son el resultado de un convenio entre la Universidad del Atlántico y la Caja de Compensación Familiar (Comfamiliar) del Atlántico, a través de su Centro Cultural, asociados para crear el Centro de Documentación Musical del Río Magdalena y el Caribe Colombiano. Dentro de esta perspectiva se programaron una serie de eventos sobre la música costeña de tiempos pasados a cargo de algunos de sus principales protagonistas, generalmente con intervención de un público amplio conformado por músicos y melómanos; el ambiente, más que académico, era fresco, el tono informal a veces festivo y el formato variado: a veces, muy pocas, se trataba de una conferencia con expositor central, a veces era una mesa redonda y usualmente era una conversación animada con múltiples voces. Los textos de estos eventos se publicaron en dos volúmenes compilados por Mariano Candela, picotero de los buenos tiempos del Goce Pagano y coordinador del Centro de Documentación Musical ya mencionado. En términos generales, se puede decir que aportan materiales de apoyo para el investigador, datos y perspectivas útiles para la elaboración científica.

Las contribuciones del primer volumen de |Tertulias musicales del Caribe colombiano están centradas en figuras individuales de los buenos tiempos de la música costeña: Adolfo Echeverría, Antonio María Peñaloza, Esther Forero, Rafael Mejía y José María Peñaranda. |La primera tertulia, al menos en orden de edición, más que sobre Adolfo Echeverría fue sobre |Las cuatro fiestas, célebre tema de su inspiración, y la exposición central estuvo a cargo de Aníbal Cotes, de la Asociación de Coleccionistas de Música Afrocaribe de la Costa, quien ha hecho un proyecto de vida de su admiración por la canción. Su intervención contiene muchos datos históricos sobre los intérpretes originales y las distintas versiones de este número, todo un clásico con sabor a diciembre y vientos alisios. La segunda tertulia está dedicada a |Te olvidé, de Antonio María Peñaloza, una especie de conversación de puertas abiertas donde, como plato fuerte, participa un testigo de excepción de la historia de la música costeña como el veterano empresario disquero Curro Fuentes. Siendo menos ordenada que la anterior, esta tertulia es más interesante por lo sugestivo de muchas cosas que se dijeron, como cuando Curro esclareció de una vez por todas el intrigante asunto de la grabación del número en una sola toma, tradicionalmente atribuida a que no tenía plata para otra toma: "[El maestro Peñaloza] me presentó la música, a mí me gustó mucho, pero yo no le demostré que me había gustado. Dije: si el maestro se da cuenta que me ha gustado bastante va a cobrar en dólares... No quise repetirlo porque quedó tan bien, que yo sabía que no iba a quedar igual, prefería sacrificar cualquier errorcito... pero que quedara con bastante alegría, con bastante entusiasmo". Explicablemente, el homenaje a Esther Forero contiene, dado su nivel intelectual, páginas que permiten asomarse a temas de investigación bien sugestivos. Sus contactos con grandes intelectuales y músicos del Caribe sirvieron para alimentar una obra no muy extensa pero sí muy significativa en su intento de darle proyección antillana a la música costeña. Y sus apuntes biográficos contienen elementos de interés para la historia regional, el estudio del Carnaval y los métodos de composición de músicos populares. Rafael Mejía, cultor de boleros y música del interior, fue el tema de otra tertulia.

Se destaca aquí la información sobre la presencia de valses, pasillos y bambucos entre los serenateros de Barranquilla en decenios pasados; también las anécdotas sobre el origen de sus composiciones ( |Paisaje, Despierta, corazón, Cumbia sobre el mar, Ay que rico merecumbé) y las reminiscencias en torno al viejo Chop Suey, restaurante chino de Barranquilla ya desaparecido donde cantaron alguna vez los grandes del Caribe. Este volumen se cierra con la tertulia de José María Peñaranda, el legendario juglar de la picaresca costeña cuya biografía nada tiene que envidiarle a la gracia de sus canciones.

El segundo volumen presenta una tertulia que no es sobre música costeña sino cubana: una conversación con el gran poeta y bolerista cubano César Portillo de la Luz, integrante del filin y autor de |Contigo en la distancia, lo cual se justifica porque no todos los días aparece alguien así por Barranquilla. Hay un repaso por la trova de guitarra y serenata que evidencia el buen nivel de reflexión de Portillo, lógico si se tiene en cuenta que su grupo del filin tenía características de bohemia literaria; es decir, era un grupo intelectual. Rafael Campo Miranda ( |Entre palmeras, Lamento náufrago, Playa, brisa y mar, Nube viajera, Pájaro amarillo) tiene inclinaciones literarias y, por ello, la ventaja de llevar un diario escrito con franqueza y guardado bajo llave en lugar inaccesible para su señora, salvándose así gran parte de sus recuerdos. Esto determinó una tertulia fluida y precisa conversando en torno al origen de sus canciones, siempre referidas a vivencias propias o ajenas y siempre ligadas al tema amoroso; cabe destacar su artesanía intelectual visible en el inmortal porro |Lamento náufrago, inspirado y su letra prácticamente calcada de una carta de despedida escrita por una antigua amante que estaba de vacaciones en el Puerto Colombia de los años cuarenta y retornaba con un esposo que vivía en tierras lejanas (casi se podría decir que la autora de la letra es ella, no él). En un estilo más coloquial que académico, de más periódico y crónica que teoría y ciencia, y gracias a la riqueza de su experiencia vivida y de su producción de teatro ligero, Alfredo de la Espriella Zabaraín, cienaguero, es una de las más importantes memorias típicas de Barranquilla. Su tertulia sobre los salones burreros, escenarios de música popular en las fiestas del ayer, presenta la ventaja, sobre otros trabajos suyos, de contar con una información más organizada y por tanto susceptible de prestar un buen servicio para orientar el trabajo de los futuros investigadores del Carnaval de Barranquilla. La narración, muy fresca y costeña, es un buen compendio de la visión que las elites locales tienen de esas fiestas con sus referencias a los clubes sociales, a ese paradigma de la mujer elitista barranquillera que es la reina del Carnaval, a los grandes señores de otros tiempos, a los eventos que desde esa perspectiva se consideran hitos de paganismo criollo, incluso eventos populares asimilados por las elites dentro de esa democracia aluvional y arenosa. Otra tertulia ligada al Carnaval, más telúrica esta vez, estuvo protagonizada por algunas de las danzas tradicionales más importantes que tiene el Carnaval como son |El Torito y El Perro Negro, y se refiere a la música que acompaña a las danzas tradicionales y al hecho, fuera de serie, de que en tiempos pasados cada danza tenía su música propia (ritmos y cantos); las precisiones que se hacen sobre los distintos toques le confiere a esta tertulia un interés muy especial. El soledeño Pacho Galán mereció una interesante tertulia centrada en su inmortal Cosita linda, el merecumbé de todos los tiempos; tocaba con la orquesta de Ramón Ropaín y se grabó como porro en Sonolux de Medellín y volviéndose a grabar en Discos Tropical de Barranquilla con su propia orquesta, la vocalización de Emilia Valencia y el marco rítmico del baterista Pompilio Rodríguez, quien diseñó el golpe de percusión característico del merecumbé. En esta y tantas otras piezas se destaca su capacidad de arreglista, su generosidad de genio de pueblo y la exigencia impuesta en las grabaciones representada en aquella frase lapidaria: "La madre para el que se equivoque". El tema del |jazz latino dio lugar a un intercambio más o menos formal que abarcó intervenciones y audiciones de diversos intérpretes colombianos del jazz latino; sorprende encontrar que a pesar de escucharse |La cumbiamba de Jay Rodríguez, por iniciativa de Laurian Puerta, no exista un suficiente reconocimiento de la obra de este saxofonista barranquillero radicado en Nueva York que tal vez sea el único músico de ligas mayores que tenga el país. Termina el volumen con la tertulia dedicada a dos autores importantes: Julián Pérez Carvajalino, de |Cuando se acaban las velas y |Barquito de papel, y Efraín Orozco, de |El mochilón.

 

ADOLFO GONZÁLEZ HENRÍQUEZ
Departamento de Sociología, Universidad del Atlántico