BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Mujer excepcional y polémica
Laura Montoya. Una antorcha de Dios
en las selvas de América
Autor:
|Carlos Eduardo Mesa Gómez
Editorial: Cargraphics, Bogotá, 1999, 809 págs., Fotografías y
mapas
Nos encontramos en este libro de frente con la biografía de una
mujer simultáneamente excepcional y polémica, una vida que puede
leerse de varias maneras. En primer lugar, los interesados en la
formación religiosa, las pruebas de fe, las enseñanzas de la vida
cristiana y los misteriosos designios de Dios cuentan con una
amplia gama de información, podría decirse que excesiva en algunos
momentos, ilustrando paso a paso momentos decisivos de
perfeccionamiento individual. A menudo nos tropezamos con una
amplia cantidad de datos obtenidos de papeles y escritos
personales, extractos de su autobiografía, numerosas cartas,
entrevistas y documentos de diferentes archivos que sirvieron al
autor en la elaboración del texto. En segundo lugar, los estudiosos
de la historia de las misiones en territorios habitados por grupos
indígenas en Colombia, y los antropólogos interesados en esos
mismos grupos, también encontrarán una fuente de información
importante, y a la vez controvertida, sobre la visión eclesiástica
y gobiernista en lo referente al destino de estas comunidades, y el
derecho que muchos han creído tener sobre la vida, tierra y cultura
de los indígenas. Y los que simplemente busquen entender lo que
significaba ser mujer en los comienzos del siglo XX, y más aun, ser
sobresaliente, y salirse de los esquemas trazados para la época
disfrutaran de la lectura de la vida de alguien que se atreve a
romper moldes, que se aventura en terrenos totalmente vedados a las
mujeres, y que con su tenacidad logra vencer innumerables
obstáculos, dejando además un ejemplo y un legado para la
posteridad. De estas tres lecturas, la religiosa es la que
predomina en el libro. Lo que no sorprende, si se tiene en cuenta
que ésta es la obra póstuma de un sacerdote, encomendada y
publicada por la Congregación de Misioneras de María
Inmaculada.
Laura Montoya Upegui nació en 1874 en Jericó de Antioquia y
murió en Medellín en el año 1949. Fue la suya una vida compleja
marcada por la pobreza, primero impuesta y después escogida. Siendo
muy niña quedó huérfana de padre. Su madre se empleó como maestra
rural circulando por diferentes pueblos de Antioquia y, como su
mísero sueldo no le alcanzaba para sustentar a su familia, se vio
obligada a repartir a sus hijos entre sus parientes acomodados.
Laura tuvo la mala suerte de vivir con un abuelo que no la quería y
a quien le molestaba su presencia. El libro nos muestra cómo estas
privaciones e infortunios ayudaron a templar un carácter fuerte,
rígido, austero y perseverante; es decir, con los ingredientes
necesarios en la época para enfrentarse a un mundo masculino y
lograr sobresalir. Sumado a esto se nota la estricta disciplina
religiosa a la que se sometió, que incluía fuertes sacrificios,
privaciones, golpes, castigos corporales, llegando al extremo de
tatuarse una cruz en el pecho, con un cuchillo encendido al rojo
vivo, que según ella misma la ayudaban a sentirse
"aliviada de su dolor interior". Toma como modelo
a santa Catalina de Siena, otra mujer portentosa, quien pasa a la
posteridad por sus obras de caridad, sus rarezas y por su capacidad
de contacto con lo impuro, lo inmundo y lo repulsivo. Adjetivos
que, al aplicarse al caso de la madre Laura, se pueden trasladar a
su labor con grupos que han sido víctimas de imágenes parecidas en
determinados momentos de la historia colombiana.
A los 16 años Laura se va a Medellín a estudiar en la Escuela
Normal y así ayudar al sustento de su madre y su hermana. El único
alojamiento que logra encontrar, dados sus pocos recursos, es en el
manicomio, dirigido por una parienta, del cual sale como directora.
El magisterio la lleva por todos los caminos de Antioquia y más
allá, donde comienza a florecer su interés por las misiones,
cometido que la hará movilizarse, muchas veces a pie, pues su
voluminosa figura no siempre es soportada por bestias de carga, por
los lodazales, barrancos, montañas y selvas que tuvo que cruzar. De
esta manera logra que la congregación misionera que fundaría más
adelante se extendiera por todo el territorio colombiano, cruzando
varias veces las fronteras nacionales. En el caso de Laura, y el de
muchas otras mujeres emprendedoras, lanzarse a este tipo de
empresas, se facilitaba a través del celibato y la entrada a una
orden religiosa. Su vida, como la de otras mujeres en condiciones
similares, no fue fácil, pues siempre han sido propensas a
enfrentamientos y choques, que, como en el caso de Laura, son
alimentados con calumnias, chismes y otras armas de control social
efectivas en impedir el avance de la mujer, y que en este caso
también son el resultado de odios, rencores y pasiones partidistas,
que ya estaban desangrando el país.
Entre los escritos de la madre Laura hay claras referencias a la
condición del indígena en los primeros decenios del siglo XX.
Aunque estaba claro que su misión era la conversión y el
apostolado, cometidos venidos no sólo de Iglesias católicas y
cristianas de diferentes denominaciones e intereses políticos, que
los indígenas no siempre han sobrellevado ni pasiva ni
pacíficamente. A este respecto vale la pena resaltar las leyes que
escribe sobre la protección de la persona y los derechos del indio,
donde indica como necesidad de primer orden la posesión real de las
tierras y la justicia en la legislación sobre la propiedad
indígena. Su método misionero critica a otras escuelas de la época
que predican la catequización que incluye el abandono de la cultura
y la lengua como paso fundamental en la cristianización, paso que
ella considera cruel, aunque no niega que a veces sea necesario que
desaparezcan algunas costumbres "bárbaras". No
está ajeno a su conocimiento el avance de la etnología y de los
estudios de las lenguas aborígenes desarrollados por el francés
Paul Rivet en territorio colombiano. Investigaciones que son
utilizadas para conocer mejor a las comunidades bajo su
ministerio.
Recordemos que la historia de las misiones va paralela a la
historia de la colonización y que la historia de la antropología
también tiene muchos puntos en común, por eso debemos preguntarnos:
¿Qué han ganado realmente los indígenas con su participación en
expediciones coloniales, misioneras o investigativas? Para la madre
Laura esto ha ayudado a llevar almas al cielo, suavizando su
"llaga" personal, mitigando también el
sufrimiento corporal producido por las enfermedades, el hambre y el
abandono social de siglos en que se ha mantenido a los indígenas.
Cincuenta y cinco años después de su muerte, algunas cosas no han
cambiado, a pesar de algunos esfuerzos por cambiarlas, o por falta
de esfuerzo, pero ése no es el objetivo del libro. Su objetivo
primordial radica en mostrar una vida que se sale de lo ordinario,
y eso sí se ha logrado. Sólo resta que el lector escoja la lectura
que más le convenga.
PATRICIA TOVAR
Instituto Colombiano de Antropología
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