Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Narradores vallunos

 

Titulo del libro: El Divino y la crisis de valores.
Un recorrido histórico por el Valle del Cauca a través de seis novelas

Autor: |Ana Julia Hidalgo Zapata
Editorial: Gerencia para el Desarrollo Cultural, Gobernación del Valle del Cauca, Cali, 1998, 152 Págs.

 

La disputa es vieja: ¿debe el Estado fomentar la cultura aun a pesar de la cultura misma? O, dicho de otra forma, ¿debe el Estado constituirse en patrono de cualquier empresa intelectual o artística, por mediocre que ésta sea? No diré que la administración colombiana sea la única que publica cualquier cosa con tal de publicar, o premia cualquier cosa con tal de premiar. Pero ese afán de responder a las acusaciones de indiferencia gubernamental no puede conducir a la ignorancia de los más elementales requisitos. Es decir, el fomento de la actividad de investigadores y docentes no puede ser excusa para que el ente que fomenta se convierta en idiota estético.

El bienintencionado estudio de Ana Julia Hidalgo Zapata no satisface, sin embargo, ningún criterio intelectual ni artístico, y siempre ignoraré las razones que llevaron a este texto para bachilleres a convertirse en libro publicado. No hablaré de sus párrafos repetidos, ni de los inagotables errores de ortografía, porque lo primero es responsabilidad de los editores, y lo segundo, en estos tiempos en que novelistas de éxito ignoran las leyes de la hache y de la zeta, sólo delata la inexistencia de un corrector de pruebas. Pero la gramática no se ha asomado por este libro. Para quienes creen, como yo, que la verdad de un texto ensayístico es directamente proporcional a su orden gramatical y sintáctico, un libro como éste fracasa desde su primera página. Una redacción viciada necesariamente vicia el argumento, ya por volverlo opaco, incomprensible o confuso, ya por reducir la retórica -que debería ser eficaz y elegante- a enunciados superficiales y casi infantiles. Es imposible intentar, por más intensa que sea la fe del lector, comprender una idea cuando en su exposición se incurre en tantos errores de concordancia como es humanamente posible. "El conjunto de expresiones a la que ella remite"; "Desde la independencia de España la sucesión de guerras han llegado hasta nosotros"; "No son los valores lo que cambian"; "Esta participación de cargos de segundo rango debían crear en la clase dominante en clase española (sic) categorías y compartimentos (sic)". Por supuesto, todos los dolorosos subrayados son míos.

Pero vayamos al fondo. El ensayo se propone rastrear la agonía de los valores de la sociedad del Valle del Cauca. O tal vez se proponga realizar, como lo indica la nada despreciable sugerencia de su título, un recorrido histórico por el Valle del Cauca. El método utilizado para cualquiera de las dos indefinidas empresas es el análisis novelesco, pues "toda ficción se considera como un instrumento al servicio de la sociedad". Lo cual justifica, sin duda, la siguiente declaración: "Buscamos en cada novela el juicio explícito o implícito de comportamientos individuales y grupales". Considero antes que nada la primera sentencia: en ella está comprendida la equivocación sustancial del libro. Ninguna ficción es un instrumento, no sólo por el carácter final y autosuficiente de la obra de arte, sino porque, en rigor, la obra de arte no sirve para nada. Pero el rigor, ahora mismo, es menos del caso que esta simple afirmación: la novela como obra de arte es un fin en sí misma; repugna a su naturaleza considerarla al servicio de cualquier entidad; y, por sobre todo, creerla al servicio de la sociedad es ingenuo y además peligroso. Quienes busquen en una novela un juicio cualquiera, sea implícito o explícito, sea de comportamientos individuales o grupales, estarán (dicen que dijo Picasso) ladrándole al árbol equivocado. Pero, además, estarán pervirtiendo los propósitos del escritor, que podrán llamarse indagación, pregunta, cuestionamiento, mímesis o como se quiera, pero nunca respuesta, ni solución, ni demostración, ni moraleja. Isaacs se revolcaría en su descanso si supiera que  su |María no se lee más que para utilizarla como testigo de excepción del pasado: para demostrar lo que pensaban los vallecaucanos de la época acerca del sexo y de la religión y de la mujer y del matrimonio. "Se ha aplicado la literatura a la ética y viceversa con el fin de revelar una parte de nuestra realidad colombiana", se lee en la conclusión. Puesto aparte el desacuerdo esencial que tengo con quienes intentan usar la literatura como crema protectora,  |aplicándola a otras disciplinas, es necesario señalar la intención declarada de que esa aplicación revele una parte de nuestra realidad colombiana (lo cual se me antoja una especie de pleonasmo: ¿qué otra realidad colombiana, si no es la nuestra?). En efecto, uno de los vicios más nocivos de la academia es forzar el texto, haciéndolo decir lo que no dice. Hidalgo Zapata ha optado por el vicio opuesto, que mata y embalsama la novela igual que el anterior pero que es harto más fácil: a partir de una cita evidente formula una verdad de perogrullo, y de esa síntesis macabra extrae la impostura de un razonamiento o de una conclusión. Al final, resulta que las novelas escogidas como material de disección  - |El alférez real (Alféres en el índice),  |María, Viento seco, Cóndores no entierran todos los días y ¡Que viva la música! (¡Qué viva la música!, en el índice)-, las novelas escogidas, digo, no se enfrentan demasiado a las intenciones de la ensayista, pues se trata, en casi todos los casos, de novelas mediocres, de ideología evidente y de escritura poco lograda. Pero a esta crítica no le interesan ellas, sino el texto que las analiza.

Refiriendo el método de una parte habré referido el método de todo el texto. (En una propaganda de bolas de tenis, se dice: si usted ha visto una, las ha visto todas). La cosa funciona así: el apartado  |El papel de la mujer y el amor se abre con una cita de  |El alférez real: "Yo no podré jamás casarme con usted: bien sabe cuales (sic) son las exigencias sociales y bien conoce el carácter de mi padrino; él no otorgará mi mano sino a un hombre que presente ejecutorias de nobleza y que sea rico". Sigue la verdad extraída a la fuerza de la cita: "El anterior párrafo de la novela indica cómo durante la Colonia se impuso la imagen de la mujer que su futuro estaba relacionada con el estado social y su origen étnico". A pesar de la redacción lamentable, el lector más juicioso intuye que Hidalgo Zapata quiso decir algo como esto: durante la Colonia se impuso, entre las mujeres, la idea de que su futuro estaba condicionado por su estado social y su origen étnico. Enseguida, la autora expurga las otras novelas, en riguroso orden de aparición, para buscar una frase que demuestre en qué andaba la mujer en el tiempo en que la novela fue escrita. Los ejemplos son tan elementales como el anterior, y su profundidad es nula. El mismo método fue seguido para analizar  |La religión y los valores morales y La familia, y será seguido para lo referente a  |Violencia y desarrollo humano. En cada apartado, Hidalgo Zapata ha creído que la caza consecutiva de citas es igual que el análisis de una evolución. También hay novelistas que creen dar la sensación del paso del tiempo cuando narran lo que ocurrió a las seis, a las siete y a las ocho.

Nunca sabré por qué a ciertos investigadores les está prohibido exponer ideas en un párrafo continuo y articulado. Eso los obliga a frases cortadas de dos o tres líneas que conforman, ellas solas, un párrafo entero. Pero, si no hay siquiera ideas en el texto, si cada párrafo es la ilustración perfecta del lugar común y resulta, además, la dicha de los cazadores de gazapos, parece que quejarse es inútil o por lo menos insensato. Los conceptos importantes le han quedado grandes a la autora; ella ha decidido reducirlos hasta hacerlos caber en este ensayo de bachiller, en el cual la literatura es apenas un casual objeto de comentario, una víctima de glosas simples.

Las opiniones anteriores podrían ser consecuencia de intolerancia o de amargura. Si así fuera probado, al reseñista le será admitido por lo menos el siguiente reproche: puede haber mala ortografía, gramática lamentable, ideas superfluas; pero más grave que todo eso es el poco cariño que esta ensayista le tiene a sus libros.

 

JUAN GABRIEL VÁSQUEZ