Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

"En la Makuira está un arroyo que nunca se seca; de allí salieron los primeros hombres para poblar el desierto. Muy cerca de este lugar está Aalas, donde hay grandes piedras en las que están grabados los signos que identifican los clanes; a cada clan le toca uno. Los Wayúu trabajan duro tejiendo, cuidando los rebaños, pescando, recogiendo la sal, buscando el agua. Lo que debe hacerse y lo que puede pasar se sueña; los muertos
-los yoluja- también se comunican con los vivos en los sueños. A veces les piden que hagan una fiesta -yonna-; entonces los guajiros danzan hasta el amanecer al ritmo del tambor, la trompa o el maasi, reparten mucha carne y bebida. Los Wayúu viven y trabajan intensamente sobre la arena y cuando se cansan, buscan refugio bajo ella. Entonces su espíritu recorre el camino hacia Jeripa, que queda en el Cabo de la Vela, para ingresar definitivamente al mundo de los yoluja, las palowi y los wanürü: al mundo de los muertos".

Al texto le siguen una fotografía del desierto y una serie de imágenes de las salinas.

Las leyendas de pie de foto son como si las musas se hubieran posado sobre cardos antes de cantar: "...en complicidad con su ventana, una mujer espera la llegada de barcas cargadas de collares, perfumes y telas de colores". La fotografía muestra a una mujer joven que sonríe al lente de Rouillard a través de una ventana en Nueva Venecia. "A ser marineros no juegan los niños de Nueva Venecia porque no es un juego la vida. Su vida se repite en el constante remar de la escuela a la casa, de la casa a la tienda, y de la tienda a un puerto más grande, del que no regresan jamás".

El texto de la ciénaga no está, y la parte gráfica de este sitio se halla incluida en el capítulo "Santa Marta".

Decae notablemente el trabajo del fotógrafo parisino, que, si bien nunca se acercó a nuestra cultura, tuvo la sensibilidad y la técnica de un excelente fotógrafo en libros anteriores como |Colombia, en el que, además, no se dejó almibarar con textos como los del presente volumen.

El prólogo del libro está firmado por Consuelo Cepeda, del que transcribo un poema con el que su autor finaliza el milagro del país en que vivimos:

Que no se digan más frases,
que el viento se lleve los
murmullos,
que callen las voces vanas...
que aquí está Colombia en sensaciones y colores,
Colombia que habla con tinta-mar, cielo, montañas.
Colombia que habla mostrando y muestra soñando.
Esta Colombia que no alcanza a describirse con palabras Y que todo se ¡o dice a las miradas.

ENRIQUE CASTRO