Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Tres años de trabajo de campo
|Título: Colonización del Ariari (1950-1970). Aproximación a
una historia regional
|Autor: Oscar Gonzalo Londoño Díaz
Editorial: Cenesoll, Villavicencio, 1989
En los últimos años la historia regional ha tomado un auge muy
grande en nuestro país. Sin lugar a dudas el mayor número de
investigaciones del género se concentra en Antioquia y Valle del
Cauca. Sin embargo, la historia de los Llanos Orientales de
Colombia es un caso excepcional dentro del contexto nacional, pues,
pese a no muy favorables circunstancias, hay allí un germen
importante de historiadores jóvenes -llaneros y de otras regiones
del país y aun extranjeros- que por diferentes circunstancias han
estudiado la historia de tan vasta región. Es así como, sin duda
alguna, la historia contemporánea y muy especialmente la de la
colonización y la violencia de 1948 para acá es la que más ha
llamado la atención de propios y extraños.
Electivamente, desde la publicación del libro de Eduardo Franco
Isaza
|Las guerrillas del Llano (1959), la historia
contemporánea de la región ha sido objeto de diferentes análisis
que van desde el más pionero y general y quizá más conocido de
todos:
|La violencia en Colombia. Estudio de un proceso
social (1962) hasta los cuidadosos y especializados estudios de
Alfredo Molano, Augusto Gómez, Reinaldo Barbosa y Justo Casas
Aguilar.
Así pues, el libro que hoy nos ocupa:
|Colonización del Ariari
(1950-1970). Aproximación a una historia regional, de Osear
Gonzalo Londoño Díaz, es un esfuerzo más por historiar un proceso
de colonización y de violencia de una zona, bastante bien
caracterizada por el autor, dentro de la extensa región de la
Orinoquia colombiana, pero que por distintas razones ha sido y es
objeto de diferentes conflictos sociales, en los cuales, además de
conformarse relaciones sociales tradicionales -clientelismo,
compadrazgo etc.-, han surgido elementos definitorios de una
identidad cultural. Procesos sociales y culturales en los cuales
han intervenido activamente los partidos políticos tradicionales
(liberal y conservador) como también el partido comunista, el
ejército, la policía y algunas instituciones del Estado colombiano:
la Caja Agraria y el Incora, entre otras, pero esencialmente
personas: colonos y comandantes guerrilleros, terratenientes y
políticos, funcionarios y militares.
El autor realizó un extenso trabajo de campo de tres años que le
permitió estudiar los factores internos de la región. Así pues, al
igual que otras obras escritas sobre la temática y la región, la
mayor parte de la información fue obtenida mediante la recopilación
de un sinnúmero de testimonios orales en los cuales encuentra el
lector escalofriantes y estremecedoras narraciones, pero a la vez
muy, pero muy, humanas experiencias en las cuales, entre otras, se
encuentran los sentimientos encontrados (frustración y esperanza)
que puede experimentar un ser humano al ser
"desarraigado" involuntariamente de su
tierra.
Una vez terminada esta parte de la investigación, se dedicó
Londoño Díaz a sistematizar y analizar la información obtenida y a
relacionarla y confrontarla con otras fuentes publicadas y con
otros hechos y sucesos nacionales. Es así como el autor ubica tres
momentos o ciclos importantes dentro de la economía de la región:
el del decenio del 60, caracterizado por el auge
"marimbero", el del decenio del 70, donde se
observó una lenta sustitución del cultivo de la marihuana por el de
la coca, y el del decenio del 80, no tratado en el libro, en el
cual se da el desarrollo del narcotráfico coquero. Los cuales
corresponden a dos etapas distintas en el proceso de colonización
de la zona.
En la primera de esta etapa, que va de 1948 a 1959, la mayoría
de los "colonos voluntarios" emigran a la región,
individual o masivamente (como es el caso de los de Villarrica, en
el oriente del Tolima), huyéndole a la persecución y represión de
los conservadores. Son, pues, liberales y comunistas que se
organizan para buscar la paz en el nuevo territorio, pero que, ante
la agudización del conflicto a escala nacional y la indudable
presión de los terratenientes y políticos conservadores, tienen que
formar una "republiqueta", aparte de los
"godos", lo cual llevó, según los
acontecimientos, a un reacomodamiento permanente de los campesinos
de la región, pues, a medida que aparecían nuevas tendencias, los
simpatizantes de éstas se iban agrupando por zonas, las cuales, a
la postre, terminaron siendo dos: el alto Ariari, de influencia
comunista y con mayor organización de masas, y el Ariari medio,
dominado por liberales y menos imbuida por la organización y la
solidaridad.
Se formaron así grupos armados para defenderse y contraatacar a
los "indeseables" vecinos, orientación que
también tuvieron los conservadores y que agudizó las diferencias de
ambos sectores en discordia, como también entre fracciones
liberales y entre éstas y los comunistas. De modo, pues, que no
sólo hubo guerrillas "politizadas" liberales,
conservadoras y comunistas, sino también grupos de asaltantes o de
delincuencia común, así como labores de contraguerrilla emprendidas
por el ejército con el fin de contrarrestar el indudable auge de
los distintos grupos insurgentes y adelantar operaciones de
"limpieza" de bandoleros y delincuentes, las
cuales también fueron llevadas a cabo en diferentes épocas por los
liberales y los comunistas.
En este período es bien importante la activa participación del
partido comunista, que organizó a la población -liberal y
comunista- en sindicatos agrarios. También es en este período
cuando se crean dentro del común de los habitantes de la región
algunas constantes, que el autor define como propias de la
identidad de la zona de Ariari, y que son: 1. La lucha por la
tierra, que ha llevado a una consigna: "de aquí no me
sacan sino muerto". 2. El crecimiento de "Boca
Monte", hoy Granada, pues allí el inmigrante encontró una
nueva patria chica, un sitio de identificación, la cual adoptó como
propia, lo que conllevó la formación de nuevos lazos familiares, el
desarrollo del compadrazgo, el clientelismo y el caudillismo, etc.
3. La agudización de cierto sectarismo político que se hace
evidente en ciertas consignas como "En mi familia Dios me
libre que haya un godo" y "¡Qué carajo!, antes
muertos que descoloridos". Pero tal vez lo más
significativo sea la paulatina eliminación, luego de un compromiso
firmado entre la gran mayoría de los comandantes guerrilleros y el
gobierno nacional, representado por Germán Zea Hernández, de todos
los jefes alzados en armas. El rosario comenzó en 1957 con el
asesinato de Guadalupe Salcedo.
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