BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Nada, vida, te pido
Titulo del libro: Lo que trae el día
Autor:
|Elkin Restrepo
Editorial: Editorial Norma, Bogotá, 2000, 79 págs.
En poesía hay tres maneras de dar en el blanco. La primera, no
la más fácil, consiste simplemente en dar en el blanco. La segunda,
no más ni menos difícil, pero siempre inquietante, convierte en
blanco aquello donde da. Y la tercera, igualmente asombrosa,
virtualiza el blanco, pone una flecha invisible en un arco
incorpóreo -pocos advierten que la saeta ya reposa en el blanco-.
Idéntica magia hermana los tres procedimientos, pues, en
definitiva, el blanco siempre pasa a serlo por el carácter de
certidumbre adquirido como consecuencia del impacto, no por su
previa condición de punto de mira.
En la poesía de Elkin Restrepo predomina como intención el
tercero de los propósitos, si es que resulta lícito hablar de
propósitos cuando se confía al "azar controlado"
la responsabilidad del acierto. Pero una vez logrado éste, sólo un
halo de evanescencia difuminador del estilo, ciertas desvaídas
voluntades alógicas, pueden insinuarnos cuál fue el primitivo
impulso: si la afinación de la puntería o la confianza en la
gracia. Porque el blanco, en cualquiera de ambos casos, ya no puede
dejar de serlo.
Ahora bien: igual que existen ficciones científicas, existen
también ficciones espirituales. Hay ficciones espirituales de
tercera y de primera clase. Las de tercera clase están muy cercanas
a la religión y al dogma. Las de primera clase están muy próximas a
la poesía. La escritura, en Elkin Restrepo, es un ejemplo de este
último tipo de ficción espiritual: noventa y nueve por ciento de
ficción y noventa y nueve por ciento de verdad, escondida aquí y
allá, dicha sin decir, sesgadamente, en un logos silenciado. Aquí
se hace evidente su intención de no apuntar a blanco alguno, aunque
acabe por acertar en él a fuerza de ignorarlo: la dádiva.
"La mejor obra es la que mantiene su secreto durante
más largo tiempo. Durante mucho tiempo ni siquiera se pone en
cuestión que tenga su secreto", afirma Paul Valéry.
Secreto ha de tener la poesía de Elkin Restrepo a pesar de su
poderío conceptual, a pesar de su inclinación, más allá de sus
propósitos, hacia lo filosófico. Secreto ha de tener para que, en
medio del paraíso y el infierno, el poeta permanezca
"absorto escuchando el cercano canto de las
sirenas".
La reserva delicada y el don de la alusión son rasgos de esta
escritura elemental y estricta, que no logra disimular la
perfección. El método que nos propone el poeta consiste en
"despojarse de lo alcanzado", de esta forma nos
conduce verdaderamente a lo real. Es como si las palabras disiparan
el habitual estrépito para conducirnos a la sustancia del mundo.
Elkin Restrepo nombra y dice lo esencial con una voz límpida,
desnuda de artificios. Poemas como los titulados
|La dádiva o
|Camino ya inmortalizan este libro.
CAMINO
Nada, vida, te pido.
El largo camino que creía
me llevaba a algún lado,
sólo hasta a mí me ha traído.
He tejido, pues,
con los muchos rumbos,
mi propio mapa, y no existe hilo,
por más que lo tienda amorosa
mujer, que de él me pueda sacar.
Conozco ahora el simple vivir,
del derroche y regocijo con que
las cosas se rodean de milagro,
y llaman a la gratitud.
Y digo que soy nadie.
La poesía de Elkin Restrepo opera por
|extrañamiento,
reduce la sustancia de lo aparente a la delgadez de una imagen,
iluminada por lo que se oculta detrás. Detrás de las palabras, las
apariencias comienzan a cobrar forma. Si pensamos las apariencias
como una frontera, podríamos decir que el poeta busca un lenguaje
que atraviese esa frontera: imágenes que lleguen desde atrás de lo
visible.
Las cosas que cambian, te
cambian.
Las cosas que te cambian, no son las mismas.
Tampoco eres el mismo respecto
a las cosas que cambian.
Valiéndose de una y mil transformaciones,
acuñando una y mil verdades, la
vida arma su fuga hacia una mañana sin
forma.
Ésta es la herida de la que no curamos.
Éste es el sueño del cual nunca más volvemos.
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