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INDICE
Introduccion: GUSTAVO MAURICIO GARCÍA
Artículo: Frontera, ciudad y plaza pública americana del siglo XVI: escritura, violencia y statu quo deseado en cronistas españoles de la conquista
Artículo: Resistencia y rebelión en la frontera española:reacciones autóctonas a la colonización en el Chocó colombiano, 1670-1690
Artículo: Desastres naturales, rogativas públicas y santos protectores en la Nueva Granada - siglos XVIII y XIX-
Reseña - Periodismo: Un golpe explosivo y repentino que venía de adentro de la tierra
Reseña - Psicología: ¿Era kafkiano el señor Kafka?
Reseña - Sociología: Se los tragó la selva
Reseña - Sociología: La consagración de lo baladí y el uso de los marginados
Reseña - Folclor: Un libro didáctico - Mitos y leyendas bogotanas
Reseña - Música: Sobre la arena mojada - Tertulias musicales del Caribe colombiano
Reseña - Música: Un libro excelente
Reseña - Arte: Joya bibliográfica
Reseña - Fútbol: O gloria inmarcesible, o júbilo inmortal: una de dos - Santa Fe: 60 años (1941-2001)
Reseña - Literatura: Sólo tú sabrás que hacer con esto
Reseña - Literatura: Ana y la marquesa que salió a las cinco
Reseña - Poesía: El sur está siempre cerca - Variaciones en torno a la poesía de Aurelio Arturo
Reseña - Poesía: Animales descuidados - Faunética. Antología poética zoológica panamericana y europea
Reseña - Poesía: Nada, vida, te pido
Reseña - Poesía: El eclecticismo en la poesía
Reseña - Poesía: Las poetisas del romanticismo - Las sacerdotisas: antología de la poesía femenina de Colombia en el siglo XIX
Orfebrería Museo del Oro
Reseña - Poesía: Situaciones donde la palabra sea necesaria
Reseña - Poesía: La poesía y la felicidad
Reseña - Teatro: El regusto por las palabras
Reseña - Cuento: Entre lo fantástico y lo testimonia
Reseña - Cuento: La vaga noción de haber sido embaucado
Reseña - Cuento: Un lenguaje de aristas
Reseña - Cuento: Brasas - No hay llamas, todo arde
Reseña - Cuento: Siglo XX cambalache
Reseña - Cuento: Lo oculto revelado
Reseña - Narrativa: Taller sin profundidad - Los relatos de la milagrosa
Reseña - Narrativa: De la metaficción y otros juegos - El último diario de Tony Flowers
Reseña - Narrativa: Intelectual en país periférico - Diario de la luz y las tinieblas. Francisco Joseph de Caldas
Reseña - Narrativa: Escritura patriarcal o premoderna, casi moderna sobre la posmodernidad
Reseña - Literatura Infantil: Para mayores de nueve - Cuentos y leyendas de Colombia
Reseña - Crítica Literaria: La tragedia tenía sus propias calles
Reseña - Crítica Literaria: Narradores vallunos
Reseña - Ensayo: Colombiano escribe sobre rusos
Reseña - Ensayo: Huidobro, Neruda y los otros - Colombia mira al Chile literario
Reseña - Extranjeros en Colombia: Ni lo uno ni lo otro, sino esto
Reseña - Descripciones y Viajes: Graves aseveraciones históricas en el marco de un coloquio jovial y burletero
Reseña - Autobiografía: Enano, demasiado enano
Reseña - Biografía: Mujer excepcional y polémica - Laura Montoya. Una antorcha de Dios en las selvas de América
Reseña - Biografía: Un señor poco común
Reseña - Biografía: Le sobran páginas - Las ideas políticas de Bolívar
Reseña - Biografía: Encasillar a Bolívar
Reseña - Historia: Lamentable
Reseña - Historia: Al árbol le conviene una poda
Reseña - Historia: Los caminos de la identidad y el mito prehispánico
Varia: José Gorostiza y su Declaración de Bogotá, 1948
Varia - De la BLAA: Hernando Valencia Goelkel
Varia - De la BLAA: Concurso
Varia: Gustavo Mauricio García Arenas
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BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Un libro excelente
Titulo del libro: Música, raza y nación
Autor:
|Peter Wade
Editorial: Vicepresidencia de la República, Bogotá, 2002, 429
págs., il.
Decadencia de la
música andina colombiana y ascenso irresistible de la cultura
popular costeña
Hay algo que podemos decir de entrada: estamos, en mi opinión,
ante el mejor libro sobre música popular colombiana -el más
documentado, el más inteligente, el más profundo -que se ha
publicado hasta hoy. Su autor es Peter Wade, antropólogo británico
y profesor de la Universidad de Manchester (Inglaterra), aunque la
edición original (
|Music, Race and Nation: Música Tropical in
Colombia) se publicó en Estados Unidos en la editorial de la
Universidad de Chicago.
Curiosamente, Wade no llega a la música a través de la
antropología; el fenómeno es quizá el inverso. Si bien realizó su
primera visita a Colombia cuando ya era estudiante de esta
disciplina, hace veintiún años, en un prefacio muy personal
confiesa que desde entonces, cuando vivió en Cartagena doce meses,
"le tomé el gusto al baile de la salsa"; más
tarde, al adelantar su primer trabajo de campo en Urabá,
"la música y el baile se constituyeron en parte importante
de mi trabajo y de vida". La relación de Wade con Colombia
ha tenido tanto de vital como de científico: en Cartagena fue
mesero, cocinero y profesor de inglés. Más tarde viajó por todo el
país, residió un tiempo en Cali, estudió con especial atención la
población negra colombiana, publicó en Londres en 1993 un trabajo
al respecto (traducido cuatro años después en Colombia como
|Gente negra, nación mestiza: las dinámicas de las identidades
raciales en Colombia, Ediciones Uniandes, Editorial Universidad
de Antioquia, Siglo del Hombre Editores) y dejó amigos en casi
todos los lugares que visitó.
El secreto de su labor fue descubrir que la música podía ser una
guía adecuada para entender la identidad, la estratificación, la
composición y los conflictos de la sociedad colombiana. Luego, a lo
largo de las cuatrocientas páginas del libro, conserva fielmente
este derrotero y consigue al mismo tiempo desarrollar una historia
de la música tropical colombiana (aunque hay muchos datos también
sobre la del interior) y un brillante retrato de nuestro país
acompasado con hilo musical.
Tan pronto como el libro se publicó en inglés en el 2000
adquirió prestigio entre musicólogos y aficionados a estos temas.
Muy poco después ya circulaban algunos ejemplares en Colombia y
seguramente Amazon Books despachó más de una compra de ejemplares
con destino a Bogotá, Cartagena y Barranquilla. Finalmente, Gustavo
Bell Lemus, que antes que vicepresidente de la República es un
intelectual, tuvo la buena idea de traducir y publicar el libro de
Wade como "despedida" de su paso -discreto y, en
consecuencia, afortunado- por el cargo.
Fue así como pocos días antes del cambio de gobierno, salió
|Música, raza y nación: música tropical en Colombia, que
contiene el texto del original, traducido por el profesor y
sociólogo costeño Adolfo González Henríquez y un equipo de
colaboradores; el prefacio de la edición en inglés con un párrafo
adicional en el que Wade agradece a los promotores del proyecto de
publicación en Colombia y a González por "su magnífica
traducción y su rico conocimiento de la música costeña"; y
un prólogo de Bell Lemus donde destaca cómo la identidad cultural
-que es de lo que trata el asunto- no existe como forma inmutable
sino "redefinida constantemente en función de la dinámica
de los procesos sociales".
Antes de registrar someramente la tesis central del libro -la
evolución de la música costeña, que en algo más de un siglo pasa de
ser considerada una expresión tribal primitiva a convertirse en
símbolo de identidad nacional- conviene mencionar otra importante
transformación: la que abre a la música popular las puertas de
interés de universidades e institutos de cultura regional. Durante
años se ocuparon de ella los folcloristas y musicólogos más
devotos, como Guillermo Abadía y Egberto Bermúdez, o bien los
comentarios marginales de viajeros, los periodistas de farándula,
los biógrafos de músicos y los cronistas especializados, que
aportaban datos y anécdotas
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Historias de la música colombiana, como la de José Ignacio Perdomo
Escobar, recogen algunas pistas sobre bambucos, currulaos, cumbias
y otros afanes populares, pero su mayor preocupación son las
manifestaciones "cultas" de este arte en
Colombia.
A partir de los años sesenta surge en el mundo un interés
académico por estudiar distintas formas de cultura popular: cómics,
telenovelas, deportes, música callejera. Profesores e intelectuales
como el italiano Umberto Eco, el chileno Luis Ariel Dorfman, el
mexicano Carlos Monsiváis y el español Fernando Savater publican
estudios sobre los superhéroes, el Pato Donald, las rancheras de
Jorge Negrete o la novela de fantasmas. Pretenden explorar el alma
popular a partir de estas expresiones que nacen de ella o reciben
su cariñosa acogida.
Como "todo nos llega tarde, hasta la muerte",
a Colombia tardó en llegar este interés científico por lo popular.
Pero surgió en los años ochenta y noventa. Hay que reconocer que,
un par de lustros antes, la socióloga estadounidense Rose Goldsen
había abierto los ojos a sus alumnos de Bogotá acerca del tesoro de
información popular que escondían actividades habitualmente
desdeñadas por los círculos académicos, como los cuentos del
folclor, las comedias de televisión y las historietas.
La música costeña se ha vuelto foco principal de la atención
científica. En Cartagena y Barranquilla, principalmente, se han
creado foros para estudiarla y hay ya una escuela de académicos, de
la cual es pionero el traductor González Henríquez, que no sólo se
queman las pestañas investigando y reflexionando sobre ella, sino
que la gozan y disfrutan con intensidad igual o mayor que su
sapiencia. A este impulso pertenece Wade, que se confiesa al mismo
tiempo salsómano y antropólogo. Se trata de entusiastas académicos
que lo mismo escriben una monografía bien escrita o bailan un porro
bien bailado
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Cambio de símbolos
La tesis central de
|Música, raza y nación está claramente
expuesta en sus conclusiones. En el siglo XIX la música del
interior portaba la bandera de la cultura popular nacional,
mientras que la costeña era considerada como expresión de una
región particular. (Agreguemos que algunos cachacos cultos, como
Felipe Pérez, que vieron bailar el currulao en el río Magdalena
hacia 1880, lo consideraron una expresión salvaje y repudiable de
origen africano. Aunque algunos desinformados no lo crean, el
currulao reinó en el río antes de opacarse allí y prosperar en la
costa pacífica). "Posteriormente -dice Wade- dentro del
contexto de modernización rápida de medios del siglo XX y
surgimiento de los medios de comunicación, sus formas adaptadas
fueron aceptadas como símbolo nacional, y en la década de los
noventa el consumo nostálgico dio lugar al rescate de sus formas
más antiguas".
Es obvio que este fenómeno no se produce en el vacío ni,
simplemente, en los estudios de radio o de grabación. Hay un
fermento social digno de estudiarse, porque "las opciones
y gustos sociales surgieron en contextos marcados por jerarquías de
clase, raza y religión; también tuvieron su importancia el género y
la sexualidad, toda vez que la música era valorada en términos de
su adecuación moral y esto variaba para hombres y
mujeres".
El ascenso de la música costeña entraña, pues, importantes cambios
en relaciones raciales, sociales y estéticas. Todo ello forma parte
del análisis de Wade. Pero, para llegar allá, el antropólogo y
salsómano profesor realiza un documentado recorrido por la historia
de la música colombiana. Aunque modestamente solo pretende ofrecer
el contexto de desarrollo de la costeña, el lector queda enterado
de toda la música nacional e, incluso, de manifestaciones de música
popular procedente de otros lugares que los colombianos acoplaron a
sus emociones. Es así como también sabemos de la música popular
mexicana y la influencia que tuvo en América Latina. La ranchera,
que ha sido tan importante en nuestro continente, no ha encontrado
todavía quien escriba el gran libro de su historia y está pidiendo
a gritos un Wade que se ocupe de ella.
El encumbramiento de la música costeña tiene un proceso que el
autor desmenuza. Durante muchos decenios -digamos desde mediados
del siglo XIX hasta los años treinta o cuarenta del XX- era sólo
costeña y prácticamente no se la consideraba parte del patrimonio
nacional. "Se hablaba de música colombiana para referirse
a los estilos musicales del interior del país, como si la música de
las demás regiones no fuera colombiana". Digamos, con
benevolencia, que la música "nacional" era la del
interior, básicamente mestiza, al paso que la de la costa era
mirada como folclor de origen africano.
Lo que auspició el primer cambio -la difusión y aceptación de la
música costeña en todo el país-fueron dos factores: la aparición de
la industria fonográfica y la radio, por un lado, y el acelerado
crecimiento de los centros urbanos, por otro. Aquellos medios y
este público permitieron que, con el tiempo, se impusiera la música
triétnica, y en cambio el bambuco y demás ritmos del interior
pasaran a ser considerados como música folclórica.
Los años noventa han mostrado una hegemonía de la música costeña
hasta tal punto dominante que ya incluso la nostalgia hurga en sus
baúles y no en los de la música del interior, destronada reina del
pasado. Wade dedica unas páginas a analizar el fenómeno de Carlos
Vives y el vallenato, como ejemplo de la ascensión de la música
costeña como representante del país y símbolo suyo.
Hitos de una historia
Wade construye el fresco de nuestra música y, al mismo tiempo,
sigue el camino de su historia a pesar de las dificultades que
ofrecen la pobreza de estadísticas y la falta de estudios
anteriores sólidos sobre el tema que abarca. Pero consigue que su
libro, al final, sea de enorme interés para antropólogos y para
meros aficionados. Es importante que el lector común y corriente no
se deje asustar por el capítulo de introducción, que es donde se
concentra el ingrediente científico de la mezcla. Lo que Wade llama
"la perspectiva teórica", salpicada de citas,
nombres y referencias, es territorio académico. Pase por ahí de
puntillas, si quiere, el hombre de la calle, pero tenga presente
que en el recodo del capítulo segundo el tono se vuelve, digamos,
más cumbiambero.
Aparte del análisis del triple fenómeno que anuncia el título,
el libro registra, anota y a menudo relata con atención en forma
ordenada muchos de los hitos de la historia de nuestra música
popular: las primeras bandas papayeras (circa 1840): los primeros
porros (c 1850); el carnaval de Barranquilla (c 1870); la cumbia;
el vallenato; el bambuco; las primeras orquestas (c 1920); la
primera emisora (La Voz de Barranquilla, en 1929); la primera
disquera (Discos Fuentes, de Cartagena, en 1934); la época de los
grandes tríos; la edad dorada de las grandes orquestas; la música
guasca; la de carrilera; la olvidada rumba criolla (que quiso ser
versión andina de la música del litoral); los principales artistas;
los principales compositores; los principales movimientos, e
incluso algunas de las principales canciones.
El propósito de estos registros, sin embargo, no es enunciativo,
sino que todo se integra dentro del propósito central del trabajo:
cómo, cuándo, cómo y por qué la música costeña logró salir del
estatus que le asignaba la metrópoli como extraña manifestación
tribal e imponerse como cultura popular predominante y símbolo del
país.
Cierto párrafo de Wade encierra una apretada síntesis sobre la
explicación del fenómeno: "En mi opinión, buena parte del
éxito de la música costeña radicaba en el potencial ambivalente que
permitía lecturas distintas y contradictorias: negra, blanca y
mixta; tradicional y moderna; regional y nacional".
La traducción
Un par de palabras finales sobre la traducción. En general es
muy buena, como bien dice el propio autor. No sólo buena por su
fidelidad al original sino por su fidelidad al castellano; quiero
decir que, a diferencia de otras que parecen descolgadas del inglés
a un idioma intermedio entre ambos, su redacción es de amable
fluidez.
Sin embargo, adolece de unos pocos problemas menores y uno de
mayor envergadura. Veamos algunos ejemplos de los menores,
entresacados con ayuda del azar. No se aclara cuándo aparecen en el
original algunas palabras en español. Hay, además, ocasionales
supresiones. Por ejemplo, en la página 131 se prescinde de indicar
que ciertos cambios en la producción tuvieron lugar "en
ciudades de la Costa", con lo cual parecería que se trata
de un fenómeno nacional; y en la página 293 se suprime, no sé por
qué, la anotación de que ciertas presentaciones populares
folclóricas corrían a cargo frecuentemente de personas
clasificables como "negros".
El problema de mayor cuantía es el de las traducciones de ida y
vuelta: aquellos textos que Wade tradujo del español al inglés para
incluirlos en el manuscrito del libro y que después fueron vertidos
de nuevo al español en vuelo por instrumentos, sin consultar con la
fuente original. No son pocos. Y aunque sé bien la dificultad que
presenta buscar el texto exacto de cada cita original en un libro
donde aparecen tantas, como es Música, raza y nación, la ortodoxia
del oficio y el nivel de la obra lo disponen así. El sentido de la
cita se conserva, sin duda, pero las palabras están traicionadas y,
por tanto, no puede ir entre comillas.
Un ejemplo: se cita un párrafo de Grandeza, novela de Tomás
Carrasquilla. El párrafo aparece así en la versión castellana de
Wade: "Más importante que la familia, más aún que el
dinero, era la buena disposición, el buen gusto, la elegancia y las
buenas maneras" (pág. 142). Ahora bien: este trozo, según
lo escribió Carrasquilla, dice exactamente así: "Más que
la familia, más que el dinero mismo, valían el buen porte, el buen
gusto, el buen tono y el buen trato"
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Pequeñas deformaciones, pero deformaciones al fin y al cabo,
sufren muchas otras citas. La siguiente es la versión de ida y
vuelta de una noticia de El Tiempo el 18 de marzo de 1940. Dice el
libro de Wade editado en Colombia: "La misión de una
emisora educativa es purificar los gustos del público, ennoblecer
los sentidos artísticos y mejorar el juicio a través de programas
de alto nivel sobre música, arte, literatura, historia, religión,
deporte y ciencia". Si uno acude a la hemeroteca, lo que
dice en el diario es semejante pero no igual: "La misión
de una radio destinada a educar es ir depurando el gusto del
público, ennobleciendo el sentido artístico, elevando el criterio
por medio de altos programas de música, arte, literatura, historia,
religión, deportes, ciencias, expertamente combinados con horas
alegres y amenas".
Un último caso. Escribió un columnista de El Tiempo, Trivio, el
23 de octubre de 1943: "Me parecería más armónico el
concierto que darán una vaca a la cual se tire del hocico, tres
canarios, un tarro roto golpeado por una escoba y un bobo vendiendo
alcohol, que las más sublimes armonías emanadas, arrojadas o
extraídas a una agrupación musical en trance de pregonar al mundo
que Santa Marta tiene tren [y] que Cartagena carece de
montañas". Luego de pasar por el inglés, la traducción de
este párrafo incluida en el libro reza: "El concierto de
una vaca arrastrada por la nariz, con tres canarios, una lata
golpeada con el palo de una escoba, y un idiota vendiendo alcohol,
sería algo más armonioso que las sublimes armonías que se puedan
extractar de un grupo musical en trance de proclamarle al mundo que
Santa Marta tiene tren [y] Cartagena no tiene
montañas".
La traducción es tan buena que el sentido no se altera. Éste es
el elogio que cabe hacer después de decir que, estrictamente,
dentro de las normas del scholar, sólo pueden ir entre comillas los
textos literales, y éste no es el caso en decenas de citas de la
versión en español.
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Gustavo Bell se encarga de aportar en el prólogo una interesante
coincidencia. Cuando el libro de Wade se hallaba en proceso de
traducción, el Ministerio de Cultura dio a conocer los resultados
de la Encuesta Nacional de Cultura 2002. Allí consta, a partir de
una muestra de población científicamente seleccionada, que la
música costeña, expresada sobre todo a través del vallenato,
constituye hoy por hoy el más entrañable símbolo popular de los
colombianos.
Que es lo que quiere demostrar, y lo que demuestra, Música, raza
y nación.
DANIEL SAMPER PIZANO
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1
Entre ellos, Jorge Áñez, Hernán Restrepo, Consuelo Araujonoguera,
Jaime Rico Salazar, Antonio Brugés Carmona, Orlando Mora, Jorge
García Usta, Alfonso de la Espriella, Ciro Quiroz, Julio Oñate,
Alberto Salcedo Ramos, Carlos Arango, Pilar Tafur, José Artega,
Mariano Candela, José M. Vergara, Rafael Oñate, Javier Castaño,
Heriberto Fiorillo, Carlos H. González, Arminio Mestra, Édgar
Caballero, Umberto Valverde...
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2
Entre ellos, Ariel Castillo, Orlando
Fals Borda, Tomás Darío Gutiérrez, Eduardo Posada Carbó, Ellie Anne
Duque, Guillermo Henríquez Torres, Daniel Zamudio, Numas Armando
Gil...
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3
Utilizo la misma edición de donde tomó Wade su cita: Tomás
Carrasquilla,
|Obras completas, t. I, Medellín, Editorial
Bedout, 1964, pág. 261.
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