Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Ejercicio de un apostolado
|Título: Memorias de un maestro
|Autor: Luís A. Cárdenas Jiménez
Editorial: Cooperativa Editorial del Magisterio, Bogotá, 1989, 141
págs.
En esta obra se relata, de manera anecdótica, la vida de un
testigo del acontecer nacional en el siglo XX. Luis A. Cárdenas,
maestro de profesión, retrata a través de sus vivencias la Colombia
de los años veinte, treinta y cincuenta y la actual, para dejarnos
saborear una visión tradicional de los hechos acompañada de un
sentimiento de nostalgia que se aferra a un pasado siempre mejor.
Puede decirse que el período en el que Cárdenas se formó y
posteriormente ejerció como docente, es un lapso que guarda gran
interés para el estudio del proceso de institucionalización y
consolidación de la profesión del magisterio en Colombia. Cuando él
era estudiante, los establecimientos normalistas tenían un grado de
desarrollo muy deficiente y su número no ascendía a tres decenas,
al mismo tiempo que era embrionaria la apropiación de un saber
pedagógico que las distinguiera como formadoras de docentes,
panorama que estuvo sujeto a cambios favorables en los decenios
posteriores. Igualmente, el ejercicio de la enseñanza dejó de ser
un oficio vagamente normalizado, como lo era a principios de siglo,
para pasar a delinearse los rasgos que van a precisar las
condiciones del ingreso a la profesión, el nivel de estudios y el
tipo de conocimientos requeridos, así como el logro de condiciones
de índole laboral como garantía para su ejercicio. Todo ello con
las limitaciones que caracterizaron los procesos de
institucionalización de la profesión de educador, no sólo en
Colombia sino también en otras partes del mundo, en relación con la
consolidación de otras profesiones.
Cárdenas es un vivo exponente del maestro que se educó en la
década del veinte y que interiorizó la profesión del magisterio
como el ejercicio de un apostolado, lo cual le permitió franquear
los obstáculos existentes en la época para practicar la docencia,
entre los que se contaban los locales antipedagógicos, la escasez
de materiales didácticos y la falta de recursos financieros. Además
de la imagen del magisterio como un apostolado, Cárdenas concibe
como fin último de la educación la inculcación de ideales
religiosos y señala como paradigma de formación "la
imitación a Cristo ". Por otro lado, fueron los métodos de
enseñanza basados en el memorismo y el castigo físico los que
moldearon la personalidad de los condiscípulos de Cárdenas, métodos
que, por lo demás, continuaron vigentes durante buena parte del
ejercicio docente de aquel. Es así como bajo la criba de la
pedagogía católica se operó en él un proceso de formación que dio
como resultado el "prototipo" de maestro de la
primera mitad del siglo: un individuo católico, abnegado, con gran
dosis de resignación y con un manejo precario del saber
pedagógico.
En un tono más emocional que analítico, el autor narra sus
vivencias de niñez, juventud y adultez. Inició sus estudios en la
escuela normal a la edad de doce años y, como gran parte de los
normalistas de entonces, contó con una beca oficial. Maestro
incansable entre 1930 y 1958, su vida acontece en medio del paisaje
rural, las faenas agrícolas, las jornadas a caballo, los baños en
el río y los bailes en el pueblo. De este modo, al entretejer los
distintos ambientes de la sociedad rural de principios de siglo, el
libro posibilita la percepción de algunos rasgos de la mentalidad
de la época.
Aunque en sus descripciones es posible entrever los cambios
políticos que se operaron en el país en el siglo XX, éstos no
parecen afectar en profundidad el sentido del relato, de manera que
se pasa de la hegemonía conservadora a la república liberal, y
posteriormente a la reacción conservadora, sin que se perciban las
transformaciones ocurridas en la sociedad, y mucho menos la
influencia que pueden haber tenido en el ámbito educativo en el que
se movía Cárdenas. Esto puede ser explicado en dos sentidos: o bien
las regiones en que vivió estaban muy aisladas y eran muy
tranquilas, o simplemente estos hechos no hicieron mella en él y,
por lo tanto, tampoco en sus memorias. Pero tal vez no es sólo en
este aspecto en que el relato es superficial y tangencial. En
general, éste se desliza de anécdota en anécdota (a las que, por lo
común, siguen aseveraciones moralistas). Tanto paseo, tanto baño en
el río dejan sin resolver el problema fundamental que debe orientar
las memorias de un maestro: la descripción de su quehacer
pedagógico y las ideas que lo alimentaron.
Al respecto, no se encuentra referencia en el texto a ningún
autor o corriente pedagógica específica, sin que exista indicio de
la polémica y de la incidencia que tuvieron distintas
"modas pedagógicas" en el lapso de la vida
docente de Cárdenas, ideas con las que seguramente entró en
contacto, ya que ocupó cargos de dirección educativa en el
departamento de Boyacá. Al hablar de las pautas pedagógicas que
guiaron su práctica, enuncia vagamente algunos principios
educativos, se refiere al
"enseñar-aprender-estudiar" como la trilogía del
saber y esboza algunas pautas metodológicas que se acercan a los
planteamientos de la escuela activa. No obstante, no hace ninguna
alusión a los acreedores teóricos de sus afirmaciones.
Simultáneamente, otras partes del texto muestran la vigencia de la
pedagogía católica y tradicional en el actuar de este maestro; son
señales de ello el modo de elaborar sus vivencias, los valores que
defiende y la forma de explicar el cambio operado en la sociedad en
los últimos decenios: "En momentos de reflexiones íntimas
pienso que esta vida paganizada que vivimos, se debe a que el
sentimiento cristiano ha desaparecido [. . .] la no imitación a
Jesucristo en los establecimientos educativos y en los hogares, eso
es lo que prima hoy" (pág. 47). Estos fueron los ideales
que inculcó, a los que mezcló diversas técnicas dé pedagogía activa
que le atrajeron la admiración de los colegas y la promoción a
cargos de dirección. De tal manera, su práctica no se alimentó de
un modelo puro, sino de cierto sincretismo en el que se combinaron
distintos presupuestos pedagógicos. Empero, hay que precisar que
tampoco es posible sacar conclusiones claras sobre estos aspectos,
pues la obra no permite una "relectura" que
arroje resultados serios, debido al tono "ligero"
que la caracteriza, lo cual, evidentemente, le quita fuerza a la
descripción de las experiencias pedagógicas de las que trata de dar
cuenta.
Algunas de las consideraciones hechas inducen a pensar en los
diversos problemas y reticencias que la historiografía ha planteado
sobre el género biográfico, ya que por lo general no existe un hilo
conductor que anime el recuento: sólo el transcurrir cronológico
del biografiado, y con él un centenar atropellado de hechos, sin
más conexión que el sentido que les da la memoria individual. Sin
embargo, tomadas las distancias pertinentes, dicho género también
es de utilidad. Textos como el de Cárdenas ayudan a evocar una
época desde el ángulo de la cotidianidad, al permitir el
acercamiento a descripciones de la vida de un maestro, que es
también, a la vez, un individuo corriente. Este tipo de narraciones
deben acompañar los esfuerzos de reconstrucción del pasado que de
manera sistemática hacen los historiadores, ya que, si bien ellas
no poseen el rigor conceptual con que trabaja la historiografía, sí
constituyen testimonios que forman parte del acervo de
conocimientos sobre una época. Así mismo, se puede afirmar que este
libro interesa a quienes en la actualidad se preocupan por
historiar las prácticas educativas y pedagógicas en el país y
aporta especialmente a un filón de la investigación educativa que
se ha denominado como "las historias de
maestros", en donde se intenta trazar los perfiles de
educadores colombianos, no sólo de los que han alcanzado renombre
nacional sino también de los que con su actuar cotidiano y paciente
han dejado huella en su localidad o en su región.
MARTHA CECILIA HERRERA C.
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