Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
Edición original:
Edición en la biblioteca virtual:
Notas:
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
|

Las langostas del Patía (tomado de América pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente, Barcelona, Montaner y Simon, Editores, 1884).

Para el historiador Manuel José de Lara Ródenas, éstas eran manifestaciones sociorreligiosas, nacidas de las angustias, expectativas y frustraciones de las viejas sociedades agrarias al calor de su incapacidad para dominar el medio. Son parte del desbordante espectáculo de la religiosidad barroca, convocadas por tres tipos de motivaciones: para enfrentar los embates de la meteorología, la epidemia o la guerra | 10 .

Como lo he señalado antes, a los cabildos correspondía la iniciativa de convocar las rogativas. De allí que sus costos se pagaran de sus propios y rentas, cuando no se sustentaban con las limosnas del vecindario. Por lo general la rogativa adquiría configuración completa, un novenario de misas cantadas con procesión general el último día, aunque podía bastar la procesión sola. Para el caso de la Villa de Medellin, cuyas actas del cabildo he explorado parcialmente, se registran lacónicas peticiones, mandatos para celebrarlas y sus respectivas motivaciones. Como ejemplo, puede citarse la solicitud del cabildo de la Villa de Medellín, del 2 de .junio de 1817, donde se ordenaba hacer rogativa a la Virgen Patrona por la sequía y las "pestes" que se presentaban en aquella época de verano:

...siendo graves los prejuicios que resultan a los frutos por la seca que se advierte e igualmente la peste que amenaza una gran devastación y ruina del vecindario, por tanto pide se haga una rogativa a Nra. Patrona de la Virgen de la Candelaria [pedido que fue aprobado para el sábado 7 de junio y] al efecto pedir la limosna que se acostumbra.

Si se atiende a las tradiciones hispánicas en esta materia, puede decirse que las rogativas se realizaban con el concurso de la vecindad en una de las parroquias de la población; el último día de los nueve, que solía ser domingo, todos los estamentos sociales salían en procesión y en desfile general, con las cofradías llevando sus estandartes y las órdenes religiosas liderando el fervor público. Se acordaba más comúnmente el novenario a los santos patronos de las localidades, y el último día se sacaban sus imágenes en procesión hasta una de las parroquias donde se decía la última misa, después de lo cual se las retornaba a su lugar originario, generalmente la iglesia mayor.

Con las rogativas se desplegaba todo un gobierno de las conductas y sentimientos religiosos, pues las autoridades extendían su poder a la intimidad del fervor religioso, exigiendo "contrición y arrepentimiento" o la "devoción y solemnidad que es justicia", para lo cual se demandaba que nadie faltara sin haber confesado y comulgado, y que "todo se haga con la mayor devoción que se pueda", con la advertencia de ser castigados los ausentes.

Indagando por los fenómenos de psicología colectiva que revelan los eventos catastróficos, De Lara Ródenas señala, acerca de las rogativas públicas, que, al tener la fuerza del colectivo, facilitan la cohesión del cuerpo social y catalizan sus temores y angustias frente a ellos.

En el fondo, hiciera o no la merced, la rogativa pública había ido más allá del ruego coyuntural. Su propia naturaleza formalizada, el carácter masivo y globalizador de unas manifestaciones sociales y religiosas que premian lo institucional sobre lo instintivo, nos apuntan a la consideración de la rogativa como un instrumento efectivo de cohesión. Independiente del temblor religioso e íntimo que anima al conjunto, en el que es difícil que un historiador pueda penetrar, independientemente del funcionamiento de la rogativa como tubo de escape de evidentes malestares, no cabe duda de que el poder barroco es consciente de la desmedida fuerza de unión social que llevan en sí los problemas compartidos, y que la convergencia de clases y estamentos en un mismo gesto común dota al cuerpo resultante de un carácter orgánico fácilmente gobernable.

Así, estas celebraciones litúrgicas articulaban la veneración a los santos con la sociabilidad comunitaria. Al vincular a todas las clases sociales bajo el apelativo genérico del "vecindario", las rogativas con formas rituales, como la procesión, suponen efectivos procedimientos en la política de gobierno de la colectividad. La Iglesia y las elites locales propiciaban con estos actos de temor y devoción religiosa un "elemento de cierre espacial comunitario para reforzar el sentido de identidad local" en una simbiosis santos/divinidad-población, ya fuese con ocasión del día de la festividad del patrono local o en medio de las calamitosas circunstancias del desastre.

De la revisión que he realizado de las actas del cabildo de Medellín, para los 142 años que van de la fundación de la Villa en 1675 a 1717, año hasta el cual existen índices que facilitan su consulta, he registrado trece solicitudes oficiales de rogativas y acción de gracias por parte de los cabildantes. Casi todas están dirigidas a la Virgen de la Candelaria, con diversas motivaciones, tales como: "que cesen las lluvias que afectan las cosechas", "para que cese la peste y el mal tiempo", "contra la plaga de langosta" o como la llamativa y ordenada por el cabildo "acción de gracias por los daños ahorrados" a la Villa en el terremoto ocurrido en Santafé en julio de 1785 | 11 . Sobresale el hecho de que el 53,85% (siete) de las trece rogativas contabilizadas fueran suscitadas por motivos climáticos o "agrícolas" y para que "cese la peste" | 12 .

El carate (tomado de América pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente, Barcelona, Niontaner y Simon, Editores, 1884, pág. 568).

Es de destacar que algunas rogativas coinciden con la época de lluvias de principios del año, por lo cual se la señalaba como de los "Aguaceros de la Candelaria", pues la fiesta de ésta advocación de la Virgen se celebraba el 2 de febrero. Igualmente y como un ejemplo más de la forma como los fenómenos naturales estaban signados por el calendario religioso, la época veraniega de mediados de año era designada como los "veranos de San Juan" o las "cosechas de San Juan". Las fiestas de Corpus se celebraban en el cambio del calendario agrícola, al pasar del tiempo de lluvias al tiempo seco.

RECURSOS MÁGICO-RELIGIOSOS CONTRA LA CATÁSTROFE

Durante y aun después de los eventos catastróficos, los actos de fe religiosa manifiestan la certidumbre de la gente en los poderes divinos para restablecer el curso regular de la naturaleza, y los poderes comunitarios, de orden mágico-religioso, para incidir sobre el mundo natural. Estas expresiones de "religiosidad popular" no fueron exclusivas de la época colonial; continuaron durante el siglo XIX, y aún existen, principalmente en las sociedades de procedencia campesina, a pesar de los avances de la ciencia, la medicina y la tecnología y lo que ellas implican en cuanto a un supuesto dominio sobre la naturaleza y la enfermedad. Además, estas manifestaciones variaron de acuerdo con las preferencias de cada grupo social por el santo de su devoción, o de las localidades por su santo patrón, a los que se acudía para restablecer la normalidad de la vida social y natural.

Procesión del domingo de Pascua en Popayán, grabado de Charles La Plante (tomado de |América pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente, Barcelona, Montaner y Simon, Editores, 1884, pág. 728).

Eventos naturales nefastos para la agricultura, como una plaga de langosta, reforzaron la devoción a la Virgen de la Candelaria en la Villa de Medellín. Así lo anotó el conservador, educador y abogado Pedro Antonio Restrepo Escovar en su diario:

|Mayo 19/1878: […] El padre Gómez convidó ayer para ir en peregrinación a Itagüí, llevando a Nuestra Señora de La Candelaria a decirle una misa allí y a matar langosta [...] Muy de mañana mandé a mis hijos […] que se fueron adelante de mí a matar langosta; yo me fui después | 13 |.

Este caso, como otros que narran viajeros y cronistas de la Nueva Granada, donde se percibe la participación de personas cultas y "principales" de la Villa en romerías y procesiones junto a numerosos campesinos y parroquianos de la más baja extracción social, hace pensar que estas manifestaciones de religiosidad estaban socialmente extendidas y no parecen exclusivas de las "clases subalternas", pues se compartía una cercanía cultural y psicológica entre los diferentes estratos sociales, cuyas diferencias en lo económico sí podían ser más visibles. La "religiosidad popular" no era, pues, exclusiva de los sectores "populares". Además, se sugiere, en las actitudes de la colectividad, que recurrir a lo religioso no implicaba un fatalismo paralizante ante la calamidad, sino un sustento y motivación simbólica efectiva para la acción humana dirigida a neutralizar sus efectos. Actitud que ha recogido el folclor en la conocida frase "a Dios rogando y con el mazo dando".

 

10
Manuel José de Lara Ródenas, "Religión barroca y coyuntura. Rogativas públicas en la Huelva del siglo XVII", copia mecanografiada que amablemente me proporcionó el autor.
| 11
Archivo Histórico de Medellín (AHM), Actas del cabildo. La cifra de trece rogativas durante más de un siglo me parece subestimada, dado que son sólo las oficialmente solicitadas, pero no necesariamente las que se realizaron. El clero local parecía ser más autónomo de lo que revelan las normativas, de modo que la iniciativa de su realización no siempre correspondió a los cabildos.
| 12
Para el caso de la Villa de Huelva (España), el profesor De Lara Ródenas encontró que el 50% de las diecisiete rogativas que se presentaron durante el siglo XVII eran por "buenos temporales" para que se "remediara la sequía". Para la Barcelona del siglo XVIII, se conoce que el 52% de las rogativas tenían iguales motivaciones. Véase, Ródenas, op. cit.
| 13
Jorge Restrepo, |Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escobar 1815-1899, Bogotá, Banco de la República, 1992, Pág. 329.