BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Para mayores de nueve
Titulo del libro: Cuentos y
leyendas de Colombia
Autor:
|José Luis Díaz Granados
Editorial: Editorial Norma, Bogotá, 1999, 90 págs., il.
Cuando un autor tiene demasiado en mente un público específico
puede cometer ciertos excesos, que en este caso -se trata de una
obra comprendida en una colección dirigida a niños mayores de nueve
años traspasan ya los límites de la simplicidad, cosa evidente en
el glosario de seis páginas de este volumen, que en contenido
propiamente dicho no excede las sesenta y cinco, o en las
explicaciones de varias palabras de uso bastante común, como cuando
en el relato del Mohán se definen innecesariamente los instrumentos
para pescar:
...el anzuelo,
|que es un dardo con ganchos pequeños que cuelga
de un hilo (...) caña de pescar, donde se ata el hilo del anzuelo y
unas carnadas o alimentos para atrapar a los peces (pág.
20).
Por razones como la anterior, el género de la literatura infantil
siempre será objeto de reflexión y cuestionamientos: ¿cuál ha de
ser el material apropiado?, ¿cuáles las palabras? Si muchas
aventuras e imaginación, si un lenguaje directo o excesivamente
metafórico... Y el aspecto moral. Siempre el aspecto moral, que,
por un lado, puede hacer del propio autor el mayor censor de su
obra, limitándola hasta la completa estrechez; y, en otro sentido,
comprometer la esencia de la literatura, convirtiéndola en un
instrumento comercial disfrazado de preocupación pedagógica. En
este sentido, he llegado a preguntarme si el auge de la literatura
infantil no se relaciona con los anuncios comerciales de la
televisión que pican a los niños para hacer gastar a los
adultos.
Pero, dejando al margen estos cuestionamientos que darían pie
para una discusión mucho más extensa (y ahí queda la idea para un
número del Boletín Cultural que giraría en torno al ser de la
literatura infantil colombiana), y ateniéndome a la buena fe
manifestada por Díaz Granados en las "Palabras
liminares", donde aclara las fuentes de sus versiones y
expresa el deseo de que su obra sea como "un delicioso
aperitivo que estimule a los niños y a los jóvenes de mi país para
aprender a conocer y a amar a su 'más inmediata semejanza'. Como
quien dice, a ellos mismos. A nosotros mismos" (págs.
9-10), me limito a resumir, con algunos breves comentarios, estas
quince versiones legendarias:
Al organizarlas, para un mejor análisis, según un orden temático
-al fin y al cabo, el lector siempre termina haciendo
reagrupamientos y síntesis de las obras mediante paralelismos-
encuentro los siguientes grupos: historias precolombinas (3);
historias de tema indigenista donde se evidencia un choque
ideológico-cultural (2); seres sobrenaturales (6); dos de carácter
histórico; un raro cuento -en el contexto interno de la obra- de
pretensiones borgianas y otro, el último, de un argumento tan
fantástico que tiene más visos de invención personal que
anónima.
Como se ve, desde el punto de vista temático este libro posee un
carácter misceláneo y carece de un orden temporal, pues el primero
de los relatos que lo constituyen, situado en la época de la
emancipación, se refiere a un conmovedor encuentro entre una
anciana y el Libertador; en tanto el segundo, ubicado en el
"pasado absoluto", como se deduce desde el típico
comienzo: "Había una vez...", narra una aventura
de ese demonio travieso y rústico del campo colombiano que es el
Mohán. De esta historia se pasa secuencialmente en el libro a un
bello idilio cuyos protagonistas son dos jóvenes indígenas: ella,
la princesa, hermosa pero dueña a la vez de un corazón
inquebrantable, como una piedra, y él, el típico pastor humilde y
rechazado. Sigue a esta historia otra de tipo intemporal, titulada
|El tesoro de la Gurupera, mítico cerro antioqueño de cuyo
interior brota la música de un órgano ejecutada por un monje
maldito y descabezado. El quinto relato es el de
|Bachué, la
gran mamá -¿título que parodia el de la Mamá Grande?-, de
argumento bastante conocido. Sigue, en su orden,
|Mal de
amores, típico cuento basado en la salida ingeniosa de un
emisario de la
|vox populi; en este caso se trata de un
cacique que, ante la recriminación de un médico porque los
curanderos del pueblo no han podido curar una epidemia, refuta al
engreído doctor, diciéndole que su medicina tan poderosa no ha
podido hallar la cura para el simple mal de amores. Aparece, a
continuación, un personaje del mundo colonial, el virrey Solís,
quien una noche acude a sus propios funerales. La octava historia,
también de carácter intemporal, es una versión del Hombre-Caimán.
Sigue luego
|La cabellona asustada, bella muchacha fantasma,
que se ensaña con las jóvenes enamoradas y un día es asustada y
aniquilada por un hombre disfrazado de mujer. El décimo relato es
una recreación de la leyenda de Bochica. Y el número once, tal vez
el mejor referido, es el de un hombre que una noche ayuda a dar a
luz a una mujer y, luego, cuando ésta, agradecida, va a visitarlo
un año después a Santa Marta, encuentra que su salvador era el
fantasma de un médico fallecido hace muchos años. A continuación,
aparecen las historias de: (12) un hombre que es asesinado por su
ahijado y que sirve de pretexto a Díaz Granados para aludir al
tiempo cíclico de Borges; (13) un extranjero que enseña sutilmente
a los indígenas a perder el miedo a sus amos; (14) una niña
fantasma, vestida de primera comunión, que aparece llorando en las
carreteras antioqueñas y pide a los conductores que lleven una
carta a su propia tumba en el cementerio, y (15) la
"increíble y triste historia" -increíble y
triste, como obra literaria, pues para su contenido el adjetivo
apropiado sería "truculento"- de un bebé cíclope
y glotón.
En cuanto a su forma, elemento fundamental al revisar una obra
como ésta, cuyos argumentos todos conocemos, el libro reseñado es
más bien parco en la expresión, excepto el último cuento, que, como
ya hemos reiterado, desentona precisamente por su carácter
hiperbólico, teniendo bastante de mala caricatura
garciamarquiana:
Las parientas próximas decidieron que
el niño no viviría mucho tiempo y sin pensarlo dos veces le
mandaron a construir un ataúd con cuatro tablas rústicas y
colocaron en él al cíclope como si fuera un animal podrido...
Pasaron algunos meses y el cíclope seguía vivo aunque su cuerpo no
aumentaba en altura. Solamente su cabeza crecía... Le habían salido
unos dientes de tiburón...
Es extraño, pero si algo tienen de peculiar las historias
tradicionales es su elementalidad, su apelación a las palabras e
imágenes más comunes para decir las cosas más extraordinarias.
Cuando uno lee la leyenda de San Jorge y el dragón de Jacobo de la
Vorágine, se maravilla tanto por la simplicidad del lenguaje del
hagiógrafo medieval como por lo extraordinario del asunto tratado.
Sí. Los argumentos mismos de las leyendas son suficientes para
maravillar y, por eso, un buen escritor folclorista debe ser ante
todo alguien muy cercano a la esencia, siempre sabia y creativa,
pero básicamente espontánea, del lenguaje popular. Las mismas
leyendas de Bécquer, cargadas de los excesos sentimentales del
romanticismo, participan de esta característica, a pesar de ser
referidas desde la voz y la ideología contradictoriamente
aristocrática de los más grandes románticos. Díaz Granados entiende
esto y, a pesar de las marcas comerciales de su
"producto" y de su desfase final, lo practica en
forma bastante aceptable.
ANTONIO SILVERA ARENAS
|