Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Joya bibliográfica

 

Titulo del libro: Artistas en tiempos de guerra: Peregrino Rivera Arce

Autor: |Beatriz González
Editorial: Museo Nacional de Colombia, Litografía Arco, Bogotá, 1999, 2 vols.

 

El Museo Nacional de Colombia presenta, en insuperable y bien cuidada edición facsimilar debida a la Litografía Arco, el álbum del grabador y soldado Peregrino Rivera Arce. En la bella caja que lo guarda, se encuentra además un folleto con un texto de la pintora e historiadora Beatriz González, que reúne todo lo poco que se sabe hoy sobre su autor, activo entre 1888 y 1901.

El álbum, un documento único de interés histórico y artístico, es una libreta manual de 16,5 x 10,5 cm, que contiene un total de treinta y nueve hojas con cuarenta y seis dibujos, ejecutados todos a lápiz, con excepción de uno, hecho a la pluma. De los veinticuatro retratos que trazó Rivera, veintidós corresponden a figuras masculinas generalmente de medio cuerpo, y sólo dos a mujeres; dieciocho dibujos representan paisajes o escenas de campaña; adicionalmente se encuentra un "bodegón", la imagen de un trapiche, un monograma y un retrato del artista, debido a Darío Gaitán, con el que se cierra el cuaderno. Las imágenes se complementan con breves anotaciones marginales que identifican el personaje o el lugar.

En la primera página está la identificación y la fecha: "Álbum de dibujos de Peregrino Rivera Arce. Recuerdos de campaña. Bucaramanga, 4 de enero de 1900". A continuación, aparece un retrato del general Uribe Uribe en traje de campaña, que, según lo interpreta González, puede verse como una declaración de adhesión a la causa rebelde que lideró el general. Posteriormente se encuentra el poema manuscrito |El lápiz de Rivera, firmado por Jema en Bucaramanga el 28 de marzo de 1901:


Traza triste o con ternura
Un retrato o un paisage
Y con honda amargura
Escribe apuntes del viaje
De esta vida do perdura
La tristeza y el astío
Donde llevan los cansados
Los que sueñan, mucho frío
Y muchos recuerdos llorados
Que van como el mar al río
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Aunque para hoy estos versos carecen de interés literario, logran captar, mediante la reiteración, el clima emocional que dejó la guerra de los Mil Días entre sus participantes y víctimas: amargura, tristeza, hastío, cansancio, frío y llanto. La metáfora invertida "...van como el mar al río" (en lugar de "...como el río al mar") parece una licencia para subrayar el absurdo caudal de pesares padecidos, testificados mediante el dibujo por alguien que los experimentó en carne propia. Aunque en el fondo Rivera defiende la causa por la cual luchó y la documenta con sensibilidad humana y artística, hay en todo el documento un trasfondo de heroísmo, derrota y sentimiento de inutilidad por la guerra. Más que denuncia de nuestros propios "desastres de la guerra", como lo hiciera Goya con la invasión napoleónica, se encuentra una voluntad de documentación y, de paso, una expresión de afecto a sus compañeros, a los sitios donde los acogieron, a los lugares donde acamparon, complementada con escenas de algunos combates y las imágenes de algunos de los muchos que sucumbieron. Queda, sin embargo, la pregunta por las cosas que vio pero no dibujó Rivera; sin duda fueron muchos los horrores de una guerra librada a machete y bayoneta que quedaron por fuera de esta libreta.

Como material artístico y documental, la publicación es de mucho interés. Las habilidades del dibujante eran buenas pero limitadas, debido acaso a un insuficiente entrenamiento académico y no a falta de talento. Atento fisonomista, supo captar los volúmenes especialmente mediante el juego de luces y sombras en los rostros, pero al mismo tiempo se revela como deficiente anatomista, por las desproporciones entre el tamaño de la cabeza y el resto del cuerpo, y por la notoria dificultad que experimenta al dibujarlas manos. Rivera posee un sentido del espacio y de la representación de la naturaleza, y sin duda tenía nociones de perspectiva, logros éstos que deben considerarse dentro del contexto de la época.

Las anotaciones de los dibujos ayudan a situar cada imagen y le dan sentido en el tiempo, porque ahora sería casi imposible identificar, por ejemplo, el retrato de un hombre entrado en años que corresponde a "Don Eloy, proveedor del ejército liberal", el sitio de "Capitancito, lugar donde se peleó para abrirse el paso". Las descripciones son concisas: "Puente de Peralonso tomado por el occidente"; "Cadáver de un revolucionario en la trocha de Ocaña, batallón Libres de Ocaña"; "La cocina de Máxima". Algunas otras parecen tener un tono humorístico: "Entrábasele el humo a los ojitos"; "Dr. Nemequene. Receta: cuando duele fuertemente la cabeza, aplíquese un sinapismo en la cadera"; "Con tus ojos me arrebatas: capitán Gaitán mirando al enemigo"; "Después de pasar la trocha (el zorro García) quemósele la levita asando carne". Uno de los retratos femeninos ofrece un sugestivo enigma: al pie de la imagen soñadora de "la cucuteña de Morretón", se lee "-Volverá?...".

El folleto complementario, escrito por Beatriz González, presenta aspectos de la vida de este singular artista y soldado, así como una ubicación del momento histórico que le tocó en suerte. Rivera, de quien no se saben las fechas de nacimiento y muerte, fue alumno de grabado de Antonio Rodríguez, el maestro español que trajo a Colombia Alberto Urdaneta a raíz de la fundación del Papel Periódico Ilustrado. Sus primeras obras conocidas son unas xilografías destinadas a la revista Colombia Ilustrada, y después de 1894 realizó retratos grabados, de distintos personajes, con los que ilustró publicaciones periódicas, así como 169 imágenes destinadas a dos libros de técnica militar.

La vinculación de Rivera a una causa política la fecha González en 1897, a raíz de los retratos que elaboró de dos combatientes de la guerra cubana. Entre 1894 y 1898 fue jefe de la sección de grabado de la Escuela de Bellas Artes, cuyo reglamento al parecer redactó, y a partir del cual se comprueba que la enseñanza de la xilografía se basaba en la "interpretación" de fotografías, tanto de figuras humanas como de paisajes, lo cual les facilitaba la labor a los alumnos y disminuía las exigencias de tener que trabajar a partir de un dibujo original.

En la Exposición de 1899 el jurado excluyó el grabado de los premios del certamen por considerar que las obras presentadas no eran de buena calidad, tal vez en parte porque los resultados que se obtenían con el fotograbado superaban en parecido, calidad y modernismo a la xilografía.

Seis meses después de inaugurada la Exposición, Rivera se encontraba en Bucaramanga vinculado como soldado liberal a la más larga y cruenta de las guerras decimonónicas colombianas. Con excepción de más de dos centenares de grabados y de sus recuerdos de campaña, casi nada más queda de su trabajo. El rastro de su vida se pierde después de que, con su amigo Darío Gaitán, colaborara con los grabados utilizados por Uribe Uribe para emitir el papel moneda que alimentó las arcas revolucionarias. Como afirma la autora, sobrevivió a la trágica derrota de Palonegro y tal vez siguió a su jefe. No hay constancia de que fuera preso y tal vez cayó fusilado. Cabe preguntarse qué habría sido de Peregrino Rivera Arce si no se lo hubiera devorado la guerra. Acaso el arte colombiano habría contado no sólo con un grabador aplicado y un sensible dibujante, sino con un buen retratista y paisajista al óleo.

 

SANTIAGO LONDOÑO VÉLEZ

 

| 1 Se conserva la ortografía original. Esta transcripción difiere ligeramente en cuanto a la puntuación, las mayúsculas y el primer verso, con respecto a la ofrecida en la publicación, pues allí se le agregan dos puntos aparte, se considera el título como primer verso y se suprimen 9 de las 11 mayúsculas con que comienza cada verso en el original.