Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

La tragedia tenía sus propias calles

 

Titulo del libro: Los últimos pasos del poetaRaúl Gómez Jattin
 

Autor: |Vladimir Marinovich Posso
(Premio Nacional de Cultura/ Testimonio)
Editorial: Ministerio de Cultura, Bogotá, 1998, 106 págs.

 

No se necesita ser desquiciado para escribir buena poesía, ni estar cuerdo tampoco. No se necesita ser |gay ni |straight para escribir buena poesía. Tampoco un pansexual desbocado ni un modelo de castidad. No hay que ser dinámico, no hay que ser más sedentario que una foto. No le interesa a la poesía si uno es un drogadicto incurable o si se mantiene más limpio de tóxicos que líquido corrector. Nadie tiene que estar sobrio por completo ni borracho como una vendimia. No sirve internarse en un monasterio (aunque le sirvió a Ernesto Cardenal) ni pernoctar en Macchu Picchu (por más que Neruda y Martín Adán se fueran de robo con el tema). ¿Habrá que ir a meditar todos los años bien adentro de las orillas del Sahara, como hacía el poeta Edmond Jabés? ¿Qué se necesita, pues? Tan sólo dejarse llevar por los secretos de las palabras, sabiendo de plano que no han de ser desentrañados. Dejarse llevar confiando en que la próxima vez serán revelados: cerrar los ojos y, a la Rilke, que el mundo interior -por escaso que se muestre- imponga su ritmo.

Raúl Gómez Jattin (1945-1997) conoció, de hecho, varios secretos. Fue un poeta, sin lugar a dudas. No sé si tan maravilloso como dice mi amigo Daniel García Helder:

|...es potencialmente un clásico de la poesía latinoamericana del siglo XX, no por difusión, premios ni ediciones agotadas, sino simplemente por la perfección literaria que alcanza el idioma en sus retratos de, familia, en sus poemas sentimentales y eróticos, en sus poemas de tema natural o histórico, incluso en sus poemas de ocasión... | 1

Como fuere (y esto lo dirá el tiempo a su debido tiempo), lo cierto es que Gómez Jattin, lamentablemente, padeció su existencia. Su vía se parece, en no pocos filos, al penar que por el mundo sostuvo Luis Hernández Camarero (Lima, 1941 Buenos Aires, 1977), grandísimo poeta, tremendo. Pero en su caso tampoco es conveniente (como se estila en el Perú, donde los gacetilleros y críticos de ocasión nunca se exigen hacer mudanza en la costumbre) leer la obra a través de la vida. Combinación explosiva en ambos casos: drogas, trastornos mentales, internamientos, tendencias suicidas, belleza verbal, zonas de ternura y bosques tenebrosos. Combinación explosiva, sí. Me basta una relectura del "tríptico cereteano" de Gómez Jattin para confirmar su calidad y predisposición a una lírica consumada | 2 . Resulta tentador en extremo reconstruir a la persona biográfica usando los materiales de la poesía | 3 . Casi todo el mundo cae en esa trampa, ya que en Latinoamérica no existe la infraestructura social (un poco de separación de cuerpos, digamos) ni la superestructura expresiva (buscar una parcela de objetividad) para esa forma literaria que brilla en otras sociedades y lenguas: la biografía. Existen, claro, excepciones honrosas, y en el caso de Colombia es imposible no pensar en el libro de Fernando Vallejo sobre Barba Jacob. Pero esta es otra historia, así como lo es también la casi ausencia de diarios de escritores | 4 . No hay tradición de biografías ni de diarios.  |Radio bemba -Celia Cruz o Marvin Gaye, da igual- los suplanta, la chismografía desmorona todo intento, la cultura latinoamericana nos obliga a decir, contar, inventar, repetir, exagerar, precisar lo que se nos antoje sobre quien sea (desde un presidente extenuado hasta la señora que suele tararear una canción porque simple y llanamente está feliz), pero nunca de los jamases ponerlo por escrito. En tales circunstancias, el territorio es precario, todavía está en pañales. Y como dice Luis H. Aristizábal (a propósito de un tema distinto) en una de sus agudas reseñas: quien se lance sacará partido "en un mundo en el que el triunfo de algunos mediocres da esperanzas a cualquiera" | 5 .

Raúl Gómez Jattin murió en mayo de 1997. Teniendo en cuenta que el manuscrito de Marinovich Posso obtuvo el primer puesto en la categoría  |testimonio de los premios nacionales de ese mismísimo año, y que el libro que vio la luz tiene como pie de imprenta la fecha de abril de 1998, sólo nos queda concluir inexorablemente que Vladimir Marinovich Posso armó lo suyo con una velocidad digna de favorito del Derby de Kentucky. Esto se nota a la legua, o por un cuerpo (como dirían los entendidos). Así, pues, resulta inevitable que el libro tenga sus bemoles. ¿Cuándo empezó la tragedia cotidiana del escritor? Es evidente que Gómez Jattin ya había naufragado por completo para cuando se inició ("fines de enero de 1996", pág. 17) la amistad entre él y el cronista de sus "últimos pasos". Es de lamentar, entonces, que el náufrago no tuviera un García Márquez que se encargara de esos remanentes o saldos de vida.

 
| 1 Presentación de Daniel García Helder a la selección de poemas de |El libro de la locura, publicado póstumamente. |Diario de poesía [Buenos Aires/Rosario], núm. 56, verano 2000/I, pág. 13.
| 2 |Retratos /Amanecer en el valle del Sinú /Del amor, Bogotá, Guberek, 1988.
| 3 Sobre la identidad personal o confundida con la ajena (para no hablar del tema de la madre, por ejemplo), podríamos citar versos del primer libro ( |Retratos) de la trilogía de Gómez Jattin: "Es un hombre que siempre es mejor que uno" (pág. 22); "Altanera multitud que quería imponerme / una verdad no hecha a mi ser ni mi medida" (pág. 44); "¿Por qué Beatriz y su voz y sus canciones / no cabrán íntegras / dentro de mí / Para salvarlas aún / de su propio peligro de ser ellas mismas?" (pág. 53); "Catalina es un corazón de viento / y el viento quisiera serlo yo" (pág. 57); "como las alas de un ángel de metal / forjado por él mismo y que es él mismo" (pág. 58); "Si es mi vida una reunión de ellos / que pasan por su centro y se llevan mi dolor [...] Siendo ellos y siendo a veces también yo" (pág. 50).Y bien, esto no demuestra nada, salvo que uno expresamente crea (ni siquiera con una intención analítica) que el yo que se expresa en un texto literario equivale al yo del autor. Podemos, por supuesto, aceptar estos "signos" como una confidencia tangencial, una simple información venida de la poesía y que regresará únicamente a ella.
| 4 Para los amantes absolutos de esta forma (o género, si hemos de hacer la vista gorda), les recomiendo ipso facto los volúmenes de Julio Ramón Ribeyro: |La tentación del fracaso, publicados en Lima (por Jaime Campodónico editor) en el decenio pasado. Incomparables.
| 5 Cf. Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango [Bogotá], núm. 32, 1993, Pág. 94.