Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65


|Vamos a matar al dragoneante Peláez  (Bogotá, 1972), el cuento que le da título al libro, es la historia de un grupo de estudiantes de colegio consentidos de mamá, muchachos "bien" que entre hamburguesas, papas fritas y leches malteadas redactan proclamas izquierdistas y conspiran para una revolución de juguete; este pequeño grupo rebelde, que no sale del barrio, fracasa en su primera y débil intentona, sin cobrar más victimas que el amor propio de sus "comandantes"; la narración está a cargo del cabecilla, quien resume retrospectivamente su paso fugaz por la oposición armada.

|En busca del gurú Mejía (Bogotá, 1973) es una alegoría de los extremismos en los que suele incurrir el pensamiento al convertirse en acción, y una parábola sobre la intolerancia ideológica; el autor, por medio de la fabulación, trueca el fanatismo político por el fanatismo religioso de tal manera que, en esta particular versión de los arrebatos setenteros, el misticismo espiritual se confunde con el misticismo revolucionario, y su contraparte, encarnada en una siniestra "patrulla metafísica", persigue a un profeta menor de la era de Acuario y a sus amigos, un bestiario representativo de la fauna local del momento, en recorridos erráticos que tienen como punto de referencia la Ciudad Universitaria, ese microcosmos que desde hace decenios ha servido de mapa de nuestra sociedad.

|Un editor pirata (Bogotá, 1978) enlaza ajedrez, literatura y delincuencia común y política, en una trama azarosa que el narrador, a la vez observador y partícipe tangencial de los hechos, trata de hacer coherente, acerca de un libro de cuentos que nunca llega a ver la luz y que, a pesar de haber sido impreso -aunque inmediatamente decomisado-, nunca existió realmente sino en los sueños de su compilador (un destino que a veces deseamos para algunos libros menos imaginarios). Por su estructura, poco resuelta, se adivina el origen relativamente verídico de los hechos, y la intención de convertir una anécdota en objeto literario; pero lo que funciona bien en una conversación de amigos no siempre soporta el paso al papel.

"Sucedió hace mucho tiempo" es una frase que se repite varias veces, al comienzo o al final de este grupo de cuentos, y que evidencia el tinte nostálgico que los impregna; acá la ficción asume las funciones de la crónica, documentando aspectos específicos de la vida de esa ciudad que, como dicen las palabras de Eduardo Zalamea que Rubiano hace suyas en el epígrafe al libro, es para él "la ciudad donde está todo el recuerdo de mi infancia, como un tesoro abandonado". Este manejo fluido de lo que se conoce bien es algo de lo que carecen los relatos siguientes.

|Un día de negocios (Bogotá, 1985) es, en más de un sentido, un cuento secuela; reaparecen acá, media vida después, los personajes que en 1973 andaban |en busca del gurú Mejía; ellos, quienes alguna vez fueron consumidores de promesas, producen ahora por sí mismos su propio desencanto; reaparece también el gurú en persona, ahora un residuo anacrónico de los años setenta, y quien, con su dieta de alucinógenos y CocaCola, es un símbolo de las contradicciones de una generación -así esta generación no sea la suya- que nunca superó la adolescencia, que nunca llegó a ser adulta; un argumento que no llega a ninguna parte, ni puede llegar, puesto que es el reflejo del fracaso de esa generación.


|Los papeles de Juan de la Cuesta (Bogotá,1990), que ya había sido publicado en las dos versiones de |El informe Galves y otros thrillers, reaparece acá con ligeras modificaciones, la más notoria, el cambio de nombre de Xavier Ponce Cevallos, el poseedor de los "papeles", por el de Javier Ponce de León; en este relato el protagonista, un abogado cómodo en su medianía, improvisa un sentido para su existencia enfrentándose a un fotógrafo de origen exótico por sus dos objetos de deseo: una mujer llamada Pilar y un ejemplar de la mítica edición príncipe de |El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha -salida directamente de la imprenta de don Juan de la Cuesta en 1605- y resulta perdiendo tanto a ella como a aquél, que termina degradado, destruido y perdido. En el proceso, el autor logra de nuevo algo que sabe hacer bien: imbricar dos niveles de existencia, el prosaico y el trascendental (a ojos del protagonista, por lo menos), en una estructura narrativa lo suficientemente convencional como para ocultar sus fisuras.


|Necesitaba una historia de amor (Bogotá, 1995) es una historia criminal con problemas de identidad, como lo demuestra su título; más que cerrar el libro, ésta parece simplemente rellenar el último decenio de esa cronología irregular a través del siglo pasado; con una mujer ni siquiera fatal, con un delito que quizá ni lo es y con una intriga que no logra su efecto, se arma una historia de medias tintas que no es ni de amor ni de crimen, que realmente ni empieza ni acaba y que, a pesar de su insipidez, deja un mal sabor de boca.

Este último relato, como el par que lo preceden, transcurre en una Colombia de la cual el autor ha estado ausente, y cuyo acontecer ha seguido de lejos, y eso se nota; temas como el narcotráfico, ese gran motor de la violencia en los últimos decenios, se toca tan sólo tangencialmente, como por no dejar, en historias que perfectamente podrían prescindir de este elemento, y que podrían suceder en cualquier parte; además, el lenguaje vuelve a ser artificial y acartonado, y aunque el autor está hablando de su propio terruño, lo hace sin familiaridad ni confianza, con el distanciamiento y la cautela de un extranjero.

Lo que arrancó entre los colores de la política desemboca en el color del dinero; los móviles, medios y oportunidades de los crímenes que pueblan este libro recorren, entre otros, los escenarios de las luchas partidistas, de la lucha de clases y por último de la lucha por la riqueza, o al menos por la supervivencia, aunque siempre subyacen motivaciones mucho más carnales. Una característica común a todos estos relatos

es la capacidad de entrelazar lo público con lo privado hasta casi confundir ambos niveles, aunque no siempre se ejecuta este desplazamiento de manera sutil, y por lo general se logra mediante el artificio de introducir, en universos diegéticos plenamente masculinos, un personaje femenino que sólo ocasionalmente es sujeto activo y que sirve ya sea de catalizador, detonante u objeto de deseo, pero cuya función principal, que se hace extensiva a las situaciones eróticas, es fungir como elemento decorativo dentro de la construcción narrativa.

Rubiano, compilador de |Alquimia de escritor, parece haber encontrado la fórmula para gustar, si no al lector por ocio, por lo menos al lector de oficio -es decir, a los jurados literarios-, ya que ha conseguido ser ganador reincidente de concursos, y ha hecho de la participación en éstos casi una carrera; ha conseguido, entre otros, el premio para libro de cuentos de la Fundación Guberek y Carlos Valencia Editores, en 1981, con |Gentecita del montón; el primer premio en el segundo concurso de libro de cuentos Ciudad de Bogotá, en 1992, con |El informe de Galves; y, más recientemente, fue ganador del primer concurso de cuento corto Juan Rodríguez Freyle, organizado por El Tiempo, con su cuento |Für Elise; la distancia estilística y temática entre este último relato y todos sus relatos anteriores muestra qué tan acomodaticio puede llevarlo a ser su codicia de reconocimiento. El libro que es motivo de esta reseña fue finalista del Premio Nacional de Cultura de Colombia en 1996, bajo el título de |Un agente secreto en la guerra de los Mil Días.

De la versión premiada del libro a la publicada por Espasa | 1 se notan abundantes aunque ligeros retoques, no siempre en beneficio del texto, y que no atinan a corregir ciertos detalles fallidos: una puntuación no incorrecta pero sí descuidada y una distribución confusa de los párrafos son dos defectos notorios de carpintería, los cuales, sumados a la profusión del diálogo, a los que muchas veces parece estar subordinado el resto del texto, entorpecen el ritmo, que es además, en términos generales, bastante plano; información de contexto que llama demasiado la atención sobre sí misma, y comentarios seudobrillantes que relucen y destacan pero por inadecuados, son otros defectos evidentes, de los que el autor es consciente, pero de los cuales se desembaraza simplemente endilgándoselos a los narradores o a los otros personajes.

Aunque se nota una evolución desde sus publicaciones anteriores, que se manifiesta en un manejo más diestro de sus recursos de siempre, y una mayor complejidad y resolución argumental, este trabajo no alcanza el nivel que uno esperaría de alguien con años de ejercicio y varios títulos a cuestas; a pesar de su aparente unidad conceptual, los relatos que conforman este volumen cohabitan en sus páginas a la fuerza, y su calidad es desigual; su mayor insuficiencia es la de que, pese a la intención manifiesta de localizarse, en todo el sentido del término, en esta ciudad específica que es Bogotá, el uso, en la mayoría de los casos, de un "español internacional", neutro, estándar y antiséptico, hace que el lenguaje, y por lo tanto el texto en su integridad, resulte totalmente desarraigado.

Bogotá siempre ha sido esquiva e ingrata para con la literatura; no se puede culpar al autor por la falta de carácter de una ciudad, que, como sus habitantes, siempre aparenta más de lo que es en realidad, aunque que sí por compartir las limitaciones de sus personajes; esta acumulación, relato tras relato, de victorias pírricas y miserables en el mejor de los casos, pero sobre todo fracasos que ni siquiera tienen la grandeza de lo trágico, termina siendo, por lo menos, un esbozo honesto de lo que somos y un registro literario competente de la violencia como condición atávica de los colombianos.

 

CARLOS SOLER

 

| 1 Se comparan las dos versiones del cuento que da título al libro. Dicho cuento había aparecido en una primera versión en la revista Número, núm. 6, de abril a junio de 1995.