Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Desigual e innecesariamente extenso

|Título: Santander y la instrucción pública, 1819-1840
|Autor: Alberto Echeverry S.
Editorial: Foro Nacional por Colombia-Universidad de Antioquia, Bogotá, 1989, 446 págs.

El libro del investigador antioqueño Alberto Echeverry que hoy comentamos forma parte del dilatado, tantas veces anunciado e interminable proyecto titulado "Hacia una historia de la práctica pedagógica en Colombia", que desde hace ya varios años viene promocionándose en revistas, encuentros, seminarios, foros y corrillos universitarios. Sobre el mencionado proyecto, hasta ahora se han publicado los libros de Olga Lucía Zuluaga y de Humberto Quiceno. Ahora, el libro de Alberto Echeverry es una ampliación de los resultados de ese inacabable proyecto investigativo.

Tal vez por la misma circunstancia de ser un proyecto conjunto, los investigadores de la práctica pedagógica han elevado, como no se había visto ni en los círculos más narcisos y esnobistas, el elogio y la mutua adulación a la categoría de presentación obligatoria en sus escritos. Así encontramos que en el libro considerado A. Echeverry devuelve los elogios y agradecimientos que antes le han hecho Olga Lucía Zuluaga, Humberto Quiceno y Alberto Martínez Boom. Autores que a su turno esperarán otra oportunidad para autoelogiar a su grupo. Por eso ya no es sorprendente que hasta en los más elementales artículos que escriba alguien de la práctica pedagógica sean de ley los consabidos elogios... De Martínez Boom a H. Quiceno a Olga L. Zuluaga y A. Echeverry. De O. L. Zuluaga a H. Quiceno y a Martínez Boom... y así sucesivamente. En definitiva, es una "práctica" (en términos foucaultianos) de lo que el historiador cubano Manuel Moreno F. llamaba "elógiame que yo te elogio". Los investigadores de la práctica pedagógica, además de los logros que puedan tener sus investigaciones, han establecido un verdadero "paradigma" y "poder" del elogio.

Al margen de las lisonjas, hay que decir que desde el principio el libro de Alberto Echeverry es bien atrayente. Para quienes alguna vez intentamos leer esa auténtica selva verbal, sobre todo en su primera parte, que es |Historia y pedagogía de Olga Lucía Zuluaga, era de esperarse una introducción teórico-especulativa sobre los conceptos empleados; pero vaya sorpresa: por ningún lado se nota esa separación entre teoría e "historia real". No obstante, la precisión sobre lo que el autor entiende sobre Instrucción Pública (I. P.), noción fundamental de todo el análisis, no aparece clara, sobre todo para el lector que no conozca la obra de M. Foucault. Así, se dice "la herramienta conceptual más importante, diseñada durante este trabajo, fue la noción de Instrucción Pública. Su valor reside en el análisis, que nos posibilitó, (¿qué?) de la I. P. como acontecimiento bajo la modalidad de una práctica entre prácticas y, en su definición tanto como el territorio donde la práctica pedagógica se inscribe en la práctica política, como un grupo de estrategias mediante las cuales el poder buscó construir un sistema de enseñanza pública que debía delimitar los fines de la Instrucción Pública a los fines de la sociedad" (pág. 10).


Más adelante se vuelve a redefinir la 1. P., tomándola textualmente de Olga L. Zuluaga, en estos términos: "Ya no se trata del saber pedagógico, se trata del saber político, es una región del saber político que se comunica con el saber pedagógico a nivel de las estrategias que vinculan la práctica política con la práctica pedagógica en regiones específicas del discurso, del sujeto y las instituciones"(pág. 96). Para los ignorantes en terminología foucaultiana, esas definiciones aparecen como un galimatías, pues se usa un lenguaje que tiene origen geográfico (espacios, regiones) y militar (estrategias), que en lugar de clarificar confunde. Se podrían trabajar esos conceptos de una manera un poco más clara.

Para elaborar el libro, el autor se basó en una amplísima documentación primaria y secundaria, y se destacan el uso de las memorias, informes, prensa poco conocida, manuscritos y los pocos libros escritos sobre el período. Así mismo, el autor se apoya en una amplia bibliografía teórica, entre la que sobresalen las obras de M. Foucault, A. Gramsci y en menor medida F. Braudel.

El libro está dividido en seis capítulos de desigual extensión. Los resultados de cada capítulo también son desiguales, como trataremos de mostrarlo en seguida. En el primer capítulo (La persecución de la intelectualidad patriota por el pacificador Morillo), como tesis central se plantea que la independencia significó un paréntesis temporal en el dominio de la Iglesia en la historia colombiana del siglo XIX, debido, entre otras cosas, a que internamente se dividió entre el alto y bajo clero respecto a su apoyo o no a los ejércitos patriotas. El autor considera que desde la misma consumación de la independencia se vislumbra la contradicción fundamental entre santanderistas y bolivarianos, porque estos últimos quieren imponer una concepción del hombre estructurada en la moral católica y en la disciplina militar, mientras que los primeros pretenden una filosofía del hombre inspirada en la ley y la utilidad.