Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

CONQUISTA, DIFICULTADES, PLAZA, BIENESTAR ESPAÑOL Y NARRACIÓN: EL CARIBE, 1532

La conceptualización de un espacio urbano en el Nuevo Mundo en el siglo XVI hecha por un conquistador convertido en escritor, como Oviedo, está ligada a varias cosas: rituales católicos, adhesión a los dogmas relativos a tales rituales, iconos y símbolos religiosos, dominación inmediata o futura de las nuevas tierras, trazado sobre la superficie de la tierra nueva de líneas para una ordenada construcción de edificios, y la narración de eventos realizados en este espacio para consumo de un auditorio europeo o europeizado. La narración de sucesos ocurridos en una plaza central corresponde a la presentación de una historia de la omnipresencia del orden cultural español expresado en forma de leyes, transacciones comerciales y/o empresas religiosas. Oviedo, como conquistador español dedicado a la escritura, logra articular con claridad y certeza la conexión entre la escritura de la conquista y la complejidad cultural y ritual del nuevo espacio urbano.

En su narración de la conquista de Centroamérica y el Caribe, y por medio de su descripción de frutas y plantas y los esfuerzos evangelizadores en esas regiones, Oviedo concibe y presenta la función de la plaza conquistada y/o construida como un espacio privilegiado en el que la integridad cultural de la tierra nueva y sus habitantes indígenas deben -de manera natural y a veces ostentosamente- abrirles paso a los intereses políticos y culturales de los españoles. Tres ejemplos vienen al caso: 1) religiones y apelativos nativos reemplazados por sus alternativos españoles: "E pusiéronle nombre a este cacique don Carlos; e así mesmo se baptizaron muchos niños e algunos viejos de aquella plaza de Ayatega | 13 , que son de la lengua de Nicaragua" (libro 8, parte I, capítulo XXI, I: 261); 2) frutas -cuidadosa y sugestivamente descritas-, presentadas como parte de la variedad mercantil disponible para el disfrute de los españoles en pueblos americanos recientemente fundados: "[las tunas] e de dentro son coloradas mucho, que tiran a rosado, llenas de granillos como los verdaderos higos, e así es la corteza de aquesta fructa como la del higo, o poco más gruesa. Son de buen gusto e de buena digestión, e véndenlas en la plaza desta cibdad, continuamente, por buena fructa" (capítulo XXVIII, 1: 265); y 3) el desmantelamiento de la arquitectura sagrada de los nativos, con pretextos evangelizadores, para ampliar el bienestar material del conquistador: "Yo deshice una casa de sacrificios en Nicaragua, un cuarto de legua, o menos, fuera de la cibdad de León, en la plaza del cacique Mahomontobo que me servía; e por quitarlos de aquellos ritos e sacrificios e cerimonias diabólicas, quitábamosles aquellos templos [...]. Y hice llevar a León los postes de la madera, que todos eran desta que he dicho de la negra, e hice en mi casa una caballeriza para mis caballos" (libro 8, parte 1, capítulo XXX, 1: 269).

Juzgado parroquial, Bogotá (tomado de Ramón Torres Méndez, Cuadros de costumbres colombianas, París, A. Delarue, c 1860).

Sin embargo, es en uno de sus relatos de naufragio --el de Alonso de Zuazo en el Caribe en 1523 (libro 50, capítulo X, 5: 322 - 357)-- en el que mejor se plantea la conexión entre la escritura de la conquista y la plaza. La presencia imaginaria de la plaza de tipo europeo en este relato demuestra la poderosa ubicuidad del catolicismo y sus emblemas en cualquier representación del espacio urbano en las Indias Occidentales en una situación definida por el esfuerzo colonizador. La plaza, como espacio central, abierto y rodeado de edificios, es inconcebible en las mentes de los escritores y lectores de historias sobre la conquista en el siglo XVI fuera del dominio de la cristiandad, es inconcebible sin la adhesión conspicua de los habitantes de la ciudad a los símbolos y representantes cristianos, y su -representación es imposible sin la presencia imponente de la cruz como símbolo supremo del triunfo integral de los españoles en las Indias. La plaza es también inimaginable sin ligarla a una suerte de comodidad, o prospecto de ella, para el español. Lo que sí es muy concebible cuando se concibe y se establece un nuevo pueblo y su plaza es, sin embargo, la incomodidad y el sufrimiento de subjetividades opuestas a la cristiandad y existentes fuera de la civilización española, como veremos.

El castigo del cepo, aplicado en la Laguna (tomado de América pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente, Barcelona, Montaner y Simón, Editores, 1884, pág. 757).

Según la historia de Oviedo, Zuazo y su grupo de supérstites, agobiados por una sed mortal, deciden desesperadamente revisar su estrategia de búsqueda de agua en la pequeña isla en que han estado atrapados por varios días. Habían ya abierto huecos en cada esquina de la isleta y habían encontrado solamente agua salada. O al menos tal fue el caso hasta que Zuazo propuso detenerse y reiniciar la búsqueda por medio de un elaborado ritual católico. Se confesaron unos a otros, le pidieron perdón a Dios por sus pecados, le ofrecieron votos de castidad por un año y algunos perpetuamente, y después realizaron una procesión religiosa cantando y rezando, mientras con gran cuidado trazaban con sus pisadas las líneas de una gran cruz en medio de la isleta. En el punto de intersección de estas líneas se arrodillaron ceremoniosamente y cavaron con sus manos. Allí encontraron el agua dulce que los salvó de una muerte segura y los sustentó hasta que finalmente fueron rescatados después de 135 días.

 

Este relato ovetense sobre náufragos en el Caribe (en las islas de los Alacranes, entre Cuba y Yucatán) forma parte de una narración más amplia y relativa a la conquista de México. Como burócrata de la corte y abogado de prestigio, Zuazo se dirigía antes del naufragio desde Jamaica a México para servir de mediador entre un Cortés ya triunfante y fortalecido en la Nueva España y Francisco de Garay, a quien se le había asignado la gobernación de la provincia de Pánuco (geográficamente mal calculada y aledaña a la expansiva región de Cortés) | 14 . Zuazo tenía la tarea de prevenir un conflicto entre estos conquistadores y asegurar así la explotación continuada y ventajosa de la región mesoamericana (en la historia, Zuazo llega finalmente a México y ejecuta su misión reguladora).

Costumbres en Colombia (tomado de Stanislas Marie Cesar Famin, Colombie el Guyanes, París, Firmin Didot Fréres, Editeurs, 1837, pág. 18A).

La historia de naufragio cuenta los esfuerzos extraordinarios de estos viajeros/ conquistadores españoles para explorar, controlar y moldear el territorio que han alcanzado, alterándolo hasta que adquiera una forma cultural para ellos reconocible, todo lo cual se hace con un propósito inmediato y urgente: la búsqueda del bienestar de esos viajeros/conquistadores. El territorio americano tiene que ser vencido y esto se logra mediante la exitosa inscripción en su superficie de un sistema de significantes capaz de reproducir nociones europeas de un orden del mundo. Al mismo tiempo, la elaborada y crucial promulgación de los rituales necesarios para esta reproducción debe realizarse en el centro mismo de ese espacio cultural recientemente conceptualizado; es decir, la plaza central típica de un pueblo español. Oviedo concibe, en esta articulación discursiva de dificultades en un lugar extraño y hostil, la historia de la fundación exitosa de un espacio urbano, de la construcción de una plaza funcional, y una historia del sentido de control del territorio durante esta breve interrupción de una empresa general de conquista. La noción de la fundación de un espacio urbano nuevo e ideal europeo gobierna, por consiguiente, la composición de las historias sobre contactos entre europeos y las tierras y los pueblos americanos en esta primera fase de la invasión hispana de las Indias.

La ocupación, la exploración, la inscripción y el control de territorios recientemente alcanzados son todas operaciones de conquista y fundación generalmente seguidas de otra muy importante: la consumición del espacio ya transformado y controlado. Esta consumición será materializada en dos actividades centrales: la acumulación del botín después de la guerra y el aprovechamiento del trabajo de los nativos subyugados. Ambas actividades de usufructo han sido ya claramente señaladas en las instrucciones oficiales que se le han entregado al conquistador. Todo este proyecto de conquista, fundación y consumición se realiza también en el contexto de ratificaciones ritualizadas del espacio urbano y exhibición de la iconografía religiosa. El relato de naufragio de Oviedo engloba todos estos elementos discursivos comenzando con el mismo icono de la santa cruz. La cruz cristiana había estado rondando a los indígenas americanos aun antes de la llegada de los españoles según Fernández de Oviedo, quien, al describir en otra sección de su obra una planta nativa llamada "higüero", explica cómo sus hojas tienen la forma de una cruz. Esta maravilla (según Oviedo) ha estado anunciándoles a los nativos la inevitabilidad de la imposición del cristianismo en sus tierras: "Me parece un notable muy señalado, en que paresce el testimonio de la Cruz, e que no la han podido ignorar estas gentes" (libro VIII, capítulo IV, parte I, 1: 252).

El carnaval de Potosí (tomado de Alcide Dessalines D'Orbigny, Voyage dans les deux Amériques, París, Furne, 1854, pág. 282A).

La ubicuidad de la cruz, como señal de salvación y bienestar para el cristiano y de sumisión obligada y sufrimiento para el individuo culturalmente disímil, estará presente conspicuamente en la plaza -real o imaginada-, y en las manos y la indumentaria de los individuos que estén en su entorno | 15 . El licenciado Zuazo lleva en sus manos una cruz rudimentariamente construida, la cual, por una parte, revela la ingeniosidad de los recién llegados en la transformación del nuevo sitio y, por otra, establece una poderosa y fija conexión entre este sitio y la permanente exhibición de iconos religiosos. Esta cruz, que ha llegado aquí para quedarse, aparece también en la historia como un portentoso cayado en las manos de una suerte de Moisés que señala el camino de una nueva cruzada en nombre de Dios. La senda trazada y por la que se mueve el grupo que participa en la procesión sirve simultáneamente para materializar la adhesión al dogma católico e hispano, abarcar la tierra conquistada y hacer la medición del terreno. El espacio americano será, entonces, un sitio para la ocupación y el trazado topográfico, y los resultados de estas actividades deberán asegurar el bienestar de los españoles y la subyugación de los indígenas (como veremos más adelante); asegurarán también la victoria de la urbanidad sobre el salvajismo, o de la "civilización" sobre la "barbarie". Una vez este proceso logra su exitosa consumación en la historia de Oviedo, la isla deja de ser un lugar hostil y se convierte en alimento que será consumido ritualmente en medio del sacrificio de una misa, o en palabras de Oviedo: "como si se tomase un pan redondo e le partiesen en cuatro partes iguales". Los actos de ocupación, exploración, fundación y ceremonia religiosa llegan a su realización con este emblemático devorar de los frutos de la tierra conquistada. La historia contada, por su parte, les asegura a los lectores coloniales la veracidad de estos hechos, la legitimidad del proceso de fundación de la civilización española y, principalmente, la posibilidad de reproducción de los hechos en otro tiempo y lugar futuros y por otros viajeros/conquistadores.

 

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En este caso particular, la palabra plaza no alude directamente al lugar espacioso en el centro de un poblado sino al poblado mismo. Se puede suponer, sin embargo, que un ritual tan importante como el bautismo de un cacique local y sus subordinados tuvo que haberse realizado en un lugar central y visible que permitiera su exhibición ceremonial y edificante ante otros nativos y los oficiales españoles que lo supervisaban. Tal lugar es siempre una plaza central.
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El precario conocimiento geográfico que el Consejo de Indias tenía de América en el siglo XVI propició la frecuente asignación de gobernaciones en regiones ya asignadas a conquistadores previos. Otro caso similar fue el de la gobernación del Río de San Juan entregada a Pascual de Andagoya en tierras dominadas ya por Sebastián de Benalcázar. Véase, al respecto del choque entre estos dos últimos, Relación y documentos de Pascual de Andagoya (ed. de Adrián Blázquez), Madrid, Historia 16, 1986. Sobre las relaciones entre Cortés, Garay y Zuazo véase Historia de Oviedo. Sobre Zuazo, como auditor de los intereses de la corona española en el Nuevo Mundo, véase Alberto García Méndez, Los jueces de apelación de la Española y su residencia, Santo Domingo (República Dominicana), Publicaciones del Museo de las Casas Reales, 1981.
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Sobre la imposición de cruces en la ropa de los indígenas recientemente bautizados, dice Andagoya: "A todos éstos se les puso sus cruces de paño colorado en las camisas y los llevé en procesión a la iglesia" 132).