Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Frontera, ciudad y plaza pública americana del siglo XVI: escritura, violencia y statu quo deseado en cronistas españoles de la conquista | 1

ÁLVARO FÉLIX BOLAÑOS

Departamento de Lenguas y literaturas romances Universidad de Florida (Gainesville)
Trabajo fotográfico: Alberto Sierra. Colecciones Biblioteca Luís Ángel Arango

Figuras de las procesiones de Quito (tomado de Uma Viagem a Venezuela, Nova Granada e Equador, Bruselas, A. Lacroix, Verboeckhoven E. [eds.], 1866).

Al prisionero de la esperanza

... hicieron una procesión, en la cual este licenciado era el preste, e llevaba una cruz en las manos hecha de un palo, que acaso allí se halló; e con mucha devoción y lágrimas fueron todos en torno de la isleta, circundándola, cantando la letanía con hartas diferencias de voces e tonos muy enrosquecidos e flacos. E dada una vuelta alrededor de la isla, que será toda ella como la plaza de Sant Francisco de Sevilla o menos, atravesaron la isla por medio de parte a parte. E díjoles el licenciado que todos fuesen haciendo señal o rastro con los pies en la arena, e tornaron otra vez con la mesma procesión, del un cabo al otro de la isleta, para la atravesar asimesmo por medio, en cruz, con las mesmas señales de los pies, como si se tomase un pan redondo e le partiesen en cuatro partes iguales, quedando por las partiduras o divisores cuatro cuarterones con una cruz en medio. [ |Gonzalo Fernández de Oviedo, 5: 33 ] | 2 .

El dominio colonial sobre el Nuevo Mundo se inició a través de prácticas ampliamente ceremoniales -poniendo cruces, estandartes, banderas y escudos de armas- marchando en procesiones, recogiendo tierra, midiendo las estrellas, trazando mapas, expresando algunas palabras especiales, o permaneciendo en silencio. Aunque la fuerza militar aseguró efectivamente su poder sobre el Nuevo Mundo, los europeos de los siglos XVI y XVII también creyeron en su |derecho a dominar. Y se crearon esos derechos para sí mismos por medio de la exposición simbólica de palabras y gestos significativos, unas veces antes, otras después o simultáneamente con la conquista militar. [Patricia Seed] | 3 .

DEL ÁGORA GRIEGA A LA PLAZA EN LAS "INDIAS OCCIDENTALES"

El diseño y conceptualización de la plaza pública y la "ciudad fundada" en las Indias comparte la noción occidental del |ágora griega y romana como lugares para el libre movimiento del habitante o el transeúnte. Algunos críticos tienden a concebir las nociones occidentales del |ágora griega y romana como superiores a las demás al ligar esta libertad de movimiento a un más amplio objetivo: la exposición de los habitantes a los variados órdenes simbólicos instalados en esa plaza. Se supone que la plaza debe ser accesible a cualquier individuo que se mueva en sus contornos para que mire, observe, lea y piense sobre lo que la plaza contiene. Por esta razón la plaza tiene que ser un lugar de fácil acceso desde distintos puntos de la ciudad además de ser lo más amplia posible | 4 . Todas las calles y caminos deben conducir a ella a todos los viajeros, transeúntes o paseantes. O, en palabras de Métraux, en esta plaza "las estatuas, los edificios, las pinturas o los relieves funcionan para identificar, nombrar, idealizar, confirmar, castigar, hacer sentir bien, divertir, educar y edificar al ciudadano, es decir, al hijo de la |polis" | 5 . Sin embargo, ese hijo de la |polis, o ciudadano, que tiene la libertad para vivir y pensar en la ciudad y en el |ágora, corresponde a un grupo selecto y privilegiado. Obviamente, los esclavos y los bárbaros -especialmente aquellos que frecuentemente ven y sienten el poder de la ley y las sentencias en su integridad personal- no se relacionan con las estatuas, los edificios o los relieves de la plaza de la misma manera como lo hace un |ciudadano o un hijo de la |polis | 6 .

Vista por la parte occidental de la ciudad de Santafé de Bogotá, delineado por D. Joseph Aparicio Morata, Bogotá, 1772.

La gran variedad de posibilidades simbólicas presentes en el |ágora no depende solamente del sistema de intereses del grupo dominante que construyó la ciudad. Además de monumentos, estatuas, picotas, santuarios, pinturas, inscripciones celebratorias y otros actos conmemorativos para los cuales se construyó, la plaza propicia no solamente la lectura, la observación y el razonamiento de individuos cultural, racial y políticamente diferentes del grupo que construye y domina esa plaza sino también la exhibición de dos fases de disidencia: 1) la disidencia expresada clandestinamente en forma de panfletos, carteles e inscripciones en las paredes, o en la forma de conspiraciones o manifestaciones políticas; y 2) la disidencia castigada, en forma de juicios, sentencias y ejecuciones públicos para escarmentar a los inconformes y prevenir rebeliones | 7 . La complejidad de la plaza pública permite, por consiguiente, un amplio margen de relaciones comerciales, políticas, religiosas e ideológicas -a veces muy conflictivas- entre grupos de diversos orígenes étnicos y políticos. Algunos críticos que han rastreado los conceptos del pensamiento democrático occidental en diseños clásicos urbanos, en contraste con tradiciones no occidentales de gobierno (caso de Métraux, por ejemplo), han considerado esta complejidad independientemente de diferencias sociales y culturales, o solamente en relación con grupos occidentales cultural y socialmente homogéneos.

Vista de la ciudad de Zipaquirá, provincia de Bogotá (tomado de Álbum de la Comisión Corográfica, publicación de Hojas de Cultura Popular Colombiana, Bogotá, c 1950, núm. 109).

Tal complejidad en la plaza pública no es solamente una característica de Occidente. La planeación urbana en las ciudades americanas precolombinas estaba determinada, en sitios como Mesoamérica y los Andes centrales, por perceptibles órdenes preestablecidos que tenían en cuenta el paso y la entrada cómodos de sus habitantes a los espacios simbólicos. Según Sartor, estos órdenes tenían en cuenta un balance entre sólidos y vacíos, edificios y plazas, y ejes que facilitaban el acceso a los templos como puntos nodales de las ciudades (17) | 8 . Las plazas no pertenecientes a la tradición de Occidente, como las incas y las mexicanas, fueron, al igual que el |ágora, lugares de interacción con otra gente, y tal interacción era más significativa cuando tenía lugar en torno a rituales. En este sentido, como en el caso de la plaza occidental, la plaza americana era también amplia y utilizada especialmente para celebraciones significativas que, al igual que en el |ágora, no siempre redundaban en la unificación y el mejoramiento de la sociedad en su conjunto, ya que el acceso libre a la plaza y la amplia interacción humana eran a veces restringidos.

Al igual que en los peores casos de las ciudades de Occidente, las plazas unieron y dividieron al pueblo por medio de magnificentes rituales y de acuerdo con el nivel social y el político. Moore demostró, por medio de la investigación arqueológica de sus probables usos, que la noción de la plaza americana precolombina como sitio de cohesión social por antonomasia era una ilusión. En varias oportunidades Moore encontró evidencia de prácticas discriminatorias en las que minorías poderosas confirmaban las divisiones sociales. En el caso concreto de las plazas andinas chimúes, algunas "actividades clausuradas eran sólo visibles desde afuera y las distinciones entre los individuos de adentro y los de afuera se establecían con paredes de adobe. La construcción de edificios reales era tan restrictiva que lo que la mayoría de los arqueólogos vio fueron muros que, como medios de control social, demarcaban significativas distinciones de clase" (Moore 794) | 9 .

Bogotá (tomado de Urna Viagem a Venezuela, Nova Granada e Equador, Bruselas, A. Lacroix, Verboeckhoven E. [eds.], 1866).

Según las utopías medievales y renacentistas, la diversidad como producto de un comercio real y simbólico entre un diverso grupo de habitantes y transeúntes era parte de una estrategia para dotar la ciudad de un buen gobierno | 10 . Tales prescripciones para la construcción de nuevas ciudades estaban basadas en la noción de que los pueblos nuevos, planeados perfectamente, podrían estar exentos del desorden y los males sociales de los pueblos europeos. Pero esa perfección de diseño, como se verá en el examen de la experiencia americana fue dificilísima, en el mejor de los casos, porque estaba basada en una sociedad de frontera nacida de la invasión militar, el saqueo y el abuso de la población nativa. El diseño occidental para la ciudad en los establecimientos españoles americanos suponía la ubicuidad de los indígenas como habitantes forzados en la ciudad fundada. La ciudad y la plaza recién fundada y construida por los conquistadores dependían totalmente de la disponibilidad de una gran población nativa cuyos servicios eran esenciales para el éxito de esa fundación. Sin embargo, y paradójicamente, esa misma población tenía diferencias raciales, culturales y políticas que podían interferir en su cómoda utilización y presentaba una constante amenaza a la normalización de las relaciones no equitativas entre hispanos y americanos.

FRONTERA, CIUDAD OCCIDENTAL, STATU QUO COLONIAL Y RELACIÓN

Mi reflexión sobre la fundación de una ciudad española en América en el siglo XVI -es decir, durante el primer siglo de contacto entre invasores europeos y nativos invadidos- requiere la definición de cuatro conceptos relacionados: frontera, ciudad occidental, statu quo colonial y "relación". El primero alude a un espacio abierto y penetrado por la colonización europea; el segundo a un espacio circunscrito dentro de esa frontera y cuya existencia garantiza el éxito de la conquista; el tercero a un estado de pacificación social deseado por el colonizador; y el último al texto informativo que más frecuentemente registraba en esa época la interacción de los tres anteriores. Esta reflexión está basada en la lectura de un conjunto de textos del siglo XVI de diferentes momentos y lugares: 1) una "relación" y una capitulación escritas en 1546, y una descripción de un escudo de armas, todos escritos en relación con la experiencia conquistadora de Pascual de Andagoya en lo que corresponde hoy a la región occidental de Colombia | 11 ; 2) un tratado político-militar escrito por Bernardo de Vargas Machuca publicado en España en 1599 que pretendió ser manual para futuras conquistas en las llamadas "Indias Occidentales" | 12 ; y 3) otras historias y "relaciones" pertinentes y algunos documentos legales relativos a tempranos asentamientos y exploraciones en el siglo XVI, entre ellos la historia de naufragio de Gonzalo Fernández de Oviedo citada en el epígrafe.

Los documentos de Andagoya tienen dos méritos: son el resultado de un caso particular de negociación de los términos de la conquista con el rey que la autorizó y explican también el intento de ejecución de tales términos en el territorio asignado. El documento de Vargas Machuca, a su vez, tiene el mérito de la reflexión sobre modelos exitosos y fracasados de colonizaciones realizadas hasta el momento de su composición; también ofrece una versión fidedigna del tipo de representación que los españoles hacían de su presencia en el Nuevo Mundo. Finalmente, la narración de Oviedo ofrece un poderoso emblema de la intersección de nociones de conquista, fundación y la escritura histórica.

 

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Este artículo está dedicado a Gustavo Álvarez Gardeazábal. Una primera versión se leyó en el XXI congreso de la Latin American Studies Association (Chicago, septiembre de 1998). Una sección de este trabajo forma parte de otro ensayo en desarrollo, titulado "A Place to Live, a Place to Think, and a Place to Die: Sixteenth Century Frontier, Plazas and relaciones in Spanish America". Luís Fernando Restrepo y Joanne Rappaport aportaron excelentes sugerencias bibliográficas y Kyle Echols y Geraldine Nichols útiles comentarios. Mis agradecimientos especiales a todos ellos.
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Véase de Oviedo Libro 50, capítulo X, de su Historia general y natural de las Indias, Madrid, Atlas, 1959, vol. 5, págs.
322-357.
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Las traducciones del inglés son mías, a no ser que se indique lo contrario. [Colonial rule over the New World was initiated through largely ceremonial practices -planting crosses, standards, banners, and coats of arms-marching in processions, picking up dirt, measuring the stars, drawing maps, speaking certain words, or remaining silent. While military might effectively secured their power over the New World, sixteenth- and seventeenth century Europeans also believed in their right to role. And they created those rights for themselves by deploying symbolically significant words and gestores made sometimes preceding, sometimes following, sometimes simultaneously with military conquest]. Seed, Patricia. Ceremonies of Possession in Europe's Conquest of the New World, 1492-1640, Cambridge, Cambridge University Press, 1995, pág. 2.
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Según nuevas legislaciones e instrucciones dadas por Felipe II ("Nuevas ordenanzas") en 1573, la plaza debía acomodar multitudes y ser fácilmente accesible para la mejor defensa de la ciudad: "...que sea en cuadro prolongada, que por lo menos tenga de largo una vez y media de su ancho: porque de esta forma es mejor para las fiestas de a caballo y cualesquiera otras que se hayan de hacer. [...] aunque para defensa a donde hay caballos son mejores las [plazas] anchas (72). Véase de Francisco de Solano, Ciudades hispanoamericanas y pueblos indios, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1990.
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[statues, buildings and paintings or reliefs functioned lo identify, name, idealize, confirm, punish, comfort, amuse, educate and edify the citizen, the child of the polis] (17). Véase de Guy P. R. Métraux, "Public Space and Place in Antiquity: The Greek Agora and the Roman Forum", en Cultures. The Public Square: a Space for Culture, The Unesco Press and la Bacooniére, vol. 5, 1978, págs. 11 -26
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La diferencia entre los ciudadanos y los no ciudadanos está claramente establecida por Aristóteles: "Es, entonces, el propósito de la naturaleza el de diferenciar el cuerpo del hombre libre del cuerpo del esclavo, siendo éste suficientemente fuerte para los trabajos manuales, y el primero erecto y poco apto para este tipo de trabajos, pero muy apto, en cambio, para la vida de ciudadano de un estado, una vida que a su vez está dividida entre los requisitos de la guerra y la paz" (69) [It is, then, nature's purpose lo make the bodies of free meo to differ from those of claves, the latter strong enough to be used for necessary tasks, the former erect and useless for that kind of work, but well suited for the life of a citizen of a state, a life which is in turn divided between the requirements of war and piece]. Véase de Aristóteles. The Politics, Penguin Books [1962], 1992.
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Un caso muy importante de este tipo de desafío narrado en un texto colonial del siglo XVII es el de Juana García en El carnero. Después de su éxito financiero en Santafé, como proveedora de favores y consejos sexuales ilícitos para la elite española y criolla, esta negra liberta se atrevió a colocar en las paredes de la plaza carteles con comentarios sobre prohombres y políticos locales: "aquel papel que pusieron en las paredes del cabildo de ella -la plaza-, los años atrás, que trataba de las muertes de los oidores Góngora y Galarza" (211). Este acto, entre otros, fue considerado como un grave delito, por el cual la negra liberta fue procesada, severamente sentenciada y llevada en procesión por las calles de la ciudad hasta la plaza central, en donde se le sometió al castigo y escarnio públicos. Véase de Juan Rodríguez Freile, El carnero, Caracas. Ayacucho, 1979, capítulo IX.
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Véase de Mario Sartor, "The Latin American City: PreColumbian Ancestry, the Founding Laws and Tradition" en Zodiac (Milán) 8, (septiembre de 1992/febrero de 1993): 15-47.
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["enclosed activities were invisible from outside, and the distinction between insiders and outsiders was marked by adobe walls. The construction of royal compounds is so restrictive that most archeologists see the walls of a medium of social control marking significant class distinctions"]. Véase de Jerry Moore, "The Archeology of Plazas and Proxemics of Ritual: Three Andean Traditions", en American Anthropologist 98, 4 (1996): 789-80¬2.
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La más optimista y elaborada propuesta de una fundación social y culturalmente compleja unida a la justicia social la ofrece, por supuesto, Tomás Moro en Utopía. En un caso legislativo español (en contraste con el imaginativo de Moro) este tipo de propuesta se ve también en las ordenanzas de Felipe II de 1573. Según Solano: "las Nuevas Ordenanzas de Población de 1573 […] ofrecían, en definitiva, pautas políticas (conclusión del tiempo de la Conquista), normas urbanísticas y directrices sobre nuevas poblaciones" (63).
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Las actividades escriturales y conquistadoras de Andagoya están inscritas dentro, y derivadas de, la vigorosa búsqueda española de la tierra del oro desatada por los informes de Cristóbal Colón sobre sus contactos con los indígenas de la región centroamericana en su cuarto viaje. De ellos escuchó Co1ón noticias de una tierra en la que los caciques "cuando mueren entierran el oro que tienen con el cuerpo". Véase "Relación del cuarto viaje" en Textos y documentos completos (ed. de Consuelo Varela), Madrid, Alianza Editorial, 1984, pág. 327. Esta descripción de las prácticas funerarias de los nativos del noroeste de Suramérica y de los Andes se convirtió en incentivo para muchas expediciones a la llamada Tierra Firme y propició un cambio de dirección de la expansión española del Caribe a Centro y Suramérica. Andagoya fue el primero en intentar una exploración de esa tierra del oro identificada con el nombre de "Perú". La expedición sobre la cual él escribió su relación es parte de ese embate de empresas conquistadoras realizadas por Vasco Núñez da Balboa, Pedrarias Dávila, Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Fernando de Soto y muchos más. Véase Manuel Serrano y Sanz, Orígenes de la dominación española en América, Madrid, Casa Editorial Bailly, Bailliere, 1918; Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde, fines del siglo XV, Martín Fernández de Navarrete (comp.), Buenos Aires, Guaranía, 1945 Y de Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Madrid, Atlas, 1959.
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Los territorios americanos buscados por España recibieron de Colón, aun antes de descubrirlos, el nombre de "Las Indias"; a partir del siglo XVI, una vez que España estableció su dominio en estas tierras, se llamaron "Indias Occidentales". En el siglo XVIII estos reinos españoles se denominaron "colonias" y desde el periodo republicano en adelante los territorios americanos han recibido nombres tan diversos como "Hispanoamérica", "Latinoamérica", "Iberoamérica", etc., de acuerdo con variables intereses geopolíticos e ideológicos. He escogido aquí el término utilizado en el momento en que tuvieron lugar las fundaciones pertinentes a este trabajo