BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Esta particular forma de hacer poesía se empeña en mirar de
nuevo las cosas. La creación de la imagen comienza interrogando las
apariencias y dejando marcas, a manera de faros. Cuando la
intensidad de la mirada alcanza un determinado grado, se descubre
una energía igualmente intensa que se aproxima, desde la
apariencia. El encuentro de estas dos energías -la del observador y
la de lo observado- hace que el lenguaje explote. El poeta
iluminado, entonces, piensa en ese faro, piensa intermitentemente
en ese faro.
No es una tarea nada fácil
ésta de tomarse día a día y darse
forma y ordenar un sentido a todo
y parecer natural y también convincente
y alzarse levantar el vuelo hacia
otra región más alta como si fuera poco como si
fuera nada cargar con quien aquí muy
dentro y con las mismas fuerzas las
mismas palabras argumenta contradice echa a
pique una a una verdades sueños
que uno levanta día a día
luchando aferrándose hasta sangrar
a fin de cumplir con algo en la vida
a fin de alcanzar
lo que nunca en verdad se te ha perdido.
La clave aquí está en la simetría de las energías y, por tanto,
en la simetría de la mirada. Meister Eckardt hablaba de esa
reciprocidad cuando escribió: "El ojo con el que veo a
Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve". Es la imagen
poética como revelación. Es la tentativa de inmersión en lo
absoluto o viaje hacia el interior divino, encontrado por los
místicos a través de dos vías de ascesis: la meditación o la poesía
(ojos de la imaginación). Cuando un escritor piensa, su espíritu
viaja lejos. El poeta persa Halláj lo expresó de la siguiente
manera: "Yo, que he visto a mi Señor con el ojo del
corazón, le digo: ¿Quién eres Tú? Y Él me responde: ¡Tú!".
Lo cual confirma otra sentencia suya: "El ojo con el que
tú me ves, es el ojo con el que yo te veo".
Elkin Restrepo, en su poética, sólo quiere desnudar al lenguaje,
devolver las palabras a las palabras, verlas en lo que éstas tienen
de sólido. De ahí la recurrencia de la mirada, del gesto, del
cuerpo. De ahí el "contrapunto de maneras y tonos
diversos" de que nos hablara José Manuel Arango.
PARTÍCULA
Alzo la mirada al cielo
y tanta belleza y misterio me
agobian; tantos mundos girando
en la penumbra de Dios me haeen sentir
cuán insignificante y pequeño
[soy. ... ]
Soy, en la divina urdimbre
que une y sueña todo,
en el extasiado enjambre de
astros y cosas que nacen y mueren
(así no lo entienda, insignificante como soy),
beneficiario de belleza tanta.
|Lo que trae el día reúne la poesía de Elkin Restrepo
desde 1983 hasta 1998. La selección estricta de José Manuel Arango
incluye:
|Retrato de artistas (1983); Absorto escuchando el
cercano canto de sirenas (1985); La dádiva (1991) y Lo que trae el
día (1998). Detrás de cada uno de estos libros, un solo
propósito: "Heme aquí, de nuevo, en la pesada tarea de /
transformar la escoria en visión, / el vacío y el abandono en
sueño, / toda ceniza en fulgor". Esta es la
"palabra sin reino" que busca expresar con tonos
y sentimientos diversos el misterio natural de la vida, la
"memoria del mundo".
De visiones y fulgores está construida esta poesía: "La
nobleza, la generosidad transparente y la alta soledad de su poesía
son esencias que dignifican el nítido esplendor de su mundo, y la
emoción con la que ha logrado hacerlo llegar hasta nosotros. Una
brillante constelación parece ser la procedencia de sus poemas, que
él nos ofrece con todos los secretos que le han sido
confiados". Santiago Mutis ya había entrevisto, en 1982,
ese "nítido esplendor de su mundo".
En esta última antología descubrimos de nuevo esa coherencia
secreta: "perfecta matemática, serena
abstracción". El poeta es el morador que tiene el rostro
labrado del lenguaje. Su esfuerzo es por superar la escisión
poesía-vida, lo visto y lo imaginado, la superficie y la hondura.
La vigilia del constructor y el celo del obrero aparecen opacados
por esta labranza pasional y luminosa: "No reclames de ti
más allá de lo que puedas dar... Cualquier día es un comienzo,
cualquier hora la convenida... Sin espanto pero con la gracia
pasajera / de quien nunca sabe para dónde va". ¿Cuál es el
fin supremo del viajero? El fin supremo del viajero, nos dice el
poeta, es no saber a dónde va.
La poesía de Elkin Restrepo va mucho más allá del texto escrito;
su asunto es sólo la perplejidad, el singular misterio de cada
instante. Sus versos nacen de una condensación de soplos. Esta
particular forma de escritura ejercita a la mente para contemplar a
Dios en todas partes.
[...]
|Como si a tus ojos
quitaran la venda
que impedía ver la suficiencia de todo,
el divino enjambre de lo corriente,
el don que se te ha dado en suerte.[...]
En esos instantes en que no sucede sino el fenómeno
extraordinario de la normalidad aparece la poesía de Elkin
Restrepo. "Vivir es el don", afirma el poeta. Y
en ese vivir existe un arte de andar, de respirar e incluso de
callarse. Porque el silencio no es Dios, ni la palabra es Dios.
Dios está oculto entre ambos. ¿Qué es lo que trae el día?
"Un hombre generoso como el río, afectuoso como el sol,
hospitalario como la Tierra", diría un místico sufí. El
día trae en su mano el manuscrito de la existencia completa. Un
instante del día nos puede traer la eternidad. Ángelus Silesius lo
sentenció claramente: "Cualquiera que habite la eternidad
por más de un día, tendrá la edad de Dios".
JORGE H. CADAVID
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