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En Mito publicó Valencia Goelkel su primer gran ensayo, "Destino de Barba Jacob" -donde equipara la rebelión bohemia con un sórdido conformismo-, notas de libros y de cine y traducciones. Ya la crítica es para él una hermenéutica que implica un conocimiento completo de la obra. Reseñó muchas obras pero reservó el ensayo para los escritores que podía leer en su lengua original; sentía pudor ante la lectura de un escritor como Brecht, "sin saber alemán o ni siquiera poseer sus obras completas en lengua alguna". La crítica debe ser "un empeño sintético, una empresa de claridad conceptual y expresiva", y además una labor de descubrimiento y desmantelamiento del mito, que siempre rodea a los escritores famosos; también el deseo de compartir el placer de la lectura y una amable incitación a ella. "El trabajo del crítico -dijo- no es buscar libros mediocres; es identificar los excelentes que llegan a sus manos y dar cuenta, lo mejor posible, de sus excelencias". Era Valencia Goelkel un clásico que veía con recelo la expansión romántica. Detestaba la mentira, es decir la retórica, la solemnidad y el sentimentalismo. Este iba a la par con la prosa elaborada, con esos "párrafos y metáforas que pueden calificarse de poéticas en el sentido más abominable de la palabra". En la poesía admiraba el rigor, el pensamiento y la emoción concisos, que percibió en los últimos libros de Cote Lamus y que atribuyó a su honestidad, a su rechazo de la improvisación y de la pose: "Es muy grato 'vivir' poéticamente, conforme a cierta vaguedad programática, más costoso es ese ejercicio solitario que hay que llamar por su nombre: el trabajo poético". Era clarividente, veía lo que para el lector común y para muchos no tan comunes pasaba inadvertido, por eso sus páginas están llenas de hallazgos y de percepciones que nos enriquecen. Como cuando en su magnífica nota sobre |El general en su laberinto dice que circunscribir Bolívar al Sueño [de una América unida] "lo deshumaniza, y al mismo tiempo lo reviste del más humano de los sacrificios, el fracaso; una Juana de Arco que no derrotó a los ingleses, un Colón que no descubrió América (contra toda evidencia se sigue arguyendo que el mercader genovés era un soñador)". Fue Valencia Goelkel admirable traductor, de escritores tan individuales -y difíciles- como Stendhal, Swift, Sterne, Henry James o Joseph Brodsky, fuera de ensayistas literarios como George Steiner o de biógrafos como Sebastián de Grazia, y de poemas de Yeats y de Blake. Pero se consideraba "apenas" un crítico, autor de una "tenue" obra. Dividía a los grandes escritores entre los de primer orden y los de segundo orden, en quienes la reflexión y el cuidado priman sobre el privilegio de la creación. Y en el teatro literario, el crítico estaba en palco de tercera y el traductor en el gallinero. Sin embargo, y aunque no se publicaron sino cinco libros de sus escritos - |Crónicas de cine, Crónicas de libros, El arte viejo de hacer novelas, Oficio crítico (compilados los cuatro por el infatigable Cobo Borda) y |La lección del olvidado (ensayos introductorios de la colección Cara y Cruz, de Editorial Norma)ocupa un lugar de privilegio en nuestra literatura. Durante más de cuatro décadas fue |el crítico literario, el único que se podía comparar con los grandes ingleses y estadounidenses que admiraba, con Cyril Connolly o Edmund Wilson, por ejemplo. Pero no era extranjerizante, era cosmopolita. Un amante de la literatura, en permanente vigilia, curioso por la historia y por la actualidad. En otra sociedad habría tenido un papel menos discreto; aquí fue una voz poderosa y buena... en el desierto. Tomado de http://unperiodico.unal.edu.co, NICOLÁS SUESCÚN, UN Periódico, Bogotá, 25 de junio de 2004. Premio Silva a la crítica literariaA fines de 1996 la Junta Directiva de la Casa de Poesía Silva creó el Premio Silva a la crítica literaria, dotado con 20 millones de pesos. Y a comienzos de 1997 decidió entregarlo a Hernando Valencia Goelkel, en reconocimiento a su trabajo como ensayista, crítico y traductor literario. Quiso también exaltar su trayectoria intelectual, dedicada a la lectura y al estudio y como editor de las revistas Mito y Eco, ya desaparecidas. Para tomar la decisión, la Junta Directiva tuvo en cuenta la lealtad insobornable de Valencia Goelkel a su vocación literaria y la calidad de sus trabajos, condiciones y méritos suyos que han contribuido al enriquecimiento cultural de tres generaciones de colombianos. También se consideraron su honestidad e independencia intelectuales y su amor por la literatura, que le han permitido construir un pensamiento crítico exigente, hondo y contemporáneo. Esquivo como es a la figuración pública e, incluso, a la divulgación de sus propios escritos y trabajos, el lector interesado no ha tenido fácil acceso a ellos. De ahí que la publicación de este volumen [ |Oficio crítico], preparado por su amigo Juan Gustavo Cobo Borda, sea un acontecimiento literario, pues ahora sí permitirá a todos gozar de la inteligencia, el fino humor, la agudeza y los conocimientos de este magnífico escritor. MARÍA MERCEDES CARRANZA Para un largo adiósUn hombre cuya vida estuvo siempre bajo el signo de la modestia, pero también bajo los de la inteligencia y la lucidez. A pesar de que seguramente será recordado principalmente por sus ensayos sobre literatura, fue también el más agudo crítico cinematográfico del país. De hecho, su primer libro publicado fue |Crónicas de cine, una recopilación de trabajos que habían aparecido en revistas y periódicos, recopilación que, literalmente a escondidas de Valencia Goelkel, hicieron Isadora de Norden, entonces directora de la Cinemateca Distrital, y el escritor Juan Gustavo Cobo Borda. Después de éste vendrían |Crónicas de libros, El arte viejo de hacer novelas, y la colección |Oficio crítico. Hace más de un lustro, en su discurso de aceptación del Premio Silva a la crítica literaria, Valencia Goelkel mencionó, casi con pesar, que en sus palabras de esa noche se había "olvidado de un antiguo y grande amor, como fue el cine, para hablar solo de libros". Pero lo que es claro, es que en cualquiera de las dos labores, bien fuera escribiendo sobre cine o sobre libros, la razón de su obra fue una permanente indagación del proceso de la creación artística, "acaso también la razón de ser de mí mismo". Tomado de www.enmente.com/article.es
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