Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Pequeña Luz
|Título: La lagartija y el sol
|Autor: Triunfo Arciniegas
Editorial: Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1989, 78 págs.
En un principio unas zapatillas de oro falso, luego un anillo
también de oro falso y finalmente una corbata son las divisas que
permiten conocer a la lagartija. Se supone que las lagartijas se
deben vestir de blanco, ir a las parrandas periódicamente, ponerse
adornos convencionales, como pañoletas, buscar marido entre los
lagartijos jóvenes y casarse para tener bastantes hijos. Como una
buena lagartija, no debía ufanarse de las zapatillas ni del anillo,
ni mucho menos de la corbata, ya que es prenda exclusiva del rey.
Tampoco conviene estar pensando que el sol envidia su belleza y que
le hablará (aunque de eso sólo se ocupan los sacerdotes) y la hará
reina. Pero la lagartija, Pequeña Luz, de Triunfo Arciniegas es
rebelde y hace todo lo que no debiera.
Efectuando la transposición alegórica, Pequeña Luz encarna la
rebeldía adolescente. Fácilmente se entiende esto al ver que la
lagartija no se adapta al mundo de sus padres ni de sus congéneres
y empieza a sentirse diferente e incomprendida.
Tiene un sueño que hace creer a todos que está loca: que el sol
le hablará y la hará reina gracias a su belleza. Esta obsesión le
da a la rebeldía adolescente otro matiz que, aparentemente, la hace
ver más interesante, puesto que se relaciona con el arte. En
últimas, Pequeña Luz emprende la difícil búsqueda de la belleza y
de la luz del conocimiento.
Para esto debe apartarse de la manada y emprender el camino
hacia donde considera que está el reino del sol: el desierto. A su
paso va encontrando una serie de personajes, animales unos, humanos
otros, que van dándole al viaje un carácter pedagógico. Se pretende
hacer, en esta parte, una semblanza del mundo moderno y de cómo
sobrellevan la existencia algunos de sus marginados personajes.
La hostilidad de la ciudad opulenta contrasta con la generosidad
de un ciego que vive debajo de un puente. La tortuga soporta con la
alegría de su canto la persecución arbitraria de los gatos. Después
la lagartija escapa del niño de la cometa, que deseaba guardarla en
un frasco, y se topa con un murciélago asustadizo, coleccionista de
monedas. El jardinero le deja ver a Pequeña Luz la experiencia del
deshonor. El trío que conforman el jaguar, el gato y la paloma son
el ejemplo de cómo fuerzas antagónicas pueden vivir en armonía si
van en busca de un ideal: la casa de cristal. El payaso tristón y
amargado, un escritor frustrado, y el niño de vidrio demuestran que
la verdad de las cosas se halla detrás de la apariencia. El caballo
de la postal es consciente de pertenecer a un sueño ajeno, pero no
le teme a su muerte próxima, ya que ésta lo liberará de su prisión.
Finalmente, acosada por la serpiente, a punto de morir insolada,
consigue lo que se había propuesto y, casi que resucitada, la
lagartija regresa con* vertida en una Pequeña Luz. Se supone que es
la luz conseguida a través de su experiencia.
El sentido que toma la actitud rebelde de la lagartija es
demasiado ingenuo. Pretender fundar el desacuerdo ante la sociedad
valiéndose de elementos como la corbata, que representaría al poder
político y económico, y la confrontación simplista ante la religión
y las tradiciones de la comunidad, para enfrentarlas a la búsqueda
de un ideal de belleza y conocimiento emprendida por un personaje
que empieza a verse como un loco -un lugar común demasiado común-,
es simplificar demasiado la realidad de las cosas. Establecer
dicotomías tan inmediatas y obvias es negar la multiplicidad de
relaciones posibles del mundo moderno que le brindan al
conocimiento una verdadera riqueza. Al plantearse la rebeldía en
este libro con la consabida fórmula en donde los factores de la
ecuación son: mundo-pensamiento práctico-trabajo vs. un yo
idealista-luchador, lo que se está proponiendo realmente es la
continuación de una apocada y débil tradición.
Por este encasillamiento, que es terreno poco propicio para que
se desarrolle el espíritu lúdico, la fábula de Triunfo Arciniegas
|La lagartija y el sol carece del humor satírico y de la
ironía que caracterizan a las fábulas, y permite el desarrollo de
unas relaciones melosas entre sus personajes. Esta melosería tiende
a ser identificada con la fantasía que deben tener los libros de la
llamada "literatura infantil", lo cual es un
error que hay que empezar a corregir.
DIEGO CERÓN
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