BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Escritura patriarcal o premoderna,
casi moderna sobre la posmodernidad
Titulo del libro: La narrativa
latinoamericana: entre bordes seculares
Autor:
|Oscar R. López
Editorial: Fondo Editorial Universidad Eafit, Medellín, 2001,
234 págs.
Este libro contiene un extenso ensayo en torno a la discusión
modernidad-posmodernidad en América Latina desde la crítica
literaria. Comienza el profesor López con una larga aclaración
sobre lo moderno, la cual es útil no sólo como introducción a la
segunda y tercera parte del libro -es decir, a la discusión de las
posiciones teóricas de algunos críticos posmodernos y la forma en
que la intelectualidad latinoamericana se hace partícipe de esta
discusión entre estas ideas-, sino que, por el contrario, hace una
exposición clara sobre los diversos temas a que se enfrenta quien
se acerque a esta discusión, permitiendo que quienes no conocen
todos los planteamientos que existen en torno a esta temática
tengan una clara idea de ella.
En el escrito se parte de una idea precisa de modernidad: la que
está ligada a la ilustración; esto es, a una sociedad en que la
libertad, la igualdad en derechos y deberes, el progreso, la
justicia y la solidaridad les permiten a las personas regir su
destino basadas en el uso de la razón. Esta idea tiene un origen y
un desarrollo en el ámbito europeo, extendiéndose a través del
tiempo hasta otros territorios, como es el caso de Latinoamérica.
Esto incluye no sólo alcances en algunos puntos de estos ideales
sino el fracaso de éstos en muchos aspectos. La obra del profesor
antioqueño no pretende agotar la discusión; es consciente de ella,
expone sus puntos más claros y precisos, pero limita su interés al
ámbito de la literatura y de la influencia de las ideas liberales y
el desarrollo, en contraposición de éstas, de una narrativa
latinoamericana posmoderna.
Esta idea de modernidad forma parte de una utopía que terminó en
el "desarrollo del sistema capitalista, en el cual la
división social del trabajo disoció todos los órdenes de la vida.
En el campo del arte, el creador, que sabía reflexionar sobre el
oficio, quedó relegado al silencio del taller, mientras el crítico
asumió, para sí mismo, la tarea de la reflexión como un trabajo
aparte, separado del acto del creador" (pág. 18). Esto
condujo a una disociación entre la cultura teórica y la producción
de la ciencia como instrumento, lo cual implicó
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la pérdida de la crítica, lo que permitió que
el iluminismo se convirtiera en una ideología al servicio de
intereses que ven en la naturaleza y en las personas objetos para
explotar y que transforman la vida y la cultura en objeto de
consumo (pág. 19).
De esta forma encontramos diferentes posturas al plantear una
mirada sobre la ilustración y la vivencia de la sociedad actual.
Recurre López a tres de las posiciones críticas más claras y sus
representantes: quienes creen en la posibilidad de una modernidad
basada en la razón en donde se integran lo científico, la ética (la
moral y la política) y el arte (Habermas). Los posmodernos
desencantados, como Daniel Bell, quienes, basados en un
neoconservadurismo, añoran un regreso al pasado y, por último,
quienes piden un examen de lo hecho en la modernidad, se sienten
ligados a ella, pero no a sus errores, critican los grandes
metarrelatos, pero no proponen una alternativa (Lyotard y
Vattimo).
De esta manera encontramos en el arte una propuesta que no cree
en la validez de los modelos establecidos y defiende el
acontecimiento, lo novedoso, proponiendo nuevas reglas que
acompañen el proceso creador, buscando formas de combatir la
alienación. Sin embargo, existe una tendencia que se permite
utilizar elementos tanto de la tradición como de la disposición
consumista en la búsqueda de un tipo de arte más accesible a un
público más amplio. Precisamente es de esta propuesta que muchos
escritores latinoamericanos se nutren hoy en día.
|En el plano de la representación literaria, la recreación de
grupos sociales, escenarios y acontecimientos específicos de
minorías o realidades antes no visibles pareciera confirmar que la
transformación de la sociedad -como lo debaten muchos de los
científicos sociales y los filósofos posmodernos ligados a la idea
vattimiana de il pensiero debole- acusa en América Latina conatos
de expresión utópica. Contra una razón instrumental que encapsula
el saber de los expertos, la condición posmoderna, como una carpa
de feria, se expone a los entrecruzamientos, concilia vientos
contrarios, reivindica las impurezas. La savia de su arte la
subsume a través de una nueva forma de interpretar la cultura en el
afán de darle participación al gran público, aunque se deja seducir
por las tentaciones del consumo. [pág. 31]
Señala el profesor López que tanto el arte como la filosofía
posmodernos se encuentran envueltos en una paradoja que consiste en
que, a pesar de contar cada vez con más recursos e información,
cada vez les es más imposible representar la realidad. Pero,
entonces, ¿qué es la posmodernidad? Para López explicarlo implica
dos términos inseparables: razón y modernidad. La posmodernidad es
aquello que no es moderno y que le sigue en el tiempo (esto parece
que es una de las pocas cosas en que todas las personas que
escriben al respecto están de acuerdo), es algo que pone en duda
los logros alcanzados por la modernidad, que desconfía del papel
asignado en ésta a la razón. Ahora bien: el profesor López declara
que el término es esquivo, tal vez en la medida en que no existe
una distancia histórica adecuada que permita una comprensión total
del fenómeno que tiene su origen en alrededor de los años cincuenta
y sesenta, como resultado de la ruptura de las ilusiones que había
levantado la modernidad y que se convirtieron en pesadillas de
campos de concentración, guerras y miseria por doquier, en medio
del boato de una sociedad cada vez más consumista. De esta forma el
posmodernismo responde, frente a los resultados de la razón, con
una crítica de la razón; así muestra la imposibilidad de presentar
la realidad como una totalidad comprensible, de comunicar algún
sentido de ésta, a no ser de una forma fragmentaria, en que existe
una quiebra de las jerarquías, que permite la visibilización de lo
marginal. Ya no es la mirada sobre los grandes centros de poder; es
la toma de conciencia de lo multinacional, el reconocer que el
mundo es una aldea global en que todo está interrelacionado de tal
forma que tratar de explicar la realidad es un vano intento [págs.
38-39].
No es mi intención entrar a discutir aquí la posición del
profesor Oscar López, sino denotar el tipo de discusiones que
plantea y de las cuales parte el libro que comentamos, discusiones
que, por supuesto, son mucho más ricas en el libro señalado. Libro
que está integrado por dos partes con varios capítulos, pero que
podemos dividir en cinco partes, comenzando con la idea que los
pensadores europeos tenían de la modernidad; la respuesta frente a
esto de los intelectuales liberales latinoamericanos se continúa
con las propuestas posmodernistas de las avanzadas norteamericanas
y europeas y la respuesta dada a esto por los narradores
latinoamericanos, y por último encontramos cinco ejercicios de
interpretación de narradores que López clasifica como posmodernos.
Estos trabajos sobre autores latinoamericanos son:
-Narrativa de Mutis: discursividad y temática posmoderna. -Antonio
Skármeta: o de la narrativa después de los setenta. -Mempo
Giardinelli: o qué solos se quedan los exiliados.
|-El vampiro
de la colonia Roma: o del travestismo posmoderno. -
|Muerte
de Sevilla en Madrid de Bryce Echenique: o de un subalterno en
el exilio.
El autor expresa en los comentarios finales que
|... el esfuerzo confinado en el libro se propuso mostrar los
bordes seculares sobre los que se han movido los intelectuales de
la región, sobre todo los creadores, y un énfasis en la condición
posmoderna, condición esquiva de definir al calor del babélico v
abrumador despliegue de voces eruditas preocupadas por descifrarla
[...] la escritura posmoderna legitima la apertura temática y los
tratamientos non santos, bien en la forma, bien en la lengua
cervantina [...] el lenguaje aparece en esta condición en toda su
dimensión viva, como experiencia en movimiento reveladora de la
dinámica social engarzada al mundo concebido en su plena riqueza
humana. Y este logro literario habla de una nueva condición en que
muchos hombres, antes silenciados, han tenido, por un momento, la
ilusión de tener voz y de no tener que vivir de la buena fe de
quienes querían representarlos en letras de molde, compadecidos de
su suerte. La tarea que les corresponde en el presente es no
permitir que el espacio ganado se convierta en un cuarto de hora
tolerado por los poderes de las grandes metrópolis. [págs.
217-218]
La bibliografía utilizada en este libro nos dice algo de la
preparación del autor: amplia, variada, de gran profundidad. No es
un libro construido con poco trabajo; en él se revela el resultado
de años de lectura y de estudio de este profesor antioqueño,
literato, lingüista y filósofo de la Universidad de Antioquia, con
estudios de maestría y doctorado en literatura latinoamericana y
española en las universidades de Washington y Cincinnati. Un
trabajo que vale la pena leer, comentar y discutir, así no estemos
de acuerdo -y precisamente por esto- con algunas de las posiciones
del profesor López.
Sin embargo, debo terminar con algo que me molestó de este
libro: está escrito de una forma absolutamente patriarcal; a través
de todo el texto encontramos constantes referencias a
|la
realidad de todos los hombres, la razón de los hombres, la crítica
del hombre ilustrado, el tiempo del hombre, la tragedia del hombre
actual; en fin, para ser un texto de crítica literaria que
contiene referencias a la literatura escrita por
"minorías", es muy "moderno",
error que resalta aún más, en vista de que el profesor López sí
conoce la crítica feminista y posiblemente debe conocer la
literatura de mujeres y los aportes de éstas, siendo así que la
literatura femenina ha contribuido a transformar y renovar tanto la
crítica como la literatura contemporáneas, como ya lo han
reconocido críticos como Jonathan Culler o Ángel Loureiro. Sé por
experiencia propia que es difícil escribir en un lenguaje
incluyente y más aun romper con las pautas dictadas por nuestra
cultura, en que la invisibilización de las mujeres ha sido una
constante durante milenios, pero esto no es excusa para no hacer el
intento de transformar una realidad opresora de muchas personas en
el mundo. Lo siento, profesor López, pero, así como reflexiona
sobre la forma de escribir de otros autores, debería hacerlo sobre
como usted lo hace.
LEONARDO MONTENEGRO
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Aquí el autor sigue a Horkheimer y Adorno.
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