Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

La consagración de lo baladí y el uso de los marginados

 

Titulo del libro: Identidades a flor de piel. Lo "negro" entre apariencias y pertenencias: categorías raciales y mestizaje en Cartagena

Autor: |Elisabeth Cunin
Editorial:Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Universidad de los Andes, Instituto Francés de Estudios Andinos, Observatorio del Caribe Colombiano, Bogotá, 2003, 367 págs., il.

 

La Constitución política de Colombia de 1991 reconoce la naturaleza multiétnica y pluricultural de la nación. Esto significa que la sociedad colombiana ha sido y es históricamente un país de pluralidad regional y cultural.

El propósito del libro |Identidades a flor de piel de Elisabeth Cunin es examinar cómo

|La percepción del color moviliza esquemas cognitivos incorporados, normas sociales implícitas, valores culturales difundidos; revela mecanismos de atribución de estatus, de clasificación del otro y relaciones de dominación [...] En una situación de mestizaje como la de Cartagena y la Costa Caribe colombiana, el "individuo negro" se concibe, tanto en el discurso como en la práctica, como una víctima potencial del racismo y no como una víctima real. Tiene la capacidad de jugar con el color de su piel, de eufemizarla la mayoría de las veces y de exhibirla en algunas ocasiones. Me interesaré entonces en la manera como los miembros de una sociedad se clasifican y son clasificados, a partir de sus características físicas mientras interactúan. Este cuestionamiento conduce a un análisis de la capacidad de los individuos [para] conocer, movilizar, aplicar las reglas y los valores propios de cada situación, [para] pasar de un marco normativo a otro, [para] definir su rol y el de los otros de manera interdependiente; esto es lo que llamaré competencia mestiza. [pág. 18, subrayado en el texto]

La autora también se refiere a algunas preocupaciones teóricas al comparar la situación de la población afroamericana en América anglosajona y en América Latina y en particular a los desarrollos conceptuales sobre el tema en Colombia; por una parte, los conceptos de "invisibilidad" de las poblaciones "negras" y las "huellas de africanía"; y por otra, la significación de "comunidades afrocolombianas". Todo ello basado en un marco de análisis que parte de una visión anglosajona de estructuras de relaciones raciales y la visión francesa que centra su interés en el racismo y los problemas que genera la inmigración y las reflexiones sobre la integración de poblaciones diferenciadas, teniendo en cuenta que "las relaciones étnicas constituyen un caso particular de las relaciones raciales" y, además, siguiendo las premisas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el término de raza es rechazado de manera inequívoca por las ciencias naturales, y encuentra también un eco de rechazo en el discurso "político, filosófico y moral" en la tradición francesa (pág. 22).

El libro está constituido por una introducción, cinco capítulos, unas breves conclusiones y una extensa bibliografía especializada. El primer capítulo lleva a cabo un análisis sobre "El mestizaje: entre asimilación y multiculturalismo". El capítulo segundo desarrolla el tema de "Cartagena: alteridad en una situación de mestizaje". El trabajo empírico de la recolección de la información sustenta los capítulos tercero sobre "Reinas de belleza y símbolos turísticos: la puesta en escena del cuerpo", el capítulo cuarto sobre "Los palenqueros: de la estigmatización racial a la entrada en [la] etnicidad", y el capítulo quinto "La champeta: de la etiqueta racial a la proyección en el Caribe".

Los pueblos afroamericanos de América Latina, según el Banco Interamericano de Desarrollo (Bid), en 1998, se estiman en 150 millones de personas, con lo cual constituyen así un tercio de los latinoamericanos. ¿Cómo afirmar que estas personas, que conforman una cifra tan grande sean "invisibles" desde el punto de vista de una historia, de una cultura, de unas relaciones sociales? No podemos borrar la historia de la esclavitud. En las ciencias sociales estamos obligados a relacionar e interpretar experiencias históricas divergentes, cada una con su secuencia particular y en sus ritmos de desarrollo, sus configuraciones internas, su coherencia y su sistema de relaciones externas, todas ellas coexistiendo e interrelacionadas con otros campos del conocimiento.

Inmanuel Wallerstein como presidente de la Comisión Gulbenkian para la Reestructuración de las Ciencias Sociales, cita el trabajo del catedrático africano Engelbert Mveng, que en 1978 decía: "Hoy el occidente concuerda con nosotros en que el camino hacia la verdad pasa por numerosos caminos distintos de los de la lógica aristotélica o tomista o de la dialéctica hegeliana. Pero es necesario descolonizar las propias ciencias sociales y humanas" (Wallerstein, I. [coordinador] (1996), 2001: 662).

Christian Gros señala acertadamente que los criollos "no eran los legítimos dueños [de la tierra]", y fueron los que tenían, en el siglo XIX, el proyecto histórico de construir nuevas naciones: "¿Cómo asegurar la legitimidad de dicho proyecto histórico? ¿Cómo pensarla nación en el nuevo mundo?". No se podía pensar la nación como una comunidad de sangre ni tampoco concebir el Estado-nación como una comunidad cultural oprimida: "en una sociedad de castas, las culturas tenían que ser diferentes para permitir la reproducción del sistema"; y señala que "la elite dominante compartía con sus antiguos amos, con el imperio, la misma cultura (española o ibérica), la misma lengua (el castellano) y la misma religión (el catolicismo)" (Gros, Ch. (2000): 354-55).

En esta vasta región del Nuevo Mundo la época colonial significó una yuxtaposición de experiencias históricas divergentes y la negación y rechazo de culturas (nativas, africanas y afroamericanas) diferenciadas, pero no "invisibles"; es decir, un enunciado que omite la valoración y resignificación de las poblaciones negras y nativas en las configuraciones del poder. La autora observa que

|el aislamiento del Caribe puede ser analizado con base en el sistema de relaciones entre razas, iniciado en Cartagena y que, paradójicamente, el comienzo de la República confirmaría. No en vano el proceso de la primera Independencia de Cartagena tuvo consecuencias adicionales, como que la ausencia de relevancia racial provocara la disolución del Caribe [en el] interior de una nación que se considera andina y blanca, ignorando su componente africano. No obstante, este fenómeno de marginalización de la costa no debe ser atribuido exclusivamente a un proyecto de las elites andinas: también resulta del evitamiento de las categorizaciones raciales común entre las elites caribeñas como dentro de los sectores populares. [pág. 154]

El conocimiento de los antecedentes históricos es fundamental para comprender la realidad cultural y socioeconómica actual de pueblos marginados por siglos de rechazo, negación y opresión.

En el siglo XV, el continente africano era una región diversa y compleja, determinada por un conjunto de factores históricos, demográficos, económicos y étnicos. Se trataba de un continente de proporciones gigantescas, caracterizado por una extrema diversidad de zonas climáticas, de grupos étnicos y sus lenguas. Un examen retrospectivo de esos antecedentes plantea múltiples interrogantes. ¿Cómo construir un modelo ahistórico de la civilización africana con la premisa conceptual de "huellas de africanía"? Roger Bastide, en su famoso texto |Les Amériques noires, señala que al examinar a las sociedades cimarronas "nosotros mismos nos encontramos por doquier confrontados con culturas 'mosaicos'", con "una cultura [africana] predominante... [aun cuando] esto sigue permitiendo la coexistencia de enclaves completos basados en otras civilizaciones" (Bastide, R. (1967): 69). Este modelo plantea un esquema reducido y simplificado de una realidad compleja; semejante transposición supone siempre una distorsión. El investigador Richard Price, en 1973, indicó:

|Me parece que [...] Bastide sobresimplifica el proceso que contribuyó a la formación de culturas y sociedades cimarronas, malinterpreta la naturaleza de los principios que sirvieron para integrarlos, y subestima considerablemente los recursos creativos de los cimarrones [...] Lo que la mayoría de esta gente [los cimarrones] compartió fue una cultura afroamericana recientemente forjada y un fuerte compromiso ideológico (o por lo menos retórico) con las cosas "africanas". [1973:26]

Desde la perspectiva de los estudios culturales, se considera a una minoría como un grupo caracterizado por su ausencia de poder. Esto implica que no se trata de un concepto esencialmente basado en el número de los integrantes del grupo, a menos que el número esté asociado con la ausencia de poder.

A partir de este argumento podríamos advertir la situación de discriminación a la minoría. Si se plantea la situación de la distribución desigual del poder, hay que señalar que las minorías sufren un tratamiento no equitativo y discriminatorio, de prejuicios históricos preexistentes, de exclusión, de privación de derechos económicos. Seguramente es porque el concepto de etnicidad lleva implícito el sentido de la diferencia. Es decir, lo mismo que una minoría implica una configuración étnica mayoritaria a partir de la cual los grupos étnicos son diferentes. En consecuencia, la diferencia se establece en relación con un modelo que es el de la mayoría.

Elisabeth Cunin señala que no

|hay duda de que la concepción de la "etnicidad negra" se construye sobre la exclusión de todos aquellos -y son numerosos- que no pueden reclamarse como miembros de una cultura autónoma, preservadores de tradiciones ancestrales, de una identificación de un territorio rural o de una conciencia identitaria afirmada. Todo sucede como si el otro [subrayado en el texto] pudiera ser únicamente concebido a través de rasgos indígenas, como si la "indianidad" fuera el horizonte insuperable de la etnicidad, como si los indígenas, lejos de ser un grupo étnico cualquiera, determinaran los criterios de pertenencia de todo grupo étnico. En pocas palabras, como si la "etnicidad negra", para ser reconocida, debiera tomar las características de la etnicidad indígena. [págs. 44-45]