Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

|En el poema leemos al juglar, escuchamos al viejo cuentero, a la voz que habla sin hablar. [pág. 30]

|El poeta no sólo observa y escucha; su voz se naturaliza y canta la gesta colectiva desde la juglaría recóndita, desde la voz del viento que es la palabra sin palabras... [pág. 33]

|El silencio es la orilla del ser, el hablar sin hablar. [pág. 47]

|Este silencio del silencio no está antes ni después, ante todo es trance poetizado, apalabramiento. La circulación de lo que se dice y se hace sin decir ni hacer. [Pág. 52]

La voz no es sonido |ni sentido, sino umbral pulsional, simbolismo excedido. [pág. 53]

|Leer es escuchar la voz del silencio, intentar una deriva para comprender qué dice... [pág. 55]

|...al no poder captar los sentidos esenciales de la voz que habla sin hablar, puesto que comunica lo incomunicable... [pág. 57]

|Sin esta voz que habla sin hablar, sin este silencio inaugural que es memoria espermática, la realidad no sería sino oscuridad dolorosa. [pág. 62]

Este paradigma ( |el silencio que habla) de lectura crítica puede sonar de maravillas en un texto poético, pero de poca ayuda nos sirve para entrar en la obra de Aurelio Arturo. Aquí vemos uno de esos potajes o pasteles de la costa norte del Perú, llamados popularmente "Kinkón", a base de una masa de harina muy barata que, en distintas redondelas, van albergando capas de manjar blanco (dulce de leche o arequipe en otras latitudes), mermelada de fresa, mermelada de piña. Es una torre de golosina y, cuando el tiempo empieza a hacerse sentir, las capas de harina servirían para tumbar casas viejas. De ahí tal vez el apelativo en homenaje al famoso gorila de la pantalla grande. El lenguaje crítico de Goyes tiene algo de esto: mezcla de Blanchot, Lacan, Heidegger. Habría bastado con escribir un ensayo suelto de huesos, y hermosísimo, a la manera de la extraordinaria María Zambrano. Pero el |sueño de la jerga |propia es más fuerte, porque es el sueño (será pesadilla después) de la autoridad literaria, de la voz que dicta... Pero leemos este libro no tanto como un estudio sobre Aurelio Arturo, sino acerca de la experiencia de Goyes con el instrumento. Otro paradigma lo constituye el vocablo |apalabramiento, que nos arrastra al capítulo (págs. 47-67) de sus remolinos (he destacado en redonda las palabras pertinentes):

|Esta variación poética se desarrolla con mayor amplitud en El apalabramiento del silencio. [pág. 30]

|La voz que apalabra el silencio se enuncia como memoria... [...] La infancia del hombre auroral e histórico se recrea en el deseo de apalabrar |las imágenes de la Madre, la Nodriza, la Tierra y la Noche. [págs. 49-50]

Apalabrado |el silencio se oculta en el puro acontecer del lenguaje, en su acto imaginario. [pág. 52

Este apalabramiento |del silencio estalla el "Yo" romántico e impersonaliza la voz en la abscisa silencio/palabra, presencia/ausencia... [pág. 53]

|La esencia del hombre consiste en apalabrarse con la realidad... [...]... y lo que dice o sugiere es apalabramiento |imaginario.[Pág. 55]

|...los acontece apalabrándolos, haciéndolos suyos. [...]...enfatiza extrañeza y admiración por un mundo que se abre con el apalabramiento. [pág. 57]

|...el apalabramiento |que es el poema mismo. [...] Al final del poema se presenta una especie de síntesis del proceso de las lluvias y del apalabramiento |mismo. [pág. 59]

|...ante todo es apalabramiento |del silencio, presencia en la ausencia, combate de la voz... [...] En el apalabramiento |del silencio todo recomienza, por eso la voz que poetiza advierte y recomienda olvidar el pasado... [pág. 60]

. |..el sonido de los tambores o del apalabramiento |poético en la disposición espacial. [...] en la música que es continuidad del sonido en ritmo y armonía, pero también en el apalabramiento |que es sucesión del sonido, de sílabas y palabras. [pág. 61]

|El apalabramiento |del silencio es eco de un grito que calla en la inconmensurabilidad del mundo. [pág. 65]

|...está asombrado por la maravilla de la naturaleza que se apalabra |en la imaginación. [pág. 70]

|La poesía no es filosofía y por lo tanto sana la fisura diciendo el mundo, apalabrando |lo inefable. [pág, 80]

|El principio de contradicción se vacía por el secreto del misterio, se desarticula por el silencio apalabrado. [pág. 81]

No tardamos, entonces, en toparnos con otro elemento que no es sino la emanación de tanto apalabramiento: la ambigüedad, pero escrita sin la diéresis de rigor | 6 . Incluso el ensayista se permite la creación del verbo |ambiguar ("ambiguando", dice en la pág. 23), que mi edición del Diccionario de la Real Academia (t. I, ed. de 1992, pág. 125) ignora o no ha incorporado todavía.

El "poelector" se encontraría, pues, en una situación privilegiada, como la de quien, sin previo paladeo, mete la cuchara en un ajiaco. Ese "quien" investido con el ropaje crítico no puede, de ningún modo, caer seducido por esta maravilla culinaria. Su "deber", amén de disfrutar la sopa, sería |discernir qué tipos de papa entraron en la faena, qué porcentaje de ajo convendría añadirle (en una ampliación de la receta original), qué número de alcaparras resulta suficiente y -por aquí se debió empezar- evaluar si es o no decisivo el empleo de las guascas. El poelector creado por Goyes Narváez se arroja de cabecita ("vivo en su fascinación", pág. 13) en la olla de barro y sólo parece decirnos que el ajiaco está buenísimo. Nosotros necesitamos saber por qué.

En la crítica literaria, supongo, es difícil servir a dos musas: la del aparato crítico de terminología estricta, digamos, y la de una lectura compartida y creadora. O se hace una cosa o la otra. Goyes ha querido combinar y por eso incluye una bibliografía que respalde su acercamiento. Pero al final ninguna musa queda contenta. En el rubro de las fuentes hay complicaciones: autores que son citados y que no figuran en la bibliografía, cuyo orden alfabético por lo demás es caprichoso | 7 . En la zona peliaguda de los términos que cierta (seudo) crítica suele inventar, campea la germanía | 8 . La poesía de Aurelio Arturo se merece todo el aprecio que Goyes Narváez le brinda, aunque no el lenguaje que el ensayista esgrime. A veces la admiración ofusca. El decir, por ejemplo, que esta obra "inaugura solitaria y discreta los caminos de la poesía colombiana y latinoamericana" (pág. 39), es como decir que Luis Vidales inaugura la vanguardia en lengua española. El reclamo no es respecto de ningún nacionalismo (que en arte no debería existir), sino de simple suficiencia en historia literaria. Mejor parado queda Goyes cuando visita esta obra y nos la presenta de manera directa:

|El paraíso que redime Morada al Sur con su "palabra encadenada" es la poesía que mora en el poema: la tradición -transición-trance del niño que fabula asombrado por lo que escucha y mira; pero también por lo que no ve y presiente. [pág. 38]

Ésta ha de ser la verdadera morada del lenguaje. Su calidad de comunión.

 

EDGAR O'HARA
Universidad de Washington
(Seattle)

 

| 6 Cf.... se presiente un nuevo tono tejido con ambiguedad [sic] y misterio... [...] la preocupación por el lenguaje a una ambiguedad [sic] esencial, a un redoblamiento del silencio por la expresión del grito (pág. 30). Como lenguaje es ambiguedad [sic] pura, sugerencia y sentidos... (pág. 47). Esta ambiguedad [sic] metafórica de ser fragmentación y totalidad... (pág. 52)... la palabra Arturiana es contención, ambiguedad [sic] pura, polisemia vital, plurisignificación constelar... (pág. 56). Advirtamos, pues, que |constelar es verbo intransitivo y no adjetivo, según informa la Real Academia (t. I, ed. de 1992, Pág. 549).
Con la ironía, en cambio, medita la interioridad y la escinde, impone la nostalgia del mundo exterior, ambigua [,] y sugiere la soledad del hombre moderno (pág. 85).
| 7 Cf. Wallace Stevens (pág. II), Jaime Siles (pág. 18), Rubén Darío (pág. 21), Boudelaire [sic] (pág. 22), Mallarmé (pág. 22), Juan Valera (pág. 24), Hemerson [sic] (pág. 27), S.T. [sic] Eliot (págs. 27 y 28), Ángel Rama (pág. 44), Jung (págs. 51 y 82), F. J. Schelling (pág. 82).
| 8 Cf.... el diálogo |plurivócico que relaciona pensamientos y sentimientos... (pág. 28).
Entendemos que se trata de muchas voces. ¿Por qué no decir pluralidad de voces?

La |dialogía arturiana... (pág. 28). Existen dialogístico, dialogismo, dialogado. ¿De qué cantera viene ese sustantivo?

...porque es una verdad |asertórica sin duda ni prueba... (pág. 32).
El adjetivo no existe. El diccionario consigna |asertorio como afirmativo, en el ejemplo de un juramento asertorio...

La fuerza |perlocutoria del silencio transforma la vida... (pág. 65).
No existe el adjetivo, aunque suene a locución.

...la realidad crea dualismo: realidadirrealidad, no así, [sic] imagen y creación, que forman parte del uno |indual (Pág. 75).
Tampoco existe el adjetivo, aunque Lezama Lima lo haya soñado; salvo que se trate de una abreviatura o quizá errata por individual, acaso un recurso -pongámonos exquisitos- que no sea apócope ni aféresis...