Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Anécdota, elemento fundamental
|Título: País de cuentos
|Autor: Varios autores
Editorial: Tres Culturas Editores, Bogotá, 1989,75 págs.
La selección de literatura infantil colombiana
|País de
cuentos, realizada por la editorial Tres Culturas, nos ofrece
doce relatos de autores del presente siglo, quienes se han
preocupado más o menos expresamente por producir literatura para el
público infantil y juvenil de Colombia. La antología muestra una
gama amplia de temas y maneras narrativas que permite al lector
intuir un universo literario prolijo y vital. Muchas generaciones
han crecido con el sentimiento íntimo de incongruencia al constatar
la irrealidad de paisajes, personajes y aconteceres en su propio
espacio de posibilidad. En efecto, los molinos de viento, los
castillos y lacayos no se pueden experimentar de manera alguna, y
la sensación resultante es otra razón más que elabora un perfil de
incertidumbre y vacilación propio del hombre de nuestra cultura.
Los autores seleccionados por Tres Culturas, desde Santiago Pérez
Triana y Porfirio Barba, los dos únicos fallecidos, muestran un
fuerte aliento de juventud y frescura que permite el indispensable
estado de identificación, requisito de este género literario. No
obstante, la inexistencia de una auténtica tradición que se ocupe
de la niñez en nuestro medio pesa ciertamente en la factura de
anécdotas no siempre transparentes y contagiosas, degustables con
mayor deleite por un estudioso de la literatura, o por un
aficionado con criterios estéticos, que por la inmediata avidez de
un espíritu infantil.
El elemento fundamental que distingue y califica a la literatura
infantil es el asunto, la anécdota. Esta característica supone, por
tanto, una manera específica de expresión que sostenga y permita el
florecimiento de la acción y se convierta así en su instrumento. Se
precisa un lenguaje llano y directo y una conducción narrativa
altamente controlada. El relato oral de los abuelos se convierte
así en un prototipo al cual acudir indefectiblemente. Esta limpieza
adorna relatos como
|Cuando las letras aes nos invitaron a
jugar de Miguel Ángel Pérez Ordóñez, en el cual el asunto,
simple e ingenioso, consigue estimular la imaginación y provocar
una reflexión tanto más eficaz cuanto es presentada con la mayor
sutileza. La narración
|El testamento de Fo-Yao de Porfirio
Barba Jacob cuenta con todos los atributos propios de un precioso
orfebre del lenguaje como el poeta de
|Canción de la vida
profunda, pero su capacidad de situarse al nivel perceptivo de
un niño que juzga severísimamente todo lo que lo rodea mediante
unos cánones preciosos e inflexibles, no corresponde a la
depuración de su lenguaje. Un implacable juez de ocho años podría
fallar en su contra sin terminar de leerla. Las cortas narraciones
de Jairo Aníbal Niño permiten el lujo simbólico de la parábola y
echan mano de la cotidianidad, recurso de alto riesgo, pero que en
este caso es manejado con seguridad por el autor. Celso Román nos
cuenta una historia ejemplarizante que transcurre al ritmo de una
lógica fantástica muy precisa. Su propósito pedagógico se empaña,
quizá por la insistencia con que es abocado. La antología cuenta
además con los trabajos de Juan Manuel Roca, Leopoldo Berdella,
Luis Darío Bernal, Alfonso Lobo Amaya y Álvaro Morales Aguilar, y
remata con una hermosa narración de Alberto López de Mesa,
altamente dramática, que contagia las peripecias y contradicciones
de los perros protagonistas y su
|Perro amor. Más cercana al
ámbito de preferencias del público púber y adolescente, esta
historia concisa e intensa consigue conmover y sorprende con su
desenlace realista y cruel del que se eximen todas las anteriores
historias, que quieren mantener aún el dulce manto que separa la
infancia de la severidad del mundo real.
Tres Culturas presenta con éste el segundo de una serie de
trabajos desatinados a la niñez y a la temprana juventud. Mediante
una magnífica cubierta y una cuidadosa diagramación e ilustración
interna, trabajo de la artista Cristina Salazar con la colaboración
de Alekos, los editores nos entregan un trabajo esmerado. La
necesidad de inflamar las infatigables mentes infantiles
colombianas con narraciones que se refieran a su propio mundo real
y afectivo, ha sido sentida y asumida por un amplio grupo de
artistas y escritores, de los cuales la presente selección es
representativa. La tarea, recién comenzada, merece y exige
depuración y maduración.
RAFAEL MAURICIO MÉNDEZ BERNAL
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