Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Graves aseveraciones históricas en el marco de un coloquio jovial y burletero

 

Titulo del libro: La taberna de la historia

Autor: |Germán Arciniegas
Editorial: Planeta, Bogotá, 2000, 194 págs.

 

Cristóbal Colón, Amerigo Vespucci (también conocido como Américo Vespucio), Vasco Núñez de Balboa se reúnen en la taberna de un chino en Cartagena. La taberna se llama Magallanes y uno de los contertulios, Vasco Núñez de Balboa, acude desvirolado. Es decir: sin cabeza.

Germán Arciniegas (1900-1999) nos entrega, desde el más allá, su primera obra póstuma, fiel a su estilo. Le gustaban los cuentos de fantasmas y aparecidos y tenía talento para recrearlos. En este caso desliza graves aseveraciones históricas en el marco de un coloquio jovial y burletero. Un Colón que confundía Cuba con China y borró Japón del mapa.

Un Colón Colón, sin embargo, que si no hubiera atravesado el Atlántico con noventa compañeros no hubiera permitido existir, en el recuento, a sus interlocutores de mesa.

Junta lecturas con imágenes. Lo que soñaron en los libros con lo que palparon en el Nuevo Mundo hace de estos tres espectros unos niños que, como Vespucci, descubren atónitos cómo "las mujeres traen por delante de su cuerpo una cosita de algodón que escasamente les cobija la natura".

De este modo, compenetrándose con los escritos de los viajeros, y más aún: con las sorpresas de los descubridores, Arciniegas se torna visionario. Los sueños de ellos encarnan en la frescura de su prosa y la tornan lírica e incandescente: al referirse a los naufragios, a las sirenas, o al placer con que una india palpa por primera vez el cuerpo de un español cubierto de vello (págs. 171-173).

En otras la vuelven crítica y reflexiva, constatando la dureza cristiana con que Fernando e Isabel expulsaron a moros y judíos. Llega incluso a ser conmovedora al referirse a los judíos que dejan España sólo con sus canciones, sus jaulas para pájaros y las grandes llaves de hierro de las puertas de su casa. Bien podríamos llamar a Arciniegas "poeta de la historia".

Navegar hacia el occidente para llegar al oriente es el sino que marcaría estas vidas y que determinaría, por consiguiente, muchas de las viñetas de este libro. En primer lugar los viajes de Colón sea a Islandia o por el Mediterráneo. Sea a América, por las islas del Caribe, o de regreso a España, cargado de cadenas.

Una lección sencilla sobre los avatares del poder y el modo como éste usa a los hombres en sus oscuros designios. Divulgada desde las páginas de El Tiempo, de Bogotá, en su habitual columna, y ahora recopilado por su hija Gabriela, el libro no se centra sólo en el hombre que buscó unir Europa con Asia y en mitad del océano se le atravesó América.

Aquí es donde la astucia narrativa de Arciniegas se torna sabia para entrelazar el hilo de Colón con el hilo de Vespucci: la Florencia de los Médicis y de Botticelli. La Florencia donde bautizaron premonitoriamente a un niño llamándolo Amerigo.

Todo el Renacimiento italiano, espoleado en pos de las especias, pero también dispuesto a recrear el legado griego, instaurar la perspectiva en las artes y regularizar el comercio, con banqueros, letras de cambio y seguros para la carga. Con refinada diplomacia y pormenorizados cronistas epistolares que mantenían al día a la Serenísima en intrigas políticas y descubrimientos geográficos.

Arciniegas se pasea encantado por una Italia que recorrió con devoción e incorporó a su mitología familiar, como asunto propio. Desde la amada Simonetta, nacida de las aguas gracias al pincel dorado de Botticelli, hasta Niccoló Machiavelli (o Nicolás Maquiavelo), el redactor de ese breviario perdurable sobre cómo "llegar al poder por astucia y retenerlo por falsía". Sus modelos: tres españoles. Alejandro VI, Fernando el Católico y el duque Valentino.

Por su parte, y con Vasco Núñez de Balboa, otro de los temas obsesivos y predilectos de Arciniegas reaparece. Las hazañas de los hombres del pueblo. De ese cuidador de cerdos en Extremadura que quita de las manos genovesas o venecianas el pendón de los descubrimientos y le ofrece a la reina Isabel no vastos territorios para conquistar y evangelizar sino un ilimitado horizonte de aguas: el océano Pacífico.

La península, la de Castilla y la de Andalucía, se había vuelto una cárcel de pobreza, de hidalgos segundones, y prohibidos e inaccesibles cotos de caza. Sólo quedaba el mar tenebroso, para huir hacia Asia, y ahora este océano en el que Balboa clava su espada. La mitología se ha vuelto democrática y Arciniegas nos encanta, una vez más, con sus gracias de narrador. Hechizado por su tema. Su último libro, escrito, dictado, soñado, hace de sus asuntos recurrentes durante sesenta años, por lo menos, una suma incomparable. Con un pie en el siglo XV y otro en el siglo XX enlaza corrupción europea con primeras fallas americanas. Vuelve a vivir el asesinato de Giuliano de Medici, en la misa, cuando la conjuración de los Pazzi y el nepotismo de Colón con hijos y hermanos apropiándose de todos los cargos. Banqueros contra banqueros, papas contra gonfalonieros. Reyes y diplomáticos, como el tío de Vespucci. Reinas condescendientes y reinas implacables: la historia se vuelve intrigas y escenas de capa y espada. El ascenso de los Borjas, "bueyes en Jativa", que ya como Borgias. y en Roma, se han hecho toros, da la razón a Arciniegas, que subtituló esta carpeta de historia con el rótulo de "novela". Una novela llena de citas bibliográficas -Burckhardt, Bargellini- y de documentos expresivos y a la vez, como toda buena novela, con pozos de sombra y misterios insinuados: la sangre judía de Colón y sus encuentros con marineros náufragos y peregrinajes por cortes y conventos. Lo que en el periódico, cada semana, pareciera un folletín decimonónico con un sugestivo "continuará", ahora, en el libro, fluye para enlazar, finalmente, las dos historias anteriores, en una tercera novela.

La novela del pueblo analfabeto y rebelde que encabeza Vasco Núñez de Balboa en contra del gobernador Pedrarias Dávila y el bachiller Enciso.

Montaraz y salvaje, jugador y pleitero, hizo de la gleba democrática el barro imprescindible para construir América. Allí donde una mejor justicia buscaba dejar atrás el lodazal sangriento de una Europa donde se asaba a Savonarola en la misma plaza donde tantas obras de arte se habían incinerado antes. Y donde, en alguna forma, la rígida pirámide de privilegios monárquicos se buscaba transmitir a América en la fórmula real con que a Colón se le otorgaban:

todas las honras y gracias y mercedes y libertades, preeminencias, prerrogativas, esenciones, inmunidades y todas las otras cosas y cada una de ellas que por los oficios de Almirante y Virrey y Gobernador debes haber y gozar y vos deben ser guardadas.

Quizá por ella a este Vasco Núñez de Balboa, alzado, y primer alcalde elegido por voto popular en América, le cortaron la cabeza. En todo caso, y gracias a un difunto, Germán Arciniegas, han resucitado estos muertos en este reencuentro encantador en torno a la mesa de una taberna. La historia es un cuento, y nadie mejor-que Arciniegas para narrárnosla de nuevo | 1 .

 

JUAN GUSTAVO COBO BORDA

 

| 1 El centenario del nacimiento de Germán Arciniegas ha suscitado una valiosa revisión crítica de su tarea, mediante el |dossier que le ha dedicado la revista Historia Crítica, núm. 21, Universidad de los Andes, Bogotá, enero-junio de 2001, con siete artículos, y Credencial Historia, núm. 131, noviembre de 2000, también de Bogotá, con cuatro contribuciones.