BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Colombiano escribe sobre rusos
Titulo del libro: El erotismo del
cielo.
Una introducción a la historia social de la literatura rusa
moderna
Autor:
|Henry Luque Muñoz
Editorial: Manizales, Editorial Manigraf, 1999, 151 págs.
La literatura rusa del siglo XIX se ha convertido hace tiempos
en uno de los capítulos fundamentales de la historia de la cultura
universal moderna. El interés que despierta -contrariamente a lo
que se podría pensar- no está en un presunto exotismo sino, por el
contrario, en la manera como muchos de los escritores de ese país
lograron expresar problemas centrales de la modernidad
occidental.
Iván Turguéniev introduce, en su novela
|Padres e hijos,
el término
|nihilismo, que posteriormente sería fundamental
en la filosofía europea. Dostoievski, en
|Los
|hermanos
Karamázov, muestra, con su celebre frase según la cual si Dios
no existe todo está permitido, todo el desgarrón ético y vital que
implica el fenómeno de la secularización, que llegó a uno de sus
puntos culminantes en el siglo XIX.
Los dos casos anteriores constituyen sólo dos ejemplos que tal
vez sean sintomáticos de un curioso proceso de diálogo entre Rusia
y Europa occidental que sospecho que, al menos en el mundo de
lengua española, no ha sido lo suficientemente estudiado.
Los grandes autores rusos, desde Nicolái Gógol hasta Vladímir
Nabokov, nos llegan como caídos de una región que desconocemos y
que consideramos tremendamente lejana y, sin embargo, nos hablan de
temas y problemas que sentimos tremendamente cerca.
Sin duda, un trabajo que ayudará a iluminar el mundo social en
el que se desarrolló la obra de estos escritores contribuiría a
llenar ese vacío. Por eso, la llegada a mis manos del ensayo de
Henry Luque Muñoz -
|El erotismo del cielo. Una introducción a la
historia social de la literatura rusa moderna- despertó en mí
una gran expectativa que, lamentablemente, no llegó a satisfacer
plenamente.
La inevitable brevedad del ensayo -producto de un curso de tres
días dictado en Manizales- podría servir de disculpa parcial a sus
debilidades. Sin embargo, tengo la impresión de que el problema no
estuvo tanto en la brevedad como en el no saber seleccionar los
temas fundamentales y perder demasiado tiempo con asuntos que
hubieran podido omitirse, darse por sobreentendidos o ser
enmarcados dentro de otros aspectos de mayor relevancia.
Especialmente el primer capítulo, titulado "La pasión
de la Rus", es absolutamente desesperante en ese sentido.
Ya el comienzo, pone al lector en guardia frente a los prolegómenos
que lo esperan:
"Las raíces de la literatura rusa moderna, se remontan
a la influencia ortodoxa griega y aun tiempo atrás" (pág:
I).
Con igual derecho, se podría decir que el origen de toda
literatura se remonta a los tiempos del origen del lenguaje, pero
el que quiera hacer una historia de cualquiera época literaria
partiendo de esa base corre el riesgo de perderse por el camino en
los laberintos de la etnología.
Luque Muñoz se pierde en los laberintos de la historia guiado
por conceptos que guiaron historias nacionales de la literatura en
el siglo XIX y que actualmente están en entredicho. Luque Muñoz
habla del "alma rusa" como Menéndez y Pelayo
hablaba del "espíritu español" y tiende a
interesarse por lo que presuntamente diferenciaría a Rusia del
resto de Europa. El primer elemento claro en ese sentido es la
confesión ortodoxa griega, que marca una distancia frente a la
Europa occidental católica y protestante. Sin duda, ahí puede estar
el origen de una diferencia. No obstante, puede pensarse que la
importancia de Dostoievski y otros autores rusos, pese a que
algunos tendieran a la eslavofilia, no está en la expresión de esa
diferencia sino en la expresión de problemas comunes a la Europa
moderna.
Por lo tanto, lo que habría que preguntarse sería por los puntos
de contacto, muchas veces traumáticos. En su ánimo de ver
diferencias, apoyado en otros autores con la misma tendencia, Luque
Muñoz tiende además a encontrar elementos característicos de la
confesión ortodoxa que han estado presentes en todo el
cristianismo. Así, por ejemplo, Luque Muñoz ve como algo típico
ortodoxo la tendencia a "terrenalizar" lo divino,
sin advertir que esa tendencia está viva en la Europa occidental
desde la Edad Media, como lo muestra la obra del hereje Gioacchino
da Fiore e incluso algunos aspectos de la obra de Dante.
De esa tendencia a terrenalizar lo divino, Luque Muñoz hace
derivar cierto tono misional de la literatura rusa, como si en
innumerables autores de otras literaturas no hubiera habido también
cierto tono misional. En todo caso, ese tipo de hipótesis pueden
dar origen a discusiones sin duda interesantes, pero no creo que
sirvan para una introducción a la literatura rusa moderna, a menos
que procuren ilustrarse a partir de ejemplos concretos de esa
literatura, cosa que Luque Muñoz no hace.
Tampoco he podido encontrar el hilo que une las alusiones a
obras de los siglos XII o XIII o la lucha de Iván el Terrible
contra los tártaros con la literatura moderna. El librito, cabe
decirlo, tiene sólo 143 páginas y cuando llega a Iván el Terrible,
después de haber querido resolver problemas etnológicos, como el
relativo a de dónde vienen los rusos, o de religiones comparadas,
como el de la diferencia entre el catolicismo y el credo ortodoxo,
ya va terminando la página 40. Más tarde, hacia la página 57, llega
a Pedro el Grande y sus esfuerzos de occidentalización, incluyendo
la construcción de San Petersburgo. Hace falta llegar a la página
83 para que entre en materia y empiece a hablar de Alejandro
Pushkin.
No es que todos los temas que aborde en las primeras 83 páginas
sean del todo ajenos a la literatura rusa moderna. Sin duda algunos
-como el valor de San Petersburgo como símbolo de una
occidentalización impuesta- son pertinentes. Pero la estrategia
para abordarlos me parece equivocada por completo: el punto de
partida, a mi modo de ver, hubiera debido ser el mundo social de
los autores y sus preocupaciones, y desde allí se habría podido
emprender una excursión en la historia. El camino contrario es
demasiado confuso y el lector por momentos tiene la impresión de
que el autor del libro no tiene la menor intención de empezar a
hablar de literatura.
Toda esa primera parte del libro me recuerda cierta manera de
abordar la literatura, que estuvo de moda en Colombia en los años
setenta y que sobrevivió en algunas universidades hasta mediados de
los ochenta. Esa perspectiva partía de la premisa, que no es
posible negar, de que entre historia y literatura tenía que haber
una relación. Sin embargo, en lugar de buscar esa relación a la luz
del texto literario sobre el que se quería trabajar y señalarla, se
hacía una especie de introducción histórica global que nadie sabía
muy bien por qué venía al caso, luego se pasaba a una biografía del
autor y se remataba con una serie de obviedades sobre el texto que
eran para poner a bostezar a cualquiera.
Se hacía historia -buena o mala- pero no de la literatura, y
luego se hablaba de literatura sin mostrar su relación con la
historia. El caso de Luque Muñoz cuando llega, por fin, al tema
anunciado no es tan grave, pero al final de la lectura queda una
tremenda decepción porque lo que se ofrece de verdadera reflexión
literaria es muy poco.
A los únicos autores a los que se les dedica un capítulo es a
Pushkin y a Nikolái Gógol. Los otros sólo son menciones fugaces que
poco agregan a las que aparecen en los manuales escolares. Y el
único capítulo histórico que es claramente pertinente es el
dedicado a la conspiración decembrista contra Nicolás I, aunque su
entronque con las obras de los autores que le interesa presentar no
se ven con claridad.
Incluso, pese a que Luque Muñoz se refiere a los
|Cuentos
petersburgueses, no repara en que ese libro, o al menos parte
del mismo, pone en cuestión una tesis que él repite más de una vez:
la del realismo de la literatura rusa, en general, y de Gógol, en
particular.
De los cuentos de ese libro hay varios que tienen elementos
claramente fantásticos que no puedo creer que Luque Muñoz, que ha
traducido ese volumen, no vea. Menciono dos ejemplos: el final de
|El capote convierte la narración, que sin duda también tiene
mucho de crítica social, en una historia de fantasmas.
|La
nariz es absolutamente fantástico: -cuenta la historia de un
hombre al que se le escapa la nariz, y ésta no regresa hasta ser
arrestada por la policía.
Sin duda, los detalles arriba mencionados pueden configurar una
excepción pero no creo pertinente ocultarlos cuando contradicen una
tesis con la que parece que se está trabajando.
Hasta ahora me he concentrado en los defectos del ensayo, o en
aquellos elementos que a mí me parecen defectos; ahora quiero
señalar algunas de sus cualidades. En primer lugar, la prosa que se
usa es agradable de leer y, aunque el libro no cumple lo que
promete en el título, sí ofrece otras cosas. No es, sin duda, una
introducción a la historia social de la literatura rusa moderna
pero sí puede ser una introducción a la historia de Rusia anterior
al siglo XIX.
RODRIGO ZULETA
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