Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Provincianismo retórico y
trasnochado
|Título: El Gran Caldas
|Autor: Luis Eduardo Agudelo Ramírez
Editorial: Ediciones Autores Antioqueños, Volumen 48, Medellín,
1989, 296 págs.
El caso de Antioquia es bien singular dentro del conjunto de
estudios regionales que se han efectuado en Colombia desde hace más
de cuarenta años. A esa región del país, y a sus habitantes, se les
han dedicado miles de páginas que proceden de los más diversos
autores y de las más disímiles posiciones partidistas e
ideológicas. Se puede decir que existe ya una rama de los estudios
sociales, que puede dársele el mote de
"Antioqueñología", que sin embargo es
profundamente desigual. En efecto, encontramos, cuando de hablar de
los antioqueños se trata, un sinnúmero de publicaciones de muy poca
calidad interpretativa y analítica, basada más en los prejuicios
ideológicos y culturales que pretenden encontrar en la
"raza" antioqueña una especie singular de hombres
que "civilizó" este país, en virtud de ciertas
predisposiciones "naturales" que los harían
superiores al resto de grupos culturales del actual territorio
colombiano. A esta interpretación han contribuido un reducido grupo
de estudiosos extranjeros (principalmente Parsons, Hagen y
McGreevy) que han buscado en la colonización antioqueña la
manifestación más clara de un "desarrollo"
económico democrático e integral. En algunos casos, como el de
McGreevy, Antioquia corroboraría retrospectivamente cuáles son los
mecanismos indispensables para que una región determinada pase del
atraso al desarrollo mediante el logro del tan anhelado
"despegue" (take off), del que tanto se habló en
la década de 1960.
Una tendencia minoritaria, pero que últimamente empieza a cobrar
fuerza, ha empezado a desmitificar la colonización antioqueña y
señalarla como un proceso complejo y contradictorio, que no es todo
lo democrático e igualitario que muchos han pretendido, sino que
contrariamente ha reproducido formas de explotación y desigualdad
como las existentes en el resto del país. Así mismo esta nueva
interpretación (entre la que sobresalen estudios como los de
Palacios, K. Christie, J. Villegas y K. LeGrand entre otros) ha
puesto en cuestión el supuesto carácter democrático del reparto
territorial que se desprendió de la expansión de la frontera
agrícola en el occidente del país. Esta nueva interpretación no
desconoce, desde luego, la importancia que adquirió la colonización
antioqueña en la consolidación del capitalismo, en el surgimiento
de Colombia como país cafetero y en los orígenes de la
industrialización, pero ve todos estos aspectos como procesos
contradictorios, con grandes antagonismos sociales, con
"vencedores" y "perdedores"
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Existiendo esta variedad interpretativa sobre la historia
antioqueña era de esperarse que cualquier nuevo estudio relacionado
con esa región recogiera los aportes investigativos acumulados
hasta el momento actual, y máxime cuando se intenta hacer un
estudio de síntesis, como es el caso del libro que ahora entramos a
comentar de Luis E. Agudelo Ramírez, titulado
|El Gran
Caldas.
En efecto, este libro que fue ganador del primer premio IDEA
(Instituto para el Desarrollo de Antioquia) del Primer Concurso de
Investigación Histórica de Antioquia, organizado en 1987; cosa que
de paso indica, como lo trataremos de comprobar más adelante, el
carácter clientilizado de los concursos que se hacen en Colombia,
pues este libro en realidad como aporte historiográfico es muy poco
lo que se merece, o ¿es qué los otros trabajos fueron de muy dudosa
calidad? pretende realizar un estudio sintético de la historia del
"Gran Caldas", entidad geográfica demasiado
inaprehensible, pues no está definida en ningún lugar desde el
punto de vista geográfico, ecológico y mucho menos histórico. En
principio, el autor, debería haber retomado las modernas
discusiones alrededor de la "región histórica",
para tratar de precisar los perfiles propios de eso, que en una
forma más bien jurídica y burocrática, se denomina el
"Gran Caldas".
Como, justamente, predomina la ficción jurídica de los límites
territoriales del antiguo departamento de Caldas (que englobaría
además, a los actuales Risaralda y Quindío), la mayor parte de las
descripciones, y "análisis" efectuados se
circunscriben mecánicamente a señalar aquellos hitos que harán
parte de la "épica" histórica de lo que luego
será el "Gran Caldas". Así las cosas, se hace una
remisión inicial a los grupos indígenas que poblaron los
territorios actuales de Caldas, entre los que sobresalieron los
quimbayas. En esa parte inicial del trabajo, su autor antes de
adentrarse, a través de los valiosos estudios de antropólogos,
arqueólogos e historiadores del grupo quimbaya, cae en una vocación
lastimera y quejumbrosa del impacto negativo de la conquista y
colonización española, paradójicamente al extremo de hablar más de
los mismos hechos de la conquista, antes que en el análisis
sintético de las características primordiales de los grupos
indígenas de la zona. Debería haber resaltado sus formas de
organización social, política y económicas, sus características
culturales y los mecanismos de resistencia que diseñaron ante la
invasión ibérica. Pero nada de eso se estudia detallad amenté, si
acaso se le menciona se hace tangencial-mente, y cuando se hace -va
a ser la norma en todo el texto- es remitiéndose a una extensa cita
de uno de los especialistas. Es decir que ni siquiera hay un
intento de reelaboración gramatical para asimilar lo ya dicho por
otros investigadores, el problema simplemente se soluciona de la
forma más fácil: citando extensa y frecuentemente.
La segunda parte del texto se centra en el estudio del
surgimiento de lo "antioqueño" que se produciría
a finales de la época colonial, en las postrimerías del siglo
XVIII. Es a partir de este capítulo cuando el autor nos retrotrae
el discurso histórico más rancio y tradicional sobre los
antioqueños, de lo cual es una buena muestra la retórica de que
hace gala para describir la peculiar "psicología
social" de los antioqueños, que toma de otro autor, Luis
Fajardo, y como un culto a la adjetivación se recrea en citar
extensamente. Según esa maraña de epítetos, los antioqueños se
caracterizarían por: "ascetismo, positivismo, activismo,
movilidad geográfica, sentido práctico, reserva, sentido comercial,
frugalidad, laboriosidad, afición por el dinero, fidelidad
conyugal, maneras (sic) democráticas, alta motivación hacia el
éxito, optimismo, religiosidad, sentido de independencia,
regionalismo, afición al juego, tradicionalismo, método y orden
neutralidad (?) afectiva, agresividad, puritanismo sexual, creencia
en el progreso, igualitarismo, predominio de la orientación (?)
hacia el futuro, predominio del rango social adquirido sobre el
rango social adscrito o heredado, afición al riesgo calculado (!),
truculencia, preferencia por los colores sobrios (verde, azul),
temperamento nervioso, expresividad de movimientos, locuacidad,
incongruencia entre las creencias y la acción, hipersensibilidad
acerca del tiempo (cumplimiento)" (pág. 51).
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C. Keith Christíe, Oligarcas, campesinos y política en
Colombia. Ediciones Universidad nacional, Bogotá, 1986, cap. 1.
págs. 23 y s.s.
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